Nosotras somos semilla

Hace meses que quería escribir este post.

Lo he ido dejando –como se dejan tantas cosas importantes– por lo que se suelen dejar las cosas siempre: por falta de tiempo.

El ritmo del día a día —el trabajo, la crianza, la comunidad, el propio libro— ha hecho que invirtiese mi tiempo en otras cosas, en otros espacios, en otros lugares. Y en medio de todo eso, no encontraba el huequito para escribir este post. Ese pequeño espacio –ese pequeño lugar– donde una puede sentarse, respirar, y mirar de frente lo que le está pasando.

Porque, después de tres meses maravillosos a la par que frenéticos en los que me están pasando cosas increíbles, empiezo a ser consciente de que este libro me está pasando.

Y, por fin, ha llegado la primavera.

Y la primavera, ya sabéis, tiene algo de permiso. De tregua. De darte la energía necesaria para decirte: ahora sí.

Porque estoy convencida de que ha sido la primavera la que me ha traído un esguince para que parara un poquito. La que me ha dejado (re)posarme, como deja a las mariposas posarse en sus flores.

Y aquí estoy. Compartiendo —tres meses más tarde— que he conocido a 39 mujeres maravillosas. Treinta y nueve.

Con sus historias. Con sus territorios. Con sus formas de cuidar la vida.

Mujeres que siembran, que resisten, que sostienen. Mujeres que no salen en los mapas, pero que sostienen el mundo.

Las he escuchado. Las he sentido. Las he llevado conmigo durante meses.

Y sus semillas han germinado en mí.

Porque eso es lo que hacen las historias cuando se escuchan con el cuerpo: se convierten en raíz.

Este libro nace de ahí: de sentarse a escuchar, de dejar que otras voces ocupen el centro, de entender —una vez más— que cuidar la tierra es cuidar la vida.

Que alimentar no es solo producir comida, sino sostener el mundo. Que muchas veces son manos de mujer —desde el silencio— las que están haciendo ese trabajo invisible.

Nosotras somos semilla recoge esas historias.
Historias que vienen de América Latina, de Norteamérica, de África, de Asia, de Europa, de Oceanía.
Historias que atraviesan montañas, ríos, desiertos y pueblos pequeños.
Historias que hablan de lucha, sí, pero también de ternura, de comunidad, de esperanza, de futuro.

No es un libro solo para leer. Es un libro para dejar que te pase. Para que algo dentro de ti también germine. Para que, cuando lo cierres, mires la tierra —y la vida— de otra manera.

Además, los beneficios de la autoría de este libro regresan a la tierra, ya que se donan íntegramente a la ONG Justicia Alimentaria.

Porque quizá de eso va todo esto.

De cambiar la forma en que miramos.
De aprender a ver lo que antes era invisible.
De reconocer que hay mujeres, en muchos lugares del mundo, que ya están sembrando el futuro.

Y de darte cuenta de que tú también eres semilla.

Más de cerca

Por si os apetece acercaros, acuerparnos, vernos, alibrarnos y liberarnos. Os comparto un dossier con información sobre el libro, así como los lugares por los que voy a sacar a pastorear este libro, llenando de semillas el territorio.

Y también, por si queréis indagar más, os dejo todo el jardín que he ido sembrando en distintos medios.

Pincha aquí para abrir la presentación en una nueva pestaña.

Manifiesto por un feminismo de hermanas de tierra 2026

Hermanas de tierra,

 un marzo más volvemos a encontrarnos en los campos, calles y plazas de nuestros pueblos y aldeas. Seguimos alzando la voz, defiendo nuestros derechos y los territorios en los que vivimos. Nos reivindicamos juntas, somos raíz y brote, y no olvidamos que defender la tierra sigue siendo defender la vida.

 2026 nos obliga a mirar de frente las crisis ecológicas y sociales que se multiplican en tantos lugares a la vez. Lluvias torrenciales que arrasan cultivos, infraestructuras, ecosistemas. Sequías prolongadas que agrietan suelos y agravan incendios. Inviernos anómalos y veranos más largos. Incendios forestales cada vez más peligrosos y difíciles de controlar. Estos acontecimientos no son episodios insólitos ni aislados: son el resultado de un sistema que arrasa y pone en peligro la tierra, y que desplaza, enferma y precariza a las personas que la habitamos. Mientras tanto, muchas personas migrantes han atravesado los temporales en barracones, casetas de obra, chabolas construidas en los lugares en los que trabajan, sin luz ni agua potable, con plásticos de los invernaderos, palés de madera y cajas de cartón. Siguen desprotegidos, sin titulares, sin ninguna administración que se haga responsable de estas circunstancias. Sabemos que, cuando la catástrofe golpea, no golpea a todas por igual. Y también sabemos que el tratamiento mediático de nuestros territorios sigue siendo colonial, centralista y urbanocéntrico: no todas las desgracias ocupan el mismo espacio en las pantallas, no todos los dolores reciben la misma atención, no todos los pueblos ni todos los territorios son noticia. ¿Desde dónde nos enseñan a mirar? ¿Cómo miramos nosotras? ¿Qué vemos si miramos?

 Vivimos en territorios sometidos a una presión que no deja de crecer. Macroinfraestructuras energéticas e industriales, minería llamada “verde”, urbanizaciones y modelos turísticos que se presentan como única vía de progreso. Proyectos diseñados para el expolio de comunidades a las que se niega el derecho a información, el derecho a participar, el derecho a decidir. Bajo el discurso de esta transición y desarrollo se repiten dinámicas que lamentablemente ya conocemos: desplazamiento, amenaza de espacios naturales protegidos, intensificación de modelos, contaminación y lugares que quedan vaciados.

 Traemos aquí preguntas claras:

¿Transición realmente para quién?

¿Energía y recursos para sostener qué modelo productivo, qué bienestar?

¿A costa de qué ríos, ecosistemas, suelos? ¿De qué montes, qué comunidades?

 Hermanas de tierra,

queremos hablar también de acuerdos comerciales como el tratado entre la Unión Europea y Mercosur, que refuerzan un modelo agroindustrial basado en la intensificación, la dependencia de insumos externos, la desposesión campesina y la destrucción de ecosistemas entre territorios. Este modelo erosiona la soberanía alimentaria aquí y en origen. Mientras se favorecen las importaciones masivas, las pequeñas ganaderías y los proyectos agrícolas desaparecen. No aceptamos un comercio que enfrente pueblos y territorios entre sí, ni que sacrifique derechos y soberanías para perpetuar un crecimiento económico que desprecia la vida, y produce hambre y desigualdad a costa de los sures globales.

Las negociaciones del presupuesto de la próxima PAC avanzan con recortes y desde un enfoque continuista en lo productivo, con ayudas ligadas a la posesión de la tierra y al capital; no a nosotras, mujeres labradoras, con proyectos de vida minifundistas y agroecológicos, perjudicadas y excluidas de una política pública reactiva, que distribuye más a quien más tiene.

 Este año queremos traer la tierra a nuestro manifiesto. Tras cada catástrofe —como la DANA en Valencia o la erupción volcánica en La Palma— acontecida en los últimos años, vemos cómo aparece, tras el daño y las cicatrices, el riesgo de calificación y especulación para acaparar y convertir la tierra en suelo urbanizable y modelos de agronegocio, bajo la excusa de la reconstrucción. La privatización del territorio no es algo neutral: concentra poder y convierte cada proceso de acaparamiento en un proceso de desposesión para quienes viven y trabajan la tierra. Detrás de cada suelo que se trabaja, de cada huerta, de cada tierra que se pastorea y se siembra, hay un archivo vivo de lo común. Sigue habiendo ahí, en la memoria del suelo, posibilidad de otros mañanas. El desarrollo desde esta lógica mata dos veces: nuestros presentes y nuestros futuros.

 Hermanas de tierra,

estamos aquí porque también reivindicamos la soberanía alimentaria, el acceso digno a la tierra, al trabajo, al conocimiento que la hace posible y al derecho de los pueblos a decidir cómo producir alimentos. Nos sabemos parte de una trama que sostiene lo común frente a quienes privatizan el presente y nos roban el futuro. Defender lo colectivo es defender la posibilidad de decidir cómo queremos vivir. Para nuestros pueblos queremos proyectos viables social y ecológicamente, producciones sin dependencia estructural de agroquímicos y cadenas especulativas. Servicios públicos que garanticen acceso a la salud, a la educación, a la vivienda, al medio ambiente sano, y al ocio en nuestros pueblos.

 Hermanas de tierra,

Gaza sigue doliendo. No vamos a normalizar la violencia ni el genocidio. La devastación sistemática de un pueblo y su territorio, de sus culturas y saberes, y el uso del hambre como arma de guerra suponen una quiebra ética intolerable. Sí vamos a nombrar, a seguir hablando y denunciando la colonización y el apartheid israelí. Abrazamos a nuestras hermanas de tierra en Palestina y aprendemos de su resistencia y de su arraigo.

 También queremos hablar de salud mental y colectiva. La ansiedad generalizada, el miedo o la angustia paralizante ante el deterioro ecológico son reacciones frecuentes en un contexto de crisis, en continuo crecimiento de forma alarmante. Vivimos en un sistema que acelera los ritmos, nos roba la lentitud necesaria para cuidar y comprender, y nos responsabiliza individualmente de problemas que son estructurales. Nos exige productividad constante mientras precariza las condiciones materiales de vida. Necesitamos redes comunitarias, políticas públicas y garantías sociales que sostengan la vida en común. Frente a discursos que promueven la competencia y el individualismo, defendemos la organización colectiva y diversa. Frente al crecimiento ilimitado, apostamos por una reducción planificada del consumo material y energético, con redistribución de la riqueza y del tiempo. Necesitamos políticas públicas de redistribución, límites al acaparamiento, responsabilidades jurídicas claras y un cambio estructural del modelo de producción y consumo.

 Hermanas de tierra,

¿dónde encontrar energía, entusiasmo compartido, frente a las narrativas de destrucción, extractivismo y explotación? En la vida cotidiana como espacio de lo concreto y lo compartido: en lo que vivimos con el cuerpo, en lo que tocamos, sembramos y sostenemos. En aquello que nos permite desarrollar una mirada y una práctica que se sitúa, arraigada en el contexto, pero atenta y sensible también a lo que sucede en otros lugares.

Creemos en la fuerza de las alianzas, en la organización desde abajo, en la palabra compartida que rompe el aislamiento y el miedo. Frente al avance de la extrema derecha, el odio y los discursos que nos quieren divididas y solas, apostamos por el apoyo mutuo y por una rebeldía que cuide: apostamos por un cuidado rebelde.

Hermanas de tierra,

que nuestras luchas, como las de las Jornaleras de Huelva, como las organizaciones en contra de megaproyectos por todo el Estado, como las movilizaciones agrarias por precios justos, sean revuelta. Que aquellas que vienen detrás sepan que luchamos por la vida digna y que, si no tenemos derechos todas, no son derechos: son privilegios.

 Hermanas de tierra,

defendamos lo que necesita ser defendido, acabemos con lo que necesita ser abolido. Juntas vertebramos los territorios: mantenemos comunales, bosques, veredas, pastos, llanos y eriales, razas y semillas tradicionales, verbenas, escuelas rurales, centros de atención primaria, sindicatos y organizaciones agrarias y rurales, asociaciones culturales en los pueblos. Que juntas hablamos más que solo por nosotras: hablamos por las golondrinas, por los ríos, por las montañas, por nuestros animales y por nuestros cultivos, y por todo lo demás que no habla o no puede hablar.

No renunciamos a la esperanza: la construimos cada día con nuestras manos, en cada gesto, en cada espacio donde la vida vale más que números y beneficios. Y defendemos la alegría como forma de resistencia: una alegría que no niega el dolor, pero que insiste en la vida; que celebra lo que brota, lo que se teje, lo que se comparte. Una alegría que nos recuerda que seguimos aquí —juntas— y que todavía somos capaces de imaginar y hacer otros mundos.

Por un feminismo de todas,

por un feminismo de hermanas de tierra.

 El cartel es obra de Higinia Garay. Se puede descargar aquí.

 (*) Seguimos utilizando las categorías de mujer (y hermana) por considerarlas todavía útiles para incidir políticamente en nuestra realidad actual, pero somos conscientes de que somos diversas en cuanto a vivencias, trayectorias, capacidades, cuerpos e identidades. El asterisco pretende aglutinar toda esa diversidad.

** Este manifiesto ha sido posible gracias al trabajo colectivo de Colectivo Arterra, Blanca Casares Guillén, Elisa Oteros Rozas, Lareira Social, Leire Milikua, Lucía López Marco, María Montesino, María Sánchez, Patricia Dopazo, Ada e Irea de REAMA Friol, y Ana Pinto Lepe de Jornaleras de Huelva en Lucha. Hermanas de Tierra es un manifiesto para el 8M que fue impulsado desde 2019, por María Sánchez y Lucía López Marco.

Puedes apoyar el manifiesto y el trabajo de Hermanas de tierra, aquí.

hermanasdetierra@gmail.com

Destacando el papel vital de las mujeres en la construcción de un futuro resiliente para nuestros sistemas alimentarios

Artículo publicado originalmente en inglés en el blog de Datamars Sustainability Foundation el 15 de octubre de 2025. Disponible aquí. 

Cuando hablamos de agricultura a nivel mundial, la imagen que suele venirnos a la mente es abrumadoramente, y de forma estereotipada, masculina: el hombre en el tractor, el terrateniente eligiendo el cultivo, el científico impasible presentando resultados en una conferencia. Sin embargo, cuando nos damos una vuelta por los campos, los mercados o las reuniones comunitarias que mantienen viva la vida rural, la realidad es otra: las mujeres están en todas partes. Son diversas en sus orígenes y funciones, a menudo invisibles en las estadísticas, pero indispensables en la práctica.

En la agricultura regenerativa, esa invisibilidad empieza poco a poco a romperse. Las mujeres no solo cultivan o apoyan las explotaciones familiares; están rediseñando la propia idea de lo que significa cultivar. Experimentan con prácticas que mejoran la salud del suelo, crean redes locales de apoyo y vinculan la producción de alimentos con el cuidado —de las familias, las comunidades y los ecosistemas.

En muchos contextos rurales, el cuidado es el hilo invisible que lo conecta todo. Las mujeres rurales son a menudo quienes cuidan tanto de las personas como de los paisajes, y al hacerlo, también cuidan de los animales que los sostienen y regeneran. Desde el manejo de pequeños rebaños hasta la gestión de fincas integradas, el trabajo de las mujeres encarna la comprensión de que los ecosistemas sanos dependen de la armonía entre suelo, plantas y animales.

El impacto real y potencial de las mujeres en la agricultura regenerativa

El contraste es evidente: a nivel mundial, las mujeres representan una parte significativa de la fuerza laboral agraria, pero a menudo carecen de acceso equitativo a la tierra, los recursos y el poder de decisión. Según la FAO, las mujeres constituyen aproximadamente el 36 % del empleo agrícola en todo el mundo. Sin embargo, ganan menos: en promedio, las mujeres empleadas en el sector agrario cobran un 18,4 % menos que los hombres, según el informe Estado de las mujeres en los sistemas agroalimentarios 2023 de la FAO.

Este desequilibrio no solo refleja desigualdad; también representa un potencial desaprovechado. Las prácticas regenerativas prosperan con la diversidad, la resiliencia y la visión a largo plazo, precisamente las cualidades que las agricultoras y líderes aportan de manera constante.

Pensemos en las mujeres que introducen rotaciones de cultivos donde antes dominaban los monocultivos, o en aquellas que convencen a las cooperativas para reducir el uso de productos químicos y restaurar la biodiversidad. Su labor rara vez aparece en los titulares, pero deja una huella profunda en nuestros paisajes: suelos más sanos, comunidades rurales más fuertes y nuevas oportunidades para las generaciones más jóvenes.

Rompiendo barreras: acceso, equidad e innovación

Por ejemplo, el programa Empoderamiento de las mujeres a través de la agricultura resiliente al clima en África Occidental y Central (dirigido por ONU Mujeres) ayuda a las mujeres a acceder a la tierra, la financiación y los mercados. Como resultado, las mujeres han liderado la adaptación en sus comunidades, impulsando una mayor productividad, ingresos más altos y comunidades más resilientes. En otro caso, el programa Groundswell West Africa AE+6 descubrió que la integración de prácticas agroecológicas junto con estrategias para empoderar a las mujeres fortaleció notablemente la resiliencia de los sistemas agrarios en tierras secas y mejoró los medios de vida familiares en el Sahel.

Mientras tanto, en otros países, como Estados Unidos, las explotaciones agrícolas y ganaderas dirigidas por mujeres están transformando la agricultura convencional. Están recuperando tradiciones indígenas, afroamericanas, latinas y asiáticas que preceden a la agricultura industrial, adoptando prácticas regenerativas y catalizando cambios más amplios en los sistemas alimentarios locales. Estas mujeres destacan por fomentar la colaboración, la empatía y la visión a largo plazo, al tiempo que contribuyen a suelos más saludables y sistemas alimentarios más resilientes.

Apoyar a las mujeres = más regeneración

Apoyar a las mujeres en la agricultura regenerativa no es solo una cuestión de justicia. Es una cuestión de eficacia. La investigación demuestra que cuando las mujeres pueden tomar decisiones transformadoras, adoptar estrategias resilientes al clima y controlar los recursos, mejoran el bienestar y la sostenibilidad.

Ante los desafíos del cambio climático y la inseguridad alimentaria, conviene mirar con más atención quién está liderando y quién está imaginando alternativas. Muchas de ellas son mujeres, arraigadas en los ritmos cotidianos de la vida agraria, pero con la valentía de imaginar un futuro resiliente para los sistemas alimentarios locales y regionales. No están esperando permiso. Están regenerando, aquí y ahora.


De cables y ovejas

Esta semana, entre tanta no noticia de vuelta a la rutina, de cambios y de darnos cuenta que, un año más, el verano ha volado, me quedo con una noticia que compartió un amigo en un grupo de whatsapp. Me emocioné al verla, quizás porque entre tanto hartazgo y tanta queja, deberíamos alzar ejemplos de buenas prácticas. Porque, tras tanto debatir sobre la importancia de la ganadería extensiva a la hora de prevenir incendios –tema con el que muchas personas y organizaciones llevamos bastantes años dando la lata–, creo que es importante mostrar ejemplos prácticos y no quedarnos solo con la teoría.

Y es que resulta que hay un rincón de La Rioja rural que destaca no por sus viñedos, sino por sus ovejas, que pastan entre las torres de alta tensión para evitar posibles incendios. Donde muchos ven únicamente acero y cables, vuelve a sonar el ritmo pausado de un rebaño, recordándonos que el paisaje puede rehacerse con vida.

La mayoría de paisajes en Europa son el resultado de milenios de interacciones de pastoreo dirigido que ha moldeado nuestros ecosistemas. Sin embargo, en apenas unas décadas hemos abandonado los sistemas ganaderos tradicionales, y de paso nuestros pueblos y campos, dejando a la vegetación campar a sus anchas y resultando un grave problema a la hora de propagar posibles incendios. La ganadería extensiva es una herramienta muy útil para controlar la vegetación, reduciendo de esta manera el riesgo de incendios, y aumentando al mismo tiempo la biodiversidad.

Captura de un vídeo sobre pastoreo en red. Fuente: YouTube

En 2019 se puso en marcha una experiencia sencilla y, a la vez, transformadora: Pastoreo en Red. En vez de máquinas o herbicidas, ovejas, cabras, vacas y caballos recorren esos pasillos eléctricos, cuidando el territorio como lo han hecho siempre. Su caminar dispersa semillas, su pasto abre claros donde vuelven insectos y aves, su estiércol fertiliza la tierra. Y, al mismo tiempo, mantienen a raya la maleza, reduciendo el riesgo de incendios.

Lo que nació en La Rioja se extendió pronto a la montaña leonesa, y ya se prepara su llegada a Asturias. Hoy más de 3.000 animales pastan bajo los cables de alta tensión, demostrando que la infraestructura energética y la naturaleza no tienen por qué estar enfrentadas. Allí donde antes se escuchaba solo el zumbido de la corriente, suenan ahora esquilas.

El proyecto no solo cuida el medio ambiente. También teje vínculos con el mundo rural. Ganaderías locales encuentran en estos pastos un complemento a su actividad, un aliciente para seguir en sus pueblos. Pastoreo en Red significa también empleo, formación, reconocimiento al saber pastoril. Es la prueba de que una solución técnica puede convertirse, en realidad, en un proyecto social y cultural.

Por todo ello, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) lo ha incluido entre las 21 soluciones basadas en la naturaleza más inspiradoras del planeta. Una distinción que lo coloca junto a iniciativas de distintos continentes, todas con un mismo objetivo: reconciliarnos con la Tierra en un tiempo de crisis climática.

Es maravilloso que la clave para conservar nuestros ecosistemas esté en algo tan antiguo como dejar pastar al ganado. Volver a confiar en la alianza entre animales y territorio. Recordar que el futuro de nuestros paisajes depende también de esas pisadas tranquilas que abren sendas bajo los tendidos, donde la red eléctrica se convierte, gracias al pastoreo, en red de vida.

Pastoralismo y razas autóctonas: claves para el futuro del territorio

El 12 de marzo de 2025 se celebra en Boltaña la I Jornada de Pastoralismo, organizada por la Diputación de Huesca y la Fundación Pastores. Una cita necesaria para visibilizar un modelo ganadero que ha dado forma a nuestros paisajes, ha sostenido nuestras comunidades y que hoy se encuentra en riesgo: el pastoralismo.

En este episodio de Mallata en La Cadiera, nos abrimos paso por los caminos del pastoreo tradicional y recordamos la importancia de conservar las razas autóctonas, esenciales para mantener la vida rural y la biodiversidad.

Escucha el episodio en la web de Aragón Radio aquí.

¿Qué es el pastoralismo?

El pastoralismo es un modelo de ganadería extensiva en el que los animales se alimentan de los recursos naturales del territorio, desplazándose en busca de pastos, tal y como se hace en la trashumancia. Es una práctica sostenible, que produce carne y leche de calidad, cuida el paisaje, previene incendios forestales y mantiene ecosistemas diversos.

¿Por qué es importante?

  • Previene incendios al controlar la vegetación seca.

  • Favorece la regeneración del suelo y la biodiversidad.

  • Conserva saberes tradicionales y formas de vida adaptadas al entorno.

  • Genera productos de proximidad, sostenibles y de alto valor cultural.

⚠️ ¿Por qué está desapareciendo?

El pastoralismo enfrenta múltiples retos:

  • Falta de relevo generacional.

  • Escasa rentabilidad frente a modelos industriales.

  • Burocracia excesiva.

  • Pérdida de caminos tradicionales y pastos comunales.

Esta realidad amenaza no solo a los ganaderos, sino a la biodiversidad y a la soberanía alimentaria del territorio.

Razas autóctonas: adaptación y resiliencia

El pastoreo tradicional va unido a la cría de razas autóctonas, como la Pirenaica, adaptada a las condiciones del Alto Aragón. Estas razas:

  • Son más resistentes y menos dependientes de insumos externos.

  • Se alimentan mejor del entorno y mantienen vivos ecosistemas.

  • Ofrecen productos de calidad diferenciada.

En la entrevista, Laura García Pastor, veterinaria y secretaria técnica de ASAPI, destaca el papel de la raza Pirenaica en la conservación de los paisajes, la economía local y la tradición ganadera de montaña.

¿Qué puedes hacer tú?

  • Compra productos de razas autóctonas: carne, leche o derivados.

  • Apoya la venta directa y canales cortos de comercialización.

  • Infórmate sobre el origen de lo que consumes.

  • Valora el impacto ambiental y cultural de lo que llevas a tu mesa.

Política, juventud y futuro rural

Para garantizar el futuro del pastoralismo, es urgente:

  • Incentivar el acceso a la tierra y a la titularidad para jóvenes.

  • Reducir la burocracia y facilitar la vida en el medio rural.

  • Apoyar a los ganaderos con formación, financiación y promoción.

  • Valorar el impacto positivo ambiental de la ganadería extensiva en las políticas públicas.

El pastoralismo no es cosa del pasado. Es una apuesta de futuro: por el territorio, por la calidad alimentaria, por la biodiversidad y por nuestras raíces. Conocerlo, valorarlo y apoyarlo es responsabilidad de todas y todos.

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Mujeres rurales

Mujeres rurales: raíces del presente y futuro de nuestros pueblos

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Mujeres rurales: raíces del presente y futuro de nuestros pueblos

Cada 8 de marzo, el Día Internacional de la Mujer nos invita a reflexionar sobre los avances conseguidos, pero también sobre los retos pendientes en materia de igualdad. En este episodio de Mallata en La Cadiera, ponemos el foco en quienes, históricamente invisibilizadas, sostienen los pilares de nuestras comunidades rurales: las mujeres del medio rural.

Te invito a escuchar el último episodio del podcast.

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 ‍ ¿Por qué visibilizar a las mujeres rurales?

Las mujeres rurales han sido guardianas de la tierra, del hogar, del saber ancestral y del tejido comunitario. Sin embargo, muchas veces su trabajo ha sido infravalorado o directamente ignorado. En este 8M, hablar de ellas es darles el lugar que siempre han merecido, como motor esencial para la sostenibilidad, la fijación de población y la conservación del conocimiento ecológico

 Desigualdad aún persistente

Aunque representan casi el 49 % de la población rural en España, solo el 30 % son titulares de explotaciones agrarias. Obstáculos como la propiedad de la tierra, la falta de formación específica, el acceso limitado a financiación o la escasez de servicios públicos son algunas de las razones por las que muchas mujeres jóvenes se ven obligadas a abandonar sus pueblos

 Sabiduría que cuida el territorio

Las mujeres han sido y siguen siendo las principales transmisoras del conocimiento ecológico tradicional: el uso de plantas medicinales, la conservación de alimentos, el manejo sostenible de la tierra y la ganadería, la gestión del agua o la diversidad de cultivos. En tiempos de crisis climática, perder estos saberes sería perder herramientas claves para la resiliencia.

 ¿Quién fija población en el medio rural?

Son muchas veces las mujeres quienes deciden si quedarse o irse. Cuando hay escuelas, centros de salud, acceso a vivienda y oportunidades laborales para ellas, los pueblos viven. Pero cuando estos recursos faltan, el despoblamiento avanza. Apostar por el desarrollo rural pasa necesariamente por crear condiciones que retengan y atraigan a mujeres.

 ️ Proyectos que transforman

La entrevista a Cecilia Falo, cofundadora del proyecto Reviviendo, nos acerca a una de esas iniciativas que está cambiando el panorama rural. Desde Torralba de los Sisones (Jiloca), Cecilia trabaja para recuperar viviendas vacías y facilitar que nuevas personas —muchas de ellas mujeres— puedan establecerse en el mundo rural.
Porque sin acceso a vivienda digna, no hay posibilidad de futuro en los pueblos.

 ¿Qué necesitamos?

  • Políticas que garanticen el acceso a la tierra y a la titularidad de explotaciones.

  • Mejora de servicios públicos básicos en el entorno rural.

  • Apoyo al emprendimiento femenino y a redes de colaboración.

  • Apuesta por el acceso a la vivienda asequible y la conectividad digital.

  • Valorar el rol de la mujer no solo como cuidadora, sino como lideresa y motor de cambio.

Te invito a escuchar el último episodio del podcast.

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Vida silvestre y saberes del territorio

Cada 3 de marzo se celebra el Día Mundial de la Vida Silvestre, una oportunidad para reconocer la belleza, el valor y la fragilidad de la fauna y flora que nos rodean. En el último episodio de Mallata en La Cadiera, reflexionamos sobre cómo el conocimiento tradicional, especialmente el vinculado al pastoreo, puede convertirse en una herramienta poderosa para conservar nuestros ecosistemas.

 ¿Por qué celebramos este día?

El Día Mundial de la Vida Silvestre conmemora la firma del convenio CITES (1973), que regula el comercio internacional de especies amenazadas. Más allá de la protección jurídica, esta fecha busca crear conciencia sobre la interdependencia entre la biodiversidad y la humanidad, y este año el lema es claro:
 “Invertir en las personas y el planeta”.
Porque la conservación no es un gasto, es una inversión para el bienestar común.

 Pastoreo y conservación: un binomio posible

El pastoreo tradicional ha moldeado los paisajes de Aragón durante siglos. Hoy, proyectos como “Co-creando Paisajes Sostenibles para el Pastoreo y la Vida Silvestre”, impulsado por el CITA, buscan revalorizar estas prácticas, compatibilizando la actividad ganadera con la protección de la fauna silvestre.

En la entrevista con Daniel Martín Collado, investigador del proyecto, exploramos cómo los saberes pastoriles pueden convivir con la conservación del lobo, el buitre o el quebrantahuesos, generando paisajes vivos y sostenibles.

 Saberes que cuidan la tierra

El conocimiento ecológico tradicional, transmitido de generación en generación por comunidades rurales, contiene estrategias adaptadas a los ecosistemas locales:

  • Manejo de la tierra sin agotar sus recursos.

  • Gestión forestal y de agua respetuosa.

  • Prácticas que promueven la biodiversidad.

Incorporar estos saberes a las políticas de conservación no solo es justo, sino eficaz. No se trata de mirar al pasado con nostalgia, sino de reconocer que las soluciones al futuro pueden estar en nuestras raíces.

 ¿Qué puedes hacer tú por la vida silvestre?

  • Conoce tu entorno: infórmate sobre las especies de tu zona.

  • Adopta hábitos sostenibles: reduce, reutiliza, recicla.

  • Apoya la ganadería extensiva y los productos locales.

  • Participa en iniciativas ambientales y culturales que integren tradición y naturaleza.

 Por un mañana con biodiversidad

Preservar la vida silvestre es garantizar que las generaciones futuras puedan respirar aire limpio, comer alimentos sanos, escuchar el canto de un pájaro en libertad o caminar entre flores silvestres. Y hacerlo con la ayuda de quienes más saben del territorio: sus habitantes rurales.

Te invito a escuchar el último episodio del podcast.

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Lenguas que nos nombran: Aragón celebra el Día de la Lengua Materna

Este viernes celebramos el Día Internacional de la Lengua Materna, una jornada dedicada a reconocer y proteger las lenguas que forman parte de nuestra identidad más íntima. En el último episodio de Mallata en La Cadiera, os invitamos a refugiarnos en ese lenguaje que nace del territorio, de los afectos y de la memoria colectiva.

 Lenguas maternas: cultura viva, no fósiles

Las lenguas son mucho más que medios de comunicación. Son formas de habitar el mundo, de nombrar la naturaleza, de transmitir saberes ancestrales. Cuando desaparece una lengua, no solo se pierde vocabulario: se borra una manera única de ver la vida. En Aragón, hablar de lengua materna también es hablar de aragonés, catalán de Aragón, y del castellano que convive con ellas.

 Diversidad lingüística, riqueza colectiva

Además de nuestras lenguas propias, Aragón es hogar de personas que han llegado de otros territorios y traen consigo lenguas como el árabe, el rumano, el quechua o el wolof. Esta diversidad lingüística crea una sociedad más plural, más rica, más abierta. En un mundo globalizado, proteger las lenguas minoritarias es una forma de resistir la homogeneización cultural.

 Lenguas y medioambiente: un vínculo profundo

Muchas lenguas en peligro —como el aragonés— están profundamente vinculadas a la naturaleza. Conservan términos para describir paisajes, ciclos agrícolas, herramientas tradicionales o animales locales. Son esenciales para construir una sostenibilidad con raíces. Preservarlas es también preservar el conocimiento ecológico que contienen.

 Las lenguas propias de Aragón

  • Aragonés: hablado especialmente en los valles del Pirineo, como el Valle de Benasque.

  • Catalán de Aragón: presente en la Franja oriental.

  • Castellano: lengua oficial y mayoritaria.

Desde 2016, el aragonés y el catalán de Aragón son reconocidos oficialmente como lenguas propias. La Ley 3/2013 impulsa su protección, pero aún enfrentan desafíos como la escasa transmisión intergeneracional y la invisibilización en los medios.

 Donisas y el valor de la lengua desde las mujeres

En este episodio también conversamos con María José Subirá, promotora de la Asociación de Mujeres Donisas, en el Valle de Benasque. Esta asociación ha sido un faro cultural en la defensa del patués, un dialecto del aragonés. A través de libros colectivos, talleres, cuentos y actividades, Donisas ha unido la transmisión oral, la memoria y el empoderamiento femenino en una sola voz.

 Escucha aquí un fragmento de su libro “Borrigons y nuesas”

✨ ¿Qué puedes hacer tú?

  • Aprende y usa palabras en aragonés o catalán de Aragón.

  • Apoya iniciativas culturales y educativas.

  • Lee, canta, juega y habla en las lenguas que forman parte de tu territorio.

  • Participa en eventos, comparte contenidos y celebra la diversidad lingüística.

Hablar una lengua minoritaria es un acto de amor, de resistencia y de pertenencia. Que este Día de la Lengua Materna sea una oportunidad para volver a esas palabras que nos han dado nombre y sentido.

Te invito a escuchar el último episodio del podcast.

Puedes escuchar más episodios de la sección de Mallata en La Cadiera de Aragón Radio en la web de Aragón Radio, en ivoox o en spotify. ¡No olvides suscribirte para no perderte los próximos episodios! 🙂


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La importancia de las legumbres y de sus variedades locales

El 10 de febrero se celebra el Día Internacional de las Legumbres, una fecha proclamada por la ONU para reconocer la importancia de estos humildes pero poderosos alimentos. En el episodio más reciente de Mallata en La Cadiera, nos sumergimos en la historia, los beneficios y las variedades locales de legumbres que forman parte esencial de la identidad alimentaria y agrícola de Aragón.

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Legumbres: alimento básico y completo

Las legumbres —como lentejas, garbanzos, alubias o judías— son ricas en proteínas vegetales, fibra, hierro, calcio y otros minerales esenciales. Tienen bajo índice glucémico, son saciantes y ayudan a prevenir enfermedades cardiovasculares y metabólicas. Su papel en la dieta es clave no solo por salud, sino por sostenibilidad.

Cultivo que cuida la tierra

Además de alimentar, las legumbres regeneran el suelo gracias a su capacidad de fijar nitrógeno. En Aragón, tradicionalmente se han usado en rotación con cereales, favoreciendo prácticas agroecológicas sostenibles y adaptadas al territorio. También han sido fundamentales en la alimentación animal, cerrando el círculo de una economía campesina integrada.

Variedades locales: patrimonio vivo

En nuestra tierra existen joyas escondidas como la judía caparrona o la judía de Beceite, rescatadas por la Red de Semillas de Aragón, que desde 2010 trabaja por conservar, multiplicar y compartir semillas locales. Estas variedades están perfectamente adaptadas al clima y suelos aragoneses y representan un patrimonio tan valioso como el arquitectónico.

Las legumbres en la cocina aragonesa

En la gastronomía tradicional, las legumbres han sido protagonistas de potajes, estofados y caldos reconfortantes. Hoy, chefs y cocineras las reinventan en ensaladas, cremas o platos modernos que combinan innovación y respeto por la tradición.

Uno de esos cocineros es Ismael Ferrer, director del Centro de Innovación Gastronómica de Aragón, defensor de la biodiversidad alimentaria y de una cocina ligada al territorio y autor del blog La Alimentación del Presente. En su entrevista nos comparte el valor de las semillas locales, la importancia de usarlas en la cocina contemporánea y hasta una receta con legumbres locales para preparar en casa.

Cómo apoyar a las legumbres locales

  • Compra legumbres de proximidad y de temporada.

  • Visita mercados agroecológicos o súmate a grupos de consumo.

  • Participa en iniciativas comunitarias, como bibliotecas de semillas.

  • Conoce y difunde la biodiversidad agrícola de tu zona.

Celebrar las legumbres es celebrar la vida rural, la salud, la cultura alimentaria y la resiliencia de un modelo agrícola sostenible. Y en Aragón, tenemos una gran riqueza que merece ser cultivada… y compartida.

Te invito a escuchar el último episodio del podcast.

Puedes escuchar más episodios de la sección de Mallata en La Cadiera de Aragón Radio en la web de Aragón Radio, en ivoox o en spotify. ¡No olvides suscribirte para no perderte los próximos episodios! 🙂

Si quieres leer más historias como esta…

Puedes colaborar con el blog comprando el libro «Haciendo mallata. Recopilatorio de relatos trashumantes»


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