Un (eco)sistema de bordas

La borda: Ese espacio único, esa palabra mágica común a todos los territorios pirenaicos. Tan presente en nuestro vocabulario como desconocida es su importancia en la conservación de una cultura en extinción, de un paisaje en desaparición

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¿Y si sembramos palabras?

En septiembre de 2020 vio la luz el proyecto Plantero de parolas de l’ortal / Semillero de palabras del huerto / Planter de paraules de l’hort, un proyecto de recuperación y revalorización de las palabras utilizadas tradicionalmente en los huertos y huertas de Aragón y del que Mallata.com forma parte desde el inicio como entidad colaboradora.

Cualquier persona puede aportar una nueva palabra, propia del trabajo en el huerto de una localidad de Aragón, para enriquecer la base de datos del proyecto y para que se puedan incorporar a las acciones de puesta en valor previstas, rellenando este formulario.

¿Cómo apoyar el proyecto?

Si eres una persona enamorada de los huertos y/o el patrimonio lingüístico…

Si formas parte de una iniciativa, entidad o institución

Entidades que apoyan el proyecto

Plantero de parolas de l’ortal / Semillero de palabras del huerto / Planter de paraules de l’hort es una iniciativa impulsada por la concejalía de Cultura y Participación Ciudadana del Ayuntamiento de La Almunia de Doña Godina y la Dirección General de Política Lingüística del Gobierno de Aragón y apoyada por las siguientes entidades:

A. C. La Chaminera que humea

Amigos de la Tierra Aragón

Asociación de Desarrollo Social y Cultural “Tesela”

De puertas al campo (Aragón Radio)

El tranvía verde (Aragón Radio)

Justicia Alimentaria

La Almunia Radio

Mallata Blog

Red de Semillas de Aragón

Para ver qué personas apoyan el proyecto, pincha aquí.

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portada Satue ELEGIDA 30-10-17

Cabalero. Un viejo pastor del Pirineo

Este mes de diciembre ha visto la luz la reedición de un libro único e imprescindible para todas las personas interesadas en la ganadería extensiva y el etnopastoralismo, se trata de Cabalero. Un viejo pastor del Pirineo, escrito por Enrique Satué y reeditado por PRAMES. Esta obra es el  resultado de una larga relación de amistad y aprendizaje entre un pastor tradicional del Alto Aragón y un estudioso de la Etnohistoria, y en él se desgrana el universo personal de Antonio Oliván Orús, de Casa Cabalero de Aso de Sobremonte (Huesca), como depositario de la esencia de la sociedad agro-ganadera tradicional del Pirineo. En esta edición mejorada y ampliada se ha incluído también una introducción en la que se analiza la situación actual de la ganadería extensiva en el Pirineo, trenzada en base a numerosos testimonios de pastores y veterinarios. (más…)

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Programa radiofónico especial de Mallata

Mallata participó el pasado sábado 8 de noviembre en la V edición de la emisión especial de Radio Topo en lenguas minoritarias de Aragón, D’estrela a estrela, con este programa realizado a propósito para la ocasión.

El programa, que dura 40 minutos, fue posible gracias a la colaboración del etnógrafo Félix A. Rivas, y trata sobre la influencia del pastoralismo en la cultura popular aragonesa.

¡Esperamos que os guste!

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Mallata en el D’estrela a estrela V

Este fin de semana, 7 y 8 de noviembre, Mallata participará en la emisión especial en aragonés y catalán que organiza Radio Topo y que ya va por su quinta edición. D’estrela a estrela busca ser un espacio desde el cual acercar las lenguas minoritarias de Aragón a la sociedad, demostrando que se puede hacer radio en cualquier idioma. Esta emisión nació en 2011 como conmemoración de la firma de la Carta Europea de las Lenguas Minoritarias.

El programa especial que emitirá Mallata se podrá escuchar el sábado 7 a las 14 horas y contará con la presencia de la etnógrafo Félix Rivas, quién nos acercará al mundo pastoril y a su importancia en la cultura aragonesa.

La emisión completa de esta quinta edición del D’estrela a estrela podrá oirse en directo a través del streaming de Radio Topo, y en el 101.8 de la FM zaragozana. La semana que viene lo compartiremos en este blog para quienes no puedan escucharlo en directo. Además, podrá seguirse en las redes sociales con el hashtag #estrela5.

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Sin mujeres no habría medio rural

Recuerdo que cuando cursaba en la carrera la asignatura optativa Patología de la nutrición de grandes animales y de granja, el profesor nos contó en una de las clases que en las explotaciones de ovino en las que trabajaban mujeres, el índice de mortalidad de los corderos era mucho menor, ya que estaban más pendientes de encalostrarlos, darles el biberón cuando la madre no los amamantaba, y separarlos en cuanto había algún caso de diarreas. “Quizás se deba al instinto maternal”, nos decía, o quizás, simplemente, a que se toman más en serio su trabajo.

El caso es que la mujer ha sido siempre la gran olvidada, en el medio rural y fuera de él. Siempre detrás de los hombres, y siempre con todas las faenas a la espalda. Cuando hice el estudio sobre Etnoveterinaria del Valle de Tena y Tierra de Biescas, la mayoría de las mujeres mayores a las que entrevisté, dejaban que fuesen los hombres quienes hablasen, y, si acaso, si veían que ellos no estaban diciendo algo que ellas sabían, se les escapaba de la boca alguna palabra. Cuando a continuación les preguntaba mirándolas a ellas y exclusivamente esperaba su respuesta, nerviosas, me decían, “que te conteste él, que sabe más, que ha estado siempre en el campo”. Sin embargo, aunque no quieran reconocerlo, son las mujeres rurales las que nos han transmitido el patrimonio cultural y gracias a quienes se ha conservado.

A pesar de que siempre sean ellos quienes den la cara, en quienes pensamos cuando hablamos de ganadería y agricultura,  los que salen en los reportajes y en las entrevistas, y, muy a menudo, los que tienen a su nombre la explotación agraria; son las mujeres las que se han hecho cargo de la casa y las que han criado a los hijos. Las que salían a llevar la comida, se hacían cargo de la huerta, de los animales que había en casa, las que, además, se dejaban la piel en el campo siempre que era menester. Es más, hay quien para recolectar ciertas frutas, sólo contrata mujeres, por ser más cuidadosas. Lo mismo pasa en muchas ganaderías, donde sólo se fían de mujeres para ordeñar a sus vacas.

Son las mujeres quienes fijan población en el medio rural y le dan continuación. En definitiva, las que dan vida a un entorno olvidado y moribundo.

Gracias, mujeres rurales. Todos los días deberían ser vuestro día.

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Lobos y pastores

Este texto de Félix Rivas fue publicado el 27 de diciembre de 1998 en “El Diario del AltoAragón”.

Aunque hace décadas que fue abatido el último de los lobos del Alto Aragón, cualquier pastor que oiga hablar de este mítico animal recordará los miedos y temores que despertaba hasta hace pocos años entre los habitantes del medio rural.

Es bien sabido de todos que, antaño, los grandes rebaños de ovejas del Pirineo iban siempre acompañados de varios mastines, protegidos por gruesos collares de clavos, y cuya única función era plantar cara a los lobos.

En la Sierra de Guara me contaron que a comienzos de siglo eran frecuentes los ataques al ganado. Al parecer, aprovecharon el atardecer para salir por los caminos y, con sus aullidos, se juntaban para formar un pequeño grupo. Si su objetivo era un rebaño de ovejas podía ocurrir como en un corral del pueblo, ahora deshabitado de San Pelegrín, en el que entró la lobada y acabó con todo el ganado. Pero el temor era mucho mayor si el amenazado era algún caminante solitario, como aquél que se dirigía hacia Eripol y en los pinares de Asque tuvo que subirse a un árbol y esperar con paciencia. Este temor era seguramente el origen de la creencia según la cual, si al ir andando se te desataban las alpargatas de miñón, quería decir que los lobos te estaban persiguiendo y lo mejor era buscar un árbol bien alto para refugiarse entre sus ramas.

Hoy, sin embargo, aunque los lobos del norte de la meseta castellana no lleguen, por ahora, hasta nuestras tierras, su leyenda sigue viva entre los pastores altoaragoneses. Ya no se ven lobos, pero otras fieras similares continúan recorriendo nuestros montes como aquélla que, hace unos pocos años causaba estragos entre los rebaños de las sierras que se encuentran a caballo entre el Viello Aragón y las Altas Cinco Villas. Tal como me lo describieron, tenía la cabeza más alargada que la de un lobo, pero parecía una “mezcla rara, ni perro ni lobo, como si lo hubieran traído de fuera”.

Pero dejando a un lado las fieras no identificables, el peligro para los ganaderos de hoy no son ya los lobos sino sus parientes lejandos los perros asilvestrados que forman bandadas después de ser abandonados por sus dueños. En cualquier parte se pueden oír historias de ataques al ganado. Un pastor me contaba el caso de una paridera en Santalecina en la que entró una manada de estos perros y acabaron con más de doscientas ovejas. Incluso muy cerca de la Pardina de Ayés, junto a Rapún, pude acompañar a dos pastores del pueblo de Ara mientras perseguían a tres perros que esa misma noche habían matado y herido a varias ovejas de su rebaño.

En la construcción de muchos de los antiguos corrales se tenía en cuenta la presencia de los lobos y, en la parte superior de sus muros, se colocaban ramas y grandes piedras o zaborras, para impedir la entrada de alimañas a su interior. Hoy en día, sin embargo, el problema de los perros asilvestrados puede volverse especialmente grave con la difusión de un moderno tipo de aprisco denominado pastor eléctrico (aunque en Ribagorza le llaman chulet, igual que a aquel zagal que servía de aprendiz en los antiguos grupos pastoriles y que en el resto del Alto Aragón era conocido como repatán o rabadán) y que consiste en un vallado de media altura formado por una red entre la que discurren unos finos cables conectados a una simple batería de coche.

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Remedios de origen animal usados en etnomedicina y en etnoveterinaria

Caldo de lechuza para sanar las paperas, caldo de perros recién nacidos para los tuberculosos, lengua de culebra para la dentición de los bebés, o sapos vivos hervidos en aceite para curar las heridas producidas por los yugos en las caballerías… parecen remedios sacados del libro de Harry Potter, pero no, se trata de animales usados tradicionalmente en la medicina y la veterinaria popular.

[cml_media_alt id='615']pilmadores[/cml_media_alt]Navegando entre la bibliografía para un trabajo sobre etnoveterinaria, fui a dar con un libro del etnólogo Rafael Andolz titulado De pilmadores, curanderos y sanadores en el AltoAragón, publicado en 1987, en el cual se recogen distintos remedios utilizados durante el pasado siglo XX. Algunos llamaron mucho mi atención, como el conocido baile de la tarántula, llevado a la práctica en la zona de Monegros, donde las picaduras de tarántulas se curaban a base de música y coplas. Cuando una persona resultaba afectada por la picadura de estos arácnidos, se les llevaba a su casa y se les obligaba a guardar cama bien abrigados (con varias mantas y varios braseros cargados con las brasas del hogar). A la vez, en la alcoba, comenzaba la fiesta: se tocaba, se cantaba y se bebía sin parar, haciendo caso omiso a los gritos de la persona enferma. Al cabo de varias horas de juerga, y sobre todo era efectivo si el enfermo bailoteaba dentro de la cama, la enfermedad desaparecía. Rafael Andolz en su libro se pregunta si la efectividad de tan curioso tratamiento radicará en el sudor que provoca y que ayudaría a eliminar las toxinas. La explicación de los locales era que “la tarántula tiene como una especie de guitarra en la espalda y mientras tocan los músicos en casa del enfermo, la tarántula también baila y se agota”. En el Programa de Fiestas de Pallaruelo de 1977 aparecía un poema de Juan Barrieras que en una de sus estrofas decía así “Y si pica tarantula/ u le fiza un escorpión/ ta curalo de camino/ buscaban un tañedor/ y allí venga a bailar jotas/ la gente por t’ol redol/ y si había algún jotero/ tirar valiente canción/ y con otras mercancías/ aunque les en digo yo/ a persona no paicía/ y se le’n iba el dolor”. Curiosamente, este mismo baile para curar los atarantamientos se ha registrado también en el sur de Italia.

Además de este, aparecen en el libro muchos llamativos remedios, algunos de ellos de origen animal, como tomar el jugo derivado de macerar hígado de caballo o de ternera en vino fuerte para curar las anemias, atar a la cabeza del enfermo un palomo vivo abierto a lo largo para curar la meningitis, o el que llevaban a la práctica en Binéfar para evitar el dolor que tenían los niños cuando les salían los dientes, que consistía en que el padre del afectado debía coger una culebra, arrancarle la lengua y soltar la culebra otra vez, la lengua se envolvía en un paño que, con un imperdible, se colocaba en alguna prenda del niño. Los tuberculosos se curaban bebiendo caldo de perros recién nacidos, sólo que no podían saber de qué era el caldo, sino el remedio no surtía efecto, mientras que en Ibieca tomaban caldo de lechuza para las paperas. Por otrolado, en Arén, trataban las hemorroides de la siguiente manera: se vertía un lagarto vivo en aceite hirviendo, se deshacía todo, se le añadía espliego y grasa de cerdo y la mezcla se untaba por la noche durante tres o cuatro días, tiempo tras el cual, se curaban.

[cml_media_alt id='616']isard-275435_1280[/cml_media_alt]Tras descubrir esta curiosa obra de Rafael Andolz, y sin esperanzas de encontrar vivos en la memoria de los montañeses más remedios de este tipo, me llevé una segunda sorpresa, cuando una señora de Barbenuta me narró cómo curaban en su juventud las heridas que las caballerías se hacían con los yugos, y que consistía en hervir sapos vivos en aceite y después aplicar ese aceite, una vez frío, sobre las heridas para que cerrasen. Un señor de Yosa me confirmó que en su casa también se hacía, aunque sólo hervían la piel del sapo. En el Valle de Tena era muy común usar cuerno de sarrio para afecciones diversas, como las paperas, infecciones bucales, pulmonías de diversas especies o la fiebre de las caballerás; y en muchos lugares, empleaban las telarañas como cicatrizantes.

Aunque el uso de animales en etnomedicina y etnoveterinaria no esté justificado, resulta curioso que nuestros antepasados, a base de la técnica de ensayo-error descubriesen formas curativas que, siglos después, la ciencia explicaría, como por ejemplo, que la secreción mucosa del sapo tiene efecto anestésico local y además detiene las hemorragias o que las telarañas son buenas cicatrizantes porque estimulan el crecimiento y la actividad natural de las células en contacto con ellas y además están recubiertas con hongos que tienen acción antibiótica.

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La paridera, un espacio vivido

Comparto este texto de Félix Rivas, publicado en El Diario del AltoAragón el 7 de febrero de 1999.

Como lugar de albergue de los rebaños de ovejas, el corral o paridera ha sido el entorno en el que los pastores del Alto Aragón han pasado y continúan pasando muchas de sus horas de trabajo y muchos de sus esfuerzos cotidianos. En la paridera hay que cuidar de las ovejas enfermas o de los corderos recién nacidos, hay que limpiar su interior periódicamente, hay que separar el ganado que sale a pastar del que se queda todo el día bajo techo, hay que repartir el forraje o el pienso, hay que hacer el señal en la oreja de los corderos de poca edad… Y todo esto en la actualidad, ya que antaño la paridera estaba más presente en la vida de los antiguos pastores. En ella, muchos días había que quedarse a dormir a veces por las inclemencias del tiempo otras por la larga distancia hasta el núcleo de población más cercano y otras en la época de parizón cuando había que dormir con un ojo abierto y otro cerrado para estar muy atento de las ovejas que estaban a punto de parir. En verano, además, podían pasar la noche en compañía de algunos labradores que, mientras segaban y trillaban, preferían no desplazarse cada día hasta sus casas. Incluso en algunos momentos históricos de gran peligro, como en la última Guerra Civil, las parideras sirvieron de refugio a las gentes de algunos pueblos.

Se puede considerar, por tanto, a la paridera como un espacio vivido, un entorno plenamente modelado por las experiencias y la memoria del Alto Aragón. Tan vivido y modelado que en él se reflejan algunas de las actividades más profanas, sagradas y mágicas que la cultura tradicional sabía asumir e integrar sin gran dificultad. Unas actividades y unas creencias que hoy nos llenan de asombro, e incluso de incredulidad, pero que han estado presentes hasta hace pocos años en todas las comarcas altoaragonesas.

[cml_media_alt id='531']Pastores chesos haciendo queso en la puerta de una cabaña en el Valle de Guarrinza (Foto: Ricardo Compairé)[/cml_media_alt]

Pastores chesos haciendo queso junto a una cabaña en el Valle de Guarrinza en los años 20 del siglo pasado. (Foto: Ricardo Compairé)

Uno de los casos más curiosos se daba en Robres, donde, como todos los rebaños se podían encerrar en cualquier paridera que estuviese libre, se utilizaba este método para reservar una de ellas (coger la vez, diríamos en otro contexto): bastaba con colocar un saco colgado de la puerta de entrada y si otro pastor llegaba más tarde, ya sabía que esa noche iba a estar ocupada. En Serrablo, los pastores se servían del humo que salía de la chimenea de la caseta para predecir el tiempo: si subía en vertical quería decir que iba a llover muy pronto y, al igual que todos sus componentes, la noche de Todos los Santos se recogía antes de lo normal en el corral, lo mismo que las personas lo hacían en sus viviendas. Una serie de prácticas persiguen el objetivo común de proteger a la paridera de posibles enemigos. Algunas son bien expeditivas como ocurre en un corral de Valcarca, cerca de Binaced, donde, para evitar que los palomos se coman el grano que se da a los corderos, cuelgan varios palomos muertos en los frentes de los cubiertos. Otras conservan un fuerte contenido mágico. Una de ellas es la que consiste en enterrar la cabeza de una oveja modorra (en el Biello Aragón esta oveja tenía que ser además negra) que ha muerto de esa enfermedad en la entrada del corral para proteger a las demás. Para el mismo fin se solía colgar dentro del cubierto una piedra foradada, con un agujero creado de forma natural. Esta piedra, en algunos lugares como Fonz, tenía un valor y se transmitía de pastor a pastor, de tal manera que sólo podía ser utilizada por aquella persona a la que pertenecía. En esa población del Cinca Medio se colgaba cerca de la puerta y su utilidad era la de proteger contra los rayos.

Aunque si un mal o una enfermedad producía la muerte a muchos animales, podía pensarse que era una bruja la responsable, y en ese caso habría que recurrir a un esconchuro, por lo menos…

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