¿Tu madre tiene pueblo?

Artículo publicado en Arainfo el 31 de octubre de 2015.

Yo tendría 12 ó 13 años, incluso menos, pero aquella pancarta en la plaza del Pilar se me quedó grabada en las retinas y nunca la podré olvidar. Fue durante una manifestación contra el famoso Plan Hidrológico Nacional, cuando miles de aragoneses unidos pedíamos juntos que no se hiciera el trasvase, y así, a ixena, lo conseguimos. Y no, no lo hacíamos porque fuéramos insolidarios, como nos tachaban desde algunos medios estatales, sino porque sabíamos las consecuencias que tienen los pantanos, consecuencias que hemos vivido en nuestras propias carnes, al igual que hemos vivido, y vivimos, los efectos del secano.

Con 16 años tuve la oportunidad de entrevistar junto con dos compañeros de clase a Pedro Arrojo, sus palabras también me marcaron “cuando se hacen pantanos, los sedimentos que arrastra el río se acumulan en el fondo del embalse, y deja de llegar arena a las playas“ y ponemos obstáculos a las especies que han vivido siempre ahí, haciendo disminuir la biodiversidad. Tan sencillo, tan obvio, que no entendía porque los políticos insistían en esas políticas tan absurdas. Con esa edad descubrí dos de mis novelas favoritas: Imán y O bolito d’as sisellas. La primera, de Ramón J. Sender, una preciosa novela de 1930 donde su protagonista vuelve a casa después de una guerra y se encuentra con que no hay casa, ni pueblo, sino un pantano; la segunda, de Ánchel Conte, narra la experiencia del último verano de un adolescente en su pueblo antes de que lo inunden para construir un embalse. ¡Qué triste, y cuánto dice de Aragón que dos novelas escritas con 70 años de diferencia por dos personas del mismo pueblo tengan un mismo final!

Hoy, 85 años después de aquella novela de Sender, seguimos exactamente igual. El gobierno piensa que el desarrollo es echar a la gente de sus casas para construir pantanos, ignorando los informes geológicos, ignorando que tenemos ya demasiados pueblos vacíos como para echar a la gente que vive feliz en los que quedan vivos, ignorando los deseos de esas personas de vivir en las casas que levantaron los abuelos de los abuelos de sus abuelos e imputándolos por negarse a irse de ellas, ignorando que no necesitamos esos pantanos para nada.

El pasado fin de semana, el programa Salvados dedicó su espacio a Jánovas, porque hay algo aún más doloroso que que te echen de tu pueblo para hacer un pantano: que te echen de tu pueblo tirándote los muebles por la ventana para que te vayas con el fin de hacer un embalse, que luego no lo hagan y, además, te nieguen el derecho a volver a tu casa, como pasó en Jánovas.

Tendríamos que recordar lo que nos hizo salir en contra del PHN y salir todos a pedir que los vecinos de Jánovas puedan volver a su pueblo y que los de Artieda no se tengan que ir jamás.

Ojalá los políticos se enteraran, como dice una de las canciones de La Ronda de Boltaña, de “que la tierra es de sus hijos, el agua de todos, y los ríos son del mar“, para no tener que volver a leer nunca más esa pancarta que decía “¿Tu madre tiene pueblo? A la mía se lo inundaron“.