El día que apadriné un olivo

Artículo escrito originalmente en inglés, publicado en el blog del Proyecto SIMRA el 1 de febrero de 2018.

Carmen, mi olivo apadrinado. (Foto: Apadrinaunolivo.org)

Esta semana hace un año que apadriné un olivo. Le llamé Carmen, como mi abuela, y siempre que quiero saber cómo le va, me basta con abrir una aplicación que tengo instalada para ver fotos suyas, saber si le han podado o no, qué tiempo hace ese día en Oliete (el pueblo donde está), etc… Y una vez al año recibo dos botellas de delicioso aceite. Pero lo que más me gusta, es que por solo 50€ al año estoy ayudando a dar empleo a personas en riesgo de exclusión, a que gente joven pueda tener un futuro en su pueblo y no tengan que emigrar a las ciudades, a que no se cierre la escuela de un pueblo que, como tantos otros del interior de España, se enfrenta a los monstruos de la despoblación, del envejecimiento y de la soledad. Y, todo esto, a la vez, ayudando a recuperar unos olivos centenarios, y con ellos, recuperando tradiciones y manteniendo paisajes. En definitiva, ayudando a cuidar el territorio garantizando la sostenibilidad ambiental, social y económica.

Apadrina un olivo era, hasta hace un año, un proyecto del que había oído hablar, del que sabía cosas sueltas, y del que me enamoré cuando contacté con uno de sus impulsores para que me informase de su proyecto, con el fin de que pasaran a formar parte de la base de datos de iniciativas rurales de innovación social del proyecto SIMRA (Innovación Social en Áreas Rurales Marginales). Así que dejadme que os presente este maravilloso proyecto.

Oliete es un pueblo situado en la provincia de Teruel, una de las provincias más despobladas de la Unión Europea. En los últimos cien años, la población de Oliete ha pasado de 2.000 a 420 habitantes censados actualmente (el número real de personas viviendo ahí, es todavía menor). Como consecuencia, 100.000 olivos cayeron en el abandono en el pueblo.

Fueron unos jóvenes de Oliete quienes se dieron cuenta de que tenían que buscar la forma de salvar esos olivos, árboles que no solo representan parte de la dieta tradicional de la zona, sino también su cultura, su paisaje, y, por supuesto, su conocimiento tradicional y la herencia que permanece de sus ancestros. También se percataron de que recuperando los olivos, podrían combatir la despoblación en la zona, siendo estos los objetivos principales de la asociación que crearon y a la que denominaron Asociación para la recuperación de olivos yermos de Oliete.

Apostaron por un sistema de micromecenazgo, que consiste en personas que apadrinan olivos. Los padrinos reciben periódicamente fotos de su árbol a través de una app, y también información sobre las condiciones climáticas de la zona, del trabajo que se está realizando, etc… Además de dos litros de aceite de oliva virgen extra de las variedades locales manzanota y empeltre, procedente de los olivos apadrinados. También organizan visitas de campo, para que puedas conocer a tu olivo, de forma que también se fomenta el turismo rural en la comarca.

Los verdaderos dueños de los olivos son en muchos casos los nietos de las últimas personas que se hicieron cargo del árbol, y normalmente trabajan en ciudades, lejos de Oliete. Con esta iniciativa, sus olivos son recuperados y a partir del sexto año de que el olivo entre en el proyecto (que es el tiempo que se estima necesario para que los árboles vuelvan a producir una cantidad regular de olivas), reciben el 10% de la cosecha.

Hasta ahora, esta iniciativa ha creado seis puestos de trabajo en Oliete, consiguiendo que seis personas menores de 35 años permanezcan en el pueblo evitando emigrar, combatiendo así la despoblación. Este proyecto también da empleo a gente de ATADI, una asociación de personas con discapacidad intelectual o del desarrollo, de forma que ayudan a que personas en riesgo de exclusión tengan un empleo. Este año escolar, la Asociación buscó una familia para vivir en Oliete y trabajar para el proyecto, evitando así el cierre de la escuela, que no tenía suficientes niños para continuar abierta este año (en Aragón, las escuelas rurales necesitan un mínimo de 5 niños matriculados para seguir abiertas).

Por otro lado, Apadrina un olivo ha impulsado la apertura de una almazara en Oliete, donde gente de fuera del proyecto pueden traer sus propias olivas y obtener su aceite, asegurando de esta manera la recuperación de sus propios olivos. La almazara provee un servicio local, al tiempo que hace las funciones de centro social.

Yo ya he renovado mi apadrinamiento, y estoy deseando recibir mi aceite en casa. Ojalá este año sea el año en el que por fin conozca a Carmen. Me muero de ganas de que llegue el día en el que pueda abrazar al árbol que lleva el nombre de mi abuela.