Esta semana, entre tanta no noticia de vuelta a la rutina, de cambios y de darnos cuenta que, un año más, el verano ha volado, me quedo con una noticia que compartió un amigo en un grupo de whatsapp. Me emocioné al verla, quizás porque entre tanto hartazgo y tanta queja, deberíamos alzar ejemplos de buenas prácticas. Porque, tras tanto debatir sobre la importancia de la ganadería extensiva a la hora de prevenir incendios –tema con el que muchas personas y organizaciones llevamos bastantes años dando la lata–, creo que es importante mostrar ejemplos prácticos y no quedarnos solo con la teoría.
Y es que resulta que hay un rincón de La Rioja rural que destaca no por sus viñedos, sino por sus ovejas, que pastan entre las torres de alta tensión para evitar posibles incendios. Donde muchos ven únicamente acero y cables, vuelve a sonar el ritmo pausado de un rebaño, recordándonos que el paisaje puede rehacerse con vida.
La mayoría de paisajes en Europa son el resultado de milenios de interacciones de pastoreo dirigido que ha moldeado nuestros ecosistemas. Sin embargo, en apenas unas décadas hemos abandonado los sistemas ganaderos tradicionales, y de paso nuestros pueblos y campos, dejando a la vegetación campar a sus anchas y resultando un grave problema a la hora de propagar posibles incendios. La ganadería extensiva es una herramienta muy útil para controlar la vegetación, reduciendo de esta manera el riesgo de incendios, y aumentando al mismo tiempo la biodiversidad.

En 2019 se puso en marcha una experiencia sencilla y, a la vez, transformadora: Pastoreo en Red. En vez de máquinas o herbicidas, ovejas, cabras, vacas y caballos recorren esos pasillos eléctricos, cuidando el territorio como lo han hecho siempre. Su caminar dispersa semillas, su pasto abre claros donde vuelven insectos y aves, su estiércol fertiliza la tierra. Y, al mismo tiempo, mantienen a raya la maleza, reduciendo el riesgo de incendios.
Lo que nació en La Rioja se extendió pronto a la montaña leonesa, y ya se prepara su llegada a Asturias. Hoy más de 3.000 animales pastan bajo los cables de alta tensión, demostrando que la infraestructura energética y la naturaleza no tienen por qué estar enfrentadas. Allí donde antes se escuchaba solo el zumbido de la corriente, suenan ahora esquilas.
El proyecto no solo cuida el medio ambiente. También teje vínculos con el mundo rural. Ganaderías locales encuentran en estos pastos un complemento a su actividad, un aliciente para seguir en sus pueblos. Pastoreo en Red significa también empleo, formación, reconocimiento al saber pastoril. Es la prueba de que una solución técnica puede convertirse, en realidad, en un proyecto social y cultural.
Por todo ello, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) lo ha incluido entre las 21 soluciones basadas en la naturaleza más inspiradoras del planeta. Una distinción que lo coloca junto a iniciativas de distintos continentes, todas con un mismo objetivo: reconciliarnos con la Tierra en un tiempo de crisis climática.
Es maravilloso que la clave para conservar nuestros ecosistemas esté en algo tan antiguo como dejar pastar al ganado. Volver a confiar en la alianza entre animales y territorio. Recordar que el futuro de nuestros paisajes depende también de esas pisadas tranquilas que abren sendas bajo los tendidos, donde la red eléctrica se convierte, gracias al pastoreo, en red de vida.


