Esa enfermedad crónica llamada despoblación rural

Artículo publicado en Arainfo el 24 de octubre de 2015.

Aún es de noche, pero el gallo ya ha empezado a cantar. Lleva toda la vida escuchándolo -no al mismo, sino a toda la saga de gallos que han habitado el gallinero de casa desde que nació-, y ahora, no lo soporta más: día que canta el gallo es día que sigue vivo. “Cualquier día le retuerzo el cuello”, piensa, pero sabe que seguirá amaneciendo, y que, en realidad, el pueblo está ya bastante silencioso como para acabar con el último resquicio de vida que queda en él. Le cuesta aceptar que los pocos que quedaban se hayan muerto, y aún siguen en la era la caja, la banqueta y la silla, ahora rota, donde pasaban las tardes sin hablar, pero en compañía.

Lo triste de esta historia es que es real, y lo peor, es que es una historia que se repite en muchos pueblos, infectados por el virus del éxodo rural, esa enfermedad crónica a la que ningún gobierno presta atención, esperando, al parecer, que un día el problema haya desaparecido, como por arte de magia. Pero nuestro medio rural está tan delicado que ya no quedan brujas en ellos para hacer conjuros que solucionen el problema, es más, si en algo es líder Aragón, es en pueblos abandonados: son tantos, que ni siquiera se tiene datos oficiales sobre cuántos son, aunque se sabe que superan los doscientos.

Si las autoridades no ponen remedio de forma inmediata, esa cifra no tardará en duplicarse, y con cada pueblo que se pierda, perderemos parte de nuestra cultura y un pedazo de la historia, además de todo el trabajo que generación tras generación se ha invertido en construir un futuro. No somos conscientes del papel que juega el medio rural en el mantenimiento del paisaje y de la biodiversidad. Recuerdo un ganadero que me decía “yo soy ganadero, sí, pero sobre todo soy jardinero del monte, y el monte es de todos”. Pronto no habrá jardineros en nuestros montes, y perderán su aspecto actual. Se llenarán de arbustos y matorrales, desapareciendo multitud de especies de flora y de fauna, y no tendremos paisajes que admirar. Hay que reconocer el papel que juegan las mujeres y hombres que habitan en el medio rural, esos héroes y heroínas que conservan unos valores que en las ciudades se han perdido.

El medio rural ofrece multitud de oportunidades, no siempre ligadas a la tierra, pero es necesario que las administraciones den igualdad de oportunidades a los habitantes de las zonas más desfavorecidas y, sobre todo, que les den voz y voto a la hora de desarrollar iniciativas que den vida a los pueblos. A menudo, desde las urbes se olvida que sin mundo rural, no habría mundo urbano.