Gracias, Cantabria

Articlo publicau o 31 de marzode 2016 en La Braña d’Eldiario.es Cantabria.

Pareixe mentira lo ascape que pasan os meses, o verano, l’agüerro, l’hibierno… Os días de placha, y os de nieu. A colección de memorias que se pueden acumular en a memoria. Pareixe ahiere quan, sin levar ni sisquiera 24 horas en Cantabria, me planté en una brienda que organizaban os, alavez, amigos d’un amigo d’un amigo, y que, prou que sí, acaboron estando amigos (pareixe una canta, pero ye asinas). En os primers cinco menutos ya advirtioron que no yera cantabra, “Se me nota muito l’acento?”, pregunté innocentment; a lo que me contestoron que no: “Ye que yes muit simpatica”.

Primero me pensé que yeran uns exacheraus, encara que no tardé en cambiar d’ideya, dimpués de parar cuenta que os comerciants no m’atendeban asinas porque me confundisen con bella persona que s’hese iu sin pagar, sino que se comportan asinas, como si les debeses bella cosa, siempre.

Manimenos, dimpués de siet meses y meyo vagando por istes lars, puedo asegurar que ye tot frontera. Que as chents de Cantabria van de duras, pero en realidat son mas tovas, y igual de dulzas, como la nocilla. Con tot y as alvertencias d’o “no t’adaptarás”, siento dicir que o clima y a chent son lo millor que tiene Cantabria. Pleve, sí, encara que no fa guaire frío, ni guaire calor, y tampoco no bufa aire fuerte.

Reconoixco que bella vez, dimpués de muitos días sin veyer o sol, remataba rebuznando como o personal d’as botigas d’o centro de Santander, pero solament alavez aprecias a machia de veyer una luga ubrir-se paso entre as boiras. Y o mar! I hai bella cosa mas relaxant que un paseo por a placha de nueitz? Y a chent… qué hese feito yo istes meses sin a chent que he conoixiu aquí? Con tot o que m’he rediu, tot o que he aprendiu, y tot o que he desfrutau…

Muito antes d’o que no asperaba, y sin tiempo d’emplir-me as pochas d’arena, l’aire m’empenta de nuevas a la tierra d’a qual partié. Me da muita pena deixar Cantabria, encara que soi tant atrapada a la suya costa, a las suyas cinglas, a os suyos praus, a las suyas vacas, a la suya cultura, a las suyas chents, que se que no tardaré en tornar-ie.

Un anyo antes de venir-ie, heba estau en Santonya de voluntaria en una torre, y ya me quedé enganchada a ista tierra. Agora, que he puesto conoixer-la mas a fundo, no puedo que estar agradeixida por tot o tiempo que he pasau aquí, y por toda a chent que m’ha aduyau en o camín. Ha estau, sin dubda, una d’as millors etapas d’a mía vida.

Cambeo os verdes praus cantabros, con as suyas tudancas, con as suyas vacas pintas; por as tierras de secano con as suyas rasas aragonesas y as suyas vacas pirinencas. Y encara que no abandono ista Braña, la visitaré con menos freqüencia, y me podretz trobar siempre en a mía mallata. Manimenos, i hai bella cosa que no cambeo por brenca d’o mundo: as amistatz que he feito en Cantabria, y que han feito que ista tierra signifique tanto ta yo. Sé que tornaré a la brisa y a la luna en a badía y que “por luen que me trobe, o tuyo faro siento brilar”. Gracias, Cantabria.

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Gracias, Cantabria

Artículo publicado el 31 de marzo de 2016 en La Braña de Eldiario.es Cantabria.

Parece mentira lo rápido que pasan los meses, el verano, el otoño, el invierno… Los días de playa, y los de nieve. La colección de recuerdos que se pueden acumular en la memoria. Parece ayer cuando, sin llevar ni siquiera 24 horas en Cantabria, me planté en una merienda que organizaban los, entonces, amigos de un amigo de un amigo, y que, por supuesto, acabaron siendo amigos (parece una canción, pero es así). En los primeros cinco minutos ya advirtieron que no era cántabra, “¿Se me nota mucho el acento?”, pregunté inocentemente; a lo que me contestaron que no: “Es que eres muy simpática”.

Primero pensé que eran unos exagerados, aunque no tardé en cambiar de idea, tras darme cuenta de que los comerciantes no me atendían así porque me confundieran con alguien que se había ido sin pagar, sino que se comportan así, como si les debieras algo, siempre.

Sin embargo, después de siete meses y medio vagando por estos lares, puedo asegurar que es todo fachada. Que las gentes de Cantabria van de duras, pero en realidad son más blandas, e igual de dulces, que la nocilla. Pese a las advertencias del “no te adaptarás”, siento decir que el clima y la gente es lo mejor que tiene Cantabria. Llueve, sí, aunque no hace mucho frío, ni mucho calor, ni sopla viento fuerte.

Reconozco que alguna vez, tras muchos días sin ver el sol, acababa rebuznando como el personal de las tiendas del centro de Santander, pero solo entonces aprecias la magia de ver una luga abriéndose paso entre las nubes. ¡Y el mar! ¿Hay algo más relajante que un paseo por la playa de noche? Y la gente… ¿qué habría hecho yo estos meses sin la gente que he conocido aquí? Con todo lo que me he reído, todo lo que he aprendido, y todo lo que he disfrutado…

Mucho antes de lo que esperaba, y sin tiempo de llenarme los bolsillos de arena, el viento me empuja de nuevo a la tierra de la que partí. Me da mucha pena dejar Cantabria, aunque estoy tan atrapada a su costa, a sus acantilados, a sus prados, a sus vacas, a su cultura, a sus gentes, que se que no tardaré en volver.

Un año antes de venir había estado en Santoña de voluntaria en una granja, y ya me quedé enganchada a esta tierra. Ahora, que he podido conocerla más a fondo, solo puedo estar agradecida por todo el tiempo que he pasado aquí, y por toda la gente que me ha ayudado en el camino. Ha sido, sin duda, una de las mejores etapas de mi vida.

Cambio los verdes prados cántabros, con sus tudancas, con sus vacas pintas; por las tierras de secano con sus rasas aragonesas y sus vacas pirenaicas. Y aunque no abandono esta Braña, la visitaré con menos frecuencia, y me podréis encontrar siempre en mi mallata. Sin embargo, hay algo que no cambio por nada del mundo: las amistades que he hecho en Cantabria, y que han hecho que esta tierra signifique tanto para mí. Sé que regresaré a la brisa y a la luna en la bahía y que “por lejos que me encuentre, tu faro siento brillar”. Gracias, Cantabria.

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Los cuernos de la tudanca

Artículo publicado el 7 de enero en la sección La Braña de Eldiario.es Cantabria.

Hubo un tiempo en el que en los prados de Cantabria no había vacas pintas, sino unas vacas rojas con cuya leche se hicieron los primeros sobaos y quesadas pasiegas. Esas vacas, popularmente conocidas como rojinas, aunque oficialmente denominadas vacas pasiegas, se encargaron en el siglo XIX de satisfacer la creciente demanda de leche en todo el Estado español, de hecho, las gentes de los Valles Pasiegos se desplazaron con sus vacas hasta ciudades como Madrid o Bilbao para abastecer de lácteos a estas urbes.

Por desgracia, alguien decidió que aquellas vacas rústicas no eran lo suficientemente productivas y fueron cayendo en el olvido mientras se sustituían por vacas frisonas, originarias de Holanda y Alemania y cuya selección para la producción de leche llevaba ventaja a la pasiega.

Sin embargo, aquellas vacas rojas, cuya ubre no podía competir con la de las pintas, llevaba siglos adaptándose a Cantabria: a sus prados, a su clima, a sus enfermedades, a su gastronomía… Y es una auténtica pena que la única raza completamente adaptada para aprovechar al máximo los recursos naturales de esta zona del planeta, sin necesidad de fármacos, ni de soja transgénica, se encuentre hoy en peligro de extinción. De hecho, cuesta creer que sólo quede ya una granja que críe únicamente vacas pasiegas para la producción de leche.

Es una pena que estemos dejando desaparecer los recursos zoogenéticos cántabros, porque con ellos se pierden también el auténtico queso de nata, los auténticos sobaos y la auténtica quesada. Si tenemos en cuenta que es imposible encontrarlos elaborados con leche de vaca pasiega, que alguien me diga ¿qué queda de la auténtica gastronomía cántabra?

El problema no es sólo el desconocimiento existente sobre la vaca pasiega, sino que, por desgracia, es extensible a la vaca monchina, al caballo del mismo nombre, a la oveja carranzana, y a otras razas de caprino y equino que ni siquiera están reconocidas como tal dentro de Cantabria. Si preguntamos por la calle a una persona cualquiera si conoce alguna raza autóctona nos hablará seguro de la vaca tudanca, a lo que he de hacer una confesión: cada vez que veo un coche con una pegatina de una vaca tudanca, algo me duele dentro de mí.

Quizás sea porque cada vez que lo veo, algo me recuerda que la vaca tudanca, en mejor situación que su hermana la desconocidísima vaca monchina, no sobrevivirá por salir en pegatinas, ni porque hagamos camisetas con ella. No serán los cuernos los que garanticen la supervivencia de la vaca tudanca, sino el consumo de su carne. Pero os puedo asegurar que la gran mayoría de gente que lleva esas pegatinas consume, inconscientemente, carne de ternera y de porcino criada en intensivo, esto es, alimentada con piensos transgénicos, en una nave cerrada del Aragón oriental o de la Cataluña occidental, en muchos casos nacidos en lugares tan lejanos como Irlanda o Rumanía y de razas nada autóctonas, sino industriales, es decir, de razas seleccionadas para engordar y engordar y atiborradas a antibióticos porque no están nada adaptadas a las enfermedades del medio en el que viven.

Creo que ninguna raza está adaptada a criarse en una nave cerrada, con decenas de animales hacinados y consumiendo alimentos poco o nada naturales, venidos del otro lado del Atlántico, por eso tienen que suministrarles fármacos: para que en vez de morir como animales, produzcan como máquinas.

Por eso, si realmente les preocupa el cambio climático, si quieren seguir disfrutando de los verdes prados cántabros, y quieren contribuir a mantener la biodiversidad cultivada y la espontánea, así como que perdure la cultura y la etnografía ligadas a esta tierra, por favor, utilicen lana de oveja carranzana, coman carne de tudancas y monchinas y pidamos que alguien haga auténticos sobaos pasiegos. Las razas autóctonas y el medio en el que viven no se salvarán por las subvenciones, sino porque haya gente que sepa valorar los productos que de ellas provienen.

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Qué verde yera la mía val

Articlo publicau o 24 d’aviento de 2015 en Eldiario.es Cantabria

“Pero, cómo han puesto fer isto?, con lo verde que yera la mía val y agora mira-te-la! No i queda brenca! Quí ha feito isto? Por qué?”, se pregunta dende o desconsuelo, a indignación y a incomprensión qui s’ha criau feliz en un patrimonio que recibió gracias a que os suyos debantpasaus, y os debantpasaus d’os debantpasaus que ya lo recibioron d’os suyos debantpasaus, decidioron cudiar y conservar, porque, encara que dengún no les heba explicau a fotosintesi, ni a simbiosis que practican qualques especies, os suyos debantpasaus sabeban bella cosa que han ixuplidau os suyos contemporanios: que a tierra no ye de dengún encara que tienga duenyo, y que cal cudiar-la, respectar-la y escuitar-la ta que as siguients cheneracions puedan seguir obtenendo alimento y oxicheno d’ella.

No entiende cosa, pero ye que no tiene entendimiento. Cómo puede belún cremar l’entorno de Los Tojos en a impresionant Val de Cabuerniga t’acabar con toda a vida que i habita? Cómo puede belún anteposar os suyos intréses a o bien d’as cheneracions futuras?

Dende o sabado pasau a Cornisa Cantabrica ye ardendo. Quasi cinquanta focos expandiban o virus d’o fuego y o fumo por as verdes vals cantabras. Y no, ni estioron casuals, ni bienintencionaus, como tampoco no i hai prous apelativos ta qui los causoron. A dubda ye qué ferán agora: Plantar eucaliptos?, devantar construccions innecesarias? Y dillá d’ixo, qué se ferá ta privar-lo?

O pasau verano s’aprebó a polemica Lei de Monts que permite construir sobre terreno incendiado. Si ixa lei nunca s’hese aprebau, probablement, Cantabria y Asturias no serían infectadas por o fuego. Pero rai, porque nos i feremos a la color negra tizón y nos ixuplidaremos. De feito, belún recuerda ya quí aprebó ixa lei y quí ha ganau as eslecions en pleno incendio? Os propios meyos de comunicación yeran mas pendients d’informar sobre cómo iba vestiu Pedro Sánchez a la hora de votar que de cómo abanzaba o fuego.

Hue a mayoría d’a chent dedicará o día a desfrutar d’a suya familia, atros no podrán porque les n’ha levau o fuego, como o piloto que falleció ahiere en Asturias safocando un incendio. Uns pocos serán con a uellada fixa en o mont, veyendo negro o suyo pasau y o suyo futuro, entre que os culpables s’implen a pocha con uns billetes que, amás de no dar-les a felicidat, aspero que les deixen sin suenyos, porque, como diz a mía amiga Marta, “no bi ha parolas… no bi’n ha”, con o verde que yera a mía val…

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Qué verde era mi valle

Artículo publicado el 24 de diciembre de 2015 en Eldiario.es Cantabria

“Pero, ¿cómo han podido hacer esto?, ¡con lo verde que era mi valle y ahora míralo! ¡No queda nada! ¿Quién ha hecho esto? ¿Por qué?”, se pregunta desde el desconsuelo, la indignación y la incomprensión quien se ha criado feliz en un patrimonio que recibió gracias a que sus antepasados, y los antepasados de los antepasados que ya lo recibieron de sus antepasados, decidieron cuidar y conservar, porque, aunque nadie les había explicado la fotosíntesis, ni la simbiosis que practican algunas especies, sus antepasados sabían algo que han olvidado sus contemporáneos: que la tierra no es de nadie aunque tenga dueño, y que hay que cuidarla, respetarla y escucharla para que las siguientes generaciones puedan seguir obteniendo alimento y oxígeno de ella.

No entiende nada, pero es que no tiene entendimiento. ¿Cómo puede alguien quemar el entorno de Los Tojos en el impresionante Valle de Cabuérniga para acabar con toda la vida que habita en él? ¿Cómo puede alguien anteponer sus intereses al bien de las generaciones futuras?

Desde el sábado pasado la Cornisa Cantábrica está ardiendo. Casi cincuenta focos expandían el virus del fuego y el humo por los verdes valles cántabros. Y no, ni fueron casuales, ni bienintencionados, como tampoco hay apelativos suficientes para quienes los causaron. La duda es qué harán ahora: ¿Plantar eucaliptos?, ¿Levantar construcciones innecesarias? Y más allá de eso, ¿qué se hará para evitarlo?

El pasado verano se aprobó la polémica Ley de Montes que permite construir sobre terreno incendiado. Si esa ley jamás se hubiese aprobado, probablemente, Cantabria y Asturias no estarían infectadas por el fuego. Pero da igual, porque nos acostumbraremos al color negro tizón y nos olvidaremos. De hecho, ¿alguien recuerda ya quién aprobó esa ley y quién ha ganado las elecciones en pleno incendio? Los propios medios de comunicación estaban más pendientes de informar sobre cómo iba vestido Pedro Sánchez a la hora de votar que de cómo avanzaba el fuego.

Hoy la mayoría de la gente dedicará el día a disfrutar de su familia, otros no podrán porque se los ha llevado el fuego, como el piloto que falleció ayer en Asturias sofocando un incendio. Unos pocos estarán con la mirada fija en el monte, viendo negro su pasado y su futuro, mientras los culpables se llenan los bolsillos con unos billetes que, además de no darles la felicidad, espero que les dejen sin sueños, porque, como dice mi amiga Marta, “no hay palabras… no las hay”, con lo verde que era mi valle…

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¡Que viene el lobo!

Artículo publicado el 10 de diciembre de 2015 en El diario.es Cantabria.

U

Una vez un ganadero de La Vall de Boí (Lérida) me contó que lo habían invitado a un debate de la televisión catalana sobre la reintroducción del oso. En un momento dado él dijo: “¿Queréis oso en los Pirineos? Pues yo tiburón blanco en La Barceloneta”. (más…)

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Ser mujer rural y sobrevivir en el intento

Artículo publicado el 26 de noviembre de 2015 en El diario.es Cantabria.

S

Son las 5.00 cuando suena el despertador. Desayuna y, con la radio de fondo, se pone la ropa para ir a trabajar. El ordeño empieza a las 6.00, pero antes hay que mover a las vacas para que vayan a la sala. No son muchas, pero las instalaciones están viejas y les cuesta entrar. Cuando termina vuelve a casa, despierta a los críos, les da el desayuno, los viste y los lleva a la escuela. Entonces vuelve a la granja… a seguir trabajando. Hasta que llega el mediodía, que prepara la comida, va a buscar a sus hijos, los vuelve a llevar al colegio, hacen el ordeño de la tarde, y, al acabar, vuelta a por los niños para llevarlos a casa y estar con ellos, hasta que se agotan y consigue que se duerman. A veces piensa que le gustaría cambiar de vida, dedicarse a otro trabajo, menos esclavo y que sea más suyo.

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Jornada “Sector Lácteo: hacia un nuevo modelo de la cadena agroalimentaria”

La Organización Profesional Agraria UGAM-COAG organiza la Jornada “Sector Lácteo: hacia un nuevo modelo de la Cadena Agroalimentaria”, que se celebrará el próximo 27 de noviembre en el Hotel Villa Pasiega de Hoznayo. El acto será inaugurado por Isabel García Tejerina, Ministra de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente del Gobierno de España; y a continuación, la Dra. Ana Villar Bonet, investigadora del área de Calidad de los Alimentos de Origen Animal del CIFA, hará la exposición técnica titulada “Investigación sobre la calidad de la leche en base a pastos”. Posteriormente tendrá lugar un debate sobre la cadena de valor de la leche en el que participarán representantes de productores, cooperativas, industria y distribución, cerrando la jornada representantes de COAG y el Gobierno de Cantabria.

El programa de la jornada es el siguiente:

11.30. Recepción.
11.45. Inauguración de la jornada. MAGRAMA.
12.15. Ana Villar (CIFA). Investigación sobre la calidad de la leche en base a pastos.
12.45. Debate: LA cadena de valor de la leche.
Participantes (intervenciones de 10 min.)
Producción. (COAG).
Cooperativas (Agrocantabria).
Industria. Iparlat.
Distribución (Mercadona).
Asociación de distribución (Asedas).
13.45. Turno de preguntas.
14.15. Cierre. Miguel Blanco (secretario general de COAG).
14.30. Clausura. Gobierno de Cantabria.
14.45. Vino español.

Las inscripciones deben hacerse a través del teléfono de UGAM 942 802532.

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¿Desmontamos un McDonald’s?

Artículo publicado el 12 de noviembre de 2015 en El diario.es Cantabria.

El otro día estaba dando una clase a ganaderos cuando uno de ellos estalló. Al principio no entendí a qué venían sus declaraciones, cuando no era ni el momento, ni el lugar, ni tenía nada que ver lo que dijo con lo que estábamos tratando. Luego comprendí que todo tiene que ver. El chico en cuestión empezó a vomitar su rabia en clase, ante el asombro de sus compañeros y el mío, y a decir verdades llenas de dolor, como duelen las cosas que nos parecen injustas y ante las que, aparentemente, no podemos hacer nada. Estaba molesto con el nuevo sistema de saneamiento ganadero en Cantabria, con que le matasen a vacas bajo la sospecha de tener tuberculosis y que luego diesen negativo, teniendo que contentarse con una indemnización, como si todo pudiese pagarse con dinero. Le dolía su oficio, ya que pasa más tiempo entre líos burocráticos que con las vacas, el olvido, las dificultades, la impotencia…

[cml_media_alt id='1001']Cartel-publicitario-Baviera-leche-fuerta_EDIIMA20151111_0581_5[/cml_media_alt]El caso es que yo lo oía hablar y no podía evitar acordarme de mi época de estudiante Erasmus, cuando iba por granjas cercanas a Múnich y veía unos carteles en las cuadras donde decía “Unsre Milch macht Bayern stark” (Nuestra leche hace fuerte a Baviera). Recuerdo que en Baviera, a pesar de que había un fuerte choque entre la sociedad urbana y la rural, los ganaderos de la región eran motivo de orgullo, ya que se les consideraba los conservadores de la cultura bávara. Es más, siempre me asombró del cartel que no pusiese “Unsere”, en alemán estándar, sino “Unsre”, como lo diría un auténtico bávaro, y que las gentes de la ciudad se enorgulleciesen de que sus ganaderos siguieran diciendo “Unsre” y luchasen porque esas peculiaridades de la lengua bávara no se perdiesen. Me pregunto de qué tacharían a la gente rural si mañana hiciesen publicidad de sus productos con un cartel en cántabru que dijera “La muestra lechi jaz juerti a Cantabria”, las burlas que tendrían que aguantar.

Quizás ese sea parte del problema, esa superioridad infundada con la que desde las ciudades se mira al medio rural, esa burla hacia su ancestral forma de hablar, descendiente de una lengua hoy en peligro de extinción, y a su forma de ganarse la vida: empiezo a sospechar que hay gente que cree que la comida la fabrica una máquina escondida en el almacén del supermercado, y que hay quien piensa que los prados son verdes por arte de magia, no porque haya vacas comiendo la hierba, diseminando semillas y abonando los campos.

El caso, volviendo a mi ganadero indignado, es que la otra (gran) parte del problema son los propios productores, y así se lo hice saber, hablándole de los ganaderos de la localidad de Millau. He de reconocer que admiro mucho a José Bové, y que alguna vez me han advertido de que no debería hablar tanto de él, al menos no a los ganaderos, no vaya a ser que alguno me escuche y actúe (que es, precisamente, lo que estoy deseando). Para quienes no lo sepan, Bové era un ganadero del Macizo Central francés que, cuando en 1999 Estados Unidos decidió aumentar los aranceles del queso Roquefort como respuesta a la prohibición de la Unión Europea de importar carne con hormonas del país americano, reunió a 300 ganaderos en Millau (el municipio más importante de la zona de producción de este tipo de queso) y desmontaron pieza por pieza el McDonald’s del pueblo. Diez de estos ganaderos, entre ellos Jose Bové, fueron condenados a tres meses de cárcel, gracias a lo cual la noticia se extendió por toda Francia, enterándose así todo el país de lo que estaba pasando con el queso Roquefort y decidiendo apoyar a sus paisanos. Por este tipo de protestas, nadie les tose a los ganaderos franceses y consiguen que los políticos les escuchen y que no se firmen acuerdos sin su presencia, además de que son muy conscientes del poder del voto rural en las urnas y saben utilizarlo.

Los ganaderos de vacuno de leche europeos han anunciado para hoy diversas movilizaciones y actos de protesta bajo el lema “Your policy ruins dairy farmers” (Vuestra política arruina a los ganaderos de leche) para denunciar la crisis del sector. Me pregunto si los ganaderos españoles se habrán hartado ya, si harán algo más allá de lo que han hecho hasta ahora, algo que, en vez de provocar la risa en Madrid, provoque respeto. Si sabrán ser conscientes de lo que su voto supone de cara al 20 de diciembre y si sabrán transmitírselo a los políticos. No hace falta desmontar un McDonald’s, pero es necesario llevar a cabo acciones que tengan una mayor repercusión. Es una vergüenza lo que está pasando con la ganadería, pero aún más vergonzoso es que los ganaderos no den un puñetazo sobre la mesa y digan “hasta aquí”.

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Foro Rural sobre el acuerdo lácteo

Este jueves tendrá lugar en Cabezón de la Sal (Cantabria) la conferencia Acuerdo sobre el precio de la leche. ¿Declaración de intenciones o realidad? que organizan el Centro de Estudios Rurales de Cantabria y la Universidad de Cantabria.

La charla se celebrará el día 12 de noviembre a las 12 horas en la Avenida Doctor Arines, 21 (Cabezón de la Sal)  y correrá a cargo de Gaspar Anabitarte (UGAM-COAG) y Raúl Gillarón (ASAJA).

* En el cartel hay un error, dado que no se trata del viernes 12, sino del jueves 12 de noviembre.

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