Antibióticos, ganadería y cambio climático

Artículo publicado originalmente el 18 de julio de 2016 en el Blog de la Red Remedia.

El otro día leí un artículo que hizo que mi mente se teletransportara a un rincón perdido en las montañas que me descubrió Luis. Luis es, probablemente, el último pastor auténtico que queda en los Pirineos. Anda de aquí para allá, echando un ojo a sus cabras, a sus vacas, a sus yeguas, a sus ovejas… Y como las ovejas no entienden de fronteras, también se encarga de controlar de vez en cuando algún que otro rebaño que se escapa del pastor y de los gendarmes. Incluso cuando desfallece algún montañero, por ahí aparece él, para hacerles mascar hierba de pedreguera y reponerse de la hipoglucemia.

Y es único no solo por eso, sino porque es de los pocos pastores que siguen recurriendo al conocimiento tradicional, a los saberes que le enseñó su abuelo, basados en el uso de plantas, para prevenir las enfermedades de su ganado, curarles las heridas y las infecciones, facilitar que entren en celo…

Sin embargo, Luis es un bicho raro en peligro de extinción. Ya no quedan casi pastores, y los pocos que quedan, hace tiempo que cambiaron el aceite de enebro por la enrofloxacina. “Es que tenemos 2000 ovejas en la finca, y 1000 están pariendo. No nos la podemos jugar” me dice Miguel, un extremeño enamorado de sus ovejas y sus burras que también es un bicho raro, porque los jóvenes que deciden ser ganaderos también son, a día de hoy, seres dignos de estudio.

Y claro, en realidad, el problema no es que haya pocos pastores, sino que el problema es que ahora para salir adelante tienes que tener 2000 ovejas y hacer mil papeles; hay que dar a los animales un determinado pienso, porque sino no engrasan igual y entonces no se venden igual; hay que concentrar los partos y tener tres parideras en dos años…Y con tanto cordero junto, al final las diarreas van que vuelan y la única solución acaba siendo recurrir a antibióticos y antiparasitarios.

El caso es, que todo esto vino a mi cabeza porque yo me acordé de Luis, y me acordé de Luis porque evita los antibióticos y el artículo que yo leía trataba sobre un estudio que había demostrado que el uso sistemático de antibióticos en ganadería no solo crea resistencias, sino que también aumenta la emisión de gases de efecto invernadero. Para demostrarlo,investigadores de las Universidades de Colorado y Helsinki administraron un antibiótico de amplio espectro y de uso común a un grupo de vacas con el objetivo de seguir el recorrido del antibiótico desde su administración en el animal. Lo que descubrieron fue que los residuos del antibiótico desechados en las heces, alteraban la microbiota del sistema digestivo de los escarabajos peloteros, coleópteros esenciales para completar el ciclo del carbono y para mejorar la fertilidad de los insectos, así como para combatir algunas plagas.

Por otro lado, también observaron que con el antibiótico las vacas desprendían 1,8 veces más metano (gas de efecto invernadero) en las heces. Además, en una entrevista realizada por la BBC a Tobin Hammer, uno de los responsables del estudio, este aseguraba que “es probable que los antibióticos aumenten también los niveles de metano eructado”, que es la forma principal por la que los rumiantes eliminan el metano, sin embargo, no pudieron medirlo en su estudio.

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La noticia de la BBC concluía asegurando que este hallazgo suponía un golpe para los ganaderos, y yo pensaba en Luis, y en Miguel, y en Antonio… Y en tantos y tantos ganaderos que administran antibióticos porque sólo así pueden conseguir el nivel de producción que les exige el mercado para poder abastecerse de toda la cantidad demandada de productos de origen animal. Y en realidad, pensaba yo con mi mente refugiada en las montañas, debería ser un golpe para los consumidores, y estos deberían ser conscientes del impacto ambiental de los alimentos, pero eso, mejor, os lo cuento otro día.

Referencias:

– Hammer, T.J., Fierer, N., Hardwick, B., Simojoki, A., Slade, E., Taponen, J., Viljanen, H., Roslin, T., 2016. Treating cattle with antibiotics affects greenhouse gas emissions, and microbiota in dung and dung beetles. Proceedings of the Royal Society of London B: Biological Sciences 283.doi:10.1098/rspb.2016.0150
– Harrabin, R. (25 Mayo 2016). Cattle drugs could fuel climate change, study suggests. In BBC Science & Environment. Recuperado de http://www.bbc.com/news/science-environment-36368734

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Una de pollo sin drogas, por favor

En el mes de marzo, la cadena de comida rápida McDonald’s, anunciaba su decisión de dejar de vender en los EE UU pollo tratado con antibióticos, ante la pérdida de clientes que se van a Chipotle o Panera, cadenas que garantizan el bienestar animal y la venta de productos de cercanía y libres “de drogas”. Por esta razón, las campañas publicitarias más recientes en EE UU de la compañía, inciden en la venta de productos “limpios” y “naturales”. Eso sí, la información sobre la parada de la venta de pollos tratados con antibióticos no es del todo cierta, ya que la cadena continuará comprando pollos a ganaderos que utilicen el ionóforo, un antibiótico utilizado en veterinaria pero no en medicina humana.

Aunque dicha decisión, de momento, sólo afectará a los establecimientos que McDonald’s tiene en Estados Unidos, en Europa varios países ya han reducido el uso de antibióticos, mientras que desde Bruselas se gestiona el trasladar esta medida a todos los estados miembros. Sin embargo, la industria farmacéutica está presionando para que esto no suceda, ya que el 80% del total de antibióticos producidos por las farmacéuticas, son utilizados en animales de abasto.

¿Por qué consumir carne libre de antibióticos?

La ganadería intensiva se basa en la cría del mayor número de animales, en el menor espacio y tiempo posible. Por lo que los animales se crían hacinados en condiciones de higiene y de bienestar muy deficientes, lo que los hace especialmente sensibles a las enfermedades. Por esta razón, en este tipo de producción, se suministran antibióticos y otro tipo de fármacos sistemáticamente a los animales, antes de que enfermen, como medida de prevención. Estas acciones, implican el que cuando luego el consumidor ingiera los productos derivados de estos animales (carne, leche, etc…), ingieran al mismo tiempo residuos de dichos antibióticos, creando resistencias.

Según datos del Centro para el Control y la Prevención de las Enfermedades Infecciosas en EEUU, se calcula que en ese país unas 23.000 personas mueren al año y unos dos millones enferman por virus y bacterias que han desarrollado resistencia a los antibióticos, debido a un uso excesivo de los mismos.

En definitiva, consumir productos libres “de drogas” es beneficioso no sólo para los animales -que son criados en mejores condiciones-, sino también para nuestra propia salud.

Desde la plataforma Avaaz.org quieren hacer un llamamiento a los eurodiputados de Agricultura y Sanidad, bajo el título Paremos la crueldad y salvemos vidasPara apoyarlo pincha aquí.

Para más información: http://www.meatwithoutdrugs.org/

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