Nace la asociación interprovincial “Defendemos TU agua”

Un nutrido grupo de personas de varias comunidades autónomas, representando a diversas asociaciones y plataformas vecinales, han puesto en marcha una asociación, cuyo nombre y lema es “Defendemos TU agua”, y a la que invitan a sumarse a otras asociaciones que defienden la naturaleza, ayuntamientos, vecinos, familias y empresas de turismo, alimentarias o agroecológicas, y que estén preocupadas por la grave situación del agua en España.

La asociación canalizará, a través de este gran colectivo, cualquier problema que de otra forma solo afectaría a un pueblo o familia, haciendo que la unión sea de gran eco y fuerza ante cualquier institución o empresa de aguas.

Son varios los factores que conllevan la pérdida de la calidad y escasez del agua, pero, principalmente, son las actividades realizadas por el ser humano las que están ocasionando una contaminación la cual repercute en la salud de las personas que consumimos esa agua. Algunas industrias, la creciente minería, la agricultura y ganadería intensivas, la falta de plantas depuradoras, etc., están contribuyendo a que se aceleren el cambio climático y la desertización, y de modo más inmediato, están llevando a que un porcentaje alto de pueblos no puedan consumir agua potable por su alto contenido en nitratos y nitritos principalmente, pero también por otros muchos contaminantes, hasta el punto de no saber el estado del agua que beben.

“Defendemos TU agua” es una asociación que carece de ideología política alguna, y cuyos objetivos son:

  1. Difundir, promover, implicar e impulsar la participación de los usuarios, plataformas y asociaciones, en el uso responsable y defensa del agua.
  2. Coordinar los criterios de utilización de los aprovechamientos de aguas subterráneas y de superficie, como canalizadores entre los usuarios, asociaciones y las autoridades y/o empresas relacionadas con el agua.
  3. Instar al uso y aprovechamiento racional, sostenible y equitativo del agua.
  4. Proponer y coordinar acciones encaminadas a la protección y defensa de los aprovechamientos del agua.
  5. Obtener ayudas de las Administraciones Públicas y de cualquier tipo que se puedan percibir para la protección de los cursos de agua y mantener la calidad.
  6. Promover, difundir, organizar, participar y realizar toda clase de actos y divulgación en materia de aguas, así como cualquier otra acción de colaboración con otras asociaciones y administraciones públicas.
  7. Reclamar a las administraciones mejorar la información y el conocimiento sobre el agua y los sistemas hídricos asociados, así como su seguimiento en el tiempo en toda su extensión, para el cumplimiento de la Directiva Marco del Agua de la UE.

Con este proyecto e ideario se busca difundir y estimular los procesos de participación de los usuarios y asociaciones, en la toma de decisiones e impulsar, de manera coordinada, la suscripción de acuerdos, a los efectos de su preservación, administración, explotación y protección del agua en general.

Asimismo, y dado el carácter de protección y defensa medioambiental que posee esta asociación, también se compromete a combatir todo el daño que estos contaminantes pueden causar antes de su llegada al medio acuático, como es la destrucción de hábitats y las afecciones a todo tipo de fauna y flora.

Más información en http://defendemostuagua.wordpress.com/

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LiBERTAd para los ríos

Artículo publicado el 17 de marzo de 2016 en la sección La Braña de Eldiario.es Cantabria.

Las pasadas navidades me tocó pasar la noche de reyes lejos de mi familia. Así que mis amigos vinieron a cenar a casa y pusimos en un mueble de la entrada todos los regalos del amigo invisible. A mí me regalaron un puñado de preciosas y enormes conchas arrastradas por el agua del mar hasta la playa de El Sardinero y que mi amigo recogió para mí. También iba dentro del paquete un ejemplar de ‘Brañaflor’, libro de relatos y leyendas de Cantabria escrito por Manuel Llano: un eco de la cultura que resiste a morir, como las olas que aúllan desde las caracolas.

En el libro una de las historias que aparecen es la de las Mozas del Agua, que “tenían en la frente una estrella del color de las nubes cuando el sol se va”, iban descalzas y vestían con capas de hilos de plata y de oro. Todas las mañanas, las Mozas salían de los ríos y de las fuentes, y al pisar la tierra, nacían flores. Cuando salía el sol, volvían a su refugio bajo el agua.

Cuenta la leyenda que si alguien llegaba en el momento en el que las Mozas del Agua se recogían y agarraba una de las flores, sería dichoso de por vida. Dicen, también, que la noche más corta del año la Moza salía del agua acompañada del Mozo, y que juntos sembraban joyas en el monte para las pastoras, y que cuando estas las encontraban, adquirían el poder de curar con el agua todas las enfermedades de sus rebaños.

Sin embargo, se quejan los mayores de que ya no salen las Mozas. Será por lo mal que tratamos a los ríos, construyendo presas para impedir que lleguen al mar y sean libres. Esta misma semana, el pasado día 14 fue el Día Internacional de Acción contra las Presas y por los Ríos, el Agua y la Vida. La idea de celebrar este día surgió en 1997, en Brasil, durante el Primer Encuentro Internacional de Damnificados por las Represas. Precisamente hoy hace justo dos semanas que asesinaron a una mujer en Honduras, Berta Cáceres, por defender un río sagrado para su comunidad de la construcción de una presa, por evitar ser una damnificada más de la construcción de las represas.

Y lo consiguió, por eso le otorgaron en 2015 el Premio Goldman de Medio Ambiente. Cuando mataron a Berta, hirieron a otro hombre, Gustavo Castro, que estaba con Berta salvando la Tierra de quienes siembran muerte, y cuya vida corre ahora serio peligro, por lo que varias asociaciones ecologistas están recogiendo firmas solicitando al Gobierno hondureño su protección. Ayer asesinaron a otro hombre, compañero de Berta en la lucha contra las presas y en defensa de los ríos.

Yo creo que las Mozas del Agua ya no salen porque tienen miedo, y porque si salieran, ya no crecerían flores bajo sus pies, sino que probablemente hasta explotaran bombas que acabarían con ellas, como acaban con la vida de inocentes en Siria. O quizás, en una de estas, se quedaron encerradas en el fondo de alguna presa y ya no pueden salir. Porque aunque todas estas historias lleguen desde la orilla de otros ríos, en la misma Cuenca Hidrográfica del Ebro hay gentes, como Los 8 de Yesa, que también recuerdan que antes salían mujeres del agua en la noche mas corta del año, solo que allí les llaman moras, y que ahora se enfrentan a penas de hasta seis años y medio de cárcel por defender su pueblo de caer sepultado bajo un embalse sin sentido, por evitar que lo único que salga del agua sea la torre de una iglesia. ¿Cuánta gente ha perdido ya sus casas, sus leyendas y sus recuerdos bajo el agua de un pantano?

Y es que detrás del agua de los ríos, se esconde mucho más. Como los sedimentos que llegan al mar a través de los ríos y que las olas arrastran hasta las playas dándonos arena, el agua con la que regamos las plantas que comemos, el agua que beben los animales y que bebemos nosotros… El agua es vida, mucha vida y nadie puede detenerla. Y los ríos son, también, mucha cultura. Por las Mozas del Agua, por Berta Cáceres, por las gentes de antes que entendían la vida mucho mejor que quienes manejan la economía hoy en día, y por seguir teniendo playas en las que recoger conchas, el 14 de marzo, hoy y siempre defendamos los ríos, el agua y la vida.

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Despertemos

Hace dos inviernos tuve la suerte de poder escuchar en Zaragoza el testimonio de Donald Moncayo, líder indígena, y Pablo Fajardo, abogado principal del Caso Texaco y ganador en 2008 del Premio Goldman, premio que se concede anualmente a defensores de la naturaleza y el medio ambiente, algo así como el Nobel de Ecología.

Es difícil, desde la distancia, desde la piel de quien nunca ha sentido la selva, de quien tiene coche, calefacción central, de quien se ducha diariamente con agua caliente, y no se pregunta de dónde sale esa energía, entender las luchas por la vida que llegan desde el otro lado del océano y solidarizarse con ellas. Pero ese día la sala estaba llena, repleta de ojos brillantes, de almas abiertas y de esperanza.

Yo había ido allí con Manu y Teresa, que todavía tenían en las pupilas la imagen verde de la vegetación de Sucumbíos, y el recuerdo negro de los testimonios de quienes les hablaron del dolor del petróleo; y con Miguel, que ahora se encuentra descubriendo otras selvas en el corazón de América Latina. Creo que aquella charla nos hizo recordar otras luchas de acá y de allá: la de los bolivianos en el TIPNIS, la de los vecinos de Artieda, la del Bergantes… Nos recordó que somos hijos de la Pacha Mama, la Madre Tierra, y que tenemos que honrar a Inti, el Dios Sol, aunque la comodidad de nuestros sofás se empeñe en hacernos olvidar quienes somos y de dónde venimos.

Durante aquella tarde de febrero en el Centro Pignatelli, Pablo y Donald compartieron los horrores que la multinacional petrolera Chevron-Texaco había provocado en la selva amazónica, y las consecuencias de sus extracciones en las personas que ahí viven. Nos mostraron vídeos donde unos monstruos con sombrero tejano afirmaban que la selva estaba ahí para explotarla, no para que los humanos conviviesen en paz formando parte de ella, justificando así la expulsión de aquellas personas que, al igual que sus ancestros, querían seguir viviendo allí, conservando su cultura y sus tradiciones. Lavándose las manos de todo el mal que ha generado la petrolera en el Ecuador. Todo en nombre del Dios Dinero, que no entiende de Pachamamas, ni de Intis, ni de respeto, ni de vida…

Pablo, emocionado, nos contó también como asesinaron a su hermano al confundirlo con él, y es que sale caro defender la tierra de quienes quieren lucrarse de ella para llenar sus bolsillos con sangre. Según el informe de Global Witness titulado “¿Cuántos más?”, el año pasado asesinaron a 116 activistas del medio ambiente, de los cuales “un 40 % de estas víctimas era indígena y las principales causas de su muerte fueron la industria hidroeléctrica, la minería y la agroindustria”. La investigación añade también que “Honduras es el país más peligroso per cápita para los activistas ambientales y de la tierra con 101 asesinatos entre 2010 y 2014”. Precisamente en Honduras asesinaron el pasado 3 de marzo a Berta Cáceres, líder indígena y ganadora del Premio Goldman en 2015. A Berta la mataron por haber conseguido paralizar la construcción de una presa en el Río Gualcarque, sagrado para el pueblo lenca, pues de él brota el agua que beben y que ayuda a germinar las semillas que les dan de comer. Unos días antes Berta había denunciado el asesinato de otros compañeros y las amenazas que sufría. En una entrevista a Eldiario.es el pasado mes de junio, Berta había declarado que “los que rechazamos estos proyectos somos amenazados, amenazan nuestras vidas, nuestra integridad física y emocional, la de nuestras familias y comunidades enteras, nos quieren negar la existencia como pueblos originarios. Vivimos en un clima de impunidad y de nula administración de justicia”.

Durante el asalto a la vivienda de Berta Cáceres resultó herido Gustavo Castro Soto, miembro de Amigos de La Tierra México, la Red Mexicana de Afectados por la Minería (REMA) y el Movimiento Mesoamericano contra el Modelo Extractivo Minero (M4) y cuyo testimonio puede ser crucial para resolver los hechos acontecidos en la madrugada del pasado 3 de marzo, por lo que su vida corre serio peligro. Desde Amigos de la Tierra piden al Gobierno Hondureño que reaccione de forma inmediata contra los asesinos de Berta Cáceres y que proteja a Gustavo Castro, y se ha iniciado una campaña de recogida de firmas para que proporcione todas las medidas posibles para garantizar protección inmediata a Gustavo Castro.

Aunque nos pueda parecer que Honduras y México son lugares lejanos, sus luchas son también nuestras luchas. Aquí también hay víctimas de la defensa del medio ambiente, como los 8 de Yesa, que se enfrentan a penas de hasta seis años y medio de cárcel por oponerse pacíficamente al recrecimiento del embalse de Yesa. Además, no podemos olvidarnos de que detrás de los megaproyectos que intentan acabar con los recursos naturales y que provocan graves daños ambientales, hay multinacionales extranjeras, muchas de ellas españolas, como la empresa Ecoener-Hidralia, que promueve la construcción de una hidroeléctrica en el Río Canbalam (Guatemala) a la que se oponen las comunidades locales.

En aquella charla en el Pigatelli, Donald Moncayo y Pablo Fajardo compartieron mesa con el también Premio Goldman Pedro Arrojo, quien en el año 2001 salió, al igual que Berta, en defensa de los ríos, encabezando la lucha contra el Plan Hidrológico Nacional. El pasado 6 de marzo Pedro escribía en su cuenta de twitter: “Tu muerte, hermana, no será en balde. La lucha sigue y seguirá más fuerte”. Desde hace una semana el clamor de los ríos llora el nombre de Berta y su voz se oye más que nunca recordándonos sus palabras en la ceremonia de entrega del Premio Goldman: “Despertemos, despertemos humanidad, ya no hay tiempo”. Despertemos, porque la tierra y los ríos no son de nadie y se los quieren apropiar.

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¿Qué comeremos entonces?

Hace tres años en estas mismas fechas de diciembre, yo me encontraba descubriendo los mágicos lagos bolivianos, perdidos cerca de un desierto de sal y bañados por cientos y cientos de flamencos y cientos y cientos de peces, además de visitados por tantas otras especies de aves y por manadas de vicuñas.

Yo había estado antes en la selva, en ese inmenso universo de vida, donde me acerqué a las luchas contra la carretera que el gobierno boliviano planeaba construir a través de Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Securé (TIPNIS) y que suponía arrasar con millones de hectáreas de selva. Al llegar a Uyuni, el desierto blanco, las amenazas eran otras, principalmente la instalación de multinacionales con el objetivo de explotar el litio de la zona, debido a la elevada demanda internacional de baterías de este mineral para la fabricación de móviles, coches eléctricos… Lo que supone, además de la destrucción de un ecosistema único en el mundo, la desaparición de la economía local, basada en la agricultura y la obtención de sal para consumo.

Imagen del lago Poopó, hoy seco, en 1991 (Fuente: Wikipedia)

Este fin de semana comencé a ver que amigos bolivianos compartían en sus perfiles de facebook una nueva desgracia ambiental. Hoy, ya eran demasiados: lo que al principio parecía un rumor, ya era una verdad llena de dolor. La semana pasada apareció seco el lago Poopó, el segundo más grande de Bolivia tras el lago Titicaca. Este lago, que situado a 3686 msnm era el segundo a mayor altitud de Sudamérica, tenía unas dimensiones de 84 km de largo por 55 km de ancho y un área de 2337 km². Estaba situado en el departamento de Oruro (Bolivia) y los ríos Desaguadero y Mauri vertían sus aguas en él.

Ya el año pasado, en noviembre de 2014, los habitantes de la zona denunciaron la muerte de cientos de peces en el lago Poopó a causa de la contaminación minera y pedían ayuda porque además de quedarse sin poder practicar la pesca, se congeló su siembra de quinua y la falta de totora (planta acuática típica de la zona) con la que fabricaban artesanía, provocó que se quedasen sin sus únicos medios de subsistencia. Esta situación obligó a emigrar a unas 70 familias de la zona.

El pasado sábado 12 de diciembre, la autoridad del lugar, Valerio Rojas, junto con miembros del Centro Ecológico de Pueblos Andinos (CEPA) y el periódico local La Patria, sobrevolaron la zona para comprobar el grado de desertificación del lago, incluido en la lista Ramsar de humedales de importancia internacional. Según publicaba el diario La Patria “el agua que circundaba a dicha superficie terrestre se evaporó y todo ese territorio se muestra como un gran desierto”. El panorama es desolador: donde antes se encontraba la orilla del lago se observan aún las embarcaciones, incrustadas en la tierra, y lo que antes era un lago lleno de vida, ahora es un desierto donde se amontonan peces y aves muertas. La gente de la zona ha informado de que el lago se ha secado en menos de dos meses, pues hasta septiembre aún había agua, y que se informó a las autoridades pero que “no hicieron caso”.

Vivimos en un planeta finito, cuyos recursos son limitados, y deberíamos comprender que la sobreexplotación de los mismos está acelerando el calentamiento global y que las consecuencias son irreversibles. Tenemos que aprender a escuchar a la Tierra y a producir de forma sostenible de acuerdo a nuestras necesidades, porque sino acabaremos secando todos los lagos y deforestando todas las selvas y… ¿qué comeremos entonces?

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¿Tu madre tiene pueblo?

Artículo publicado en Arainfo el 31 de octubre de 2015.

Yo tendría 12 ó 13 años, incluso menos, pero aquella pancarta en la plaza del Pilar se me quedó grabada en las retinas y nunca la podré olvidar. Fue durante una manifestación contra el famoso Plan Hidrológico Nacional, cuando miles de aragoneses unidos pedíamos juntos que no se hiciera el trasvase, y así, a ixena, lo conseguimos. Y no, no lo hacíamos porque fuéramos insolidarios, como nos tachaban desde algunos medios estatales, sino porque sabíamos las consecuencias que tienen los pantanos, consecuencias que hemos vivido en nuestras propias carnes, al igual que hemos vivido, y vivimos, los efectos del secano.

Con 16 años tuve la oportunidad de entrevistar junto con dos compañeros de clase a Pedro Arrojo, sus palabras también me marcaron “cuando se hacen pantanos, los sedimentos que arrastra el río se acumulan en el fondo del embalse, y deja de llegar arena a las playas“ y ponemos obstáculos a las especies que han vivido siempre ahí, haciendo disminuir la biodiversidad. Tan sencillo, tan obvio, que no entendía porque los políticos insistían en esas políticas tan absurdas. Con esa edad descubrí dos de mis novelas favoritas: Imán y O bolito d’as sisellas. La primera, de Ramón J. Sender, una preciosa novela de 1930 donde su protagonista vuelve a casa después de una guerra y se encuentra con que no hay casa, ni pueblo, sino un pantano; la segunda, de Ánchel Conte, narra la experiencia del último verano de un adolescente en su pueblo antes de que lo inunden para construir un embalse. ¡Qué triste, y cuánto dice de Aragón que dos novelas escritas con 70 años de diferencia por dos personas del mismo pueblo tengan un mismo final!

Hoy, 85 años después de aquella novela de Sender, seguimos exactamente igual. El gobierno piensa que el desarrollo es echar a la gente de sus casas para construir pantanos, ignorando los informes geológicos, ignorando que tenemos ya demasiados pueblos vacíos como para echar a la gente que vive feliz en los que quedan vivos, ignorando los deseos de esas personas de vivir en las casas que levantaron los abuelos de los abuelos de sus abuelos e imputándolos por negarse a irse de ellas, ignorando que no necesitamos esos pantanos para nada.

El pasado fin de semana, el programa Salvados dedicó su espacio a Jánovas, porque hay algo aún más doloroso que que te echen de tu pueblo para hacer un pantano: que te echen de tu pueblo tirándote los muebles por la ventana para que te vayas con el fin de hacer un embalse, que luego no lo hagan y, además, te nieguen el derecho a volver a tu casa, como pasó en Jánovas.

Tendríamos que recordar lo que nos hizo salir en contra del PHN y salir todos a pedir que los vecinos de Jánovas puedan volver a su pueblo y que los de Artieda no se tengan que ir jamás.

Ojalá los políticos se enteraran, como dice una de las canciones de La Ronda de Boltaña, de “que la tierra es de sus hijos, el agua de todos, y los ríos son del mar“, para no tener que volver a leer nunca más esa pancarta que decía “¿Tu madre tiene pueblo? A la mía se lo inundaron“.

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