El país de Berto Uría: Entrevista a un abeyeiro

Hace 4 años que conocí a Berto Uría en un encuentro sobre trashumancia en Cuacos de Yuste. Desde entonces no he dejado de seguirle la pista, ni a él ni a sus proyectos, ni puedo dejar de admirarle. Apicultor asturiano, transmite como nadie su pasión hacia las abejas y hacia su pueblo. Y no solo lo transmite, sino que lucha a diario para mantener vivo el medio rural y el ecosistema en el que vive. Aunque se crió en Oviedo, decidió dejar la ciudad para irse a vivir a  la raya entre Ibias y Negueira de Muñiz, de donde se fue su padre. Y allí, en algún lugar entre Asturias y Galicia, decidió ponerse a criar abejas, a reconstruir cortinos, y a seguir dando vida a uno de los paisajes más hermosos de nuestra Península Ibérica, evitando la extinción no solo de su patrimonio paisajístico, sino también del cultural y lingüístico, empleando siempre que puede la lengua asturiana. Así nació Miel de Outurelos. Y desde los mágicos paisajes de Ibias, ha decidido poner en marcha su último proyecto, El País del abeyeiro, un libro que nos traslada hasta “paisajes recónditos entre aldeas diminutas, que sueña con poner en valor el mundo rural”. Un libro que apuesta por poner en valor nuestro medio rural y “dar una visión global del paisaje para que el lector vuelva a pensar en él y a recordar todos los motivos que tiene para quererlo y defenderlo”. Para financiar El País del abeyeiro, sus autores han iniciado una campaña de crowdfunding en Verkami

¿Por qué decidiste ser apicultor?

Siempre me gustaron las abejas, trabajar con ellas fue mi excusa para volver al pueblo y vivir en medio de la naturaleza. El objetivo en la vida de toda persona es buscar la felicidad y yo la encontré entre abejas, árboles y montañas.

¿Cómo empezaste? ¿Fue fácil?

Empecé con nueve colmenas y tenía 50 cuando me empecé a dedicar profesionalmente a ello. No fue fácil, tuve que empezar de cero y cuando empiezas a producir nadie conoce lo que haces. Tienes que hacerte un nombre, para que poco a poco, la gente quiera probar lo que produces.

¿Qué es lo que más te gusta de tu trabajo?

La satisfacción personal de hacer lo que me gusta de la manera que creo más honesta para los animales y para conmigo mismo. Disfruto la libertad de decidir en qué empleo mis horas y mis esfuerzos. Es muy placentero dirigir tú día a día y sentir cuando paseas que estás poniendo un granito de arena para conservar y recuperar los paisajes que vieron nacer a tus antepasados.

¿Cuánta gente vive en tu aldea?

Todos los días del año dos personas y otros cinco vamos y venimos de aquí para allá. Tengo 37 años y soy el más joven de mi pueblo lo cual es bastante preocupante.

¿Por qué nos cuesta tanto ver las oportunidades que brinda el medio rural?

Porque no nos lo ponen fácil. No somos ciudadanos de segunda pero nos tratan como si lo fuésemos. Cierran las escuelas rurales, desde mi casa, hay 60 kilómetros hasta el hospital más cercano y tienes que ir andando 5 kilómetros hasta el transporte público que pasa una vez al día. Para alguien que quiera empezar es más difícil porque en estas zonas no hay suelo industrial ni un polígono donde puedan alojarse talleres de artesanos, con lo cual, estás a expensas de que alguien quiera venderte o alquilarte algo y no siempre puedes encontrarlo. Digamos que el día a día no es tan bucólico como nos lo pintan pero el esfuerzo merece la pena.

¿Hemos olvidado que somos parte de la naturaleza?

Siento que la gente no es consciente de que las ciudades dependen y viven de lo que se produce fuera de ellas. Dejamos con nuestra compra diaria que se extingan las razas autóctonas que habitan desde siempre nuestros valles y vamos a buscar fuentes de proteína a la Cordillera de los Andes en forma de quinoa. Estamos agotando los recursos naturales de otras zonas del mundo y dejamos que nuestros recursos únicos y ancestrales se pierdan. ¡Es de locos!, la comida viaja en barcos y mucha gente tiene que hacerlo en patera.

Háblanos de tu miel, de tus abejas, de los osos…

Las abejas producen la miel, yo las cuido y recolecto los excedentes anuales de miel y polen que son capaces de producir.  Digo esto porque no alimento a mis colmenas, el resultado es que produces una menor cantidad de miel, pero lo que obtienes es 100% lo que dices vender. Si quieres producir algo natural, debes respetar el ciclo biológico del animal y no alterar su entorno.

En cuanto al oso, él estaba aquí antes que yo. Casi todos los años tengo pérdidas causadas por el oso, a veces las medidas de protección que uso fallan y el animal consigue entrar al colmenar y llenarse la barriga. Sólo obedece al mismo instinto primario que tenemos todos, el de comer para sobrevivir.

Uno de los proyectos que has desarrollado que más me gusta es el de recuperación de un cortín, ¿podrías contarnos qué es un cortín y en qué consiste este acuerdo de custodia del territorio?

Un “cortín” es un cilindro de piedra seca hecho siglos atrás por la gente que poblaba estos valles para proteger a las colmenas del ataque del oso. Hoy, la inmensa mayoría están abandonados y cubiertos de vegetación. Lo que yo hice fue simplemente reconstruir uno y lo que hago en mí día a día es tratar de ponerlos en valor y seguir recuperándolos. La fórmula que usé fue realizar un acuerdo de “Custodia del Territorio” junto al propietario, Jaime Peña, estableciendo como garantes del mismo a la Asociación de Ciencias Ambientales y al Foro Asturias Sostenible.

¿Por qué El País del abeyeiro?

Es en realidad un acto de rebeldía, un intento -espero efectivo- de que la gente vuelva a mirar a sus paisajes con el cariño que nos transmitieron nuestros mayores. Nuestros entornos rurales relatan nuestro pasado y dejar abandonadas comarcas enteras es tanto como dejar desaparecer el trabajo de miles de personas desde hace siglos.

En mi zona cada vez hay más incendios y menos gente. La solución para que el monte deje de arder no creo que pase por la Administración sino por un cambio en la mentalidad de la sociedad.

Esas fueron mis razones, mi intento de buscarles solución fue ponerme a escribir un libro sin ser escritor para intentar trasladar al que lo lea lo que a mí me hace valorar, respetar y querer cada paisaje.

El libro está ilustrado por Fernando Fueyo, del que tú mismo dices en tu web que creciste admirando sus dibujos de naturaleza, y al que consideras el mejor ilustrador de naturaleza. ¿Cómo surgió esa sinergia para elaborar este proyecto y cómo ha sido el trabajar con una persona a quien tanto admiras?

Está siendo estimulante. Le admiro desde niño porque siempre sentí que con su forma de dibujar conseguía plasmar la esencia de las cosas. Si yo quería escribir acerca de la sutileza de un brezo, nadie mejor que él -que además después de años de conversaciones me conoce tan bien-, podía plasmar mi paisaje en una acuarela.

En la web de Miel de Outurelos, cuentas como parte de la casa donde nacieron tus antepasados acabó cayéndose y tú estás trabajando para recuperarla. Y dices que “asentado en esos muros de siglos de antigüedad descansa un proyecto meditado y soñado”. ¿Puedes adelantarnos en qué consistirá tu próximo proyecto?

Estoy reconstruyendo parte de la casa en la que nacieron mis mayores para crear en ella un centro de trabajo visitable, una escuela taller a la que la gente que lo desee pueda venir a aprender el oficio y una especie de ecomuseo que me sirva para poner en valor la apicultura tradicional (cortinos, manejo natural). Básicamente, abrir mis puertas a la gente para que el que quiera conocer lo que estoy haciendo en este rincón de la Cordillera Cantábrica, pueda hacerlo.

¿Hay futuro sin abejas?

No hay futuro sin polinizadores, todos son necesarios. Muchos cuidamos a las abejas, pero, ¿quién cuida de las abejas solitarias, los abejorros, las mariposas por poner sólo tres ejemplos? Nos estamos cargando el equilibrio natural que existía en nuestros valles, ahora la agricultura y la ganadería tradicional están despareciendo y a en su lugar se generan prácticas intensivas y los barbechos y las lindes que antes coloreaban nuestros montes ya no existen.

¿Qué papel juegan las abejas en el ecosistema?

Las abejas “domésticas” son importantísimas para nuestros ecosistemas pero no los son más que el resto de polinizadores. Piensa que hay muchas flores que necesitan de otros insectos con lenguas más largas o de mayor o menor tamaño que el de una abeja melífera para polinizarse. Tener concentradas en un mismo espacio demasiadas colmenas, expulsa a estos polinizadores silvestres tan sumamente importantes. Como siempre, las cosas hay que hacerlas con cabeza, y de forma sostenible, así todo se parecerá algún día más a lo que queremos observar cuando nos detengamos en el camino y alcemos la mirada.

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Entrevista a a Xurxo Álvarez, presidente de la Federación Rural Gallega

Xurxo Álvarez, tercero por la izquierda, tras la asamblea de FRUGA
Xurxo Álvarez, tercero por la izquierda, tras la asamblea de FRUGA (Foto: Praza Pública)

La Fruga (Federación Rural Gallega) celebró este pasado fin de semana en Lugo su segunda asamblea, la organización advierte de que seguirá luchando para contar con representación en las diferentes mesas de negociación que afectan a la agricultura, la ganadería y al sector forestal, y reivindican el medio rural como el futuro de Galicia. Tras un amplio debate sobre las diferentes «inquietudes» que afronta el campo gallego, Xurxo Álvarez fue reelegido como presidente de la entidad. Traducimos del gallego esta entrevista realizada por Miguel Pardo para el diario digital Praza Pública

¿Cuál fue el debate principal en la asamblea de Fruga?

Podemos decir que el que hay, en general, es inquietud. Fuimos debatiendo la situación de cada uno de los sectores básicos en el rural y, el que más y el que menos, mostró su inquietud ante lo futuro y que, en la mayoría de los casos, tiene que ver con los bajos precios que se le pagan al trabajador.

Esa inquietud de la que habla parece aún más evidente en el caso del sector lechero con el inminente fin de las cuotas…

En el tema de la leche, la novedad a mayores, además de la problemática de los precios, es precisamente esa desaparición de las cuotas, pero los precios que se pagan están bajos como en otros sectores. Se les obligó a los ganaderos a comprar cuota para tener accesos a mejores explotaciones, poder producir y tener buenos precios. Se metieron en gastos e inversiones que ahora quedan en papel mojado… No es muy diferente a lo que ocurrió con las preferentes y parece obvio que debería haber unas compensaciones. Ahora llega una liberalización sobre la que debe tomarse algún tipo de medida porque no puede hacer cada quién lo que le dé la gana. Para empezar, hay normas a nivel europeo que impiden que los productos agrarios puedan venderse por debajo de los costos de producción, así que habrá que sentarse a hablar y debatir y artellar soluciones a los problemas que llegan ahora.

Pero aquí parece que los problemas sólo afectan a una parte…

Como se suele decir, a río revuelto, ganancia de pescadores. La industria, con el beneplácito de la Xunta y de las administraciones, hace lo que le da la gana. Nuestros gobernantes deben administrar a todos los ciudadanos y no sólo a una parte de ellos. Hay que sentar las partes para llegar a acuerdos. La famosa Mesa de la Leche no está activa y no puede ser que una parte se aproveche de la otra. Además, es muy necesaria la puesta en marcha de una interprofesional láctea gallega, con la presencia de todos los actores implicados y buscando los mecanismos para garantizar los precios. Pero el presidente gallego está ausente, al igual que la consejera o el Ministerio e incluso la UE. Luego, de pronto, aparecen unas multas millonarias a la industria que, no obstante, les siguen compensando y les permiten seguir abusando.

Asamblea de Fruga en Lugo
Asamblea de Fruga en Lugo. (Foto: Praza Pública)

En la asamblea Fruga trató también la problemática de la despoblación rural.

Poco se puede hacer aquí si la Administración no interviene. Si las cosas están mal, es normal que el relevo generacional no se produzca. No se puede estar trabajando y gastando dinero para nada y son los gobiernos los que tienen que llevar a cabo políticas idóneas, invertir y cuidar el rural. Yo soy de Ourense y esta es la provincia [de Galicia] más desertizada a nivel agroganadero y luego no hay más que fuegos e incendios. Esas son también las consecuencias del abandono y la dejadez.

Habla Fruga de que el rural «es el futuro de Galicia».

Debemos partir de la base de que si un país no es capaz de alimentar a la población está empobrecido y además es dependiente. Cada país tiene que poder producir alimentos para su producción y Galicia puede, pero por otro lado están las politicas agrarias y las subvenciones o ayudas que llegan de la UE. No puede ser que en la PAC, 3.000 explotaciones cobren igual que 600.000. Claro está, a quien están dirigidas estas aportaciones. No es un problema de dinero, sino de que los hay pero están mal repartidos. No se puede estar subvencionando a gente que no es agricultora, que no produce alimentos… La Fruga ya pudo comprobar en una junta en la UE que la administración comunitaria sigue enrocada en el incluso por intereses de los terratenentes y de diferentes poderes, pero si lo que se quiere es potenciar la agricultura, a quien hay que proteger es a los agricultores.

Dice también la organización que peleará por estar en las diferentes mesas de negociación de los asuntos que alcanzan al campo gallego. ¿Por qué no lo están?

Somos una organización, tenemos derecho a asociarnos y cumplimos todos los requisitos legales, pero la Administración no cuenta con nosotros a pesar de tener representación, por ejemplo, en todos los consejos reguladores menos en uno. Hablamos con la consejera varias veces sobre el tema e incluso con todos los grupos parlamentarios explicándoles nuestra situación. Todo el mundo está de acuerdo en que debemos estar presentes, pero falta que nos inviten o incluyan en las mesas donde se discuten las políticas agrarias. Dimos los pasos que teníamos que dar, pero claro está que ahora sólo nos queda protestar.

Luego, por que no los tienen en cuenta?

La Xunta nos da la razón como a los tontos, pero no nos da una solución. A lo mejor, les molesta que seamos una voz crítica y discordante, pero a eso se tienen que acostumbrar.