Artículo publicado en Arainfo el 24 de octubre de 2015.
A
Aún es de noche, pero el gallo ya ha empezado a cantar. Lleva toda la vida escuchándolo -no al mismo, sino a toda la saga de gallos que han habitado el gallinero de casa desde que nació-, y ahora, no lo soporta más: día que canta el gallo es día que sigue vivo. “Cualquier día le retuerzo el cuello”, piensa, pero sabe que seguirá amaneciendo, y que, en realidad, el pueblo está ya bastante silencioso como para acabar con el último resquicio de vida que queda en él. Le cuesta aceptar que los pocos que quedaban se hayan muerto, y aún siguen en la era la caja, la banqueta y la silla, ahora rota, donde pasaban las tardes sin hablar, pero en compañía.