Trashumancia y cambio climático

Artículo publicado el 21 de diciembre de 2016 en el Blog de la Red Científica Remedia.

Rebaño de merinas pastando en la dehesa

Hace poco estuve visitando el Parque Nacional de Cabañeros, una muestra de la dehesa y el bosque mediterráneo. Allí, en mitad de la dehesa, una se llega a olvidar de que está en Ciudad Real y se transporta al Serengeti mientras la vista se pierde siguiendo la pista a uno de los muchos ciervos que no paran de pasar de un lado a otro. La dehesa, la gran olvidada, es el ecosistema humanizado más sostenible del mundo. Un medio moldeado por unos rebaños que ahora tienen prohibido pisar esa finca de Cabañeros a la que un día dieron forma. Mi vuelta a la realidad tuvo lugar cuando escuché al educador ambiental decir que “aquí antes bajaban trashumantes, y las cañadas reales soriana y segoviana pasan muy cerca”. No pude evitar activarme de golpe y preguntarle si ya no bajaban trashumantes a las fincas próximas, a lo que me respondió con una mirada extrañada, como si hablase de fantasmas, y de su boca salió un “¿trashumantes? ¿ahora? Eso hace mucho que se ha extinguido”.

[cml_media_alt id='1792']Rebaño trashumante en los alrededores del P.N. de Monfragüe (Cáceres).[/cml_media_alt]
Rebaño trashumante en los alrededores del P.N. de Monfragüe (Cáceres).

¡Qué pena! De verdad, qué pena que no sepamos recordar y que no sepamos valorar las cosas buenas que aún tenemos, con el fin de incentivarlas y recuperarlas. Lo que más me duele, es que parece que ya nadie recuerda aquellas imágenes que se hicieron virales a finales de la pasada primavera, cuando un rebaño trashumante, que estaba haciendo noche cerca de la ciudad de Huesca, se escapó sin desvelar el sueño de su pastor y tomó la urbe. Aquellas ovejas no hacían otra cosa que lo que llevaban haciendo desde hacía siglos: seguir el camino hasta los pastos de verano. Sin embargo, aquella imagen, curiosa para la mayoría, se hizo viral y sorprendió a quienes daban por extinguida esta actividad.

Hace no tanto, en octubre, los rebaños trashumantes volvieron a ser protagonistas en todos los medios, esta vez por cruzar Madrid, y atrajeron a gentes que se acercaron a verlas pasar mientras ponían rumbo hacia los pastos de invierno.

Mapa de las cañadas reales españolas

En el Libro blanco de la Trashumancia, se define la misma como”una forma de actividad ganadera extensiva, consistente en el desplazamiento estacional del ganado para el aprovechamiento alternativo de la diversidad de pastizales en el momento óptimo de su producción, determinado éste por las características físicas y climáticas del territorio”. Este sistema se lleva practicando en la Península Ibérica desde hace 7.000 años (Cursach, 2003) y tiene un impacto muy positivo en el medio ambiente, ya que, por un lado, al desplazarse el ganado en busca de su alimento, se reduce el consumo de piensos, con lo que se minimiza el gasto de combustible (tanto en el transporte, como en la producción del alimento). Por otro, algunos estudios recogen que en España cada oveja trashumante traslada diariamente alrededor de 5.000 semillas y abona el terreno por el que pasa con más de 3 kg de estiércol, y, además, cada vaca aporta unas 50.000 semillas y 30 kg de abono, a lo largo de 20 Km. diarios de recorrido. O, lo que es lo mismo, cada rebaño de 1.000 ovejas o de 100 vacas trashumantes dispersa más de 150 millones de semillas y 100 toneladas de estiércol, a lo largo de más de 500 kilómetros durante sus desplazamientos de alrededor de un mes por las cañadas (Garzón, 2012).

[cml_media_alt id='1797']Pastoreando a finales del invierno en Torrecilla de Valmadrid (Zaragoza)[/cml_media_alt]
Pastoreando a finales del invierno en Torrecilla de Valmadrid (Zaragoza).

Sin embargo, esta actividad está en decadencia, siendo cada vez menos los rebaños que se desplazan por la península ibérica imitando los movimientos que estas especies realizaban antes de ser domesticadas. Según una investigación realizada en la Universidad de Alcalá sobre el estado de la trashumancia en León, esta actividad muestra un alto valor de sostenibilidad tanto en la dimensión ecológica como en la productiva, debido al conocimiento sobre los agroecosistemas de los pastores trashumantes, que permite utilizar y mantener la productividad y la composición de los pastos de montaña. Sin embargo, dicho estudio concluye que estos pastos han sufrido un proceso de abandono, con serios cambios en su integridad y coherencia ecológicas; “siendo la Administración quien ha jugado un papel importante en este proceso al impulsar políticas agrarias de intensificación y no apoyando la trashumancia” (Velado y Gómez Sal, 2016).

[cml_media_alt id='1795']Vacas aprovechando los pastos estivales en el Puerto de Gavín (Pirineo Aragonés).[/cml_media_alt]
Vacas aprovechando los pastos estivales en el Puerto de Gavín (Pirineo Aragonés).

En el Cuaderno de la Trashumancia nº 06: Pirineo Aragonés, se apunta a que algunas de las causas del “brutal descenso” de la trashumancia durante el siglo XX están relacionadas, por un lado con la  “crisis general de la sociedad tradicional” y por otro con “problemas específicamente pecuarios”. Sobre estos últimos, se señala la propia producción, al haber sido considerada la trashumancia por algunos técnicos como “un estorbo para optimizar los resultados de una explotación pecuaria racional”, alegando que los animales trashumantes están sometidos a “un régimen alimenticio irregular” y que “el ciclo reproductor no puede adaptarse para proporcionar corderos al mercado cuando éste los demanda”. También se indican problemas relacionados con los pastos, como la ausencia o escasez de agua en algunos puertos de montaña, las malas comunicaciones, ausencia de refugios para el ganado, la desaparición que hubo durante unos años del ganado equino, necesario en toda rotación de los pastos; el choque con los intereses turísticos y los precios, entre otros. Las “incomodidades del viaje trashumante” son otra causa recogida, así como la ausencia de pastores (Pallaruelo, 1992).

[cml_media_alt id='1796']Rebaño pastando en los alrededores del P.N. de Monfragüe (Cáceres)[/cml_media_alt]
Rebaño pastando en los alrededores del P.N. de Monfragüe (Cáceres).

Sin duda, el abandono de esta actividad se debe a múltiples causas, pero lo que está claro es que ha ocasionado “graves consecuencias ambientales como la desertización y la no regeneración del arbolado, que afectan, sobre todo, a especies tan sensibles como el lince ibérico, el águila imperial, el águila perdicera, el águila culebrera, el alimoche, la avutarda, el sisón, el aguilucho cenizo o a las áreas de invernada de cientos de millones de aves migradoras europeas, como milanos reales, grullas, avefrías, chorlitos, palomas torcaces, petirrojos, o currucas” (Cursach, 2003). En la actualidad quedan pocas familias trashumantes, por lo que resulta imprescindible impulsar esta actividad para, entre otras cosas, proteger los ecosistemas ibéricos y mitigar los efectos del cambio climático.

REFERENCIAS

Cursach, B. (2003). Trashumancia: preservar una tradición milenaria. Conservación de la Biodiversidad mediante prácticas tradicionales. Ambienta: La revista del Ministerio de Medio Ambiente, (21), 59-66. Disponible en: http://www.mapama.gob.es/ministerio/pags/biblioteca/revistas/pdf_AM/AM_2003_21_59_65.pdf

Garzón, J. (2012). Importancia de la trashumancia en España para conservar la diversidad biológica en Europa y mitigar el cambio climático. Disponible en: http://www.pastos.es/pdf/ADAPTACIoN%20AL%20CAMBIO%20CLIMaICO%20MEDIANTE%20LA%20TRASHUMANCIA%2030.01.pdf

Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino (2012). La trashumancia en España. Libro blanco. Disponible en: http://www.pastos.es/pdf/LIBRO%20BLANCO%20DE%20LA%20TRASHUMANCIA.pdf

Pallaruelo, S. (1992). Cuadernos de la Trashumancia, nº0 6: Pirineo Aragonés. ICONA, Madrid. Disponible en: http://www.mapama.gob.es/es/desarrollo-rural/temas/politica-forestal/vias-pecuarias/num_1al12_vias_pecuarias.aspx#para0

Velado Alonso, E. y Gómez Sal, A. (2016). The current status of transhumance systems in the province of León (Spain), towards a multi-dimensional evaluation. In: Options Méditerranéennes, Série A, 116, p. 63-67. Disponible en: http://om.ciheam.org/om/pdf/a116/a116.pdf

La ganadería extensiva ayuda a mitigar el cambio climático

La ganadería extensiva dispersa las semillas de las plantas de las cuales se alimenta, al mismo tiempo que enriquece el suelo repartiendo las deyecciones por todo el terreno por el que se mueven los animales, aumentando así la capacidad de la tierra para proporcionar alimento a las plantas. Además, este efecto aumenta la asimilación de CO2. Según algunos estudios, si se recuperaran los niveles de materia orgánica existentes antes del desarrollo de la agricultura industrial, se capturaría entre el 30 y el 40% del exceso actual de CO2.

Antibióticos, ganadería y cambio climático

Artículo publicado originalmente el 18 de julio de 2016 en el Blog de la Red Remedia.

El otro día leí un artículo que hizo que mi mente se teletransportara a un rincón perdido en las montañas que me descubrió Luis. Luis es, probablemente, el último pastor auténtico que queda en los Pirineos. Anda de aquí para allá, echando un ojo a sus cabras, a sus vacas, a sus yeguas, a sus ovejas… Y como las ovejas no entienden de fronteras, también se encarga de controlar de vez en cuando algún que otro rebaño que se escapa del pastor y de los gendarmes. Incluso cuando desfallece algún montañero, por ahí aparece él, para hacerles mascar hierba de pedreguera y reponerse de la hipoglucemia.

Y es único no solo por eso, sino porque es de los pocos pastores que siguen recurriendo al conocimiento tradicional, a los saberes que le enseñó su abuelo, basados en el uso de plantas, para prevenir las enfermedades de su ganado, curarles las heridas y las infecciones, facilitar que entren en celo…

Sin embargo, Luis es un bicho raro en peligro de extinción. Ya no quedan casi pastores, y los pocos que quedan, hace tiempo que cambiaron el aceite de enebro por la enrofloxacina. “Es que tenemos 2000 ovejas en la finca, y 1000 están pariendo. No nos la podemos jugar” me dice Miguel, un extremeño enamorado de sus ovejas y sus burras que también es un bicho raro, porque los jóvenes que deciden ser ganaderos también son, a día de hoy, seres dignos de estudio.

Y claro, en realidad, el problema no es que haya pocos pastores, sino que el problema es que ahora para salir adelante tienes que tener 2000 ovejas y hacer mil papeles; hay que dar a los animales un determinado pienso, porque sino no engrasan igual y entonces no se venden igual; hay que concentrar los partos y tener tres parideras en dos años…Y con tanto cordero junto, al final las diarreas van que vuelan y la única solución acaba siendo recurrir a antibióticos y antiparasitarios.

El caso es, que todo esto vino a mi cabeza porque yo me acordé de Luis, y me acordé de Luis porque evita los antibióticos y el artículo que yo leía trataba sobre un estudio que había demostrado que el uso sistemático de antibióticos en ganadería no solo crea resistencias, sino que también aumenta la emisión de gases de efecto invernadero. Para demostrarlo,investigadores de las Universidades de Colorado y Helsinki administraron un antibiótico de amplio espectro y de uso común a un grupo de vacas con el objetivo de seguir el recorrido del antibiótico desde su administración en el animal. Lo que descubrieron fue que los residuos del antibiótico desechados en las heces, alteraban la microbiota del sistema digestivo de los escarabajos peloteros, coleópteros esenciales para completar el ciclo del carbono y para mejorar la fertilidad de los insectos, así como para combatir algunas plagas.

Por otro lado, también observaron que con el antibiótico las vacas desprendían 1,8 veces más metano (gas de efecto invernadero) en las heces. Además, en una entrevista realizada por la BBC a Tobin Hammer, uno de los responsables del estudio, este aseguraba que “es probable que los antibióticos aumenten también los niveles de metano eructado”, que es la forma principal por la que los rumiantes eliminan el metano, sin embargo, no pudieron medirlo en su estudio.

[cml_media_alt id='1442']vaca bc3[/cml_media_alt]

La noticia de la BBC concluía asegurando que este hallazgo suponía un golpe para los ganaderos, y yo pensaba en Luis, y en Miguel, y en Antonio… Y en tantos y tantos ganaderos que administran antibióticos porque sólo así pueden conseguir el nivel de producción que les exige el mercado para poder abastecerse de toda la cantidad demandada de productos de origen animal. Y en realidad, pensaba yo con mi mente refugiada en las montañas, debería ser un golpe para los consumidores, y estos deberían ser conscientes del impacto ambiental de los alimentos, pero eso, mejor, os lo cuento otro día.

Referencias:

– Hammer, T.J., Fierer, N., Hardwick, B., Simojoki, A., Slade, E., Taponen, J., Viljanen, H., Roslin, T., 2016. Treating cattle with antibiotics affects greenhouse gas emissions, and microbiota in dung and dung beetles. Proceedings of the Royal Society of London B: Biological Sciences 283.doi:10.1098/rspb.2016.0150
– Harrabin, R. (25 Mayo 2016). Cattle drugs could fuel climate change, study suggests. In BBC Science & Environment. Recuperado de http://www.bbc.com/news/science-environment-36368734

Mongolia, nómadas y conservación

Hay lugares perdidos en el mapa que una siempre ha soñado visitar. En mi caso, desde que tengo recuerdo he querido viajar a Mongolia. Debió de ser por algún reportaje de la 2, de esos que vemos sólo cuatro frikis. Fuera por lo que fuere, Mongolia me ha parecido siempre un paraiso, un mundo paralelo donde los humanos se siguen desplazando al ritmo del ganado en busca de pastos y donde la gente vive en armonía con el entorno, aprovechando lo que la tierra les da, y devolviéndole a ésta sólo lo que necesita.

Pastor nómada en Mongolia dirigiendo a un grupo de caballos. (Fuente: Pixabay)
Pastor nómada en Mongolia dirigiendo a un grupo de caballos. (Fuente: Pixabay)

A mucha gente le resulta extraño el que sueñe con subirme a un caballo y cabalgar al paso del rebaño en mitad de la nada, con gente que utiliza un idioma que desconozco, que montan y desmontan su casa en busca de alimento para sus animales, que beben leche de reno y que hablan con las águilas. Con lo fácil que debe ser irse a Nueva York, llenar los pulmones con el aire gris que vierten los tubos de escape, andar entre los empujones de la gente, sentirse una hormiguita entre tanto rascacielos, comer una hamburguesa de dudosa procedencia acompañada de una coca-cola light (también de dudosa procedencia) y tirar el envase al suelo como si fuera un elemento más del mobiliario urbano…

El caso es que debo de ser un bicho raro, y por eso me fascinan Mongolia y la relación de sus gentes con su ecosistema. Un día descubrí a los niños rata de Ulan-Bator y empecé a ver que aquel país de ensueño, era a la vez un mundo de contrastes donde no todo es perfecto.

Hace poco un amigo me pasó una noticia publicada por la ONG Survival en la que se denunciaba la prohibición de cazar en la zona donde habitan los dukhas, un pueblo indígena de pastores nómadas de la taiga de Mongolia, al declararse en 2013 área protegida.

Chamán dukha preparando un ritual en el norte de Mongolia. (Fuente: Wikipedia)

Se estima que en la actualidad hay unos 500 dukhas, de los cuales, alrededor de 200 siguen siendo cazadores – recolectores nómadas. Los dukhas viven en la taiga, en tiendas de lona denominadas alaci y migran con sus renos, que les ayudan a trasladarse y les proporcionan leche, pero que sólo sacrifican en caso de necesidad extrema, o cuando los animales están para desvieje. También recolectan patatas y frutos silvestres, y llevan generaciones cazando animales silvestres, siguiendo, según indica el artículo de Survival «sus propias y estrictas reglas que establecen la cantidad de animales que pueden cazar, así como cuándo y los lugares donde pueden hacerlo. Estas normas garantizan que no se caza en exceso, sino únicamente acorde a sus necesidades. La caza no es para ellos sólo una forma de obtener comida: es una parte integral de su modo de vida». Cuando cazan, agradecen y piden disculpas al espíritu del animal mediante rituales chamánicos, a la par que ofrendan parte de la carne al fuego, a la naturaleza y a los espíritus antes de comerla.

[cml_media_alt id='1201']Niña dukha jugando junto a un reno. (Fuente: Imgur)[/cml_media_alt]
Niña dukha jugando junto a un reno. (Fuente: Imgur)

Durante siglos, los dukhas han vivido en armonía con el medio, viviendo de la tierra y cuidándose de no sobreexplotar los recursos naturales, asegurando su existencia para las generaciones venideras. Por eso, este pueblo nativo de Mongolia no entiende porqué el gobierno les prohibe la caza, restricción esta que altera por completo su forma de vida nómada y que les obliga a abandonar sus costumbres y tradiciones; además, la prohibición es «en nombre de la conservación». Resulta paradójico, cuando si se ha conservado ese paisaje es en gran parte gracias a los dukhas.

Da rabia, no puedo definirlo de otra manera, como historias similares se repiten por todo el mundo por la incapacidad de dos partes a sentarse y dialogar para conseguir entenderse y desarrollar políticas justas que impliquen a los agentes locales y conseguir conservar patrimonios únicos. Parece que la administración sigue sin entender que las cosas no se solucionan imponiendo, sino dialogando, y que si no explican a los dukhas los motivos de la prohibición de caza, y si no escuchan de estos las consecuencias que tiene para ellos esta privación, jamás encontrarán una solución viable que satisfaga a ambas partes.

[cml_media_alt id='1200']Yurta de una familia nómada en Mongolia (Fuente: Pixabay)[/cml_media_alt]
Yurta de una familia nómada en Mongolia (Fuente: Pixabay)

Me pregunto cuando conseguiré viajar a Mongolia, y, sobretodo, qué habrá sido de los dukhas cuando vaya, ¿seguirán siendo nómadas o los habrán convertido ya en alcohólicos sedentarios?