Sigamos construyendo sueños colectivos

La semana pasada llegó a mi correo un grito de auxilio de un amigo al que conocí hace unos años en un pueblo que estos días también pide socorro. El pueblo en el que vive se llama Urniza, y en el que nos conocimos, La Selba. Pero creo que lo mejor es empezar toda esta historia desde el principio.

Hace tres años participé en un encuentro en la Selba, un lugar que había permanecido abandonado hasta 2010, cuando un grupo de jóvenes decidieron instalarse allí y repoblar las dos casas que formaban el pueblo. Al encuentro acudimos mucha gente, de muchos lugares, y ayudamos con nuestras manos a hacer más habitable ese lugar perdido en el Prepirineo oscense del que ya nadie se acordaba. La Selba se había quedado vacío un día de 1963, cuando sus pobladores se vieron forzados a marchar al haber sido expropiado por la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE) por la construcción del embalse del Grado, quedando tanto la Selba como los pueblos de alrededor, completamente abandonados.

Los jóvenes que viven en la Selba tenían claro que querían instalarse en el medio rural, así que decidieron llamar a la puerta de ayuntamientos, diputaciones provinciales y de todo aquél que se dignase a recibirlos, pidiendo que les dejasen rehabilitar distintos pueblos abandonados. Pero la respuesta fue negativa en todos los casos y al final se decidieron por elegir un sitio entre el mar de pueblos abandonados del Prepirineo, y el lugar elegido fue la Selba.  Cuando llegaron, pidieron por escrito la cesión del lugar, y la respuesta que recibieron fue el cierre del acceso rodado mediante vallas y candados, y en mayo de 2011, una carta en la que les daban ocho días para irse. Pero interpusieron un recurso y… “seguimos con nuestras vidas”.

Según han informado los habitantes de la Selba, desde entonces se ha rehabilitado completamente el pajar, y la mitad del tejado de la casa grande, asegurando también su estructura. De no ser por estas intervenciones, actualmente los dos edificios se encontrarían totalmente en ruinas. Además se han recuperado las huertas, los olivos y frutales, han limpiado el monte… En abril de 2016 la CHE interpuso una denuncia ante la Fiscalía de Huesca, solicitando el desalojo por la vía penal. Siéndoles notificada la denuncia a los habitantes en abril de 2017, quedando citados para un juicio por usurpación el día 25 de mayo en el juzgado de Boltaña. “La CHE no sólo nos quiere echar, sino que además quiere que carguemos con sanciones económicas y penales”, indican los actuales pobladores. “Uno de los puntos en los que la CHE hace más hincapié a la hora de justificar nuestro desalojo es que generamos un alto riesgo de incendio forestal. Parece evidente que nuestra presencia, limpiando el monte y pastando con nuestro ganado, no hace sino reducirlo. También entendemos que si el monte público hoy en día es un auténtico polvorín, eso se debe a la dejadez y al abandono por parte de la administración”.

Imagen tomada en el pueblo deshabitado de Clamosa, fundado en el siglo XI y situado junto a la Selba. Fue abandonado por la construcción del pantano del Grado. 

En la Selba conocí la vida en comunidad, el trabajo en equipo, la vida en un pueblo aislado, los sueños colectivos.. Conocí a gente increíble que trae vida a un mundo rural que se muere, a Anna que vivía allí y hacía jabones, a Tom que había dejado Holanda para irse a vivir en comunidad a una masía catalana, a María que daba clases a migrantes, a Yune que soñaba con pueblos llenos de vida, a Staci que transformaba el trigo en arte en Lakabe, a Iara, a Dani, a Luis, a Nacho…. Conocí a gente de Fraguas, donde la Fiscalía pide 26 años de prisión para seis de sus habitantes y conocí a Kiko, que en febrero me escribió para darme la buena noticia de que se había puesto cabras en Urniza y contarme que estaba trabajando con ovejas latxas y que la semana pasada me escribió para mandarme el mensaje que podéis leer aquí.

No podemos dejar que la Selba, Fraguas y Urniza se queden vacíos. No podemos permitir que vuelvan a despoblarse. No pueden echarles. Si echan a sus gentes, estarán expulsando a la vida y, más que nada, estarán condenando a la muerte, otra vez, a territorios vivos. No se van, se quedan. No nos vamos, nos quedamos. Sigamos construyendo sueños colectivos.