En el parque que hay junto a nuestra casa, y al que da la ventana del cuarto donde trabajo, es fácil ver ardillas. A veces, cuando miro absorta en alguna idea por la ventana y mi mirada se cruza con alguno de estos roedores, me quedo observando su incansable movimiento, tan seguras por las ramas estrechas de los árboles. A menudo me pregunto si ellas también tendrán memoria colectiva, si compartirán historias de ardillas antepasadas, y cuántas generaciones atrás podrán remontarse.