Un mundo sin abejas

Artículo publicado el 3 de marzo de 2016 en La Braña de Eldiario.es Cantabria.

Siempre me han gustado los prados plagados de flores, y también los que no tienen flores, pero sí tienen hierba. Los campos de cereales… Y me paro a pensarlo y muchos de los campos que veía en mi infancia son hoy edificios, polígonos o simplemente están abandonados… La tierra no tiene ya el valor que tenía antes, porque ahora es el dinero el que da de comer. A menudo me pregunto qué pasaría si de repente no pudiésemos comprar comida. ¿apreciaríamos entonces el valor que tiene la tierra?

Aunque, en realidad, no es solo la tierra la que nos proporciona alimento: se necesita agua, semillas y, entre otras cosas, abejas. Todo el mundo ha oído alguna vez aquella frase que se le atribuye a Einstein que dice que el día que desaparezcan las abejas, a los humanos nos quedarán cuatro años de vida. Y es que las abejas, con su pequeño tamaño, alimentan al mundo, pues es gracias al intercambio de polen, que los insectos trasladan desde las anteras de una flor hasta los estigmas de una misma planta o de otras, que las especies vegetales producen semillas y frutos.

Pero al igual que no hemos sabido valorar la tierra, no hemos pensado tampoco en la importancia que tienen las abejas en nuestras vidas, por lo que no importó llenar los campos con plaguicidas, que envenenan a las abejas y perturban su sentido de orientación; sembrar monocultivos extensivos (grandes superficies donde solo se siembra una única planta, que si no proporciona néctar y polen, obliga a las abejas a trasladarse grandes distancias. Además, la falta de diversidad puede provocar que no encuentren todos los nutrientes que necesitan); acelerar el cambio climático, etc…

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Desde hace unos años, una nueva amenaza pone en riesgo a las abejas europeas, es la Vespa velutina, comúnmente conocida como avispón o avispa asiática, una especie invasora originaria de Asia que, al parecer, llegó a Europa por accidente en un contenedor con productos hortícolas procedente de China. Esta especie se propaga muy rápidamente, se estima que a una velocidad de 90-100 km al año, y se adapta especialmente bien en zonas con mucha humedad, con poco contraste de temperaturas y con numerosas cuencas hidrográficas, como, por ejemplo, la Cornisa Cantábrica.

El principal problema de la avispa asiática es que se alimenta de especies autóctonas de insectos, especialmente de abejas melíferas, por lo que, al acabar con ellos, disminuye la polinización y, por tanto, la producción de fruto, por lo que nos deja sin comida, produciendo además graves daños económicos en el sector apícola, frutícola y agrícola.

Por eso hoy, jueves 3 de marzo, la Confederación en Defensa de la Abeja en la Cornisa Cantábrica (CODACC) estará en el Parlamento Europeo participando en la jornada ‘Afrontando retos para la supervivencia de las abejas en Europa’, donde no sólo se hablará de la molesta avispa asiática, sino también de los pesticidas neonicotinoides y de las políticas de preservación de las abejas. Además, CODACC ha enviado una carta al Parlamento Europeo denunciando la falta de medios para luchar contra esta especie invasora y pidiendo medidas para controlar la situación.

Probablemente no será noticia en ningún telediario, pero hoy un grupo de apicultores está en Bruselas dialogando para que los humanos podamos seguir comiendo dentro de cuatro años. Porque los apicultores no sólo producen miel, sino que también ayudan a que siga habiendo prados llenos de flores, urogallos en nuestras montañas y comida en nuestros platos.