Aprender de sistemas comunales: Los agdales del Alto Zat y el Yagur

Hoy comparto este artículo de Pablo Domínguez Gregorio, investigador y profesor de la Universitat Autònoma de Barcelona (eco.anthropologies@gmail.com) publicado en el número 21 de la Revista Soberanía Alimentaria Biodiversidad y Culturas.

Cuando en nuestro país estamos viendo que los sistemas tradicionales de gestión de los bienes comunes han sufrido y siguen sufriendo una presión fuerte para continuar existiendo, queremos presentar en este escrito el valor y el interés de rescatarlos, conservarlos y desarrollarlos, presentando el agdal, un sistema tradicional de gestión de los bienes naturales que persiste desde hace siglos e incluso milenios por todo el norte de África.

El agdal pastoril, en términos estrictamente agronómicos, es la prohibición estacional para acceder a un espacio o recurso pastoril, una especie de barbecho para asegurar un descanso mínimo a los recursos renovables. Sin embargo, lleva asociado un manejo comunal y un conocimiento del territorio que le da un enorme valor. En este artículo se presenta el funcionamiento y las características del agdal del Yagur, concretamente a partir de investigaciones realizadas con la población Ait Ikis.

Vivir y producir en condiciones de montaña

Situación de la zona de estudio. [Imagen: Revista SABC]
Situación de la zona de estudio. [Imagen: Revista SABC]

El Yagur es un territorio pastoril de alrededor de 70 km² situado entre 2 000 y 3 600 m de altitud situada en el alto valle del Zat a solo 50 km de Marrakech. Es un territorio de propiedad colectiva de una gran parte de la tribu (kabila) Mesioua, de la cual forman parte los Ait Ikis, una población amazig/bereber trashumante compuesta por unas 700 personas. Entre las poblaciones del valle del Zat, aunque la actividad económica tiende a desarrollarse en varias direcciones y se encuentra en una fase de creciente diversificación, el agro-silvo-pastoralismo constituye la actividad básica para cerca del 75 % de sus habitantes. En el caso concreto de los Ait Ikis, el sistema de subsistencia se basa sobre todo en los cereales (trigo, maíz y cebada), el ganado y una pequeña producción arborícola de higueras, olivos, almendros… Una parte de estos productos está destinada al autoconsumo, principalmente aquellos de origen agrícola pues la montaña atlásica es ligeramente deficitaria en este aspecto. Es excedentaria en producción animal cuya mayor parte es vendida a cambio de más productos agrícolas provenientes principalmente de los grandes llanos cerealícolas del Haouz y el Sous, así como de productos manufacturados en las grandes urbes industriales del país. Salvo las nueces y algunos nuevos árboles frutales de renta (por ejemplo, manzanos) que se empiezan a implantar poco a poco, el ganado es el producto principal si nos referimos a la posibilidad de transformación monetaria. Esto está relacionado con el potencial de la bioecología montañesa así como la creciente demanda de carnes rojas de las ciudades y en especial de la creciente gran urbe turística de Marrakech. No obstante, debido a la insuficiencia de sus ingresos agro-pastoriles para aumentar su nivel de vida o incluso subsistir en los malos años, las familias campesinas están obligadas a buscar otras retribuciones exteriores, particularmente en el periodo no agrícola, en actividades como electrificación, trabajos agrícolas estacionales en la llanura del Haouz o del Sous u otros trabajos en la ciudad. Otra parte de los ingresos complementarios provienen de las remesas de dinero de familiares emigrados a Marrakech, a otras grandes ciudades de Marruecos, al Sahara occidental o incluso a Europa. La búsqueda de ingresos extras para la producción familiar está agravando la división de trabajo hombre-mujer. Además de encargarse de la mayoría de las tareas domésticas, del cuidado constante de los bóvidos, de su ordeño diario, del desherbaje de los campos de cereal o del suministro de agua y leña de cada hogar, hoy es posible ver a mujeres haciendo incluso de pastoras a veces, pues sus maridos, hijos o primos han emigrado, generándoles unas cargas de trabajo aún más ingentes y desiguales. Como las otras poblaciones del Alto Atlas de Marrakech, la de los Ait Ikis está constituida por un campesinado semisedentario o trashumante organizado en pequeños y diferentes grupos sociales que encajan en colectivos cada vez mayores a la manera de un juego de muñecas rusas.

Agdal: Pensar en común

Los Ait Ikis definen sus reglas de gestión de sus bienes naturales comunes, como el tiempo de uso, el espacio, la prohibición, el tipo de sanción en caso de transgresión de las reglas, los turnos de vigilancia, los miembros con derecho, etc. Todas estas decisiones se adoptan en el seno de la asamblea tribal de la jmaa, compuesta solo por los hombres cabeza de familia de cada hogar, que con su voz y voto representan a cada familia. Aunque en algunos casos es posible que previamente en el seno de cada hogar haya existido una discusión interna, principalmente se da entre los varones adultos de la casa, ni los jóvenes ni las mujeres tienen participación en la toma de decisiones.

Un sistema interconectado

En este contexto, en el Yagur queda prohibido pastorear durante aproximadamente tres meses a partir del 28 de marzo, coincidiendo con la primavera local, permitiendo la floración, la fecundación, la producción de semillas nuevas y la reconstitución de las reservas de especies vegetales, precisamente, durante el periodo más sensible de su crecimiento. Esto asegura la continuidad de la actividad pastoril y de la cadena alimentaria, así como un reparto relativamente equitativo de los recursos en propiedad común, pues se accede al mismo tiempo a los pastos con el número de animales que cada familia sea capaz de mantener por ella misma.

Familia de un poblado contiguo al Yagur [Imagen: Revista SABC]
Familia de un poblado contiguo al Yagur [Imagen: Revista SABC]

Una semana después de la apertura del agdal, se evalúa la carga pastoril sobre el Yagur para a continuación distribuir equitativamente el resto de sus cabezas de ganado sobre otros territorios de uso común de los Mesioua como el tisiyyi, el iferwan, el ourgouz o el tamsliyout. Estos son utilizados tanto de forma libre, como sometiéndolos a reglamentaciones agdal. En cualquier caso, por la gran extensión y razones prácticas de acceso, la apertura del agdal del Yagur, determina la de otros pastizales de verano vecinos. Es decir, el agdal del Yagur “manda” así, en el pastoreo de los Mesioui de montaña. Es la llave maestra del sistema. De hecho, la palabra “yagur” significa en tachelhit (lengua local) “más grande que”, sin duda en referencia a la importante extensión de este territorio gestionado como agdal, en relación con otros de la zona, pero también a su importancia microgeopolítica en la toma de decisiones de la gestión del conjunto del territorio Mesioui. Sea como sea en realidad, el agdal del Yagur es uno entre los cientos de agdales de la región, que permiten asegurar la mayor sostenibilidad y maximización de la productividad de forma autónoma y que concierne a miles de personas.

Aprendizajes del agdal para la soberanía alimentaria

El agdal, se presenta como una pieza fundamental de esta economía agro-silvo-pastoril. En términos productivos, el Yagur gestionado por este sistema puede contribuir hasta en un 41 % a la alimentación de las ovejas, 27 % de las cabras y al 16 % de los bovinos. Aún más importante es que esta aportación forrajera llega en medio del verano norteafricano, cuando los otros pastizales más bajos están ya muy secos permitiendo la supervivencia e incluso el engorde de los animales. En términos económicos se ha visto que supone casi el 20 % del producto interior bruto de las comunidades usuarias de los Ait Ikis. Y, como hemos visto, la gestión en agdal es por lo tanto esencial en términos no solo de maximización productiva, sino funcional, pues determina una gran parte del resto del sistema agro-económico que constituye hoy cerca de tres cuartas partes de la economía y por ende de la continuidad de la cadena alimentaria.

Es por todo ello que no debe ser ignorada una institución local tan importante. A modo de conclusión, me gustaría avanzar pues, que podría ser muy interesante explorar nuevas posibilidades del agdal bajo el prisma de las nuevas aproximaciones al manejo de los comunes, y de la promoción de la agricultura sostenible, ecológica y/o de calidad, que está hoy en progresión en el mundo entero.