Destacando el papel vital de las mujeres en la construcción de un futuro resiliente para nuestros sistemas alimentarios

Artículo publicado originalmente en inglés en el blog de Datamars Sustainability Foundation el 15 de octubre de 2025. Disponible aquí. 

Cuando hablamos de agricultura a nivel mundial, la imagen que suele venirnos a la mente es abrumadoramente, y de forma estereotipada, masculina: el hombre en el tractor, el terrateniente eligiendo el cultivo, el científico impasible presentando resultados en una conferencia. Sin embargo, cuando nos damos una vuelta por los campos, los mercados o las reuniones comunitarias que mantienen viva la vida rural, la realidad es otra: las mujeres están en todas partes. Son diversas en sus orígenes y funciones, a menudo invisibles en las estadísticas, pero indispensables en la práctica.

En la agricultura regenerativa, esa invisibilidad empieza poco a poco a romperse. Las mujeres no solo cultivan o apoyan las explotaciones familiares; están rediseñando la propia idea de lo que significa cultivar. Experimentan con prácticas que mejoran la salud del suelo, crean redes locales de apoyo y vinculan la producción de alimentos con el cuidado —de las familias, las comunidades y los ecosistemas.

En muchos contextos rurales, el cuidado es el hilo invisible que lo conecta todo. Las mujeres rurales son a menudo quienes cuidan tanto de las personas como de los paisajes, y al hacerlo, también cuidan de los animales que los sostienen y regeneran. Desde el manejo de pequeños rebaños hasta la gestión de fincas integradas, el trabajo de las mujeres encarna la comprensión de que los ecosistemas sanos dependen de la armonía entre suelo, plantas y animales.

El impacto real y potencial de las mujeres en la agricultura regenerativa

El contraste es evidente: a nivel mundial, las mujeres representan una parte significativa de la fuerza laboral agraria, pero a menudo carecen de acceso equitativo a la tierra, los recursos y el poder de decisión. Según la FAO, las mujeres constituyen aproximadamente el 36 % del empleo agrícola en todo el mundo. Sin embargo, ganan menos: en promedio, las mujeres empleadas en el sector agrario cobran un 18,4 % menos que los hombres, según el informe Estado de las mujeres en los sistemas agroalimentarios 2023 de la FAO.

Este desequilibrio no solo refleja desigualdad; también representa un potencial desaprovechado. Las prácticas regenerativas prosperan con la diversidad, la resiliencia y la visión a largo plazo, precisamente las cualidades que las agricultoras y líderes aportan de manera constante.

Pensemos en las mujeres que introducen rotaciones de cultivos donde antes dominaban los monocultivos, o en aquellas que convencen a las cooperativas para reducir el uso de productos químicos y restaurar la biodiversidad. Su labor rara vez aparece en los titulares, pero deja una huella profunda en nuestros paisajes: suelos más sanos, comunidades rurales más fuertes y nuevas oportunidades para las generaciones más jóvenes.

Rompiendo barreras: acceso, equidad e innovación

Por ejemplo, el programa Empoderamiento de las mujeres a través de la agricultura resiliente al clima en África Occidental y Central (dirigido por ONU Mujeres) ayuda a las mujeres a acceder a la tierra, la financiación y los mercados. Como resultado, las mujeres han liderado la adaptación en sus comunidades, impulsando una mayor productividad, ingresos más altos y comunidades más resilientes. En otro caso, el programa Groundswell West Africa AE+6 descubrió que la integración de prácticas agroecológicas junto con estrategias para empoderar a las mujeres fortaleció notablemente la resiliencia de los sistemas agrarios en tierras secas y mejoró los medios de vida familiares en el Sahel.

Mientras tanto, en otros países, como Estados Unidos, las explotaciones agrícolas y ganaderas dirigidas por mujeres están transformando la agricultura convencional. Están recuperando tradiciones indígenas, afroamericanas, latinas y asiáticas que preceden a la agricultura industrial, adoptando prácticas regenerativas y catalizando cambios más amplios en los sistemas alimentarios locales. Estas mujeres destacan por fomentar la colaboración, la empatía y la visión a largo plazo, al tiempo que contribuyen a suelos más saludables y sistemas alimentarios más resilientes.

Apoyar a las mujeres = más regeneración

Apoyar a las mujeres en la agricultura regenerativa no es solo una cuestión de justicia. Es una cuestión de eficacia. La investigación demuestra que cuando las mujeres pueden tomar decisiones transformadoras, adoptar estrategias resilientes al clima y controlar los recursos, mejoran el bienestar y la sostenibilidad.

Ante los desafíos del cambio climático y la inseguridad alimentaria, conviene mirar con más atención quién está liderando y quién está imaginando alternativas. Muchas de ellas son mujeres, arraigadas en los ritmos cotidianos de la vida agraria, pero con la valentía de imaginar un futuro resiliente para los sistemas alimentarios locales y regionales. No están esperando permiso. Están regenerando, aquí y ahora.


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