Pastoralismo y razas autóctonas: claves para el futuro del territorio

El 12 de marzo de 2025 se celebra en Boltaña la I Jornada de Pastoralismo, organizada por la Diputación de Huesca y la Fundación Pastores. Una cita necesaria para visibilizar un modelo ganadero que ha dado forma a nuestros paisajes, ha sostenido nuestras comunidades y que hoy se encuentra en riesgo: el pastoralismo.

En este episodio de Mallata en La Cadiera, nos abrimos paso por los caminos del pastoreo tradicional y recordamos la importancia de conservar las razas autóctonas, esenciales para mantener la vida rural y la biodiversidad.

Escucha el episodio en la web de Aragón Radio aquí.

¿Qué es el pastoralismo?

El pastoralismo es un modelo de ganadería extensiva en el que los animales se alimentan de los recursos naturales del territorio, desplazándose en busca de pastos, tal y como se hace en la trashumancia. Es una práctica sostenible, que produce carne y leche de calidad, cuida el paisaje, previene incendios forestales y mantiene ecosistemas diversos.

¿Por qué es importante?

  • Previene incendios al controlar la vegetación seca.

  • Favorece la regeneración del suelo y la biodiversidad.

  • Conserva saberes tradicionales y formas de vida adaptadas al entorno.

  • Genera productos de proximidad, sostenibles y de alto valor cultural.

⚠️ ¿Por qué está desapareciendo?

El pastoralismo enfrenta múltiples retos:

  • Falta de relevo generacional.

  • Escasa rentabilidad frente a modelos industriales.

  • Burocracia excesiva.

  • Pérdida de caminos tradicionales y pastos comunales.

Esta realidad amenaza no solo a los ganaderos, sino a la biodiversidad y a la soberanía alimentaria del territorio.

Razas autóctonas: adaptación y resiliencia

El pastoreo tradicional va unido a la cría de razas autóctonas, como la Pirenaica, adaptada a las condiciones del Alto Aragón. Estas razas:

  • Son más resistentes y menos dependientes de insumos externos.

  • Se alimentan mejor del entorno y mantienen vivos ecosistemas.

  • Ofrecen productos de calidad diferenciada.

En la entrevista, Laura García Pastor, veterinaria y secretaria técnica de ASAPI, destaca el papel de la raza Pirenaica en la conservación de los paisajes, la economía local y la tradición ganadera de montaña.

¿Qué puedes hacer tú?

  • Compra productos de razas autóctonas: carne, leche o derivados.

  • Apoya la venta directa y canales cortos de comercialización.

  • Infórmate sobre el origen de lo que consumes.

  • Valora el impacto ambiental y cultural de lo que llevas a tu mesa.

Política, juventud y futuro rural

Para garantizar el futuro del pastoralismo, es urgente:

  • Incentivar el acceso a la tierra y a la titularidad para jóvenes.

  • Reducir la burocracia y facilitar la vida en el medio rural.

  • Apoyar a los ganaderos con formación, financiación y promoción.

  • Valorar el impacto positivo ambiental de la ganadería extensiva en las políticas públicas.

El pastoralismo no es cosa del pasado. Es una apuesta de futuro: por el territorio, por la calidad alimentaria, por la biodiversidad y por nuestras raíces. Conocerlo, valorarlo y apoyarlo es responsabilidad de todas y todos.

Puedes escuchar más episodios de la sección de Mallata en La Cadiera de Aragón Radio en la web de Aragón Radio, en ivoox o en spotify. ¡No olvides suscribirte para no perderte los próximos episodios! 🙂 

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Cladoir: La oveja irlandesa que salió de la extinción

Hace una década, o quizás un poco más, mi padre me regaló por mi cumpleaños un libro precioso en el que un rebaño de ovejas irlandesas se mostraba afanado en resolver el misterio de quien había asesinado a su pastor. Podía haber sido un rebaño cualquiera de los muchos que mantienen los impresionantes paisajes de la Isla Esmeralda, pero no. En una de las últimas páginas del libro se desvelaba que esas ovejas no eran un grupo más de rumiantes, sino “el último rebaño de Cladoir de toda Irlanda. Una antigua raza irlandesa; es una vergüenza que no se críe en ninguna otra parte”. El libro en cuestión se titula Las ovejas de Glennkill y seguramente a su autora, Leonie Swann, le daría un ataque de risa cuando alguien le contara que ese rebaño al que ella dio vida en la ficción, había vuelto de la extinción en junio de 2021.

La noticia debería haberse colado en las páginas de los diarios de todo el mundo, aunque fuese a modo de anécdota, más allá de los titulares de la prensa irlandesa. No obstante, a mí me ha resultado imposible encontrar una sola palabra en castellano sobre tremendo acontecimiento, al que llegué esta semana por casualidad. ¿Quién no ha soñado con rescatar parte de ese patrimonio ancestral que moldeó nuestros paisajes y nuestra cultura? Poder recuperar esos recursos genéticos que un día consideramos que no merecían ser conservados y abrieron paso a otras razas y otras variedades de semillas y animales. Poder guardar esos maravillosos bienes para siempre.

Aquí, en nuestra magnífica y diversa Península Ibérica hemos dejado perder muchas de nuestras razas autóctonas, como la mantequera leonesa, esa raza de vaca que un día fue el estandarte de una provincia eminentemente ganadera, y que hizo que la mantequilla de León fuese considerada de las mejores de Europa. La mismísima Audrey Hepburn en una visita a Madrid en los años 60 se fotografió delante de un puesto que Mantequerías Leonesas tenía en la capital, dejando para la eternidad un recuerdo negro de una memoria blanca. De un sabor único que, es probable, nunca podamos volver a degustar. Poco queda ya de aquella raza de la que se dejó de valorar la calidad de su proteína y de su materia grasa y se fue dejando sustituir por animales de genética extranjera que producían leche en mayor cantidad. En 1979 la mantequera leonesa estaba prácticamente extinta. Hoy intentan recuperarla desde la Asociación para la Recuperación de la Raza Bovina Mantequera Leonesa a partir de ejemplares que conservan resquicios de la genética de estos maravillosos bovinos. Ojalá algún día consigan resucitar las características lecheras de aquellos viejos ejemplares. Y, quien sabe, quizás las mantequeras leonesas vengan desde el pasado para salvarnos de nuestro presente.

Porque eso, más o menos, es lo que pasó en Irlanda hace siete meses, cuando, entre olas de un virus venido de tierras lejanas, una peculiar raza de ovejas viajaba en el tiempo y aparecía un cuarto de siglo después de haber sido declarada extinta. Se trata de la raza Cladoir, que hasta hace 200 años era muy apreciada por la calidad de su lana, y se criaba en pequeños rebaños para abastecer de lana al núcleo familiar. Luego llegó la hambruna de la patata y comenzó su decadencia. En la segunda mitad del siglo XIX, se introdujeron razas inglesas, y la Cladoir se fue recluyendo al sur del paraíso natural de Connemara, donde sobrevivieron en pequeños rebaños localizados en zonas costeras, de ahí su nombre, que significa ‘habitante de la costa’ en gaélico irlandés.

En los años 70 del siglo XX, Michael O Toole, un investigador se encargó de unir en un rebaño algunos de los pocos ejemplares Cladoir que quedaban en la estación de investigación de Maam. Cuando este centro cerró, trasladaron a las ovejas al centro de investigación Creagh, en Ballinrobe, años después de jubilarse O Toole, cuando la estación de investigación Creagh también echó el cierre, el rebaño se vendió, para sorpresa de O Toole, y se le perdió el rastro. La raza fue considerada oficialmente extinta en 1995.

Sin embargo, un asesor agrario, hoy jubilado, Seán Cadden, siguió durante todos estos años tratando de averiguar dónde habían ido a parar aquellos últimos ejemplares de una raza única, y con la ayuda de Tom King, un ganadero que quedó prendado de la historia de estas peculiares ovejas, comenzó una exhaustiva labor de investigación para intentar localizar a los animales. Vamos, un poco como en la novela de Leonie Swann, solo que al revés, ya que no eran las ovejas investigando qué había pasado con su pastor, sino los pastores los que querían saber cómo habían acabado las ovejas.

Así, fueron identificando y recopilando ejemplares que podían provenir de aquel rebaño de Maam y que tenían características de la raza Cladoir. Juntaron el primer rebaño que reunieron en el Parque Nacional de Connemara en octubre de 2019, al que unieron otro grupo de posibles ovejas Cladoir un año después. En otoño de 2020 se tomaron muestras de ADN al total de 65 ovejas que conformaban el rebaño, de ellas, 56 tenían una porción significante de ADN de ovejas Cladoir, declarándose la raza como no extinta en junio del año 2021.

Y así, con una historia digna de una novela, volvió a la vida no solo esta raza de ovejas, sino una porción importante de la historia y cultura irlandesas que hace resurgir de las cenizas a tantas manos que hilaron y cardaron la lana de las Cladoir, el sudor de quienes seleccionaron estos ejemplares hasta conseguir no solo la adaptación al medio de estas ovejas, sino también, unas características en ellas, como la calidad de su fibra, que ayudaba a las personas a adaptarse a su vez al frío y húmedo ecosistema de Connemara.

Ojalá cambie el final del libro de Swann, y este rebaño, el último de ‘habitantes de la costa’ de toda Irlanda, se multiplique y se críe más allá de las playas del condado de Galway, donde un día fueron recluidas, para ayudar al territorio irlandés a recuperar parte de su identidad, que se extinguió cuando creyeron que la raza también lo había hecho.

*Fotografía: Rebaño Cladoir. Archivo fotográfico de la Irish Native Rare Breed Society (INRBS).


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Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, en los últimos 15 años han desaparecido 300 de las 6.000 razas de ganado conocidas.

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