Mensajes de las piedras

Artículo publicado en la Revista Ronda Somontano el 14 de octubre de 2016.

Dicen que hace miles de años que las gentes que vivían a orillas del Río Vero comenzaron a cultivar semillas y a criar animales. Abandonaron su nomadismo, dependiente de los ciclos de la fauna salvaje y la estacionalidad de las plantas, para quedarse aquí. Lo dicen las piedras que conforman las paredes de las cuevas que, sobreviviendo al tiempo, nos cuentan historias de mujeres y hombres que domesticaban rumiantes y que quedaron immortalizados para siempre con unos pigmentos minerales en las profundidades del Somontano.

He de confesar que, aunque siempre he sabido de la existencia de las pinturas rupestres del Parque Cultural del Río Vero, fue cuando descubrí que uno de esos abrigos llenos de dibujos se llamaba “El tozal de Mallata” y que en esa Mallata se había inmortalizado a gente llevando con cuerdas a rumiantes, como imagen de las primeras domesticaciones, cuando estas comenzaron a llamarme la atención y cuando se afincaron en mi cabeza.

Dice Wikipedia, que “una mallata es una cabaña o una estancia apartada de las zonas pobladas, que sirve para recoger al ganado y a los pastores contra el mal tiempo y en las noches que haga falta que pasen los segundos cuidando a los primeros”. El hecho de que en un lugar llamado así se encuentren refugiadas las imágenes de las primeras personas que se dedicaron a la ganadería en la comarca, dice que, aunque hayan pasado milenios, las costumbres de la zona no han cambiado hasta hace poco.

Y es que, ha sido en las últimas décadas cuando el censo de ovejas y cabras ha comenzado a disminuir en el Somontano de Barbastro. No es un hecho aislado, el descenso de la ganadería es común a toda la Península Ibérica, que está viendo como sus ecosistemas, moldeados por la actividad ganadera desde que nuestros antepasados neolíticos decidieron asentarse aquí, se van degradando. Cada vez son mas frecuentes los incendios, porque hay menos animales controlando la vegetación, y también hay menos gente viviendo en los pueblos. Sin embargo, vemos a menudo latas, plásticos y demás basura que no forma parte del medio, que lo contamina, que lo degrada y que destruye la maravilla natural que son el Río Vero y su entorno.

Lo cierto es que una se para a pensarlo, y es, como poco, mágico, que ni los desastres naturales, ni, mas que nada, los humanos, hayan hecho desaparecer la historia pintada de estas tierras. Dicen que hay que conservarlas y estudiarlas porque, además de historia, son obras de arte, pero… ¿Y si fuesen algo más? Quizás sean un mensaje que las gentes de antes nos envían para que no olvidemos que hay que respetar y admirar el medio en el que vivimos, que es del que sale nuestra comida, que es nuestro refugio, y que hay que dejar a las generaciones que vienen detrás un Río Vero lleno de vida y de belleza. Que lo único que puede quedar, son pigmentos naturales que emanan de la tierra.