Entrevista a Sonia Roig

A menudo, cuando hablamos de mujeres científicas o investigadoras, nos viene a la cabeza una mujer con gafas de laboratorio, bata y trabajando con probetas. Pero la ciencia es mucho más que lo que se cuece dentro de un laboratorio, y alberga también a numerosas mujeres que trabajan en el ámbito agro-forestal. Sonia Roig es una de ellas. Doctora Ingeniera de Montes y profesora de Selvicultura y Repoblaciones forestales en el Departamento de Sistemas y Recursos Naturales de la Universidad Politécnica de Madrid, ha sido profesora de Selvicultura y Pascicultura en la Universidad de Valladolid e investigadora en el Centro de Investigación Forestal del INIA. Su actividad investigadora se centra en el análisis de la dinámica, funcionamiento y producción de bienes y servicios de los sistemas silvopastorales, con especial hincapié en los productos forestales no maderables y en medios mediterráneos. Además, es la actual Presidenta de la Sociedad Española para el Estudio de los Pastos y Tesorera de la Plataforma por la Ganadería Extensiva y el Pastoralismo.

¿Cómo nació tu vocación agro-forestal? ¿Siempre quisiste estudiar ingeniería de montes?

Creo que mi caso es bastante común… No tengo una tradición familiar en este campo, pero cuando estudiaba secundaria (nuestro BUP) tenía claro que me gustaban las ciencias naturales pero también me gustaba el campo de las matemáticas, física y química, lo que me dirigía hacia las ingenierías. Me alegré mucho cuando supe que existía la Ingeniería de Montes que aunaba los dos campos…y me lancé a ello. Pese a algunos lógicos desencantos con el plan de estudios, siempre he estado muy contenta con la elección de mis estudios, mucho más con la especialización que he ido desarrollando en los últimos años de carrera universitaria y en el doctorado. Al hecho de trabajar en el medio rural y los ecosistemas forestales y naturales, la orientación de la ingeniería incorpora la idea de la gestión, de la eficiencia del uso de los recursos, la consecución de objetivos sociales y la búsqueda de soluciones a problemas de hoy, ¡apasionante!

¿Qué te llevó a realizar el doctorado y trabajar hoy en docencia e investigación?

La idea de trabajar en docencia (de cualquier ciclo) me había atraído mucho desde siempre. Además, desde tercer curso de la ingeniería de montes ya me acerqué al mundo de la investigación a través de mi trabajo fin de carrera, en este caso, sobre paleobotánica; me gustó mucho el ambiente del grupo de investigación, la forma de trabajo y el amplísimo campo de estudio que teníamos por delante. En los últimos años de carrera me encontré con las materias de Pascicultura y Selvicultura, en concreto, con el “universo” de los pastos y su gestión, y fue en esta línea donde decidí solicitar una beca de formación de profesorado universitario y desarrollar mi tesis doctoral. He trabajado en varios centros docentes y de investigación y estoy muy satisfecha con mi situación actual que combina la labor de formación de -espero!- buenos profesionales, a la vez que permite desarrollar algunos interesantes proyectos de investigación y aportar resultados que permitan avanzar en el conocimiento sobre los sistemas agroforestales y a mejorar la propia docencia. Como a tantos y tantos investigadores y docentes, nos falta, eso sí, tiempo y recursos para cumplir tantos objetivos que nos marcamos…

Habitualmente se identifica la ingeniería de montes como una carrera “de hombres”. ¿Sigue siendo así?

Hace años hicimos un pequeño análisis sobre este tema en la ingeniería de montes. Analizando el caso de la escuela MONTES-UPM (la única en España hasta mediados de los años 90) vimos que esta titulación ha evolucionado como otras ingenierías similares. En 1846 se inaugura la Escuela de Montes y no es hasta 1969 cuando se gradúan las primeras ingenieras de montes; desde entonces el porcentaje de mujeres ha subido hasta el 30% de egresados en los años 90, 40% a principios de los 2000. Actualmente el número de alumnas va descendiendo y en clase del Grado en Ingeniería Forestal tenemos un 20% de mujeres. Afortunadamente en otra de nuestras titulaciones, en el Grado en Ingeniería del Medio Natural, el porcentaje es mayor; en el global de la escuela estaremos en el 35% de alumnas. Esto me parece preocupante, como un pequeño retroceso ante las cifras anteriores… Espero que podamos revertir la situación. En cualquier caso, las profesionales de la ingeniería de montes y de la ingeniería forestal están presentes por toda España y en todos los campos del sector, en la docencia e investigación, en las administraciones públicas, en las empresas, etc… dando ejemplo de una buena formación y capacidad de trabajo y gestión del medio forestal.

Hay varios estudios a nivel europeo de la situación de las mujeres en el sector forestal; la FAO señala que el porcentaje de mujeres forestales en la cuenca mediterránea, sobre todo en España y Portugal es muy superior a la de otros países europeos, en todos los niveles (quizá porque aquí no nos planteamos dejar de trabajar ante la llegada de los hijos dada la situación económica?). Por último, en el campo de la investigación y siguiendo el ejemplo de otras asociaciones, hay que destacar el análisis de los informes que la Sociedad Española de Pastos y la Sociedad Española de Ciencias Forestales hicieron en 2018 sobre la situación de la mujer en estas sociedades científicas, con buenas perspectivas.

Cuando pensamos en ingenieros/as de montes, no solemos relacionarles con el pastoralismo, ¿cuál es la relación entre esta profesión y la ganadería extensiva?

En realidad la formación en pascicultura, pastoralismo y sistemas silvopastorales en los estudios de las ingenierías de montes y forestales ha sido tradicionalmente muy importante. La gestión de los terrenos forestales y montes y la obtención de bienes y servicios necesarios para la sociedad (servicios de abastecimiento, de funciones de regulación y socio-culturales) supone la gestión de muy diversas formaciones vegetales y ecosistemas. Estos sistemas incluyen formaciones arbóreas, arbustivas, herbáceas…con relaciones muy diversas y complejas entre sí y además, y en lo que nos interesa hoy, son el hábitat de poblaciones de animales silvestres y un interesante recurso para los animales domésticos; su gestión debe basarse en un conocimiento profundo de la dinámica y funcionamiento de los sistemas, de su estructura, de los factores condicionantes, etc. y el desarrollo de técnicas y herramientas adecuadas. Es decir, gran parte de los montes españoles no son sólo bosques o formaciones arboladas y la presencia del pastoreo de animales silvestres o domésticos (ganadería extensiva) está presente en más del 75% de los terrenos forestales, de ahí que estas materias de pascicultura o pastoralismo han estado presentes en todos los planes de estudio de la titulación en todas las escuelas españolas, e incluso, se ha desarrollado una potente línea de trabajo e investigación en estas materias en el sector forestal a través de distintos equipos de trabajo. El pastoralismo se ha asociado, además, a aspectos tradicionalmente “forestales” como su interés en la multiproducción de los montes, la prevención de incendios, la conservación de hábitats, etc. Sinceramente, creo que la ingeniería de montes proporciona una visión integral muy interesante de la gestión pastoral ya que es muy consciente de su complejidad, de la necesidad de trabajar con poblaciones animales, con muy distintas formaciones vegetales, a distintas escalas temporales y espaciales… Déjame presumir un poco más…algunos de los textos docentes y materiales didácticos de referencia sobre el tema se han desarrollado en escuelas forestales..creo que es para estar orgullosos.

Recuerdo que cuando estudiaba, en la asignatura de agronomía siempre hacían especial hincapié en que la dehesa, el sistema silvopastoral por excelencia de nuestra Península Ibérica, es el agroecosistema más sostenible del mundo. ¿Es verdad? ¿Por qué?

En las últimas décadas la dehesa se ha erigido como el mejor ejemplo de sistemas agrosilvopastorales ancestrales, máximo en diversidad y garantes de la sostenibilidad de los aprovechamientos y del sistema en sí. Creo que es un magnífico ejemplo, muy extenso, que ha logrado, además, explicar muy bien su origen, su funcionamiento y los productos y servicios que proporciona a la sociedad, a la vez que ha llamado la atención sobre la problemática actual y amenazas futuras. Pero nuestro país tiene un amplísimo catálogo de sistemas agrosilvopastorales de características similares: otros tipos de dehesas (ej. las dehesas boyales de montaña que están casi desaparecidas), los sistemas de valles cantábricos y pirenaicos, los soutos gallegos, mosaicos con matorrales y cultivos, etc… En general, estos sistemas agroforestales muestran las mismas características que valoramos en la dehesa tradicional de encina y alcornoque: orientación hacia la multifuncionalidad y multiproducción, su presencia en medios muy difíciles (suelos pobres y climas rigurosos que impiden la especialización de una única producción), la presencia de poblaciones humanas desde hace cientos de miles de años…Todo esto ha hecho que se hayan desarrollado técnicas de manejo y gestión de la vegetación y de gestión del pastoreo de ganado doméstico a lo largo de milenios que han permitido cubrir todas las necesidades de la población (alimentación, energía, materiales de construcción, agua,..) a partir de medios muy difíciles y diversos, muy poco productivos y de forma sostenible y eficiente. Se dice que la dehesa tiene una antigüedad reconocida de 1000 años, pero en realidad la dehesa y el resto de sistemas agrosilvopastorales y sus técnicas de gestión son mucho más antiguos, son herederos de las rutinas de pastoreo de las grandes manadas de herbívoros silvestres del Pleistoceno, y se han especializado a través de todo el Holoceno con una presencia humana constante en el territorio. Su persistencia hasta nuestros días con los niveles de complejidad y biodiversidad actuales (gracias a esa multitud de pequeñas perturbaciones -pastoreo, cultivo, cortas, quemas…- en un variado mosaico de formaciones vegetales y climas, suelos y relieve complejo) son la principal prueba y garantía de su sostenibilidad. Queda mucho trabajo, eso sí, para analizar cómo los actuales cambios en clima y en gestión (uso del suelo, demandas de la sociedad, etc.) están cambiando las reglas del juego y pueden condicionar el futuro de estos sistemas.

¿Por qué es tan importante la ganadería extensiva para conservar la biodiversidad?

Sonia Roig (izda.) junto a representantes de ganaderas en red (centro) y Olivia Barrantes (dcha. Universidad de Zaragoza, SEEP) durante la 57ª Reunión Científica de la SEP y III Congreso Nacional de Vías Pecuarias y Trashumancia, celebrado en Teruel en 2018.

Me gusta mucho la explicación que da Carlos Ferrer (El primate agricultor, Ferrer, 2016) del origen de la ganadería extensiva y del papel que ha tenido esta actividad en el desarrollo de las poblaciones y culturas humanas. La ganadería extensiva se desarrolla por nuestros antepasados a partir del conocimiento de la etología de los animales silvestres, como forma de almacenar la carne in vivo y garantizando el suministro a lo largo del año de forma muy eficiente, “copiando” y manteniendo un potente factor director, creando perturbaciones de baja intensidad en los ecosistemas. La presencia de animales pastantes ha sido una constante en el modelado de nuestros ecosistemas y paisajes, y fenómenos como la coevolución ligan la existencia e interacción de determinadas especies o variedades vegetales y animales. La pequeña perturbación que constituye el pastoreo (consumo de partes de plantas, selección de especies, reducción de biomasa, apertura de huecos en el tapiz vegetal, transporte de fertilidad,…) a distintas escalas temporales (ej. pastoreo en determinados momentos del año) y espaciales (movimiento del ganado en busca de los pastos de mejor calidad y fenología adecuada, actuaciones a distintas escalas…) provoca niveles máximos de diversidad a todas las escalas y niveles, siempre y cuando esta actividad se realice dentro de los rangos admisibles. Hay muchos estudios disponibles hoy en día que asocian el pastoreo y las formaciones de pastos a estos máximos de los distintos índices de diversidad y, además, a la dispersión de determinadas especies, a la conectividad de las formaciones vegetales y poblaciones animales, a la conservación de especies y formaciones protegidas,… El pastoreo contribuye a mantener estos paisajes nuestros en mosaico, complejos, dinámicos, con buena “salud” funcional, bien conectados y resilientes ante los futuros cambios que puedan llegar.

¿Es el pastoralismo una herramienta para la conservación de los bosques mediterráneos?

¡Por supuesto! Aunque yo diría que es fundamental para la conservación de los montes mediterráneos, dado que, como veíamos antes, nuestros sistemas forestales son muy complejos y no son sólo masas arboladas o bosques. El pastoreo ha sido uno de los principales factores de modelado de nuestros sistemas forestales actuales (de todo nuestro medio rural!) y debe ser incluido en cualquier análisis de la situación actual desde el origen de nuestros paisajes, sobre el momento presente y las estrategias de gestión para el futuro. Y no hablo sólo de una filosofía general, que es muy importante para una estrategia general, sino que esta herramienta es imprescindible para cubrir compromisos muy concretos. Por ejemplo, como país tenemos la obligación de conservar una superficie mínima de determinados tipos de hábitats de interés comunitario, algunos de los cuales, algunos tipos de pastos herbáceos, necesitan un nivel mínimo de pastoreo para su mantenimiento. Pero además, el pastoralismo no es sólo una herramienta para la conservación de estos sistemas, paisajes y hábitats. Si empleamos la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) como referencia, muchos de estos 17 ODS están relacionados con la gestión de nuestros territorios rurales, forestales y sistemas agrosilvopastorales (fin de la pobreza, hambre cero, agua limpia, producción de agua, producción responsable, acción por el clima, vida de los ecosistemas terrestres, etc…) y con herramientas como la del pastoralismo, entre otras.

¿Qué sería de los ecosistemas Mediterráneos sin la ganadería extensiva?

Bueno, creo que ya hemos comentado antes la importancia de la ganadería extensiva para la gestión de nuestros ecosistemas… tanto porque el pastoreo se encuentra en el origen de nuestros actuales paisajes y sistemas y ha sido una de las fuerzas modeladoras de la situación actual, como porque constituye una herramienta muy eficiente en la gestión actual para conseguir todos los objetivos que nos propongamos como Sociedad. Sin el pastoreo de la ganadería extensiva (dirigido, con animales domésticos) o con animales silvestres (controlado en menor medida a través de cerramientos, puntos de atracción, etc.) nuestros sistemas serían otros muy distintos… El pastoreo es una pieza clave en multitud de procesos actuales: en la producción de bienes directos, en los ciclos biogeoquímicos, en la conservación de especies y hábitats, en el mantenimiento de los niveles de biodiversidad, en el mantenimiento de los niveles de fertilidad, en la captura de carbono, en la conectividad de formaciones vegetales y poblaciones animales, en el mantenimiento de una imprescindible actividad socioeconómica en el medio rural, etc… así que es difícil imaginar un mundo mediterráneo sin animales pastantes ni pastos. Casi como una “Primavera silenciosa” (Rachel Carson, 1962), no me hago una idea del impacto de la desaparición del pastoreo en nuestros ecosistemas. Bien es verdad que hay una tendencia actual a fomentar el pastoreo de animales silvestres, que puedan retomar esta función, aunque con grandes inconvenientes: dificultades de control del pastoreo, enorme pérdida de diversidad en razas domésticas, simplificación de los aprovechamientos, enorme pérdida del patrimonio cultural, de conocimientos sobre el manejo del ganado y uso de los recursos, etc…

En los últimos años hemos visto como aumentan los daños provocados por los incendios forestales. Las devastadoras consecuencias de estos fuegos, ¿se deben en parte a la disminución del pastoreo?

Sonia Roig (dcha.) durante la jornada sobre ganadería extensiva y adaptación al cambio climático del Ministerio de Agricultura, Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, celebrada en Madrid el 11 de mayo de 2017.

El problema de los incendios forestales es un problema muy complejo con muchas causas a tener en cuenta en su análisis. El fuego, ya sabemos, es un elemento natural en nuestros ecosistemas, que además ha sido una herramienta de gestión de las poblaciones humanas. Los cambios actuales en la frecuencia y severidad de los incendios forestales están influidos por muchos factores: cambios de uso del suelo, despoblación y disminución de los aprovechamientos forestales, ganaderos y agrícolas, nuevas urbanizaciones, mayor eficiencia en la extinción de pequeños incendios, cambio climático, etc… No podemos hacer un análisis completo, pero evidentemente el pastoreo de la ganadería extensiva, combinado con otras técnicas, tiene un papel clave en la gestión de la vegetación, de los combustibles en el incendio forestal. El consumo de pastos herbáceos, arbustivos y arbolados (bajo copas) por parte de los fitófagos (ganadería extensiva o fauna silvestre) hace disminuir la biomasa vegetal en los montes y la “carga” de combustible, reduciendo la severidad de los posibles incendios forestales y dificultando su propagación. Una vez más, el pastoreo se destaca como es una potente herramienta de gestión del paisaje que habrá que planificar en la lucha contra los incendios forestales, si no a gran escala, al menos, en elementos clave o sensibles (ej. el exitoso programa de la Red de Áreas Pasto-Cortafuegos de Andalucía que debería extenderse a más territorios con el apoyo de las administraciones y de la Sociedad).

¿En qué proyectos de investigación te encuentras trabajando actualmente?

Estoy participando en algunos proyectos de investigación en temas relacionados con la gestión de las masas silvopastorales que buscan, por un lado, caracterizar el funcionamiento de éstas y analizar su reacción a cambios de uso o a tratamientos selvícolas. Estos tratamientos pretenden diversificar la estructura forestal y garantizar la conservación y regeneración del ecosistema a través de la selección de indicadores de gestión sostenible. Por otro lado, hay un par de tesis en marcha que se están centrando en analizar los distintos servicios de los ecosistemas pastorales, la compatibilización de éstos y las diferencias en las preferencias y valoración de la sociedad en varias zonas geográficas (ej. en distintos países de la cuenca Mediterránea) de los mismos. Eso en lo que a mí respecta, pero me gustaría animar a todos a hacer una revisión de los principales resultados de las líneas de trabajo sobre pastos, muchas de ellas apasionantes, que se están desarrollando en nuestro país para avanzar en conseguir toda esa potencialidad del pastoralismo de la que hablábamos. ¿Cómo? Entrad en seepastos.es y revisad nuestra revista Pastos o las actas de nuestras reuniones científicas para que os hagáis una idea de la cantidad de información de calidad que se ha generado sobre el tema.

 ¿Qué les dirías a las niñas de hoy para que se animen a estudiar los sistemas silvopastorales y se conviertan en tus alumnas en un futuro próximo?

A las niñas, que tengan por seguro que son capaces de cualquier cosa, y que es muy importante que se preparen, que estudien y que se conviertan en actrices protagonistas de la gestión del mundo rural y de nuestros ecosistemas, nuestra diversidad y nuestro extensísimo y rico patrimonio. Toda nuestra civilización y cultura se asienta sobre nuestro territorio, rural, en su mayor parte, de ahí su importancia, así que nuestras niñas hoy, gestoras de sistemas silvopastorales en el medio plazo, deberán estar presentes en la toma de decisiones sobre nuestro futuro y nuestros ecosistemas. Es una labor esencial y, además, una de las profesiones más atractivas y satisfactorias que conozco (coincido contigo, ¿no?, ¡a disfrutarla!)

Entrevista a Yolanda Pueyo, directora del Instituto Pirenaico de Ecología – CSIC

Yolanda Pueyo Estaún es directora del Instituto Pirenaico de Ecología (IPE-CSIC), centro adscrito al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), donde además ejerce como investigadora, dedicándose sobre todo a estudiar la dinámica y el funcionamiento de los ecosistemas semi-áridos.

¿Siempre supiste que te querías dedicar a la investigación?

Siempre tuve un gran interés hacia la biología y el medio ambiente. Tras licenciarme en Biología estuve considerando varias opciones de futuro laboral, pero mi primer contacto con la investigación, como ayudante de investigación en la sede del IPE en Jaca me hizo decidirme a que aquello era lo mío y ya no me planteé otra opción.

Se estima que 8 de cada 10 altos cargos en España son ocupados por hombres. Como ya hemos comentado, tú eres directora del IPE-CSIC, y hace unos meses Rosa María Menéndez pasó a ser la primera mujer que preside el CSIC. ¿Por qué crees que es tan difícil para las mujeres acceder a los puestos directivos?

Bueno, parece que se está viendo mejoría en este sentido poco a poco. Siendo optimistas podemos pensar que algunas de las causas de la escasez de mujeres directivas hoy en día está en el pasado, ya que hay situaciones que tienen una gran inercia. Por ejemplo, en el IPE la primera mujer investigadora se incorporó en 1994, y en los siguientes años la proporción de mujeres era muy pequeña, por lo que difícilmente podría haber una mujer directora.

Además eres madre de tres hijos… ¿Es fácil conciliar la vida familiar y laboral siendo investigadora y directora de uno de los centros más prestigiosos en el campo de la ecología?

No, no es fácil ni relajado, te puedes imaginar. Necesitamos, junto con mi pareja, organizar los días y las semanas al milímetro para que la maquinaria familiar funcione. Además de organización, también es importante saber priorizar. Y el motor que hay detrás es la motivación, cuando te gusta lo que haces, no cuesta tanto esfuerzo.

Todo el trabajo que supone ser directora del Instituto Pirenaico de Ecología, lo compatibilizas con tu trabajo de investigadora. Tus líneas de trabajo podrían dividirse en dos áreas, aunque están muy relacionadas y a menudo, me imagino, no podrán darse la una sin la otra. Tu trabajo se centra, por un lado, en el estudio de los ecosistemas semiáridos, y por otro, la ecología de los sistemas pastorales… ¿Qué es un ecosistema semi-árido y en qué se diferencia de uno árido?

Las zonas áridas y semi-áridas se caracterizan ambas por la escasez de agua que sufren gran parte del año, y se diferencian por la magnitud de dicha escasez. La escasez de agua que sufren los ecosistemas es un balance entre lo que llueve y lo que se evapora y transpira, que depende de la temperatura. Con estos dos valores se obtienen los índices de aridez que definen los territorios. La vegetación desarrolla numerosas estrategias para sobrevivir en condiciones de estrés hídrico, y el funcionamiento de estos ecosistemas es muy interesante. Por otro lado, el pastoreo es el principal aprovechamiento de estas regiones. Los animales que pastan se convierten en un componente más del ecosistema en nuestros estudios.

Entiendo que este tipo de ecosistemas son muy frágiles, por lo que pequeñas variaciones en el mismo podrían conllevar su degradación. ¿Cómo se evita que se degraden estos ecosistemas? ¿Es posible su restauración si se llegan a degradar?

La vegetación de las zonas áridas y semiáridas está adaptada a las condiciones ambientales, pero la degradación en ocasiones tiene procesos en cascada que dificultan la recuperación. La presencia de vegetación protege el suelo de la degradación, si se elimina la vegetación y el suelo se degrada (erosión, compactación,…) el establecimiento de nuevas plantas puede ser muy difícil. Por eso hablamos de que presentan un elevado riesgo de desertificación. La restauración en estas zonas pasa por recuperar las condiciones edáficas necesarias para que la vegetación sea capaz de establecerse de nuevo.

¿Qué relación hay entre las zonas semi-áridas y los sistemas agropastorales?

El pastoreo extensivo es el uso tradicional que se ha dado a estas zonas tradicionalmente en todas las regiones del mundo en las que predominan. De ahí la necesidad de conocer cómo afecta a la productividad y diversidad de estos ecosistemas, y en último término, a su sostenibilidad.

¿Por qué es importante hacer un uso racional de los pastos?

Las comunidades vegetales de las zonas áridas y semiáridas se caracterizan por tener una dinámica muy lenta y por el elevado riesgo de desertificación. Mantener una adecuada productividad y diversidad en el pasto, mediante un manejo ganadero adecuado, garantiza la sostenibilidad del aprovechamiento.

¿Funcionan igual los pastos en los ecosistemas áridos y en los subalpinos?

Son ecosistemas muy diferentes. A pesar de que los animales que pastan tienen algunos efectos similares en cualquier ecosistema: eliminación de biomasa vegetal, aporte de nutrientes por las deyecciones, etc., las consecuencias para la dinámica de los pastos son diferentes según el ecosistema. En los pastos subalpinos el pastoreo es un actor clave para su conservación, ya que sin él, el pasto pronto evolucionaría hacia comunidades de matorral y bosque. En estos ecosistemas las plantas compiten por el espacio. El pastoreo mantiene bajo control a plantas que de otra manera dominarían la comunidad, aumentando la diversidad del pasto. En las zonas áridas y semiáridas la dinámica vegetal es muy lenta, y cobra mayor importancia que los pastos mantengan una adecuada cobertura vegetal que sostenga la productividad vegetal y proteja al suelo de una posible degradación.

¿De qué depende la productividad de los pastos?

En primer lugar, de que llueva lo suficiente. También se sabe que el propio pastoreo, cuando su intensidad es adecuada, tiene un efecto positivo sobre la productividad del pasto. Y el suelo de los pastos es un aspecto muy importante, ya que aspectos como su fertilidad y su capacidad de retención de agua afectan directamente a la productividad vegetal. Todos estos factores están además interrelacionados.

Durante los años que llevas investigando en estos temas, ¿qué beneficios has visto que reporta la ganadería extensiva al ecosistema?

Si hablamos en general, aunque como hemos explicado no es sencillo por la gran variedad de pastos que existen, el pastoreo tiende a aumentar la heterogeneidad espacial y a acelerar los ciclos biogeoquímicos de los nutrientes. Los efectos en la vegetación suelen encaminarse a un aumento de la diversidad y la productividad vegetal y en definitiva, el pastoreo contribuye al mantenimiento de los propios pastos.

La ganadería extensiva está disminuyendo a pasos agigantados en la Península ibérica, al mismo ritmo que aumenta la despoblación rural. Una de las consecuencias de su desaparición, es la invasión de especies leñosas en los pastos (fenómeno que se conoce como matorralización), lo cual dificulta que se pastoreen esas zonas. Hay un proyecto en el que estás trabajando actualmente en el que estáis analizando, con la colaboración de algunas ganaderías, cómo revertir este proceso. ¿Podrías explicarnos en qué consiste este proyecto, en qué fase estáis y, si los hay, qué resultados estáis obteniendo?

La matorralización es una tendencia preocupante en los pastos subalpinos y montanos que se infrautilizan. En nuestro grupo estamos experimentando diferentes formas de revertir la matorralización y recuperar los pastos (quemas vs desbroces). Los resultados apuntan a que los desbroces serían más recomendables que las quemas, por presentar efectos más positivos y perdurables en suelo y vegetación, aunque la reintroducción de ganado resulta imprescindible para que el efecto sea perdurable en el tiempo.

¿Hay futuro para las zonas semi-áridas de la Península Ibérica sin ganadería extensiva?

La ganadería extensiva, ligada como está a la subsistencia en el medio rural, es un indicador cuando desaparece de una crisis más general del medio rural. Creo que como sociedad todos perdemos si nuestras extensas zonas semiáridas dejan de sustentar a la población rural y se convierten en verdaderos “desiertos” demográficos.

¿Y para la ciencia sin las mujeres?

La ciencia sin mujeres perdería al 50% de su potencial. No creo que nos lo podamos permitir como sociedad.