Berta_Cáceres

Despertemos

Hace dos inviernos tuve la suerte de poder escuchar en Zaragoza el testimonio de Donald Moncayo, líder indígena, y Pablo Fajardo, abogado principal del Caso Texaco y ganador en 2008 del Premio Goldman, premio que se concede anualmente a defensores de la naturaleza y el medio ambiente, algo así como el Nobel de Ecología.

Es difícil, desde la distancia, desde la piel de quien nunca ha sentido la selva, de quien tiene coche, calefacción central, de quien se ducha diariamente con agua caliente, y no se pregunta de dónde sale esa energía, entender las luchas por la vida que llegan desde el otro lado del océano y solidarizarse con ellas. Pero ese día la sala estaba llena, repleta de ojos brillantes, de almas abiertas y de esperanza.

Yo había ido allí con Manu y Teresa, que todavía tenían en las pupilas la imagen verde de la vegetación de Sucumbíos, y el recuerdo negro de los testimonios de quienes les hablaron del dolor del petróleo; y con Miguel, que ahora se encuentra descubriendo otras selvas en el corazón de América Latina. Creo que aquella charla nos hizo recordar otras luchas de acá y de allá: la de los bolivianos en el TIPNIS, la de los vecinos de Artieda, la del Bergantes… Nos recordó que somos hijos de la Pacha Mama, la Madre Tierra, y que tenemos que honrar a Inti, el Dios Sol, aunque la comodidad de nuestros sofás se empeñe en hacernos olvidar quienes somos y de dónde venimos.

Durante aquella tarde de febrero en el Centro Pignatelli, Pablo y Donald compartieron los horrores que la multinacional petrolera Chevron-Texaco había provocado en la selva amazónica, y las consecuencias de sus extracciones en las personas que ahí viven. Nos mostraron vídeos donde unos monstruos con sombrero tejano afirmaban que la selva estaba ahí para explotarla, no para que los humanos conviviesen en paz formando parte de ella, justificando así la expulsión de aquellas personas que, al igual que sus ancestros, querían seguir viviendo allí, conservando su cultura y sus tradiciones. Lavándose las manos de todo el mal que ha generado la petrolera en el Ecuador. Todo en nombre del Dios Dinero, que no entiende de Pachamamas, ni de Intis, ni de respeto, ni de vida…

Pablo, emocionado, nos contó también como asesinaron a su hermano al confundirlo con él, y es que sale caro defender la tierra de quienes quieren lucrarse de ella para llenar sus bolsillos con sangre. Según el informe de Global Witness titulado “¿Cuántos más?”, el año pasado asesinaron a 116 activistas del medio ambiente, de los cuales “un 40 % de estas víctimas era indígena y las principales causas de su muerte fueron la industria hidroeléctrica, la minería y la agroindustria”. La investigación añade también que “Honduras es el país más peligroso per cápita para los activistas ambientales y de la tierra con 101 asesinatos entre 2010 y 2014”. Precisamente en Honduras asesinaron el pasado 3 de marzo a Berta Cáceres, líder indígena y ganadora del Premio Goldman en 2015. A Berta la mataron por haber conseguido paralizar la construcción de una presa en el Río Gualcarque, sagrado para el pueblo lenca, pues de él brota el agua que beben y que ayuda a germinar las semillas que les dan de comer. Unos días antes Berta había denunciado el asesinato de otros compañeros y las amenazas que sufría. En una entrevista a Eldiario.es el pasado mes de junio, Berta había declarado que “los que rechazamos estos proyectos somos amenazados, amenazan nuestras vidas, nuestra integridad física y emocional, la de nuestras familias y comunidades enteras, nos quieren negar la existencia como pueblos originarios. Vivimos en un clima de impunidad y de nula administración de justicia”.

Durante el asalto a la vivienda de Berta Cáceres resultó herido Gustavo Castro Soto, miembro de Amigos de La Tierra México, la Red Mexicana de Afectados por la Minería (REMA) y el Movimiento Mesoamericano contra el Modelo Extractivo Minero (M4) y cuyo testimonio puede ser crucial para resolver los hechos acontecidos en la madrugada del pasado 3 de marzo, por lo que su vida corre serio peligro. Desde Amigos de la Tierra piden al Gobierno Hondureño que reaccione de forma inmediata contra los asesinos de Berta Cáceres y que proteja a Gustavo Castro, y se ha iniciado una campaña de recogida de firmas para que proporcione todas las medidas posibles para garantizar protección inmediata a Gustavo Castro.

Aunque nos pueda parecer que Honduras y México son lugares lejanos, sus luchas son también nuestras luchas. Aquí también hay víctimas de la defensa del medio ambiente, como los 8 de Yesa, que se enfrentan a penas de hasta seis años y medio de cárcel por oponerse pacíficamente al recrecimiento del embalse de Yesa. Además, no podemos olvidarnos de que detrás de los megaproyectos que intentan acabar con los recursos naturales y que provocan graves daños ambientales, hay multinacionales extranjeras, muchas de ellas españolas, como la empresa Ecoener-Hidralia, que promueve la construcción de una hidroeléctrica en el Río Canbalam (Guatemala) a la que se oponen las comunidades locales.

En aquella charla en el Pigatelli, Donald Moncayo y Pablo Fajardo compartieron mesa con el también Premio Goldman Pedro Arrojo, quien en el año 2001 salió, al igual que Berta, en defensa de los ríos, encabezando la lucha contra el Plan Hidrológico Nacional. El pasado 6 de marzo Pedro escribía en su cuenta de twitter: “Tu muerte, hermana, no será en balde. La lucha sigue y seguirá más fuerte”. Desde hace una semana el clamor de los ríos llora el nombre de Berta y su voz se oye más que nunca recordándonos sus palabras en la ceremonia de entrega del Premio Goldman: “Despertemos, despertemos humanidad, ya no hay tiempo”. Despertemos, porque la tierra y los ríos no son de nadie y se los quieren apropiar.