El secreto está en el queso

Artículo publicado el 4 de febrero en la sección La Braña de Eldiario.es Cantabria.

Acabo de abrir el Facebook y lo primero con lo que me encuentro es un post en el que aparece la fotografía de una carta enviada por una industria que fabrica queso para una conocida cadena de pizzerías. En la carta, la empresa láctea anuncia a sus proveedores que para el nuevo periodo (que comienza el 1 de abril de este año y finaliza el 31 de marzo de 2017), pagarán la leche a “un precio base de 0.25 €/litro”, y además, añaden, “el compromiso de volumen será el mismo que el contratado en la campaña 2015/2016”.

La carta continúa, y la empresa justifica la bajada del precio de compra alegando que el queso que producen “es fabricado también por otros competidores en el norte de Europa, donde los precios de la leche son mucho más bajos que en España, por tanto nos vemos forzados a actualizar nuestros precios de compra para poder ser más competitivos siempre intentando dar prioridad a nuestros proveedores de confianza”.

La verdad es que lo leo y no doy crédito. Si la empresa quisiera dar prioridad a sus “proveedores de confianza”, digo yo que intentaría elaborar un producto diferenciado, local, distinto de lo que pueda producir otra industria en Suecia, y de calidad, de forma que en vez de venderse en una empresa de pizzas que paga poco y mal a sus empleados, y que paga poco y mal por ese queso; se pudiese servir en restaurantes que ofrecen “quesos del país”.

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Pero no. El hecho de que “fabriquen” quesos en vez de producirlos ya da idea de que su producto es 100% artificial, tan artificiales como pueden parecer las ganaderías que les suministran, porque si se estima que producir un litro de leche cuesta entre 34 y 38 céntimos, ¿cómo puede ser que les estén pagando solo 25? Pues es posible gracias a que el pasado año el Ministerio aprobó un paquete de ayudas de 20 millones de euros destinadas a aquellas ganaderías que reciben menos de 0,285 € por cada litro. Es decir, que en vez de obligar a industria y distribución a garantizar el pago de los costes de producción, desde el Ministerio de Tejerina lo que primó fue que la industria pague el precio que estime, y entre todos ponemos lo que falte.

El problema, en realidad, no es quien paga el queso, el problema es mucho más complejo, porque la bajada de precios no es mas que una excusa para dejar de comprar la leche a las pequeñas ganaderías tradicionales, que más allá de producir leche, fijan población al territorio y conservan el ecosistema. ¿Qué pasaría si de repente el sector decidiese dejar de comprar leche a todas las granjas familiares de la cornisa cantábrica? ¿De qué vivirían esos pueblos? Pues eso es lo que está pasando: desde la desaparición de las cuotas lácteas, la distribución prefiere comprar el producto a explotaciones industriales de gran tamaño situadas en el sur peninsular, donde no hay pasto pero sí los cereales con los que se fabrican los piensos de los que se alimentan esas vacas; y donde, además, concentran toda la producción en pocas macrogranjas bien situadas y no tienen que ir casa por casa para recoger pequeñas cantidades. Mucho más cómodo para la distribución, pero un serio problema para el medio rural.

Sigo bajando por el muro de Facebook y me encuentro otra noticia: El sector lácteo anuncia el inicio de un ‘duro boicot’ a Lactalis. Mejor no sigo leyendo, no vaya a ser que me entere de cosas que no debo y cuando vaya a encargar unas familiares me arrepienta al recordar que el secreto no está en la masa, el secreto está en el queso.