El viejo arte de la trashumancia

La palabra trashumancia proviene del latín trans, que significa ‘de la otra parte’, y humus, ‘tierra’; y hace referencia al desplazamiento anual de los rebaños desde las zonas altas destinadas a pastos de verano a las zonas bajas, en las que el ganado pasa el invierno.

El objetivo de la trashumancia es conseguir la “eterna primavera” para que el ganado pueda alimentarse de forma natural a base de pastos durante todo el año. El impacto que este tipo de ganadería extensiva genera en las zonas por las que pasa es muy positivo para el ambiente, ya que cada oveja trashumante aporta cada día alrededor de 5.000 semillas y abona el terreno con más de 3 kg de estiércol. Cada vaca trashumante traslada 50.000 semillas y unos 30 kg de estiércol, a lo largo de unos 20 Km. diarios de recorrido. Así que, cada rebaño de 1.000 ovejas o de 100 vacas trashumantes dispersa durante sus desplazamientos de aproximadamente un mes caminando por las cañadas más de 150 millones de semillas y unas 100 toneladas de abono, a lo largo de más de 500 kilómetros de valles, ríos, laderas, montañas y mesetas, garantizando la biodiversidad de los distintos ecosistemas por los que transita.

Spanish Sephard de Richard Ansdell (1863)
Spanish Sephard de Richard Ansdell (1863)

La trashumancia surge al domesticar a los rumiantes e imitar las rutas que éstos hacían en libertad en búsqueda de pastos. Durante la romanización, una de las rutas de trashumancia en el oeste peninsular, pasa a ser marcada por una calzada y se convierte en la Vía de la Plata. Aunque es durante la Edad Media, época en la que la ganadería es la actividad económica predominante, cuando se consolida su organización, a través de instituciones como las Mestas o los Ligallos. La Mesta de Albarracín, junto con la Casa de Ganaderos de Zaragoza (también llamada Cofradía de San Simón y San Judas, creada supuestamente en el siglo V, aunque no se tiene documentación de ella hasta 1229), fueron las instituciones más importantes del Reino de Aragón. Mientras que en Castilla, fue El Honrado Concejo de la Mesta, creado en 1273 por Alfonso X el Sabio. Gracias a ellas, los ganaderos disponían de una institución corporativa, vinculada a los poderes locales, encargada de regular las relaciones profesionales entre sus miembros, proteger los privilegios de pasto y garantizar las infraestructuras pecuarias, dando lugar a una rica y extensa normativa tanto escrita como consuetudinaria.

La trashumancia está considerada Patrimonio Cultural Inmaterial de Aragón, junto con la jota, la contradanza de Cetina y el transporte fluvial de la madera (navatas). Sin embargo, esta actividad es un arte en peligro de extinción, por lo que todos los paisajes que se nutren de ella, corren también peligro de desaparecer. Actualmente en España quedan tan sólo unas 30 familias trashumantes. La mitad de ellas proceden de la provincia de Teruel.