Exposición: Mongolia, paraíso nómada en la Facultad de Veterinaria de Zaragoza

Los días 2, 3 y 4 de diciembre podrá visitarse en el hall del edificio aulario de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Zaragoza la exposición Mongolia, paraíso nómada, de la autora de este blog, Lucía López Marco. La exposición nos traslada hasta la taiga y la estepa del país asiático, y nos acerca a sus paisajes y sus animales, pero sobretodo a sus gentes, mostrándonos como es el día a día de las familias nómadas a través de las 10 secciones de las que se compone: Vida a la intemperie; la vida nómada; viviendo en la taiga; el ordeño; ser mujer en tierra nómada; la vida en el ger; el camello asiático y el caballo: fundamentales en los ecosistemas nómadas; la relación con la vida salvaje; la tierra de las cabras negras; y yaks: la esencia asiática.

La exposición fotográfica se complementa con otra audiovisual que tendrá lugar el miércoles 4 de diciembre a las 18 horas en la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Zaragoza.

Estas exposiciones están organizadas junto con el Departamento de Patología Animal de dicha facultad y se enmarcan dentro de las actividades organizadas por la VII Edición de la Trashumancia.

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Abriendo los ojos al cambio climático

Artículo publicado originalmente el 30 de septiembre de 2019 en DivulgaUNED

-¿Cómo que quien? –dijo, sorprendido-. Mapache va, tejón o corneja va. Si no hay corneja, ratón va. Si no hay ratón, hormiga va. En taiga hay mucha distinta gente. Me quedó claro. Dersú se preocupa no sólo por las personas, sino también por los animales, aunque fueran tan pequeños como las hormigas. Amaba la taiga, a sus moradores y se preocupaba de ellos por todos los medios.

Dersú Uzalá. Vladímir Arseniev

 

Este verano descubrí a lomos de un caballo sin nombre la maravillosa taiga. Me sorprendió que aún quedaran lugares en este mundo habitados por nómadas que crían renos y que viven entre bosques inhóspitos, perdidos en las montañas. Me fascinó que hubiera personas que viven en tipis a un día a caballo del pueblo más cercano -que a su vez está a dos días en coche de la ciudad más próxima-. Gente que no sabe lo que es el fútbol, ni falta que les hace, que sobreviven a -50 ºC en plena naturaleza, y que todo lo que necesitan son sus renos –para comer su carne, beber su leche, abrigarse con sus pieles y poder desplazarse- y, sobretodo, su bosque, del que sacan el musgo para sus renos, la leña con la que se calientan, la madera con la que construyen sus tipis, y donde habitan sus queridos osos.

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Mongolia, nómadas y conservación

Hay lugares perdidos en el mapa que una siempre ha soñado visitar. En mi caso, desde que tengo recuerdo he querido viajar a Mongolia. Debió de ser por algún reportaje de la 2, de esos que vemos sólo cuatro frikis. Fuera por lo que fuere, Mongolia me ha parecido siempre un paraiso, un mundo paralelo donde los humanos se siguen desplazando al ritmo del ganado en busca de pastos y donde la gente vive en armonía con el entorno, aprovechando lo que la tierra les da, y devolviéndole a ésta sólo lo que necesita.

Pastor nómada en Mongolia dirigiendo a un grupo de caballos. (Fuente: Pixabay)

Pastor nómada en Mongolia dirigiendo a un grupo de caballos. (Fuente: Pixabay)

A mucha gente le resulta extraño el que sueñe con subirme a un caballo y cabalgar al paso del rebaño en mitad de la nada, con gente que utiliza un idioma que desconozco, que montan y desmontan su casa en busca de alimento para sus animales, que beben leche de reno y que hablan con las águilas. Con lo fácil que debe ser irse a Nueva York, llenar los pulmones con el aire gris que vierten los tubos de escape, andar entre los empujones de la gente, sentirse una hormiguita entre tanto rascacielos, comer una hamburguesa de dudosa procedencia acompañada de una coca-cola light (también de dudosa procedencia) y tirar el envase al suelo como si fuera un elemento más del mobiliario urbano…

El caso es que debo de ser un bicho raro, y por eso me fascinan Mongolia y la relación de sus gentes con su ecosistema. Un día descubrí a los niños rata de Ulan-Bator y empecé a ver que aquel país de ensueño, era a la vez un mundo de contrastes donde no todo es perfecto.

Hace poco un amigo me pasó una noticia publicada por la ONG Survival en la que se denunciaba la prohibición de cazar en la zona donde habitan los dukhas, un pueblo indígena de pastores nómadas de la taiga de Mongolia, al declararse en 2013 área protegida.

Chamán dukha preparando un ritual en el norte de Mongolia. (Fuente: Wikipedia)

Se estima que en la actualidad hay unos 500 dukhas, de los cuales, alrededor de 200 siguen siendo cazadores – recolectores nómadas. Los dukhas viven en la taiga, en tiendas de lona denominadas alaci y migran con sus renos, que les ayudan a trasladarse y les proporcionan leche, pero que sólo sacrifican en caso de necesidad extrema, o cuando los animales están para desvieje. También recolectan patatas y frutos silvestres, y llevan generaciones cazando animales silvestres, siguiendo, según indica el artículo de Survival “sus propias y estrictas reglas que establecen la cantidad de animales que pueden cazar, así como cuándo y los lugares donde pueden hacerlo. Estas normas garantizan que no se caza en exceso, sino únicamente acorde a sus necesidades. La caza no es para ellos sólo una forma de obtener comida: es una parte integral de su modo de vida”. Cuando cazan, agradecen y piden disculpas al espíritu del animal mediante rituales chamánicos, a la par que ofrendan parte de la carne al fuego, a la naturaleza y a los espíritus antes de comerla.

[cml_media_alt id='1201']Niña dukha jugando junto a un reno. (Fuente: Imgur)[/cml_media_alt]

Niña dukha jugando junto a un reno. (Fuente: Imgur)

Durante siglos, los dukhas han vivido en armonía con el medio, viviendo de la tierra y cuidándose de no sobreexplotar los recursos naturales, asegurando su existencia para las generaciones venideras. Por eso, este pueblo nativo de Mongolia no entiende porqué el gobierno les prohibe la caza, restricción esta que altera por completo su forma de vida nómada y que les obliga a abandonar sus costumbres y tradiciones; además, la prohibición es “en nombre de la conservación”. Resulta paradójico, cuando si se ha conservado ese paisaje es en gran parte gracias a los dukhas.

Da rabia, no puedo definirlo de otra manera, como historias similares se repiten por todo el mundo por la incapacidad de dos partes a sentarse y dialogar para conseguir entenderse y desarrollar políticas justas que impliquen a los agentes locales y conseguir conservar patrimonios únicos. Parece que la administración sigue sin entender que las cosas no se solucionan imponiendo, sino dialogando, y que si no explican a los dukhas los motivos de la prohibición de caza, y si no escuchan de estos las consecuencias que tiene para ellos esta privación, jamás encontrarán una solución viable que satisfaga a ambas partes.

[cml_media_alt id='1200']Yurta de una familia nómada en Mongolia (Fuente: Pixabay)[/cml_media_alt]

Yurta de una familia nómada en Mongolia (Fuente: Pixabay)

Me pregunto cuando conseguiré viajar a Mongolia, y, sobretodo, qué habrá sido de los dukhas cuando vaya, ¿seguirán siendo nómadas o los habrán convertido ya en alcohólicos sedentarios?

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Película: El último lobo

La semana pasada estuve en el cine viendo “El último lobo”, una película muy recomendable ambientada en 1969. Chen Zhen es un estudiante enviado a la región de Mongolia Interior desde Pekín con el objetivo de enseñar a los pastores nómadas. Allí descubre como viven los pastores y la cercanía de estos hacia los lobos, una relación que se ve amenazada por los trámites burocráticos del Gobierno.

El filme está dirigido por Jean-Jacques Annaud y basado en la novela semi-autobiográfica homónima de 2004 publicada por Lu Jiamin.

La película refleja muy bien la relación entre fauna salvaje, ganadería y pastos y la importancia de mantener ese equilibrio, ya que ante cualquier perturbación todos los elementos del ecosistema se ven amenazados.

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