Sé la solución a la contaminación del suelo

Comunicado oficial de la Sociedad Española de la Ciencia del Suelo

Hoy, día 5 de diciembre, se celebra el Día Mundial del Suelo, adoptado por la Asamblea General de la O.N.U. en el año 2015. Este año, bajo el lema “Sé la solución a la contaminación del suelo” se
pretende sensibilizar a la ciudadanía sobre la gran amenaza oculta que afecta a los suelos mundiales y visibilizar las posibles soluciones y medidas que individualmente podemos tomar para paliar los daños que la contaminación ocasiona en la salud humana y en los ecosistemas. La Sociedad Española de Ciencia del Suelo se ha unido a esta iniciativa internacional para destacar la importancia que tiene preservar nuestros suelos para el sustento de la vida en el Planeta.

El suelo es un recurso natural, así como un sistema dinámico, que desempeña un papel crucial en la Biosfera, aportando energía, agua y nutrientes. Durante mucho tiempo, el suelo se ha  considerado un medio natural con capacidad prácticamente ilimitada para albergar y depurar contaminantes, sin que se generen (al menos de forma inmediata) efectos nocivos. Sin embargo,
numerosas evidencias científicas demuestran que la capacidad amortiguadora de los suelos es limitada.

La contaminación es un proceso de degradación edáfica, que conlleva la pérdida del recurso, de su fertilidad, del carbono orgánico retenido en el suelo y de la biodiversidad que éste alberga, así como el deterioro de su estructura. En un suelo degradado, los ciclos de nutrientes esenciales se pueden ver afectados, produciendo alimentos menos nutritivos o incluso insalubres. Esto tiene importantes repercusiones sobre nuestra salud y bienestar, ya que el 90 % de los alimentos proceden directa o indirectamente del suelo. Existen multitud de agentes contaminantes (orgánicos e inorgánicos) que pueden alterar el equilibrio del ecosistema.

Muchos de estos elementos potencialmente contaminantes se encuentran en la naturaleza formando parte de procesos edáficos y biogeoquímicos, pero su concentración en el suelo es generalmente baja o muy baja y tiende a mantenerse dentro de unos límites muy estrechos, lo que asegura un óptimo equilibrio ecológico. Sin embargo, el problema surge cuando los niveles naturales se ven incrementados por aportes procedentes de actividades humanas, tales como la minería, la fundición, la producción energética y otras actividades industriales, la producción y uso de plaguicidas y fertilizantes y de aguas de riego de mala calidad, el tratamiento y vertido de residuos urbanos e industriales (tanto sólidos que acaban en vertederos, como fluidos que suelen converger con las aguas residuales), etc., causando toxicidad sobre la salud humana y el medio ambiente.

La preocupación por la protección del suelo toma mayor interés en áreas dedicadas al cultivo, puesto que el carácter acumulativo de algunos de estos elementos potencialmente peligrosos hace que se incorporen a la cadena alimentaria de forma progresiva. Además, muchos contaminantes del suelo terminan trasladándose a otros recursos naturales, como aguas y atmósfera. Algunos tipos de contaminación edáfica tienen alcances espaciales considerables, por lo que el daño generado en un sitio puede terminar afectando a otros muy distantes o a todo el Planeta. La humanidad necesita cada vez más suelo para producir alimentos y, paradójicamente, los datos indican que cada año se pierden millones de hectáreas de suelo debido a la degradación de las tierras, causada por erosión y contaminación entre otros (Kong, 2014). La Organización de la Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) alerta que prácticamente ya no queda más extensión de suelos fértiles que puedan ponerse en cultivo (FAO y ITPS, 2015).

La contaminación del suelo también tiene altos costes económicos debido a la reducción de rendimientos y calidad de los cultivos, y al gasto asociado con la remediación (o limpieza). Sólo en Europa se estima que existen 2,5 millones de sitios potencialmente contaminados (J.R.C., 2018), mientras que el coste de la remediación se calcula entre 2,75 y 4,60 miles de millones de euros/año en cada país europeo (Ernst y Young, 2013). Por lo tanto, la prevención de la contaminación del suelo debe ser una prioridad en todo el mundo.

Durante la última Asamblea de la O.N.U. sobre el Medio Ambiente (PNUMA, 2017), más de 170 países acordaron un plan de acción para abordar la contaminación del suelo y sus causas, mostrando la preocupación de toda la sociedad sobre los efectos de esta problemática. La creciente concienciación social por el respeto al medio ambiente ha creado la necesidad de compatibilizar las actividades humanas en el marco del Desarrollo Sostenible; es decir, debemos utilizar los recursos para satisfacer las necesidades de la población actual sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para cubrir sus propias necesidades.

¿Qué podemos hacer al respecto?

Hay que tener presente que combatir la contaminación del suelo requiere un esfuerzo continuo por parte de todos los actores, desde la clase política y empresas a organizaciones de productores y consumidores, con la asistencia de la comunidad científico-técnica, para prevenir problemas adicionales y mitigar la contaminación existente. Todos tenemos un importante papel que jugar en la lucha contra la contaminación del suelo, desde tomar acciones ciudadanas hasta instar a nuestros gobiernos locales, regionales y nacionales para que desarrollen y pongan en práctica políticas de prevención de la contaminación de suelos, así como medidas efectivas para la recuperación de los suelos que ya han sido contaminados. También podemos tomar sencillas acciones a nivel individual, como cambiar nuestros hábitos de consumo, limitarnos a comprar sólo aquello que realmente necesitamos y elegir productos que sean menos perjudiciales para el medio ambiente. Además, se deben promover prácticas agrícolas de conservación que permitan mantener la capacidad del suelo como depurador ambiental sin poner en peligro su capacidad productiva.

En resumen, todos y todas podemos y debemos contribuir a evitar la contaminación del suelo que puede limitar gravemente nuestra supervivencia y la del resto de organismos en este Planeta.

Referencias

  • Kong, X., 2014. China must protect high-quality arable land. Nature, 506, 7. doi: 10.1038/506007a
  • FAO y ITPS, 2015. Status of the World’s Soil Resources (SWSR) – Main Report. Food and Agriculture Organization of the United Nations and Intergovernmental Technical Panel on
    Soils, Roma, Italia.
  • JRC, 2018. Status of local soil contamination in Europe: Revision of the indicator ‘Progress in the management contaminated sites in Europe’, EUR 29124 EN, Publication office of the
    European Union, Luxemburgo. doi: 10.2760/093804, JRC107508.
  • Ernst y Young, 2013. Evaluation of expenditure and jobs for addressing soil contamination in Member States. Final report to the European Commission, Directorate-General Environment,
    February 2013, p. 442. No. ENV.B.1/ETU/2011/0012.
  • PNUMA, 2017. Declaración ministerial de la Asamblea de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente en su tercer período de sesiones “Hacia un planeta sin contaminación”. Asamblea de
    las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, Nairobi, diciembre 2017. Texto completo disponible en inglés: https://papersmart.unon.org/resolution/uploads/k1800204.english.pdf