Category: Etnografía, etnoveterinaria y etnopastoralismo

Lupos y pastors

Iste texto de Félix Rivas estió publicau o 27 d’aviento de 1998 en “El Diario del AltoAragón”.

Encara que fa decenios que estió abatiu o zaguer d’os lupos de l’Alto Aragón, qualsiquier pastor que sienta charrar d’iste mitico animal remerará os espantos y temors que dispertaba dica fa pocos anyos entre os habitants d’o meyo rural.

Ye bien sabiu de totz que, antes mas, os grans rabanyos d’ovellas d’o Pireneu iban siempre acompanyaus de quantos mastines, protechius por gruesos collars de claus, y quala unica función yera plantar cara a os lupos.

[cml_meya_alt itz='885']timber-wolves-907680_1280[/cml_meya_alt]En a Sierra de Guara me contoron que a primers de sieglo yeran freqüents as enrestidas a o bestiar. Por o que pareix, aprofitoron l’atardecer ta salir por os camins y, con os suyos aullius, se chuntaban ta fer un chicot grupo. Si o suyo obchectivo yera un rabanyo d’ovellas podeba ocurrir como en un corral d’o lugar, agora deshabitau de Santo Pelegrín, en o qual dentró a lupada y acabó con tot o bestiar. Pero a temor yera muita mayor si o menazau yera bell caminant solitario, como aquell que se dirichiba enta Eripol y en os pinars d’Asque habió de puyar a un arbol y asperar con paciencia. Ista temor yera segurament l’orichen d’a creyencia seguntes a quala, si en ir caminando se te desligaban as alpargatas de minyón, quereba dicir que os lupos te yeran acazando y lo millor yera buscar un arbol bien alto ta refuchiar-se entre as suyas ramas.

Hue, manimenos, encara que os lupos d’o norte d’a meseta castellana no pleguen, por agora, dica as nuestras tierras, a suya leyenda sigue viva entre os pastors altoaragoneses. Ya no se i veyen lupos, pero atras fieras similars continan recorrendo os nuestros monts como aquella que, fa uns pocos anyos causaba estragos entre os rabanyos d’as sierras que se troban a caballo entre o Viello Aragón y as Altas Cinco Villas. Tal como me lo describioron, teneba a cabeza mas prolargada que a d’un lupo, pero pareixeba una “mezcla rara, ni can ni lupo, como si l’hesen traito de difuera”.

[cml_meya_alt itz='887']pyrenees-617620_1280[/cml_meya_alt]Pero deixando a un costau as fieras no identificables, o periglo t’os ganaders de hue no son ya os lupos sino os suyos parients lexans os cans asilvestraus que forman bandadas dimpués d’estar abandonaus por os suyos duenyos. En qualsiquier parte se pueden sentir historias d’ataques a o bestiar. Un pastor me contaba o caso d’una paridera en Santalecina en a quala dentró una manada d’istes cans y acaboron con mas de docientas ovellas. Mesmo muit amán d’a Pardina d’Ayés, chunto a Rapún, podié acompanyar a dos pastors d’o lugar d’Ara mientres acazaban a tres cans que ixa mesma nueit heban matau y feriu a quantas ovellas d’o suyo rabanyo.

En a construcción de muitos d’os antigos corrales se teneba en cuenta a presencia d’os lupos y, en a parte superior d’as suyas fronteras, se colocaban ramas y grans piedras u zaborras, ta impedir a dentrada d’alimanyas a o suyo interior. Hue en día, manimenos, o problema d’os cans asilvestraus puede tornar-se especialment grieu con a difusión d’un moderno tipo d’aprisco denominau pastor electrico (encara que en Ribagorza le claman chulet, igual que a aquell zagal que serviba d’aprendiz en os antigos grupos pastorils y que en a resta de l’Alto Aragón yera conoixiu como repatán u rabadán) y que consiste en un encletau de meya altura formau por un ret entre o qual discurren uns finos cables connectaus a una simpla batería d’auto.

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Lobos y pastores

Este texto de Félix Rivas fue publicado el 27 de diciembre de 1998 en “El Diario del AltoAragón”.

Aunque hace décadas que fue abatido el último de los lobos del Alto Aragón, cualquier pastor que oiga hablar de este mítico animal recordará los miedos y temores que despertaba hasta hace pocos años entre los habitantes del medio rural.

Es bien sabido de todos que, antaño, los grandes rebaños de ovejas del Pirineo iban siempre acompañados de varios mastines, protegidos por gruesos collares de clavos, y cuya única función era plantar cara a los lobos.

En la Sierra de Guara me contaron que a comienzos de siglo eran frecuentes los ataques al ganado. Al parecer, aprovecharon el atardecer para salir por los caminos y, con sus aullidos, se juntaban para formar un pequeño grupo. Si su objetivo era un rebaño de ovejas podía ocurrir como en un corral del pueblo, ahora deshabitado de San Pelegrín, en el que entró la lobada y acabó con todo el ganado. Pero el temor era mucho mayor si el amenazado era algún caminante solitario, como aquél que se dirigía hacia Eripol y en los pinares de Asque tuvo que subirse a un árbol y esperar con paciencia. Este temor era seguramente el origen de la creencia según la cual, si al ir andando se te desataban las alpargatas de miñón, quería decir que los lobos te estaban persiguiendo y lo mejor era buscar un árbol bien alto para refugiarse entre sus ramas.

Hoy, sin embargo, aunque los lobos del norte de la meseta castellana no lleguen, por ahora, hasta nuestras tierras, su leyenda sigue viva entre los pastores altoaragoneses. Ya no se ven lobos, pero otras fieras similares continúan recorriendo nuestros montes como aquélla que, hace unos pocos años causaba estragos entre los rebaños de las sierras que se encuentran a caballo entre el Viello Aragón y las Altas Cinco Villas. Tal como me lo describieron, tenía la cabeza más alargada que la de un lobo, pero parecía una “mezcla rara, ni perro ni lobo, como si lo hubieran traído de fuera”.

Pero dejando a un lado las fieras no identificables, el peligro para los ganaderos de hoy no son ya los lobos sino sus parientes lejandos los perros asilvestrados que forman bandadas después de ser abandonados por sus dueños. En cualquier parte se pueden oír historias de ataques al ganado. Un pastor me contaba el caso de una paridera en Santalecina en la que entró una manada de estos perros y acabaron con más de doscientas ovejas. Incluso muy cerca de la Pardina de Ayés, junto a Rapún, pude acompañar a dos pastores del pueblo de Ara mientras perseguían a tres perros que esa misma noche habían matado y herido a varias ovejas de su rebaño.

En la construcción de muchos de los antiguos corrales se tenía en cuenta la presencia de los lobos y, en la parte superior de sus muros, se colocaban ramas y grandes piedras o zaborras, para impedir la entrada de alimañas a su interior. Hoy en día, sin embargo, el problema de los perros asilvestrados puede volverse especialmente grave con la difusión de un moderno tipo de aprisco denominado pastor eléctrico (aunque en Ribagorza le llaman chulet, igual que a aquel zagal que servía de aprendiz en los antiguos grupos pastoriles y que en el resto del Alto Aragón era conocido como repatán o rabadán) y que consiste en un vallado de media altura formado por una red entre la que discurren unos finos cables conectados a una simple batería de coche.

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Cuando el futuro depende de no perder el pasado

Hoy, miércoles 16 de septiembre, defiendo mi trabajo fin de máster. Ha sido un trabajo en el que he invertido mucho tiempo pero en el que, sobre todo, he aprendido muchas cosas. Lo más importante, es que he aprendido cosas que -aún- no están en los libros. Lo cual, también me hace preguntarme cuántas cosas habrán quedado sin documentar y descansarán para siempre en algún cajón de la historia.

[cml_media_alt id='722']Entrevistando a Pedro José Gericó, de Sallent de Gállego[/cml_media_alt]

Entrevistando a Pedro José Gericó, de Sallent de Gállego

El trabajo que hoy defiendo se titula Etnoveterinaria en el Valle de Tena y Tierra de Biescas. La etnoveterinaria es el conocimiento y/o la aplicación de remedios naturales, transmitidos de forma oral y dirigidos a la prevención y a la curación de las enfermedades de los animales. Es decir, la etnoveterinaria estudia cómo se curaba a los animales cuando no había industrias farmacéuticas. Este tipo de estudios cobran gran interés ahora que está aumentando el número de ganaderos que optan por sistemas de producción ecológicos, dado que el Reglamento vigente de Ganadería Ecológica (CE) Nº 834/2007 (CE, 2007) señala que “se utilizará preferentemente la fitoterapia, que utiliza plantas medicinales en forma de esencias y extractos y la homeopatía, que permite tratar al animal sin dejar residuos en sus productos; los sistemas de cría se basarán en la utilización máxima de los pastos, según estén disponibles a lo largo del año, teniendo que estar constituida la ración diaria, al menos un 60% de la materia seca por forrajes”. Motivos por los que resultan imprescindibles este tipo de trabajos que ponen al alcance de ganaderos y técnicos recursos muy accesibles pero cada vez más desconocidos.

[cml_media_alt id='717']El agua de la decocción del barrabón se utiliza para cicatrizar las heridas[/cml_media_alt]

El agua de la decocción del barrabón se utiliza para cicatrizar las heridas

Para la elaboración del estudio, se han realizado 31 entrevistas a 30 informantes, se han registrado un total de 92 elementos empleados con fines medicinales, reproductivos o de producción animal en el Valle de Tena y Tierra de Biescas (79 taxones vegetales diferentes pertenecientes a 47 familias botánicas, 16 remedios de origen vegetal, 1 hongo, 13 remedios de origen animal, 9 minerales, 2 químicos y 8 manipulaciones u otros remedios).

Sin embargo, un 43% de las personas entrevistadas tiene más de 80 años, mientras que menos de un 17% tiene menos de 60 años. La media de edad de los informantes es de 74 años, lo que pone de manifiesto la avanzada edad de las personas con conocimientos en esta materia, y por tanto, la situación de peligro de extinción en la que se encuentran estos saberes, que son, ahora, más necesarios que nunca debido a la necesidad de alternativas a los productos farmacéuticos.

[cml_media_alt id='721']La piedra de Ordovés es utilizada para curar múltiples males, tanto de personas como de animales.[/cml_media_alt]

La piedra de Ordovés es utilizada para curar múltiples males, tanto de personas como de animales.

Ha sido, desde luego, un trabajo precioso, en el que 30 personas, que no me conocían de nada, decidieron compartir conmigo lo que sabían, lo que habían aprendido de sus ancestros. Un trabajo de formación profesional, sí, pero sobre todo un trabajo de encuentro con una cultura, una lengua, un paisaje y una forma de vida milenarias. Un trabajo que sólo ha hecho que empezar, porque cuento los días para reencontrarme con estas personas, y para conocer a muchas otras y seguir llenando el cuaderno de saberes mágicos y ancestrales. Porque quiero seguir escuchando historias de mujeres que cada noche de San Juan, antes de que amanezca, salen a recolectar flores de sabuco, tolonjina, menta, malvas… para confeccionar un ramo que luego dejarán secar y con el que harán saumerios para curar multitud de males. Porque quiero seguir escuchando historias de hombres que cuelgan en las cuadras piedras planas con agujeros naturales. Porque quiero seguir escuchando testimonios de gente que acude a curanderos y que bebe agua en el que han sumergido una piedra que salió del cuerpo de una culebra. Porque quiero que Luis, en su precioso aragonés panticuto, me siga contando los secretos que un día le contó su abuelo. Porque quiero seguir viendo ovejas negras en los rebaños, protegidos por mastines. Y porque quiero que las siguientes generaciones también puedan coleccionar remedios y palabras que se niegan a morir.

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Remedios de origen animal usados en etnomedicina y en etnoveterinaria

Caldo de lechuza para sanar las paperas, caldo de perros recién nacidos para los tuberculosos, lengua de culebra para la dentición de los bebés, o sapos vivos hervidos en aceite para curar las heridas producidas por los yugos en las caballerías… parecen remedios sacados del libro de Harry Potter, pero no, se trata de animales usados tradicionalmente en la medicina y la veterinaria popular.

[cml_media_alt id='615']pilmadores[/cml_media_alt]Navegando entre la bibliografía para un trabajo sobre etnoveterinaria, fui a dar con un libro del etnólogo Rafael Andolz titulado De pilmadores, curanderos y sanadores en el AltoAragón, publicado en 1987, en el cual se recogen distintos remedios utilizados durante el pasado siglo XX. Algunos llamaron mucho mi atención, como el conocido baile de la tarántula, llevado a la práctica en la zona de Monegros, donde las picaduras de tarántulas se curaban a base de música y coplas. Cuando una persona resultaba afectada por la picadura de estos arácnidos, se les llevaba a su casa y se les obligaba a guardar cama bien abrigados (con varias mantas y varios braseros cargados con las brasas del hogar). A la vez, en la alcoba, comenzaba la fiesta: se tocaba, se cantaba y se bebía sin parar, haciendo caso omiso a los gritos de la persona enferma. Al cabo de varias horas de juerga, y sobre todo era efectivo si el enfermo bailoteaba dentro de la cama, la enfermedad desaparecía. Rafael Andolz en su libro se pregunta si la efectividad de tan curioso tratamiento radicará en el sudor que provoca y que ayudaría a eliminar las toxinas. La explicación de los locales era que “la tarántula tiene como una especie de guitarra en la espalda y mientras tocan los músicos en casa del enfermo, la tarántula también baila y se agota”. En el Programa de Fiestas de Pallaruelo de 1977 aparecía un poema de Juan Barrieras que en una de sus estrofas decía así “Y si pica tarantula/ u le fiza un escorpión/ ta curalo de camino/ buscaban un tañedor/ y allí venga a bailar jotas/ la gente por t’ol redol/ y si había algún jotero/ tirar valiente canción/ y con otras mercancías/ aunque les en digo yo/ a persona no paicía/ y se le’n iba el dolor”. Curiosamente, este mismo baile para curar los atarantamientos se ha registrado también en el sur de Italia.

Además de este, aparecen en el libro muchos llamativos remedios, algunos de ellos de origen animal, como tomar el jugo derivado de macerar hígado de caballo o de ternera en vino fuerte para curar las anemias, atar a la cabeza del enfermo un palomo vivo abierto a lo largo para curar la meningitis, o el que llevaban a la práctica en Binéfar para evitar el dolor que tenían los niños cuando les salían los dientes, que consistía en que el padre del afectado debía coger una culebra, arrancarle la lengua y soltar la culebra otra vez, la lengua se envolvía en un paño que, con un imperdible, se colocaba en alguna prenda del niño. Los tuberculosos se curaban bebiendo caldo de perros recién nacidos, sólo que no podían saber de qué era el caldo, sino el remedio no surtía efecto, mientras que en Ibieca tomaban caldo de lechuza para las paperas. Por otrolado, en Arén, trataban las hemorroides de la siguiente manera: se vertía un lagarto vivo en aceite hirviendo, se deshacía todo, se le añadía espliego y grasa de cerdo y la mezcla se untaba por la noche durante tres o cuatro días, tiempo tras el cual, se curaban.

[cml_media_alt id='616']isard-275435_1280[/cml_media_alt]Tras descubrir esta curiosa obra de Rafael Andolz, y sin esperanzas de encontrar vivos en la memoria de los montañeses más remedios de este tipo, me llevé una segunda sorpresa, cuando una señora de Barbenuta me narró cómo curaban en su juventud las heridas que las caballerías se hacían con los yugos, y que consistía en hervir sapos vivos en aceite y después aplicar ese aceite, una vez frío, sobre las heridas para que cerrasen. Un señor de Yosa me confirmó que en su casa también se hacía, aunque sólo hervían la piel del sapo. En el Valle de Tena era muy común usar cuerno de sarrio para afecciones diversas, como las paperas, infecciones bucales, pulmonías de diversas especies o la fiebre de las caballerás; y en muchos lugares, empleaban las telarañas como cicatrizantes.

Aunque el uso de animales en etnomedicina y etnoveterinaria no esté justificado, resulta curioso que nuestros antepasados, a base de la técnica de ensayo-error descubriesen formas curativas que, siglos después, la ciencia explicaría, como por ejemplo, que la secreción mucosa del sapo tiene efecto anestésico local y además detiene las hemorragias o que las telarañas son buenas cicatrizantes porque estimulan el crecimiento y la actividad natural de las células en contacto con ellas y además están recubiertas con hongos que tienen acción antibiótica.

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El Saúco, una planta muy utilizada en la veterinaria popular altoaragonesa

La Sambucus nigra, conocida en castellano como saúco y en aragonés como sabuco o sabuquero, es un arbusto muy común en el Pirineo y en otras zonas de la Península Ibérica. Es de corteza suberosa, de color pardo en el tronco, de color ceniza en las ramas añejas y verde en los brotes del año. La flor es blanca y da unos frutos negros y carnosos.

El saúco florece a partir de abril, principalmente por San Juan, aunque sus frutos no maduran hasta finales de verano. Este arbusto se cría en sotos, setos, ribazos de huertos… entre los 500 y los 1.500 m.

El saúco es, probablemente, la planta más utilizada en la veterinaria popular altoaragonesa. Sus flores se recolectaban y se dejaban secar para disponer de ellas todo el año. Se usaban sólas o formando parte del popular Ramo de San Juan. Este ramo se recolectaba la noche del 24 de junio justo antes de que amaneciese y se componía de flores de sabuco (Sambucus nigra), malva (Malva sylvestis), menta (Mentha spp.), tolongina (Melissa officinalis), rosas silvestres (Rosa canina), etc… Para que tuviera más poder, se bendecía en la iglesia. Este ramo se dejaba secar, bien en los balcones de las casas, bien junto al hogar. Y se guardaba para hacer vapores o humos que se aplicaban en los animales enfermos.

[cml_media_alt id='571']sambucus nigra flor[/cml_media_alt]Los vapores o humos de sabuco o del Ramo de San Juan se podían obtener bien quemando la flor de sabuco en una sartén vieja para que se generase el humo, o bien hirviéndola en una perola de agua para producir los vapores. Se utilizaban para cualquier patología a nivel respiratorio, algunas enfermedades digestivas (empachos, diarreas, cólicos intestinales) y problemas a nivel de ubre (mastitis, mordeduras de víbora, secado…). También era eficaz en las inflamaciones de la glándula parótida (paperas).

Cuando se trataba de enfermedades respiratorias, digestivas o de la glándula parótida, se colocaba al animal enfermo una manta sobre la cabeza, y por debajo de los ollares se colocaba una sartén rusiente con la flor, o la olla con la decocción, para obligarlo de esta manera a inhalar los vapores. Para los cólicos, intestinales, hay quien hace incidir los vapores en el vientre del afectado. También era conocido el efecto de la mermelada de sabuco para patologías a nivel bronquial.

[cml_media_alt id='570']sambucus nigra fruto[/cml_media_alt]Si, por el contrario, se quería tratar una mastitis o una fizadura de víbora en la mama* , se colocaba la sartén o perola debajo de la ubre del animal. Para que la curación fuese más eficaz, después se cubría el cuarterón afectado con buro (barro arcilloso). Cuando lo que se quería era secar al animal, se hacían incidir los vapores sobre un trapo húmedo durante unos minutos y se aplicaban sobre las mamas.

Además, los humos del Ramo de San Juan también, se utilizaban para desinfectar cubículos donde había muerto algún animal. También se hacía en las habitaciones de las casas en las que había fallecido alguna persona.

*Cabe aclarar que los informantes solían achacar cualquier inflamación de la glándula mamaria a la mordedura de víbora, cuando en la mayoría de ocasiones, la hinchazón sería de origen bacteriano.

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La paridera, un espacio vivido

Comparto este texto de Félix Rivas, publicado en El Diario del AltoAragón el 7 de febrero de 1999.

Como lugar de albergue de los rebaños de ovejas, el corral o paridera ha sido el entorno en el que los pastores del Alto Aragón han pasado y continúan pasando muchas de sus horas de trabajo y muchos de sus esfuerzos cotidianos. En la paridera hay que cuidar de las ovejas enfermas o de los corderos recién nacidos, hay que limpiar su interior periódicamente, hay que separar el ganado que sale a pastar del que se queda todo el día bajo techo, hay que repartir el forraje o el pienso, hay que hacer el señal en la oreja de los corderos de poca edad… Y todo esto en la actualidad, ya que antaño la paridera estaba más presente en la vida de los antiguos pastores. En ella, muchos días había que quedarse a dormir a veces por las inclemencias del tiempo otras por la larga distancia hasta el núcleo de población más cercano y otras en la época de parizón cuando había que dormir con un ojo abierto y otro cerrado para estar muy atento de las ovejas que estaban a punto de parir. En verano, además, podían pasar la noche en compañía de algunos labradores que, mientras segaban y trillaban, preferían no desplazarse cada día hasta sus casas. Incluso en algunos momentos históricos de gran peligro, como en la última Guerra Civil, las parideras sirvieron de refugio a las gentes de algunos pueblos.

Se puede considerar, por tanto, a la paridera como un espacio vivido, un entorno plenamente modelado por las experiencias y la memoria del Alto Aragón. Tan vivido y modelado que en él se reflejan algunas de las actividades más profanas, sagradas y mágicas que la cultura tradicional sabía asumir e integrar sin gran dificultad. Unas actividades y unas creencias que hoy nos llenan de asombro, e incluso de incredulidad, pero que han estado presentes hasta hace pocos años en todas las comarcas altoaragonesas.

[cml_media_alt id='531']Pastores chesos haciendo queso en la puerta de una cabaña en el Valle de Guarrinza (Foto: Ricardo Compairé)[/cml_media_alt]

Pastores chesos haciendo queso junto a una cabaña en el Valle de Guarrinza en los años 20 del siglo pasado. (Foto: Ricardo Compairé)

Uno de los casos más curiosos se daba en Robres, donde, como todos los rebaños se podían encerrar en cualquier paridera que estuviese libre, se utilizaba este método para reservar una de ellas (coger la vez, diríamos en otro contexto): bastaba con colocar un saco colgado de la puerta de entrada y si otro pastor llegaba más tarde, ya sabía que esa noche iba a estar ocupada. En Serrablo, los pastores se servían del humo que salía de la chimenea de la caseta para predecir el tiempo: si subía en vertical quería decir que iba a llover muy pronto y, al igual que todos sus componentes, la noche de Todos los Santos se recogía antes de lo normal en el corral, lo mismo que las personas lo hacían en sus viviendas. Una serie de prácticas persiguen el objetivo común de proteger a la paridera de posibles enemigos. Algunas son bien expeditivas como ocurre en un corral de Valcarca, cerca de Binaced, donde, para evitar que los palomos se coman el grano que se da a los corderos, cuelgan varios palomos muertos en los frentes de los cubiertos. Otras conservan un fuerte contenido mágico. Una de ellas es la que consiste en enterrar la cabeza de una oveja modorra (en el Biello Aragón esta oveja tenía que ser además negra) que ha muerto de esa enfermedad en la entrada del corral para proteger a las demás. Para el mismo fin se solía colgar dentro del cubierto una piedra foradada, con un agujero creado de forma natural. Esta piedra, en algunos lugares como Fonz, tenía un valor y se transmitía de pastor a pastor, de tal manera que sólo podía ser utilizada por aquella persona a la que pertenecía. En esa población del Cinca Medio se colgaba cerca de la puerta y su utilidad era la de proteger contra los rayos.

Aunque si un mal o una enfermedad producía la muerte a muchos animales, podía pensarse que era una bruja la responsable, y en ese caso habría que recurrir a un esconchuro, por lo menos…

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Mallatas 2: Mallatas de E. Satué

Hoy comparto este artículo de Enrique Satué Oliván, publicado en el número 49 de la revista Serrablo en septiembre de 1983, en el que se estudian distintas mallatas del Pirineo Aragonés y se habla de la desaparición de estos elementos arquitectónicos con el devenir de la ganadería extensiva en estos valles.

[cml_media_alt id='322']Imagen: Amigos de Serrablo[/cml_media_alt]

Imagen: Amigos de Serrablo

“Con nostalgia por haber visto no hace muchos años vida en unas y con sorpresa por descubrir otras, el verano del 81 recorrimos algunos antiguos “santuarios” pastoriles y fuimos descubriendo las distintas formas de su habitáculo en la temporada de los puertos; el muestreo no es muy amplio, pero suficiente para ver la fuerza que ejerció el medio sobre la estructura de la vivienda del pastor. El recorrido será de W a E, a través de los siguientes puntos: Oza, Cuenca alta del Gállego; Acumuer, Monte de Erata en Espierre-Barbenuta, Puerto de Santa Orosia, Puerto de Linás y finalmente Monte de Canciás.

OZA.
Hoy apenas se ve ganado lanar, antaño todos sabemos lo que fue. Subamos al valle de Estiviella, -pequeño valle glaciar colgado, e instalado en las faldas orientales de Pera Forca-. Tras superar la zona de bosque, llegamos al umbral del valle; en su cabecera y casi donde mueren los neveros del pico, en un pequeño promontorio cargado de vivencias para cientos de pastores ansotanos, tenemos nuestra primera mallata; estaremos sobre los 1.700 metros, las “chordigas” nos rodean como mejor testigo del antiguo abono animal. Sobre el montículo destaca a seis metros de la caseta una estaca ramificada de dos metros y medio utilizada por los pastores para colgar los quesos. Su recuerdo no puede dejar de evocarnos la reciente exposición fotográfica del fallecido Don Ricardo Compairé, que como nadie plasmó los ambientes pastoriles de Hecho y Ansó. La “caseta” es la típica de alta montaña desde esta zona al menos hasta Fanlo; desde lejos si no fuese por la estaca, se mimetizaría con facilidad debido a la poca alzada y a la “tasca”; sus muros están compuestos por grandes lajas de caliza con forma almendrada, las paredes laterales apenas llegan a los 70 cm., cuesta desenvolverse en su interior, en especial al fondo donde el lecho se alza sobre un armazón de troncos; el techo está constituido por medios troncos que descansan sobre el que hace de viga maestra, para sobre esta estructura depositar “sirrio” del ganado con grandes trozos de “tasca” arrancada de los alrededores. Hoy da pena verla, en el año 75 aún pude tener una agradable conversación nocturna en su interior con un pastor, -por supuesto no faltó el tema del oso que ataca para la Sanmiguelada-.
Si seguimos por Oza el antiguo camino a Francia, en realidad estaremos andando sobre la calzada romana de Zaragoza a Pau. Dejemos La Mina y ascendamos hacia el Puerto El Palo, en algunos tramos observaremos perfectamente el talud de la calzada; así llegamos a la zona denominada de las Foyas. Es un terreno claramente kárstico, con abundantes dolinas que embeben los manantiales; aquí tenemos dos mallatas abandonadas. Su ubicación es típica: en un promontorio marginal de la periferia de dolinas, instaladas a su vez en circos glaciares colgados. Aquí la techumbre es de lajas de caliza pues se pueden extraer con más facilidad que en Estiviella por lo demás el tamaño es semejante. En el año 75 aún pude observar esporádicamente fabricar queso en ellas, hoy su estado ruinoso no tiene menos que recordarnos la letra de “Lo Fogaril” del grupo folklórico de Hecho:
“…La vida que ve trayendo
con lo tiempo cosas nuevas
fa aqui, como en otros puestos
que muitas cosas se pierdan…”
En la entrada de “Aguas Tuertas”, cuna del Aragón, no lejos del dolmen que daría última morada a aquellos “Pastores Pirenaicos” de Pericot en la Edad del Bronce, hay antiguos refugios que no son otra cosa que aprovechamientos del extraplomo de grandes bloques erráticos y resguardados con muros de laja -fenómeno corriente en el Pirineo-.

SALLENT
Superada la presa de La Sarra, a la izquierda del Aguas Limpias, queda el imponente circo colgado de Soba que preside el gigante pico Arriel. Aquí en este maravilloso paraje queda nuestra mallata; su estructura es semejante a las anteriores: “tasca” y “sirrio” en el techo, las plantas amantes del abono animal nos cubren hasta la cintura; estamos en la primera semana de Julio, aun quedan manchas de nieve y el ganado tardará en subir. Llama la atención la gran cantidad de rodondedro que cubre de rojo las laderas, los pastores utilizan estas matas como se puede ver en la caseta para mullido de su lecho, lugar de boj -que es lo corriente a más baja altitud-.
Desde Formigal hacia la cabecera de Canal Roya y Pico Anayet encontramos un gran bloque errático, que su estraplomo da cobijo a un refugio en el que sólo se han tenido que realizar las paredes de lajas; otros bloques que sirven de aproximación delimitativa al corral de la mallata.

ACUMUER
Estamos acostumbrados a ver el río Aurín cerca de Sabiñánigo y en su confluencia con el Gállego.
Sus ásperas gleras se transforman, superado Acumuer, en extraordinario paraje alpino. El ibón de Bucuesa, entre el macizo de Collarada y Peña Telera, da nacimiento al Aurín, aquél queda instalado en un primer peldaño glaciar, en este paraje y no lejos del ibón queda una mallata, de estructura similar a las vistas en Oza y Soba. La “tasca” del techo se transforma en Plan d’Igués -puerto de Acumuer- “gogante” con el de Biescas a las espaldas de Telera en techo de losa, pues aquí aflora este material. A Bucuesa sube normalmente el ganado en los primeros días de agosto, a falta de rodondedro o de boj, los pastores preparan su lecho con unas maturradas semejantes al tomillo que crecen en la tasca y que denominan “narrón”.

BARBENUTA
Con el Señor Fidel Piedrafita Pardo, de 80 años, desde la plaza de Barbenuta escudriñamos el monte Erata -2.009 m.-: Plana Lopera, Plana Estremal, o Betatón, Pelopín, As suertes d’Erata, o Fondo Cubilar, Fuente Cambonata, A Plana Sordials, Fuente os Comos, Plana Buitrera, Fuente a Piatra, Fuente del Abete,.. La multitud de nombres que da el señor Fidel, rememoran la pujanza de estos pueblos, hoy entre Espierre y Barbenuta, solo quedan ocho personas, algún día nadie sabrá dar razón de las mil vivencias y esfuerzos que esconde cada topónimo.
Erata, el monte “mágico” de Otal, presidida por la ermita de San Benito, donde se escondía bajo las piedras agua bendita para alejar las tormentas, tiene algo de sobrenatural; eso pensarían los constructores de la ermita mozárabe de San Juan -que se halla en sus faldas-; si superamos ésta, pronto estaremos en contacto con la tasca y habremos de doblar a la izquierda para dirigirnos a la zona de Lopera, allí a 1.500 m sobre el nivel del mar se encuentra nuestra mallata a descubrir. La caseta es de tipo borda pero más reducida, está situada en el límite del boj y al comienzo absoluto de la tasca, queda rodeada por un corral natural de “buxos”, círculo ennegrecido por el “sirrio” del ganado. Hoy las ovejas son de Claudio de Barbenuta y otros propietarios que suben “logaos”, entre ellos uno de Abay.
La caseta de Mallata López tiene 4 m. de larga por 3,5 de ancha, su alzado exterior en un extremo es de 1,35, y en otro -por estar en bajada- de 2,24 m; sus muros son de un espesor de 50 cm, la orientación de la puerta es al S. El interior es reducido y sólo pueden dormir dos personas con holgura; entrando y a la derecha está la espedera y el guardacarne, en el interior la cama -hoy jergón, ante mullido de “buxos”- queda a la izquierda junto a la pared; a la derecha y en la esquina se hace fuego sin tiro por lo que toda la pared y maderos están ahumados, en la misma esquina y formando un triedro, se coloca una losa transversal para que no se incendie la techumbre. Esta queda constituida por un soporte o marco de cuatro maderos enlazados que descansan sobre los muros -“zapateras”- una viga rematante o “biscalera”, 2 transversales en cada vertiente o “tirantes” y 30 que bajan de la “biscalera” a la zapatera en cada vertiente -son las “juntas”-; en otras casetas, en su lugar tenemos troncos de boj con “buro” -es la “rexa”-; inmediatamente sobre esta estructura tenemos la “tasca” y después las losas. Adherida a la pared de poniente hay un pequeño “casetón” que sirve para dejar a los corderos recién nacidos durante el día, cuando el ganado recorre el puerto, y así protegerlos de los “esparbeles”.
Viendo el interior podemos deducir que el pastor ha cambiado, conocí aquí a Tomás de casa “Viota” de Sorripas, hombre de la tierra que hacía la comida “fogoniando” en la esquina de la caseta, que no dejaba su zamarra de piel para dormir y que tenía colgadas en la pared las cañablas a reparar o las de las ovejas muertas; hoy vemos butano… En efecto, el nuevo pastor es Miguel Baraibar Igoa, natural de Leunza -Navarra-, para él -me explica- este puerto es “coser y cantar”, pues ha estado doce años de pastor en Nevada y California, me cuenta de sus tremendas transhumancias “a la americana”, de lo que los pastores se gastan en los casinos de Reno…; mientras ascendemos con el ganado y llegamos a la grandiosa “Pared de Erata” que parte el puerto de Ainielle y Espierre en más de dos kilómetros a 2.000 metros de altura, comentamos el terrible esfuerzo de los habitantes de Ainielle para levantar semejante obra, así como el estupor que produciría en aquellos habitantes de Sobrepuerto el contemplar junto a la pared una oruga de prospecciones de gas.

SANTA OROSIA
El altiplano de Santa Orosia es lugar de tradición pastoril: El hallazgo del cuerpo de la Santa e incluso la manifestación folklórica de los danzantes de Yebra. Aquí, en esta zona, el escarpe que forma al SW las pudingas tenemos la mallata de Osán a 1.600 metros sobre el nivel del mar; el corral de ésta es muy inclinado por lo que es malo para coger las reses, algunos grandes bloques se han desprendido del escarpe y saltean el espacio -lugar predilecto para subir las cabras- la pared de la caseta queda exactamente a un metro de la cortada. La estructura del edificio y las dimensiones son similares a la de “Mallata Lopera”.
No lejos de este lugar, y en el último tramo del camino de Yebra al Zoqué, en la zona del martirio, hay abundantes extraplomos bajo el escarpe de pudingas -baumas- que fueron aprovechados antiguamente como refugio de ganado y pastores y que por su situación podrían deparar hallazgos arqueológicos.

LINÁS
En el flanco Sur de Tendeñera nace el Barranco de Sorrosal que vierte aguas al Ara, los glaciares cuaternarios forjaron pequeño valles compartimentados por contrafuertes; uno será el del Puerto de Gavín, otro el de Yésero y otro el de Linás que da nacimiento al Sorrosal. Era un valle digno de visitar por el paisaje físico y el humano, pues está totalmente jalonado de bordas, a cual más bonita; si lo subimos integralmente, llegaremos a una grata sorpresa: un precioso puente medieval que salva el barranco en un tramo embravecido. Aquí comienza la dura pendiente que nos llevará a la cota de 2.080 metros donde se encuentra nuestra mallata, llama la atención su posición vigilante y descarada a las inclemencias; a su espalda aún se observan los restos de tres corrales contiguos que según me explicaron difieren en proporción porque cada uno corresponde a un pueblo que tenía una parte concreta de puerto, así Fragen contaba con el corral más pequeño, le seguía Broto y Línas tenía el más grande.
La estructura de la caseta es semejante a una borda y algo más grande y realzada que las de Erata y Santa Orosia.

CANCIÁS
Cerca de la cumbre y a la vista de la Guarguera y Sierra de Guara, observamos un refugio pastoril, singular en nuestra zona; se halla a 1.800 metros y es un refugio atrincherado en las pudingas, excavado plenamente en ellas y al que se accede a través de un pasillo a cielo abierto; la techumbre es de madera y tasca de los alrededores. Pertenece al monte de Gillué y aún está habitada.
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Hemos realizado un recorrido por estos humildes monumentos de la Historia, de los que nada se ha escrito, porque para eso están las iglesias y las casas solariegas; pero aquí en estos reducidos interiores cubiertos de hollín se escribió la verdadera Historia -de del día a día, la del sacrificio del milenario montañés-.”

E. Satué

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