La COVID 19: ¿Una oportunidad para el resurgir del medio rural?

Artículo publicado en el número 41 de la Revista Zimbeler de Castillazuelo.

Parece una película de ciencia ficción, de esas que echan después de comer en la televisión los fines de semana, y que yo siempre me empeño en quitar. Y sin embargo ¡es tan real! Ahora, que parece que todo va siendo, poco a poco, como antes, que podemos visitar a familiares, pasar el día en otro municipio, e incluso tomar algo en el bar; parece que todo lo que hemos vivido es como un mal sueño. Un recuerdo raro de algo que a veces dudo si ha sido real o si es que una peli de esas que os digo que nunca quiero ver, pero que al final he visto mientras me quedo dormida en el sofá y mi mente, en sueños, ha seguido con la trama.

Aunque si lo pensamos, pocas cosas son como antes: llevamos mascarilla a todas horas, no pensamos en irnos de vacaciones a ningún sitio más allá de Ordesa, ni de bañarnos en ninguna playa que no sea la orilla del Alcanadre. Teletrabajamos como hecho normal e instaurado. Los niños corren a sus anchas durante las videoconferencias, y los sanitarios nos atienden por teléfono. Muchas cosas han cambiado, ¿pero volveremos a lo de siempre o se llenarán los pueblos de chimeneas que humean?

No lo se. Por un lado, me gusta creer que nada será como antes, y me refugio en hechos acontecidos durante este tiempo, y que antes de la COVID19, eran solo un sueño. Como que durante la pandemia hayan aumentado las búsquedas de casas en zonas ruralesen los sitios web especializados en encontrar vivienda, mientras que han disminuido las de las ciudades. Sin duda, un hecho alentado principalmente por tres razones: la sensación de libertad, la sensación de seguridad y el teletrabajo.

En estos meses, hemos vivido cómo en los núcleos rurales se permitía pasear durante más tiempo que en las urbes, además de que se podían recorrer distancias más largas, con mejores vistas que las que se puedan tener de una ciudad. La Covid19 ha hecho ver a muchas personas que los grandes edificios, en situación de confinamiento, se asemejan mucho a los barrotes de una cárcel.

Además, el número de casos de COVID’19 ha sido generalmente menor, y es también más fácil mantener la distancia de seguridad. De hecho, es muy probable que los colegios rurales agrupados sean de los pocos que puedan cumplir con el distanciamiento que exigen las autoridades sanitarias.

Y otro motivo indiscutible que ha hecho que mucha gente se plantee irse a vivir a un pueblo, es el teletrabajo. De repente, casi cualquier trabajo actual puede desarrollarse desde cualquier lugar del mundo; lo que sin duda abre un sinfín de oportunidades al medio rural. También hemos sido conscientes de la necesidad de impulsar otro sistema de producción –especialmente agroalimentaria- No podemos depender tanto del exterior, ni de que los supermercados hinchen los precios aprovechándose de la situación. Necesitamos alimentos de proximidad, que no vengan de una bolsa de plástico, sino de las manos y el sudor de personas con nombres y apellidos Necesitamos un Biocastillazuelo –mínimo- en cada pueblo.

Sin embargo, a la hora de repartir subvenciones sigue siendo el requisito básico la densidad de población. Las decisiones se toman desde sofás en las capitales, y hasta las capitales de CCAA pasan a menudo desapercibidas para quienes están en un despacho en Madrid.Pero mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo[1], así que ojalá esta crisis sea una oportunidad para no olvidar y para llenar de vida nuestros pueblos. Ojalá ese sueño de ciencia ficción de que la gente vuelva al medio rural, se convierta en realidad.

[1] Cita de Eduardo Galeano