Día mundial de los animales

El Dia del Animal o Dia Mundial de los Animales se celebra cada 4 de octubre, en conmemoración de san Francisco de Asís. En 1980 el papa Juan Pablo II, declaró a san Francisco de Asís patrono de los animales y de los ecologistas.

Montes de socios para recuperar áreas forestales abandonadas

Artículo original publicado en inglés el 1 de septiembre de 2016 en el blog del proyecto SIMRA (Innovación Social en Áreas Rurales Marginales).

Fue entre 1855 y 1924 cuando el Estado español expropió y subastó los bienes que pertenecían a la Iglesia Católica y a las órdenes religiosas, así como los baldíos y las tierras comunales de los municipios. El principal objetivo de estas desamortizaciones era conseguir conseguir unos ingresos extraordinarios para amortizar los títulos de deuda pública que el Estado expedía para financiarse. Antes de que esto pasara, los propietarios de dichos bienes solían pagar pocos o ningún impuesto y con el cambio de propiedad el Estado conseguiría más y mejores impuestos.

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Cabra ramoneando.

Muchas de estas tierras expropiadas no eran una buena inversión para potenciales compradores, dado que su rentabilidad económica iba a ser escasa. Sin embargo, eran esenciales para la supervivencia de los pueblos más cercanos, ya que sus vecinos siempre los habían empleado para que el ganado pastase, para conseguir madera y leña, etc… Esto es, su comida (carne, leche y miel), sus ropas (lana, pieles y cuero), su principal fuente de energía (leña y carbón) y el acceso a materias primas básicas para la construcción (madera y piedra) estaban en juego en un sistema rural eminentemente agropecuario.

Es por ello, que los vecinos, temiendo perder su modo de vida, decidieron unirse y reunir el dinero suficiente para poder acceder a las subastas y adquirir las tierras que sostenían su modo de vida. Estas iniciativas fueron muy comunes en diferentes lugares de España y podrían denominarse Montes de Socios, como resumen de los diferentes nombres locales: Monte de la Sociedad de Vecinos, Montes del Común, Sociedad del Monte, Sociedad de Baldíos, etc…

Con el paso de los años, muchas áreas rurales han caído en el abandono, incluyendo pueblos enteros y sus alrededores, incluso valles enteros. Con el objetivo de recuperar e impulsar los montes de socios, y también de contribuir a la diversificación económica, modernización y mejora de la calidad de vida en el medio rural, la Asociación Forestal de Soria ha desarrollado el proyecto Montes de Socios, financiado por FEADER y el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente (MAGRAMA).

Para conseguir este propósito, se han marcado tres grandes objetivos: Dar a conocer los Montes de Socios; desarrollar ejemplos demostrativos de renovación de los montes de socios a través de la constitución de Juntas Gestoras; y el desarrollo de un plan de formación en las localidades afectadas para conseguir la implicación de los condueños.

Gracias a la Asociación Forestal de Soria, la Ley Básica de Montes 43/2003 fue modificada para permitir que las Juntas Gestoras se hicieran cargo de los montes sin que se hiciera imprescindible la participación y localización de todos los herederos. Este cambio ha favorecido la creación de muchas Juntas Gestoras a lo largo de un número creciente de provincias.

De acuerdo con los investigadores, en España hay al menos 1.500.000 hectáreas de montes de socios y la mayoría se encuentran en zonas amenazadas por la despoblación. A veces, innovar en áreas rurales marginales significa volver al pasado para seguir avanzando hacia el futuro.

Más información en www.montesdesocios.es

Gracias, Cantabria

Artículo publicado el 31 de marzo de 2016 en La Braña de Eldiario.es Cantabria.

Parece mentira lo rápido que pasan los meses, el verano, el otoño, el invierno… Los días de playa, y los de nieve. La colección de recuerdos que se pueden acumular en la memoria. Parece ayer cuando, sin llevar ni siquiera 24 horas en Cantabria, me planté en una merienda que organizaban los, entonces, amigos de un amigo de un amigo, y que, por supuesto, acabaron siendo amigos (parece una canción, pero es así). En los primeros cinco minutos ya advirtieron que no era cántabra, «¿Se me nota mucho el acento?», pregunté inocentemente; a lo que me contestaron que no: «Es que eres muy simpática».

Primero pensé que eran unos exagerados, aunque no tardé en cambiar de idea, tras darme cuenta de que los comerciantes no me atendían así porque me confundieran con alguien que se había ido sin pagar, sino que se comportan así, como si les debieras algo, siempre.

Sin embargo, después de siete meses y medio vagando por estos lares, puedo asegurar que es todo fachada. Que las gentes de Cantabria van de duras, pero en realidad son más blandas, e igual de dulces, que la nocilla. Pese a las advertencias del «no te adaptarás», siento decir que el clima y la gente es lo mejor que tiene Cantabria. Llueve, sí, aunque no hace mucho frío, ni mucho calor, ni sopla viento fuerte.

Reconozco que alguna vez, tras muchos días sin ver el sol, acababa rebuznando como el personal de las tiendas del centro de Santander, pero solo entonces aprecias la magia de ver una luga abriéndose paso entre las nubes. ¡Y el mar! ¿Hay algo más relajante que un paseo por la playa de noche? Y la gente… ¿qué habría hecho yo estos meses sin la gente que he conocido aquí? Con todo lo que me he reído, todo lo que he aprendido, y todo lo que he disfrutado…

Mucho antes de lo que esperaba, y sin tiempo de llenarme los bolsillos de arena, el viento me empuja de nuevo a la tierra de la que partí. Me da mucha pena dejar Cantabria, aunque estoy tan atrapada a su costa, a sus acantilados, a sus prados, a sus vacas, a su cultura, a sus gentes, que se que no tardaré en volver.

Un año antes de venir había estado en Santoña de voluntaria en una granja, y ya me quedé enganchada a esta tierra. Ahora, que he podido conocerla más a fondo, solo puedo estar agradecida por todo el tiempo que he pasado aquí, y por toda la gente que me ha ayudado en el camino. Ha sido, sin duda, una de las mejores etapas de mi vida.

Cambio los verdes prados cántabros, con sus tudancas, con sus vacas pintas; por las tierras de secano con sus rasas aragonesas y sus vacas pirenaicas. Y aunque no abandono esta Braña, la visitaré con menos frecuencia, y me podréis encontrar siempre en mi mallata. Sin embargo, hay algo que no cambio por nada del mundo: las amistades que he hecho en Cantabria, y que han hecho que esta tierra signifique tanto para mí. Sé que regresaré a la brisa y a la luna en la bahía y que «por lejos que me encuentre, tu faro siento brillar». Gracias, Cantabria.

LiBERTAd para los ríos

Artículo publicado el 17 de marzo de 2016 en la sección La Braña de Eldiario.es Cantabria.

Las pasadas navidades me tocó pasar la noche de reyes lejos de mi familia. Así que mis amigos vinieron a cenar a casa y pusimos en un mueble de la entrada todos los regalos del amigo invisible. A mí me regalaron un puñado de preciosas y enormes conchas arrastradas por el agua del mar hasta la playa de El Sardinero y que mi amigo recogió para mí. También iba dentro del paquete un ejemplar de ‘Brañaflor’, libro de relatos y leyendas de Cantabria escrito por Manuel Llano: un eco de la cultura que resiste a morir, como las olas que aúllan desde las caracolas.

En el libro una de las historias que aparecen es la de las Mozas del Agua, que «tenían en la frente una estrella del color de las nubes cuando el sol se va», iban descalzas y vestían con capas de hilos de plata y de oro. Todas las mañanas, las Mozas salían de los ríos y de las fuentes, y al pisar la tierra, nacían flores. Cuando salía el sol, volvían a su refugio bajo el agua.

Cuenta la leyenda que si alguien llegaba en el momento en el que las Mozas del Agua se recogían y agarraba una de las flores, sería dichoso de por vida. Dicen, también, que la noche más corta del año la Moza salía del agua acompañada del Mozo, y que juntos sembraban joyas en el monte para las pastoras, y que cuando estas las encontraban, adquirían el poder de curar con el agua todas las enfermedades de sus rebaños.

Sin embargo, se quejan los mayores de que ya no salen las Mozas. Será por lo mal que tratamos a los ríos, construyendo presas para impedir que lleguen al mar y sean libres. Esta misma semana, el pasado día 14 fue el Día Internacional de Acción contra las Presas y por los Ríos, el Agua y la Vida. La idea de celebrar este día surgió en 1997, en Brasil, durante el Primer Encuentro Internacional de Damnificados por las Represas. Precisamente hoy hace justo dos semanas que asesinaron a una mujer en Honduras, Berta Cáceres, por defender un río sagrado para su comunidad de la construcción de una presa, por evitar ser una damnificada más de la construcción de las represas.

Y lo consiguió, por eso le otorgaron en 2015 el Premio Goldman de Medio Ambiente. Cuando mataron a Berta, hirieron a otro hombre, Gustavo Castro, que estaba con Berta salvando la Tierra de quienes siembran muerte, y cuya vida corre ahora serio peligro, por lo que varias asociaciones ecologistas están recogiendo firmas solicitando al Gobierno hondureño su protección. Ayer asesinaron a otro hombre, compañero de Berta en la lucha contra las presas y en defensa de los ríos.

Yo creo que las Mozas del Agua ya no salen porque tienen miedo, y porque si salieran, ya no crecerían flores bajo sus pies, sino que probablemente hasta explotaran bombas que acabarían con ellas, como acaban con la vida de inocentes en Siria. O quizás, en una de estas, se quedaron encerradas en el fondo de alguna presa y ya no pueden salir. Porque aunque todas estas historias lleguen desde la orilla de otros ríos, en la misma Cuenca Hidrográfica del Ebro hay gentes, como Los 8 de Yesa, que también recuerdan que antes salían mujeres del agua en la noche mas corta del año, solo que allí les llaman moras, y que ahora se enfrentan a penas de hasta seis años y medio de cárcel por defender su pueblo de caer sepultado bajo un embalse sin sentido, por evitar que lo único que salga del agua sea la torre de una iglesia. ¿Cuánta gente ha perdido ya sus casas, sus leyendas y sus recuerdos bajo el agua de un pantano?

Y es que detrás del agua de los ríos, se esconde mucho más. Como los sedimentos que llegan al mar a través de los ríos y que las olas arrastran hasta las playas dándonos arena, el agua con la que regamos las plantas que comemos, el agua que beben los animales y que bebemos nosotros… El agua es vida, mucha vida y nadie puede detenerla. Y los ríos son, también, mucha cultura. Por las Mozas del Agua, por Berta Cáceres, por las gentes de antes que entendían la vida mucho mejor que quienes manejan la economía hoy en día, y por seguir teniendo playas en las que recoger conchas, el 14 de marzo, hoy y siempre defendamos los ríos, el agua y la vida.