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Ámame Encarnecidamente

“La única forma de alimentar a las poblaciones de forma duradera es permitir que sean autosuficientes en su territorio, en su tierra y en sus localidades. Hace falta modernizar la ganadería, pero no industrializarla”. Baba Doum (Conferencia de Ministros de Agricultura del África Central y Occidental).

Ilustración de LoveMEATender. (Foto: Art)

Ilustración de LoveMEATender.

Hace poco me hablaron de un documental belga llamado LoveMEATender, traducido al castellano como Ámame Encarnecidamente, que desde un tono amable, a la par que irónico, denuncia el sistema intensivo de producción animal.

El documental, emitido en el programa DocumentosTV de la 2 de TVE en mayo de 2012, refleja cómo se ha ido industrializando la ganadería para poder satisfacer el consumo de carne mundial, aumentando de esta manera el impacto medioambiental y disminuyendo el bienestar animal.

“A lo largo de su vida, un ciudadano belga consumirá, de media, 5 vacas, 7 ovejas, 42 cerdos, 891 pollos, 43 pavos y 24 conejos. Bélgica es un país pequeño, pero se sacrifican 285.000.000 animales al año…” Con estos datos comienza Ámame Encarnecidamente, un filme que busca concienciar al consumidor sobre el origen de los alimentos que consume, ya que, como dice uno de los protagonistas del documental, André Pochon, agricultor jubilado,

André Pochon, ganadero jubilado. (Foto: at-production.com)

André Pochon, ganadero jubilado.

“el consumidor es el agente que inclina la máquina hacia la sensatez o hacia la locura. Si el consumidor sigue tolerando cualquier cosa, la maquinaria no se detendrá. Pero si rechaza este tipo de producción, los fabricantes se verán obligados a adaptarse a la demanda”.

En definitiva, un documental muy recomendable para conocer un poco mejor el mundo en el que vivimos.

 

 

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Jornada sobre Ganadería Ecológica en Boltaña

Cartel de la jornada

Cartel de la jornada

El próximo martes 31 de Marzo se celebrará en Boltaña una jornada sobre Ganadería Ecológica organizada por la Oficina Comarcal Agroambiental de la localidad.

La jornada tendrá lugar, en horario de 10:00 a 14:30 h en el Salón de Actos Pedro Santorroman de la Sede de la Comarca de Sobrarbe en Boltaña. La asistencia es abierta a todo el mundo que tenga interés en este sector.

El programa es el siguiente:

10.00 – 10.10: Presentación por Carlos Calvo (OCA Sobrarbe)

10.10 – 11.00: Certificación por parte del Comité Aragonés de Agricultura Ecológica. Sara Zarazaga (CAAE)

11.00 – 11.50: Normativa para la ganadería ecológica. Requisitos particulares para la cría de rumiantes. Isabel Casasús (CITA)

11.50 – 12.10: Pausa

12.10 – 13.00: Condicionantes en las ayudas de ganadería ecológica. Andrés Ballestín (DGA)

13.00 – 13.50: Experiencia de ganaderos de vacuno/ovino.

13.50 – 14.30: Mesa redonda

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En los territorios ocupados por la vaca frisona

Rescato este artículo publicado el día 20 de septiembre de 2014 en Enfocant, titulado En los territorios ocupados por la vaca frisona. Para leer el original pincha aquí.

A día de hoy, cuesta creer que hubo un tiempo, allá por el siglo XIX, en el que los cántabros se instalaron con sus vacas pasiegas en ciudades como Madrid, Barcelona o Bilbao para satisfacer la demanda de productos lácteos que empezaba a haber en las grandes ciudades.

Actualmente, Cantabria sigue siendo conocida por su producción lechera, con la diferencia de que sus rojinas autóctonas se encuentran en peligro de extinción, habiéndose dado por desaparecidas durante muchos años, y las autoridades no parecen tener interés en conservarlas.

Puede que a la gente le parezca normal que los prados de Cantabria, al igual que los de Asturias, Galicia y de gran parte del mundo, sean pastados principalmente por las “típicas“ vacas pintas, esas que salen en los anuncios de Nestle y de La Asturiana, pero ¿qué atractivo tiene ver el mismo paisaje en Cantabria, EEUU o Irlanda?

Varias preguntas en torno a la vaca frisona

Es inquietante pensar qué pasaría si apareciese una enfermedad a la que la vaca frisona, por su genética, fuese especialmente sensible como está pasando en EEUU con el sector porcino. También habría que preguntarse qué tiene de especial una quesada pasiega elaborada con leche de la misma vaca que la que se usa en una tarta de queso alemana oun sobao elaborado con la misma mantequilla que un bizcocho holandés.

Lo que pasa cuando se pierden razas autóctonas es que con ellas se pierde su genética, adaptada y especializada durante siglos al ecosistema en el que habita. Ninguna vaca frisona, por mucho que se seleccione llegará a adaptarse a los prados cántabros como lo están las vacas pasiegas. Además, cuando se pierde una raza, se pierde la cultura ligada a ella.

No sólo los sobaos y las quesadas se hacían originalmente con productos derivados de la leche de estas vacas, sino que el auténtico queso de nata se hacía con leche de vacas pasiegas.

Si después de leer esto les apetece probar un auténtico sobao o quesada o queso pasiegos, no se molesten, no lo van a encontrar. Ahora mismo hay en todo el mundo una única ganadería que tenga un rebaño completo de vacas pasiegas y vende toda la leche que produce a la empresa Láctalis-Puleva, con sede en Galicia. En la central, esta leche se mezcla con leche procedente de otras ganaderías, y se distribuye por el Estado español como leche ecológica de Galicia.

Pasividad institucional

Vacas Pasiegas de la ganadería de Áurea Quintial

Vacas Pasiegas de la ganadería de Áurea Quintial

Sobre las medidas tomadas por las autoridades cántabras para fomentar esta raza autóctona, en el aspecto divulgativo cabe destacar la publicación del libro En el País de la vaca pasiega de laEditorial Cantabria Tradicional, difícil de encontrar en librerías físicas de Cantabria, pero adquirible por internet al precio de 34€ más gastos de envío.

Desde el punto de vista científico, en el CIFA (Centro de Investigación y Formación Agroalimentaria de Cantabria) no se está llevando a cabo ningún proyecto en relación con la vaca pasiega porque “no interesa“. Por otro lado, el Gobierno de Cantabria dispone de una finca experimental en Gama donde han hecho estudios comparativos entre la vaca frisona y la pasiega y en los que advierten textualmente que “se debe destacar que las pasiegas controladas proceden de rebaños manejados en las mismas condiciones que el frisón lechero, esto es, las vacas no salen al monte“. A pesar de que el manejo no sea el propio de las rojinas, los estudios señalaban una diferencia significativa en el porcentaje de proteina, siendo de 3,04 en las frisonas y de 3,16 en las pasiegas. El porcentaje de proteína es importante para la producción quesera.

Otro punto curioso del estudio, en el que se hablaba de las tres vacas autóctonas de Cantabria, es que en las fotografías tanto la tudanca como la monchina aparecían retratadas en su medio natural, mientras que en el apartado de la pasiega aparecía por un lado una fotografía de un ejemplar, y a continuación otra del ecosistema en el que se crían, hecho que según ellos mismos se debe a que carecen de imágenes de vacas pasiegas en su medio natural.

Cabe señalar que la citada finca de Gama nació como centro de cría de vacas frisonas. El objetivo era adquirir ejemplares de buena genética para hacerlos criar y distribuir las nuevas generaciones entre los ganaderos de la zona. Finalmente este proyecto no triunfó y tiempo después tomó su actividad actual.

En lo que respecta a incentivar a los ganaderos para que críen esta raza, los esfuerzos desde el Gobierno cántabro se podrían calificar de nulos, ya que la única ayuda que dan a las asociaciones de productores de razas autóctonas en peligro de extinción es por tener hasta siete animales, por lo que beneficia a aquellos ganaderos de vacas pintas que adquieren uno o dos ejemplares de pasiegas para recibir la subvención y perjudica a los que tienen todo el rebaño rojino. Así se explica que a fecha de 31 de diciembre de 2013 hubiera en Cantabria 353 hembras reproductoras de vaca pasiega repartidas en 77 ganaderías. Si tenemos en cuenta que la ganadería de Aurea Quintial cuenta con 30 ejemplares, nos sale a poco más de 4 animales por explotación, entre las que se encuentran también Fincas Públicas. Estos datos dejan a la pasiega en una posición insignificante en el marco de la ganadería lechera cántabra si la comparamos con los datos que se tienen de la misma fecha de la vaca frisona, que tiene, sólo en Cantabria, 44.747 ejemplares repartidos en 861 ganaderías (sale una media de 52 animales por explotación), según datos del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente del Gobierno de España.

Vaca Pasiega de la ganadería de Áurea Quintial

Vaca Pasiega de la ganadería de Áurea Quintial

La vaca pasiega: ¿la vaca del futuro?

Según los datos anteriormente expuestos, en Cantabria por cada vaca roja nos encontramos 127 vacas pintas. Viendo esto, más de uno pensará que el destino de la raza lechera cántabra por excelencia es desaparecer. Sin embargo, podría ser la clave para el desarrollo de la ganadería del futuro, de la ganadería sostenible:

La Unión Europea ha manifestado sus intenciones de acabar con las cuotas lácteas el próximo año. De llevarse a cabo, significaría que todos los ganaderos podrían producir la cantidad de leche que quisieran, por lo que los grandes producirían inmensas cantidades, tirando los precios por los suelos y hundiendo a los pequeños productores. Es por esto que los pequeños deberían buscar diferenciarse: si juegas en otra liga no te afectan los partidos de los demás. El futuro podría estar en la transformación, pero no en una transformación cualquiera, sino en una diferenciada, de calidad y por supuesto tradicional, donde se recuperen los auténticos quesos de nata elaborados con vaca pasiega, así como sobaos y quesadas de verdad. En un territorio como Cantabria donde una de las principales fuentes de ingresos es el turismo, es incluso necesario el ofrecer productos locales a los visitantes, aunque lo más importante es concienciar a los paisanos de la importancia de conservar los recursos de la zona y el papel que estos juegan en la generación de empleo.

A muchos les cuesta creerlo, pero los datos de control lechero no engañan, la única ganadería 100% pasiega de Cantabria produce con un manejo ecológico una media de 28 litros diarios por vaca, realizando dos ordeños al día. A los animales se les alimenta todo el año a base de pastos naturales plagados de flora arvense autóctona y se les aporta una pequeña cantidad de cereal certificado ecológico. Durante el invierno se les suministra silo elaborado en esas praderas naturales. Además, la propietaria, y única trabajadora de la ganadería, asegura no recibir la subvención de la PAC (Política Agraria Común) y que puede vivir con los ingresos que tiene.

Este manejo choca con el que realizan muchos ganaderos cántabros, que crían frisonas en intensivo, donde las vacas no salen al prau y se les aporta el silo en el pesebre y gran cantidad de piensos, todo transgénico y producido con productos químicos. Además realizan 3 ordeños diarios (un ordeño más de lo normal, lo que implica mayor estrés para los animales y mayor aporte alimenticio) dando una media de 38 litros diarios por animal y aseguran que sin ayuda de la PAC no podrían salir adelante. Uno de los principales problemas de este tipo de ganadería es la gran cantidad de gases de efecto invernadero que emite debido a los desechos de los animales, los fertilizantes y pesticidas usados para producir forraje así como el combustible usado para transportar los distintos elementos de la cadena agroalimentaria. Por otro lado, este tipo de producción es directamente dependiente de los cereales y granos proteicos transgénicos, para los que algunos países europeos ya han establecido restricciones o prohibiciones. Incluso el propio Parlamento y la Comisión Europea están reclamando el fomento de una ganadería tradicional, respetuosa con el medio y lo más independiente posible, que valore a las vacas por la calidad de su leche y no por los litros o la cantidad de grasa que producen, y que devuelva a los rumiantes su capacidad de obtención de proteína sin necesidad de utilizar en su dieta alimentos transgénicos producidos a costa de arrasar con la selva en el continente americano.

El modelo lechero a seguir está aquí, pero necesita el apoyo de todas para sobrevivir. Quizás, invirtiendo en modelos de producción sostenibles, en un futuro podamos volver a referirnos a Cantabria como el país de la vaca pasiega.

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Mallatas (I): Introducción

Desde hace ya casi un año, me rondaba por la cabeza la idea de hacer un blog que tratase temas relacionados con la ganadería sostenible, extensiva, ecológica… la agroecología y la soberanía alimentaria. Y por mi mente no hacían más que pasearse posibles temas (que según la disponibilidad de tiempo que tenga, se irán plasmando aquí con mayor o menor frecuencia) para publicar. El problema era que no se me ocurría ningún nombre. Buscaba un nombre que definiese, en una palabra, ese modelo de ganadería que vengo a defender. Hasta que hace poco, se encendió la bombilla. Curiosamente había estado siempre ahí: mallata.

Para quienes no lo sepáis, mallata significa en aragonés “majada” y es un lugar en medio del campo o de la montaña que sirve como refugio del ganado y de los pastores cuando les sobreviene el mal tiempo y también durante las noches que tienen que pasar en esas zonas durante el pastoreo o la trashumancia. La definición de Wikipedia añade que la mallata “se compone de una o varias casas pequeñas o chozas que sirven de cobertizo al ganado y acondicionadas como refugio para el pastor, rodeadas por una cerca, normalmente de piedra, que hace las veces de corral. Se suelen situar en zonas donde el agua, los pastos y el alimento son abundantes y los animales puedan estar suficientemente abastecidos”.

Mallata en el Valle de Chistau (Foto: Wikipedia)

Mallata en el Valle de Chistau (Foto: Wikipedia)

Buscando publicaciones que hablasen de las mallatas, me encontré con un artículo muy interesante de Enrique Satué y José  Luis Acín Fanlo titulado Vida Pastoril en una mallata de Sobremonte, publicado en 1983 en Temas de antropología aragonesa, y que se puede consultar en este enlace (pincha aquí)En este artículo, sobre la descripción de mallata, y la diferencia entre ésta y el cubilar, aparece lo siguiente:

“Mallata y cubilar pueden parecer sinónimos, y sin embargo la diferenciación es clara: la primera hace alusión al lugar donde el ganado pasa la noche estival en la tasca alpina, compuesto por caseta pastoril y corral de pared de losa o enmarcación aproximada de bojes; el cubilar no es más que un prado generalmente insertado en un pinar, donde el ganado “hace tiempo” al subir o bajar de los puertos. Ambas palabras tienen correspondencia a los dos lados de la cordillera: “cubilar” entronca con el término gascón “couyala”. Mallata, que fue recogida en el área pirenaica de Bareges por Gerhard Rholfs con la acepción de “mallado”, proviene del latín “macula”, que hace alusión a la malla protectora que extenderían los pastores para proteger al rebaño de las alimañas.

El refugio pastoril de la “mallata” tiene un alto interés filogenético en cuanto nos señala lo que sería el primer estadio de la casa pirenaica (refugio-borda-casa).

Merece la pena resaltar que la evolución estructural de estos refugios no está en relación directa con la riqueza de la comunidad pastoril que las animó, sino más bien se relaciona con su ubicación geográfica: empleo de materiales, etc. Así, en la misma época, los pastores de Ansó se refugiaban en los extraplomos de Estanés o Aguas Tuertas, mientras que las comunidades más humildes de Sobremonte o Sobrepuerto construían minibordas aisladas en la tasca o porque el medio no le daba otro amparo, generando una solución arquitectónica más innovadora.

Esto nos habla en parte del constante carácter marginal de lo pastoril, aún en las comunidades más ricas, donde el pastor siguió sumido hasta la aparición de la industrialización en un arcaísmo inamovible, basado por otra parte en la fuerte jerarquización de la institución de la casa.”

Por otro lado, la palabra majada, en castellano, también hace referencia al majadeo o redileo, que consiste en en hacer dormir al ganado durante una sola noche en una parcela acotada por una red o cualquier otro recurso fácil de transportar. A la noche siguiente se mueve el cercado hacia otra parcela contigua, y así sucesivamente hasta conseguir que el ganado haya dormido en toda la superficie de la majada, consiguiendo de esta manera fertilizar el terreno y estimular la producción de humus, además de enriquecer su composición en plantas de alta productividad, como son las leguminosas.

Sin embargo, el término aragonés, mallata, no acoge este último significado. Y lo más similar al majadeo sería “femar campos con cletaus“.

Y con esta introducción al blog, y a las mallatas, uno de los símbolos de la ganadería sostenible y extensiva en la Península Ibérica, de las que seguiré hablando próximamente, me despido por hoy.

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