Un pastor de Sobremonte

Artículo de Enrique Satué publicado en marzo de 1984 en la Revista Serrablo, volumen 14, nº51.

Hace unos días que quería hablar con Antonio, este montañés ya entrado en años, que por apellidos tiene dos topónimos a cual más serrablés -OLIVÁN y ORÚS- este año no pasa, como siempre, el tiempo en su mallata de Aso. Ahora su zamarra se retuerce bajo el aire de las “boiras que entran por el Portalet, ya en la “güega” de Francia.

He llegado antes de que soltase el ganado, su compañero -más joven- sirve como pastor en Betés aunque es de Villarreal de la Canal; entre ellos las jerarquías pastoriles ya se han perdido -aunque teóricamente uno debería ser mayoral y otro rebadán-; sin embargo la experiencia de los años es patente. Su habitáculo se pierde en la noche del tiempo: una pared mal hecha cierra por 1a mitad la abertura que deja el extraplomo de una cueva, allí en un rincón cuelgan el caldero y guisan, hoy se almuerza garbanzos con patatas del día anterior; al lado una sencillísima construcción de ladrillo se inserta en la roca para servir de lecho, y es que estos “últimos” pastores, de nuestro Pirineo viven en muchos aspectos más cerca de la Prehistoria que del siglo XX -realmente no se si es una desventaja…-O como dice el Señor Antonio, en algún aspecto también les ocurre que “O farto no se acuerda d’o laso”.

Comemos alrededor de la caldereta y la silueta de un “gabacho” nos inunda la cueva, es un típico “euskaldun”, con una boina que rivaliza en proporciones con su nariz. “Bon jour, est-ce que vous avez un mouton qui est á moi?” -o algo así-. Aquí los corderos cambian de nacionalidad con facilidad, y lo pastores de ambos lados mantienen forzosamente relaciones; nada nuevo, cuando todos sabemos que las fronteras administrativas son recientes y que desde la Edad del Bronce, la unidad etnológica de nuestro Pirineo es manifiesta. El galo ofrece “Caporal” sin liar, Antonio lo rehusa -“ixo ye pior que o redallo”-; me comenta entre dientes que el francés es patrón y que a un pastor de 13 años le paga al mes 1.500 francos. Aquél separa su res y cruza libremente el paso fronterizo, ya es hora de soltar y yo con la aquiescencia del galo sigo para ver hacer quesos.

Midi d'Ossau (Imagen: Lucía López Marco)
Midi d’Ossau (Imagen: Lucía López Marco)

La mallata francesa -“cuyala” en patois- se ve presidida por la firme imagen del Midi d’Ossau, es moderna y tiene tres compartimientos; allí los pastores se afanan en la elaboración del queso antes de soltar el ganado. Cada día un pastor hace un queso de unos tres kilos, el amo carga en su citröen y marcha a comercializarlos a Arrudy. Dos pastores son muy jóvenes -en el Pirineo francés hay una escuela de “jóvenes pastores”-, con gran maestría dan vueltas a la masa cuajada, clavando luego en ella largas agujas de bambú, rematan la operación de una hora marcando las iniciales del amo en el queso.

En poco rato he visto pastores y ganados de ambas vertientes y comparar su situación me da tristeza. Ahora Antonio ya estará con su rebaño por las puntas y he quedado otro día para hablar con él.

Hoy tiene más tiempo, se queda todo el día en la mallata para secar la sal, que por la tarde darán al ganado. De esta forma nos adentramos en un relato ameno, aunque algo deslabazado; primero me comenta que un iraní adicto al Sha ha venido a instalar una explotación ganadera a Sallent -no le faltarán pastores, comentamos…-

TIERRA BAJA.- Los de Sobremonte no tenían un sitio fijo para el invierno, dependían de los “ajustes”, aunque alguna casa como la de “Botero” de Betés bajó 30 años seguidos a Torralva de Aragón; esta asiduidad tuvo frutos derivados, la “choven” de la casa, subió de esta localidad.

Vista de Aso de Sobremonte desde los montes de Betés (Imagen: Biquipedia)
Vista de Aso de Sobremonte desde los montes de Betés (Imagen: Biquipedia)

A comienzos de la Sanmiguelada había sido la contrata de pastores: feria vacuna del 12 de Septiembre de Biescas, y en la del l8 de noviembre para algún rezagado. Algunos ganaderos iban a “afirmar” a los pastores por las casas, era el caso de los tensinos, que de Sobremonte y la Galleguera -a cuyos habitantes apodaban “guirrios”- sacaban sus pastores. En el año 43 Antonio cobraba como rebadán 315 duros por temporada, al siguiente ya como mayoral cobró 420.

“Si no t’espachaba la nieve -expone señor Antonio- se salía del 10 al 20 de Noviembre, en la “tasca” se aguantaba hasta Todos Santos, si nevaba antes, había que bajar a los pinares y aún podían regresar de nuevo a los altos. Una semana antes de partir se corrían los prados del pueblo, reservando uno para el víspera. Recuerda las noches en Aurín, Escusaguá, Monrepós, Mesón Nuevo, La Foz, Nueno, Hospitalé… Si estas paradas reponedoras duraban uno o dos días, se estaba “estremando”, algunos mesones -confiesa Antonio- se guiaban por la filosofía de que “a ave de paso…”.

Estas alegres noches en los mesones, le evocan el año 1945, en que el Mesón de Monrepós reunía en torno al “fogaril” alrededor de 30 personas entre pastores de cabañas y tratantes que bajaban a la feria de San Andrés de Huesca; en aquella fría noche conoció por primera vez a los “maquis”, pedían asilo, cena caliente y orientación: por Belsué se dirigieron al Llano. Aquel invierno en Torralva de Aragón volvió a coincidir con ellos de una forma curiosa: él compartía la majada con un pastor de Murillo de Gállego, el amo -que no se fiaba- marchaba todas las noches a dormir al pueblo; los guerrilleros entablaron conversación con su compañero, seduciéndolo para su causa; con ellos marchó sin decir nada a Antonio. El grupo ofreció ataques en Farlete y Alfajarín teniendo un triste final.

TRADICIONES PASTORILES.- El mundo rural siempre se ha mostrado como un reservorio de tradiciones ancestrales y dentro de él, el pastoril por la fuerte jerarquización que ha sufrido, ha guardado tradiciones que se pierden en la noche de los tiempos.

Antonio no cree que las piedras agujereadas por la Naturaleza y colgadas en el establo, libren a las ovejas de estar “modorras”. Esta costumbre que nosotros hemos visto por gran parte de la montaña oscense, él la vio en Abizanda -allí estuvieron los de Aso evacuados para la Guerra civil-.

En Sobremonte, cuando una oveja paría y no echaba la “esparria” -placenta-, le ponían atado al lomo un boj o un trozo de esparto; así de esta manera la expulsaba.

Cuando a una oveja le “fizaba” une víbora, se le practicaba con la navaja una cruz en el “braguero”.

En primavera cuando el ganado subía flaco, la abundante comida de la montaña “hacía subir la sangre”, las ovejas enfermaban por lo que habla que practicarles un corte en una vena debajo del ojo -“y a la media hora estaban listas”-.

Antonio en sus refranes y sentencias oídas a sus mayores tiene al mejor “hombre del tiempo”:

“Si pa Candelera estás al sol, pa la Virgen al tizón”.
“Si truena por Betés, no t’estes.Si truena por Aso, no hagas caso”.
“Si pues colgar el caldero en a punta dá luna, ventolera segura”.
“Si a luna está tripa arriba, agua segura”.
“Si ves a boira pegada ta Utoría, agua al otro día”.

AVENTURAS EN LOS PUERTOS.- Los puertos de Sobremonte, Antonio se los conoce palmo a palmo, y en un instante me arropa con sus topónimos: “Mallata Laguarre, Burrambalo, La Plana, Os Yerros, Plana Raya, Foyas Lacuna, Sarrataclau, A Facera, Trasapena, Valposata, A Punta as Canales, Icun, Punta a Cruz, Estacho Plano, Fuendefreda, Mallata Cubilella, Lera, A Selva, O Forondón, Mallata Lupons”.

Un pastor del Pirineo (Imagen: Enrique Satué)
Un pastor del Pirineo (Imagen: Enrique Satué)

Hoy el alpinismo es sofisticado, pero ¿cuántos pastores han hecho azañas sin ningún material, permaneciendo después en el anonimato? Antonio una buena mañana se encontró sin leña y decidió trepar a la Peña del Gabacho “gogante” entre los puertos de Biescas y Acumuer, a talar un pino que había en su punta, y aunque el pino rodó a la vertiente opuesta, la hombrada ya estaba hecha -“lo malo fue bajar…”-.

En Sobremonte aún quedan topónimos que evocan la vieja fauna: “Pinar dó lobo” en Yosa, “fuente del Onso” en Aso; sin embargo el animal, que mejor conoce Antonio es el sarrio, en verano a veces se le acercan descaradamente al ganado. Sabe del caso de cruces entre cabras perdidas y aquél, el resultado: “un cabrito que te las veías loco pa cogelo y metele la esquilla…”.

Muchas cosas podría escuchar del señor Antonio, pero este año si vuelve a “afirmarse” para Aso, hablaremos de la vida en estos puertos con más tiempo, al cobijo de una vieja cadiera.

¡Hasta entonces señor Antonio!