Nosotras somos semilla

Hace meses que quería escribir este post.

Lo he ido dejando –como se dejan tantas cosas importantes– por lo que se suelen dejar las cosas siempre: por falta de tiempo.

El ritmo del día a día —el trabajo, la crianza, la comunidad, el propio libro— ha hecho que invirtiese mi tiempo en otras cosas, en otros espacios, en otros lugares. Y en medio de todo eso, no encontraba el huequito para escribir este post. Ese pequeño espacio –ese pequeño lugar– donde una puede sentarse, respirar, y mirar de frente lo que le está pasando.

Porque, después de tres meses maravillosos a la par que frenéticos en los que me están pasando cosas increíbles, empiezo a ser consciente de que este libro me está pasando.

Y, por fin, ha llegado la primavera.

Y la primavera, ya sabéis, tiene algo de permiso. De tregua. De darte la energía necesaria para decirte: ahora sí.

Porque estoy convencida de que ha sido la primavera la que me ha traído un esguince para que parara un poquito. La que me ha dejado (re)posarme, como deja a las mariposas posarse en sus flores.

Y aquí estoy. Compartiendo —tres meses más tarde— que he conocido a 39 mujeres maravillosas. Treinta y nueve.

Con sus historias. Con sus territorios. Con sus formas de cuidar la vida.

Mujeres que siembran, que resisten, que sostienen. Mujeres que no salen en los mapas, pero que sostienen el mundo.

Las he escuchado. Las he sentido. Las he llevado conmigo durante meses.

Y sus semillas han germinado en mí.

Porque eso es lo que hacen las historias cuando se escuchan con el cuerpo: se convierten en raíz.

Este libro nace de ahí: de sentarse a escuchar, de dejar que otras voces ocupen el centro, de entender —una vez más— que cuidar la tierra es cuidar la vida.

Que alimentar no es solo producir comida, sino sostener el mundo. Que muchas veces son manos de mujer —desde el silencio— las que están haciendo ese trabajo invisible.

Nosotras somos semilla recoge esas historias.
Historias que vienen de América Latina, de Norteamérica, de África, de Asia, de Europa, de Oceanía.
Historias que atraviesan montañas, ríos, desiertos y pueblos pequeños.
Historias que hablan de lucha, sí, pero también de ternura, de comunidad, de esperanza, de futuro.

No es un libro solo para leer. Es un libro para dejar que te pase. Para que algo dentro de ti también germine. Para que, cuando lo cierres, mires la tierra —y la vida— de otra manera.

Además, los beneficios de la autoría de este libro regresan a la tierra, ya que se donan íntegramente a la ONG Justicia Alimentaria.

Porque quizá de eso va todo esto.

De cambiar la forma en que miramos.
De aprender a ver lo que antes era invisible.
De reconocer que hay mujeres, en muchos lugares del mundo, que ya están sembrando el futuro.

Y de darte cuenta de que tú también eres semilla.

Más de cerca

Por si os apetece acercaros, acuerparnos, vernos, alibrarnos y liberarnos. Os comparto un dossier con información sobre el libro, así como los lugares por los que voy a sacar a pastorear este libro, llenando de semillas el territorio.

Y también, por si queréis indagar más, os dejo todo el jardín que he ido sembrando en distintos medios.

Pincha aquí para abrir la presentación en una nueva pestaña.

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