Sin mujeres no habría medio rural

Recuerdo que cuando cursaba en la carrera la asignatura optativa Patología de la nutrición de grandes animales y de granja, el profesor nos contó en una de las clases que en las explotaciones de ovino en las que trabajaban mujeres, el índice de mortalidad de los corderos era mucho menor, ya que estaban más pendientes de encalostrarlos, darles el biberón cuando la madre no los amamantaba, y separarlos en cuanto había algún caso de diarreas. “Quizás se deba al instinto maternal”, nos decía, o quizás, simplemente, a que se toman más en serio su trabajo.

El caso es que la mujer ha sido siempre la gran olvidada, en el medio rural y fuera de él. Siempre detrás de los hombres, y siempre con todas las faenas a la espalda. Cuando hice el estudio sobre Etnoveterinaria del Valle de Tena y Tierra de Biescas, la mayoría de las mujeres mayores a las que entrevisté, dejaban que fuesen los hombres quienes hablasen, y, si acaso, si veían que ellos no estaban diciendo algo que ellas sabían, se les escapaba de la boca alguna palabra. Cuando a continuación les preguntaba mirándolas a ellas y exclusivamente esperaba su respuesta, nerviosas, me decían, “que te conteste él, que sabe más, que ha estado siempre en el campo”. Sin embargo, aunque no quieran reconocerlo, son las mujeres rurales las que nos han transmitido el patrimonio cultural y gracias a quienes se ha conservado.

A pesar de que siempre sean ellos quienes den la cara, en quienes pensamos cuando hablamos de ganadería y agricultura,  los que salen en los reportajes y en las entrevistas, y, muy a menudo, los que tienen a su nombre la explotación agraria; son las mujeres las que se han hecho cargo de la casa y las que han criado a los hijos. Las que salían a llevar la comida, se hacían cargo de la huerta, de los animales que había en casa, las que, además, se dejaban la piel en el campo siempre que era menester. Es más, hay quien para recolectar ciertas frutas, sólo contrata mujeres, por ser más cuidadosas. Lo mismo pasa en muchas ganaderías, donde sólo se fían de mujeres para ordeñar a sus vacas.

Son las mujeres quienes fijan población en el medio rural y le dan continuación. En definitiva, las que dan vida a un entorno olvidado y moribundo.

Gracias, mujeres rurales. Todos los días deberían ser vuestro día.