Abriendo los ojos al cambio climático

Artículo publicado originalmente el 30 de septiembre de 2019 en DivulgaUNED

-¿Cómo que quien? –dijo, sorprendido-. Mapache va, tejón o corneja va. Si no hay corneja, ratón va. Si no hay ratón, hormiga va. En taiga hay mucha distinta gente. Me quedó claro. Dersú se preocupa no sólo por las personas, sino también por los animales, aunque fueran tan pequeños como las hormigas. Amaba la taiga, a sus moradores y se preocupaba de ellos por todos los medios.

Dersú Uzalá. Vladímir Arseniev

 

Este verano descubrí a lomos de un caballo sin nombre la maravillosa taiga. Me sorprendió que aún quedaran lugares en este mundo habitados por nómadas que crían renos y que viven entre bosques inhóspitos, perdidos en las montañas. Me fascinó que hubiera personas que viven en tipis a un día a caballo del pueblo más cercano -que a su vez está a dos días en coche de la ciudad más próxima-. Gente que no sabe lo que es el fútbol, ni falta que les hace, que sobreviven a -50 ºC en plena naturaleza, y que todo lo que necesitan son sus renos –para comer su carne, beber su leche, abrigarse con sus pieles y poder desplazarse- y, sobretodo, su bosque, del que sacan el musgo para sus renos, la leña con la que se calientan, la madera con la que construyen sus tipis, y donde habitan sus queridos osos.

(más…)

Read More

Innovaciones sociales para reducir el impacto de los incendios en el medio rural catalán

Artículo publicado originalmente en inglés en el blog del proyecto SIMRA el 8 de junio de 2017

Restos del incendio de hace dos años

El pasado mes de mayo, tuvo lugar la primera Asamblea General del proyecto Innovación Social en Áreas Rurales Marginales (SIMRA, por sus siglas en inglés), que se celebró en la Oficina Mediterránea del Instituto Forestal Europeo (EFIMED), situada en Barcelona. Durante el encuentro, tuvimos la suerte de poder conocer de primera mano cómo se organizan los vecinos de la comarca del Bages (Barcelona) para minimizar los impactos de los incendios en su término municipal, y de que nos lo contaran los propios protagonistas en el mismo lugar donde hace dos años hubo un incendio (Òdena, verano de 2015). Pero vayamos por partes y empecemos por el principio:

Durante el siglo XX, la despoblación rural y el consecuente abandono de las tierras de cultivo, han provocado que donde antes había un paisaje agrícola, ahora haya un paisaje forestal. El aumento de hectáreas de bosque y los fuegos que se sucedieron, llevaron a vecinos y a propietarios a unirse en los años 60 creando los grupos de extinción de incendios y auxilio inmediato. Estos grupos se regularon a partir del año 1986 y pasaron a denominarse Agrupaciones de Defensa Forestal, en adelante ADF. Las ADF no tienen ánimo de lucro y su finalidad  es la prevención y lucha contra los incendios forestales. Están  formadas por propietarios forestales, ayuntamientos de los municipios de su ámbito territorial y personas voluntarias. Además, trabajan de forma coordinada con el cuerpo de bomberos.

Vehículo de primera intervención que dispone la ADF de Castellfollit del Boix para apagar y prevenir incendios

La ADF de Castellfollit del Boix (en la comarca del Bages) abarca una superficie total de 5.942 ha, de las cuales 4.397 son forestales, lo que supone el 73,9% de la superficie. El bosque es una matriz importante de su territorio, que los habitantes a menudo usan para pasear o recoger setas. Para protegerlo, se reúnen contribuyendo al plan municipal de incendios forestales, hacen campañas con agricultores y colegios, mantienen puntos de agua y pistas de acceso al monte, y reciben formación por parte de los bomberos. Cuando hay un incendio en su municipio, el Centro de Emergencias les avisa y se activan, a menudo llegando a la zona antes que los bomberos; por ello su actuación inicial es importante para la evolución del incendio, y se ponen a disposición de los bomberos cuando estos llegan. Cuando un municipio cercano precisa colaboración, el centro comarcal les coordina para ayudar a sus vecinos, ya que el fuego no entiende de fronteras administrativas. Esta ADF es una iniciativa social en la que personas voluntarias del municipio llevan décadas uniéndose para prevenir y extinguir los incendios, protegiendo así un bien común: su pueblo, su paisaje y sus recursos forestales. Tienen dos tipos de miembros: los del carnet verde (mayores de 16 años) para ayudar en general menos en caso de incendio, y los del carnet amarillo (mayores de 18 años) que cuentan con la formación y equipamiento específico para participar con seguridad y coordinación en la peligrosa tarea de extinguir un incendio.

Convirtiendo troncos en astillas para calderas de biomasa

A pesar de sus esfuerzos, las gentes de Castellfollit del Boix han ido viendo como la magnitud de los incendios aumentaba, mientras que las actuaciones silvícolas para prevenirlos (clareos, limpieza de matorral) devenían más caras. En la última década, sin embargo, el uso de la biomasa forestal para uso energético ha supuesto una oportunidad para cubrir los costes de las intervenciones forestales, lo que no sólo mejora la sostenibilidad económica de la prevención, sino que también mejora la economía de esta zona rural. Por este motivo, decidieron innovar y convertirse en una cooperativa que aprovecha aquellos árboles que talaban para prevenir incendios, en astillas para calderas de biomasa. De esta manera, no solo previenen la aparición de incendios y contribuyen a generar energía limpia, sino que además crean empleo, fijando población en el municipio.

Si queréis conocer más a fondo el trabajo de las ADF, podéis visitar la web: http://www.federacioadfbages.org

Read More
Embed HTML not available.

Ganadería extensiva y prevención de incendios

La ganadería extensiva es la herramienta más efectiva de prevención de incendios, ya que controla la vegetación a tres alturas diferentes (arbórea, matorral y pasto). De esta manera, genera una discontinuidad del combustible, al variar la cantidad y estructura de material vegetal disponible, y dificulta la propagación de las llamas a través de la vegetación.

El pastoreo desbroza el monte de forma natural, eliminando masa vegetal a coste nulo y creando un paisaje heterogéneo que impide la propagación de las llamas.

La gente que se dedica a la ganadería desarrolla una labor de un valor incalculable, ya que además de ayudar a prevenir incendios con el pastoreo, su presencia permite conservar infraestructuras vitales para la prevención y extinción de incendios como caminos, puntos de agua o casetas. También facilitan labores de vigilancia del monte y sirven de elemento disuasorio para posibles incendiarios.

La ganadería extensiva contribuye a fijar población en las zonas rurales, siendo un motor para la economía local, dependiente de cuidar y conservar los recursos naturales, algo que, inevitablemente, hace disminuir los incendios.

Sin embargo, este sector ha sido siempre el gran olvidado y maltratado, causa por la que en la última década el censo de ovino en España ha perdido más de 6 millones de animales.

Cada día hay menos ganado pastando en nuestros montes. Si no revertimos esta situación, el número de incendios seguirá en ascenso. No podemos frenar las altas temperaturas, pero podemos prevenir los incendios apoyando la ganadería extensiva.

Read More

Qué verde era mi valle

Artículo publicado el 24 de diciembre de 2015 en Eldiario.es Cantabria

“Pero, ¿cómo han podido hacer esto?, ¡con lo verde que era mi valle y ahora míralo! ¡No queda nada! ¿Quién ha hecho esto? ¿Por qué?”, se pregunta desde el desconsuelo, la indignación y la incomprensión quien se ha criado feliz en un patrimonio que recibió gracias a que sus antepasados, y los antepasados de los antepasados que ya lo recibieron de sus antepasados, decidieron cuidar y conservar, porque, aunque nadie les había explicado la fotosíntesis, ni la simbiosis que practican algunas especies, sus antepasados sabían algo que han olvidado sus contemporáneos: que la tierra no es de nadie aunque tenga dueño, y que hay que cuidarla, respetarla y escucharla para que las siguientes generaciones puedan seguir obteniendo alimento y oxígeno de ella.

No entiende nada, pero es que no tiene entendimiento. ¿Cómo puede alguien quemar el entorno de Los Tojos en el impresionante Valle de Cabuérniga para acabar con toda la vida que habita en él? ¿Cómo puede alguien anteponer sus intereses al bien de las generaciones futuras?

Desde el sábado pasado la Cornisa Cantábrica está ardiendo. Casi cincuenta focos expandían el virus del fuego y el humo por los verdes valles cántabros. Y no, ni fueron casuales, ni bienintencionados, como tampoco hay apelativos suficientes para quienes los causaron. La duda es qué harán ahora: ¿Plantar eucaliptos?, ¿Levantar construcciones innecesarias? Y más allá de eso, ¿qué se hará para evitarlo?

El pasado verano se aprobó la polémica Ley de Montes que permite construir sobre terreno incendiado. Si esa ley jamás se hubiese aprobado, probablemente, Cantabria y Asturias no estarían infectadas por el fuego. Pero da igual, porque nos acostumbraremos al color negro tizón y nos olvidaremos. De hecho, ¿alguien recuerda ya quién aprobó esa ley y quién ha ganado las elecciones en pleno incendio? Los propios medios de comunicación estaban más pendientes de informar sobre cómo iba vestido Pedro Sánchez a la hora de votar que de cómo avanzaba el fuego.

Hoy la mayoría de la gente dedicará el día a disfrutar de su familia, otros no podrán porque se los ha llevado el fuego, como el piloto que falleció ayer en Asturias sofocando un incendio. Unos pocos estarán con la mirada fija en el monte, viendo negro su pasado y su futuro, mientras los culpables se llenan los bolsillos con unos billetes que, además de no darles la felicidad, espero que les dejen sin sueños, porque, como dice mi amiga Marta, “no hay palabras… no las hay”, con lo verde que era mi valle…

Read More
Hola, usamos cookies. :)    Más información
Privacidad