23 d’abril: Día d’Aragón

Se siente un chemeco en a nueit. Y un rayo en metat d’a tronada ilumina a un guerrero ubrindo-se camin a caballo enta la freda espelunga. En ella, una princesa escurre cómo eslampar d’o dragón, quan de momento, apareix un hombre clavando lo suyo lanzón en a corada d’o reptil.
D’a sangre d’o dragón,
surte una flor…
y un sinyal…

Ixa, ye a nuestra historia: la d’a vida que surte d’a muerte. La d’o trigo que naix d’a sudor que regó la nuestra tierra, y que nos da de minchar… La d’asperar a que belún nos salve, y la de que no nos dixen salvar-nos, quan nos miramos de fer-lo…

Por as nuestras venas, corre sangre de reinas y reis, y o nuestro DNA mitocondrial leva en os suyos nucleoides chenetica celta, ibera, celtibera, romana, visigoda, musulmana, chodiga, cristiana… D’a nuestra boca emanan fonemas romances, chapurquiaus de vocablos arabes. Muitas culturas y tres luengas, en dixando perder-ne una, chunto con a nuestra historia y lo nuestro pasau,
olvidando
que somos un mezclallo
de culturas
y parolas medievals
que se resisten a morir.

As nuestras mans, que tamién olvidan, se fan alcordanza de vidas pasadas en rozar a riscla d’hordio, en esbriznar o zafrán, en sentir o tacto d’a lana ansotana, en rozar o braguero d’a craba moncaína, u en esquirar una merina d’os Monts Universals. As nuestras mans, recordan, licherament, a aquellas que, sin aturar, devantoron cosos y puertos fluvials, ilesias romanicas y mudechars. Que, enreligadas con tantas atras, devantoron castiellos y murallas pa protecher-se d’enemigos. Que, con delicadeza, trigoron plantas y salvoron vidas. Aquellas que se desangran en a piel d’un bombo que transmite pasión por os sieglos d’os sieglos.

Os nuestros uellos, se reconoixen en aquel pastor que guia a lo suyo rabanyo d’ovellas rasas por un maldito paisache monegrino, an que, entre l’esparto y as avutardas, troba lo suyo fogaril. Ixos uellos nuestros, que ploran en silencio en a paridera caita, en o lugar olvidau, en as piedras que os nuestros debantpasaus moldeoron y que dioron forma a la casa nuestra. A la cultura nuestra.

Y os nuestros pietz, tamién olvidan o tacto d’o sulero buralenco, o cheso, a piedra granítica que baixa por o Galligo, as alfombras de piedras que tapizan o fundo d’os nuestros ríos… olvidan que son feitos pa aprestar-nos horizonts que se fan, cada vez, más luens…
Porque somos,
igual que nuestra tierra,
suaves como la arcilla,
duros del roquedal.[i]

Somos lo que queda d’os nuestros ecosistemas. Y somos a causa de que no i quede lo que i queda. As mesmas mans que sembroron o pipirigallo, son as que espardioron verenos en os nuestros monts. As mesmas que extinguioron o bucardo, y quasi extinguen a o cluxihuesos, las mesmas que lo conservoron. Ixas mans que pintoron historias en espelungas, y que devantoron mallatas. Ixos uellos que se guidaban por as estrelas. Y uns pietz, que continan transuando y sembrando chardíns en una península que debe lo suyo nombre a un río, en o que vierten as auguas a gran parte d’as nuestras arterias. Tú, también, tiens nombre de río.
Somos
os atomos de carbono que quedaron d’os restos d’os que nos precedioron.
Restos:
que dioron vida,
que facioron sulero
que estioron tierra… Ixa tierra que hue somos tú y yo, y que manyana, serán atros.
Somos
un ovulo por fecundar
en una tierra yerma.

Faciemos o más nuestro a San Chorche, encara que tenébanos a Sant Úrbez, Santa Engracia, Sant Caprasio, Santa Orosia, Santa Alodia y Santa Nunilo, Sant Martinicio… Encara que tiengamos muitos días y muita historia que celebrar… Talment, hemos de recordar, y recordar-nos, que somos a princesa,
Pero no nos calen caballers que viengan a salvar-nos.
Mai, mira-me a yo.
Me reconoxes, mai?[ii]

Talment calga que recordemos, que descendemos d’aquels almugabars que conquistoron Neopatria, que levoron o nombre d’Aragón enta los horizonts d’os horizonts d’os nuestros horizonts, y que o nuestro miocardio traquetia, porque o nuestro territorio lo nutre, os nuestros ríos lo riegan y o nuestro pasau le dio vida.
Talment
debamos recordar
que somos porque estiemos
y seremos
solo
si seguimos estando.

Como una tronada en o secano, que pleva! Que crebe la tierra, que se plenen os manantials y que la escorrentía nos traiga las historias que s’eslamporon por as chamineras, as parolas que voloron con o viento.
Que tremole l’horizont,
que astí imos.

¡Ya están aquí otra vez aquellos montañeses!
…¿O es esa tronada que grita: ¡Aragón!?[iii]

Aur, aur…Desperta Ferro![iv]

Feliz Día d’Aragón!

Ilustración de Pilar Serrano y texto de Lucía López Marco.

Texto disponible en castellano aquí.

[i] Parte d’a canción Somos de José Antonio Labordeta
[ii] D’o poema Mai, d’Ánchel Conte
[iii] D’a canción Tronada, de La Ronda de Boltaña
[iv] Chilo de baralla d’os almugabars

 

 

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23 de abril: Día de Aragón

Suena un gemido en la noche, y un rayo en mitad de la tormenta ilumina a un guerrero abriéndose paso a caballo hacia la fría cueva. En ella, una princesa maquina cómo escapar del dragón, cuando, de repente, aparece un hombre clavando su lanzón en las entrañas del reptil. De la sangre del dragón,
brota una flor…
y una bandera…

Ésa, es nuestra historia: La de la vida que brota de la muerte. La del trigo que surge del sudor que regó nuestra tierra, y que nos da de comer… La de esperar a que alguien nos salve, y la de que no nos dejen salvarnos cuando lo hemos intentado…

Por nuestras venas corre sangre de reinas y reyes, y nuestro ADN mitocondrial lleva en sus nucleoides genética celta, ibera, celtíbera, romana, visigoda, musulmana, judía, cristiana… De nuestra boca emanan fonemas romances, salpicados de vocablos árabes. Muchas culturas y tres lenguas. Una que dejamos perder, junto con nuestra historia, y nuestro pasado,
olvidando
que somos una algarabía
de culturas
y palabras medievales
que se resisten a morir.

Nuestras manos, que también olvidan, recuerdan vidas pasadas al rozar la espiga de cebada, al esbriznar el azafrán, al sentir el tacto de la lana de la oveja ansotana, al rozar la ubre de la cabra moncaína, o al esquilar una merina de los Montes Universales. Nuestras manos recuerdan, ligeramente, a aquellas que, sin descanso, levantaron cosos y puertos fluviales, iglesias románicas y mudéjares. Que, enlazadas con tantas otras, levantaron castillos y murallas para protegerse de enemigos. Que, con delicadeza, seleccionaron plantas y salvaron vidas. Aquéllas que se desangran en la piel de un bombo que transmite pasión por los siglos de los siglos.

Nuestros ojos se reconocen en aquel pastor que guía su rebaño de ovejas rasas por un maldecido paisaje monegrino, donde, entre el esparto y las avutardas, encuentra su hogar. Esos ojos nuestros, que lloran en silencio en la paridera caída, en el pueblo olvidado, en las piedras que nuestros antepasados moldearon y que dieron forma a la casa nuestra. A la cultura nuestra.

Y nuestros pies, también olvidan el tacto del suelo arcilloso, el yeso, la piedra granítica que baja por el Gállego, las alfombras de piedras y lodos que tapizan el fondo de nuestros ríos… Olvidan que están hechos para acercarnos a horizontes, que se asemejan, cada vez, más lejanos…
Porque somos,
igual que nuestra tierra,
suaves como la arcilla,
duros del roquedal.[i]

Somos lo que queda de nuestros ecosistemas. Y somos la causa de que solo quede lo queda. Las mismas manos que sembraron el pipirigallo, son las que esparcieron venenos en nuestros montes. Las mismas que extinguieron al bucardo, y casi extinguen al quebrantahuesos, las mismas que lo conservaron. Esas manos que pintaron historias en cuevas, y que levantaron mallatas. Esos ojos que se guiaban por las estrellas. Y unos pies que siguen trashumando y sembrando jardines en una península que debe su nombre a un río, al que vierten sus aguas la gran mayoría de nuestras arterias. Tú, también, tienes nombre de río.

Somos
los átomos de carbono que quedaron de los restos de los que nos precedieron.
Restos:
que dieron vida,
que hicieron suelo,
que fueron tierra…Esa tierra, que hoy somos tú y yo, y que mañana, serán otros.
Somos
un óvulo por fecundar
en una tierra yerma.

Hicimos el más nuestro a San Jorge, a pesar de tener a San Úrbez, a Santa Engracia, a San Caprasio, a Santa Orosia, a Santa Alodia y Santa Nunilo, a San Martinico… A pesar de tener muchos días y mucha historia que celebrar… Quizás, tenemos que recordar, y recordarnos,
que somos la princesa,
pero no necesitamos caballeros que vengan a salvarnos.
Mai, mira-me a yo.
Me reconoxes, mai?[ii]

Quizás debamos recordar que descendemos de aquellos almogávares que conquistaron Neopatria, que llevaron el nombre de Aragón hasta los horizontes de los horizontes de nuestros horizontes, y que nuestro miocardio late porque nuestro territorio lo nutre, nuestros ríos lo riegan, y nuestro pasado le dio vida.
Tal vez
debamos recordar
que somos porque fuimos
y seremos
solo
si seguimos siendo.

Como una tormenta en el secano, ¡que llueva! Que rompa la tierra, que se llenen los manantiales y que la escorrentía nos traiga las historias que se escaparon por las chamineras, las palabras que volaron con el viento.
Que tiemble el horizonte,
que allá vamos.

¡Ya están aquí otra vez aquellos montañeses!
…¿O es esa tronada que grita: ¡Aragón!?[iii]

¡Aur, aur…Desperta Ferro![iv]

¡Feliz Día de Aragón!

Ilustración de la artista Pilar Serrano y texto de Lucía López Marco

Texto disponible en aragonés aquí.

[i] De la canción Somos,  de José Antonio Labordeta.
[ii] Del poema Mai, de Ánchel Conte
[iii] De la canción Tronada, de La Ronda de Boltaña
[iv] Grito de guerra de los almogávares

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¡Feliz día internacional de las montañas!

En el año 2002, la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró el 11 de diciembre el Día Internacional de las Montañas para resaltar la importancia de su desarrollo sostenible. La ganadería extensiva es una pieza clave en los sistemas montañosos ibéricos, ya que gracias a la interacción del ganado podemos disfrutar de los pastos de montaña y de su biodiversidad vegetal.
Sin embargo, en las últimas décadas el censo ganadero ha disminuido drásticamente. La desaparición del ganado en las zonas de montaña ha conllevado la matorralización del paisaje y la pérdida de biodiversidad.
¡Conservemos la montaña viva apoyando a la ganadería extensiva!

Música: Una huella en la nieve (La Ronda de Boltaña)

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