El martes 22 de mayo tuve la oportunidad de conocer a los técnicos de desarrollo rural de la Fundación Cepaim, que trabajan en los proyectos Nuevos Senderos, de integración de personas migrantes en el medio rural, y La Artesa, programa de mejora de empleabilidad de las mujeres rurales. Durante nuestro encuentro, hablamos de la situación actual del medio rural, de las oportunidades laborales que ofrecen nuestros pueblos, de las posibilidades de integración y comentamos diversas iniciativas desarrolladas en otros países Europa en materia de integración de personas migrantes y refugiadas, así como proyectos impulsados por mujeres para mejorar su empleabilidad en Europa y el Mediterráneo, e iniciativas para fomentar el relevo generacional en el sector agrario, de recuperación de tierras abandonadas y de agricultura social.
La jornada comenzará a las 17 horas con la charla «Mujeres rurales, hermanas de tierra» en la que se compartirán iniciativas desarrolladas por mujeres en zonas rurales y que estará a cargo de Lucía López Marco, autora de este blog. A las 18.30h disfrutaremos de una chocolatada para, posteriormente, a las 19.30h. disfrutar del documental «Parir en el pueblo antes de 1960. Relatos de mujeres de Lécera» de Elísabeth López Orduna, una auténtica joya que ayuda a comprender la vida de las mujeres rurales de aquella época y que arranca muchas sonrisas a quienes lo ven.
Hace ya cuatro años que se creó este blog, un medio sobre ganadería extensiva, medio rural, agroecología y muchas cosas más, totalmente independiente y sin ningún tipo de apoyo económico. Este año, para cubrir los gastos de mantenimiento del blog he decidido sacar a la venta estas bolsas de tela de algodón ecológico, diseñadas y serigrafiadas por la ilustradora Pilar Serrano. El precio es de 7€ (8,5€ con gastos de envío a península, Baleares y Canarias). Si quieres una, escríbeme a info@mallata.com
Suena un gemido en la noche, y un rayo en mitad de la tormenta ilumina a un guerrero abriéndose paso a caballo hacia la fría cueva. En ella, una princesa maquina cómo escapar del dragón, cuando, de repente, aparece un hombre clavando su lanzón en las entrañas del reptil. De la sangre del dragón,
brota una flor…
y una bandera…
Ésa, es nuestra historia: La de la vida que brota de la muerte. La del trigo que surge del sudor que regó nuestra tierra, y que nos da de comer… La de esperar a que alguien nos salve, y la de que no nos dejen salvarnos cuando lo hemos intentado…
Por nuestras venas corre sangre de reinas y reyes, y nuestro ADN mitocondrial lleva en sus nucleoides genética celta, ibera, celtíbera, romana, visigoda, musulmana, judía, cristiana… De nuestra boca emanan fonemas romances, salpicados de vocablos árabes. Muchas culturas y tres lenguas. Una que dejamos perder, junto con nuestra historia, y nuestro pasado,
olvidando
que somos una algarabía
de culturas
y palabras medievales
que se resisten a morir.
Nuestras manos, que también olvidan, recuerdan vidas pasadas al rozar la espiga de cebada, al esbriznar el azafrán, al sentir el tacto de la lana de la oveja ansotana, al rozar la ubre de la cabra moncaína, o al esquilar una merina de los Montes Universales. Nuestras manos recuerdan, ligeramente, a aquellas que, sin descanso, levantaron cosos y puertos fluviales, iglesias románicas y mudéjares. Que, enlazadas con tantas otras, levantaron castillos y murallas para protegerse de enemigos. Que, con delicadeza, seleccionaron plantas y salvaron vidas. Aquéllas que se desangran en la piel de un bombo que transmite pasión por los siglos de los siglos.
Nuestros ojos se reconocen en aquel pastor que guía su rebaño de ovejas rasas por un maldecido paisaje monegrino, donde, entre el esparto y las avutardas, encuentra su hogar. Esos ojos nuestros, que lloran en silencio en la paridera caída, en el pueblo olvidado, en las piedras que nuestros antepasados moldearon y que dieron forma a la casa nuestra. A la cultura nuestra.
Y nuestros pies, también olvidan el tacto del suelo arcilloso, el yeso, la piedra granítica que baja por el Gállego, las alfombras de piedras y lodos que tapizan el fondo de nuestros ríos… Olvidan que están hechos para acercarnos a horizontes, que se asemejan, cada vez, más lejanos…
Porque somos, igual que nuestra tierra, suaves como la arcilla, duros del roquedal.[i]
Somos lo que queda de nuestros ecosistemas. Y somos la causa de que solo quede lo queda. Las mismas manos que sembraron el pipirigallo, son las que esparcieron venenos en nuestros montes. Las mismas que extinguieron al bucardo, y casi extinguen al quebrantahuesos, las mismas que lo conservaron. Esas manos que pintaron historias en cuevas, y que levantaron mallatas. Esos ojos que se guiaban por las estrellas. Y unos pies que siguen trashumando y sembrando jardines en una península que debe su nombre a un río, al que vierten sus aguas la gran mayoría de nuestras arterias. Tú, también, tienes nombre de río.
Somos
los átomos de carbono que quedaron de los restos de los que nos precedieron.
Restos:
que dieron vida,
que hicieron suelo,
que fueron tierra…Esa tierra, que hoy somos tú y yo, y que mañana, serán otros.
Somos
un óvulo por fecundar
en una tierra yerma.
Hicimos el más nuestro a San Jorge, a pesar de tener a San Úrbez, a Santa Engracia, a San Caprasio, a Santa Orosia, a Santa Alodia y Santa Nunilo, a San Martinico… A pesar de tener muchos días y mucha historia que celebrar… Quizás, tenemos que recordar, y recordarnos,
que somos la princesa,
pero no necesitamos caballeros que vengan a salvarnos. Mai, mira-me a yo. Me reconoxes, mai?[ii]
Quizás debamos recordar que descendemos de aquellos almogávares que conquistaron Neopatria, que llevaron el nombre de Aragón hasta los horizontes de los horizontes de nuestros horizontes, y que nuestro miocardio late porque nuestro territorio lo nutre, nuestros ríos lo riegan, y nuestro pasado le dio vida.
Tal vez
debamos recordar
que somos porque fuimos
y seremos
solo
si seguimos siendo.
Como una tormenta en el secano, ¡que llueva! Que rompa la tierra, que se llenen los manantiales y que la escorrentía nos traiga las historias que se escaparon por las chamineras, las palabras que volaron con el viento.
Que tiemble el horizonte,
que allá vamos.
¡Ya están aquí otra vez aquellos montañeses! …¿O es esa tronada que grita: ¡Aragón!?[iii]
[i] De la canción Somos, de José Antonio Labordeta. [ii] Del poema Mai, de Ánchel Conte [iii] De la canción Tronada, de La Ronda de Boltaña [iv] Grito de guerra de los almogávares
Del 9 al 11 de mayo, Johel Salatin y Darren J. Doherty, dos de los representantes más influyentes de la permacultura y la agricultura regenerativa, darán una masterclass en Menorca, organizada por Organic Managers y la editorial Diente de León.
Estos dos expertos en la permacultura y la agricultura regenerativa compartirán escenario para hablar de la rentabilidad de la agricultura, el diseño de fincas, el manejo del ganado, el aprovechamiento de los recursos hídricos y captación de agua, la combinación de cultivos, las cubiertas vegetales, el manejo de los pastos, la transformación de productos, la comercialización, la venta directa y mucho más.
El precio de la Masterclass es de 450€ si la inscripción se realiza antes del 2 de abril de 2019, y de 490€ pasada esa fecha. También existe la posibilidad de atender el evento vía streaming, siendo entonces 90€ el importe de la matrícula, si esta se formaliza antes del 2 de abril, y de 150€ después de ese día.
Ayer a las 14h finalizaba el plazo para participar en el sorteo de un ejemplar del libro ‘Tierra de Mujeres’ de María Sánchez, cortesía de La Pantera Rossa, por el cuarto aniversario de Mallata y solo puedo estar agradecidísima por la gran respuesta, habéis participado 225 personas a través de twitter, instagram, facebook y el blog ?!!! Aquí os dejo el vídeo del sorteo, pero ya os adelanto que el ganador es Manuel Puyuelo, ¡enhorabuena Manuel!
Muchísimas gracias por vuestro gran apoyo durante estos cuatro años 🙂
A veces olvidamos que el cambio climático es real y ha llegado para quedarse, y lo hacemos mirando hacia otro lado o evitando transmitir un mensaje claro sobre lo que deberíamos hacer al respecto. Esto es particularmente común cuando se trata del impacto de la alimentación y la necesidad de reducir el consumo promedio de productos con elevada huella de carbono, como la carne y los lácteos, en países de rentas elevadas.
Sin duda, reducir nuestras raciones diarias de productos animales es una tarea difícil. No obstante, en el actual contexto de cambio climático, es necesario redoblar los esfuerzos hacia la sostenibilidad de nuestros actos diarios, entre ellos la forma en que nos alimentamos.
La elevada demanda de carne y lácteos, junto con el desperdicio alimentario, es una importante causa de emisión de gases de efecto invernadero en el sector agroalimentario. En consecuencia, no comunicar claramente los beneficios de la reducción del consumo de estos alimentos supondría perder una gran oportunidad para la mitigación del cambio climático.
Sin embargo, a tenor de la aparente resistencia expresada por algunos científicos, resulta evidente que transmitir un mensaje claro y simple acerca de los efectos de la ganadería sobre el cambio climático y los beneficios de reducir el consumo de sus productos no es una tarea fácil.
Además, esta resistencia a admitir cuestiones que cuentan con un muy notable consenso científico bien podría conducirnos a una nueva ola de negacionismo climático como consecuencia de la confusión que estos mensajes suscitan: tras “el cambio climático no existe” y “el ser humano no es el causante del cambio climático” podríamos estar asistiendo al nacimiento de “las medidas sugeridas para hacer frente al cambio climático no funcionan”.
Realidades no excluyentes
La eficacia de la modificación de los hábitos de consumo alimentario como estrategia de mitigación del cambio climático suele ser desacreditada por varias vías.
Al aludir a la intensidad de las emisiones de gases de efecto invernadero de los sistemas ganaderos y de los beneficios de reemplazar las dietas ricas en estos productos por otras con más contenido vegetal, es frecuente escuchar que existen sociedades donde el consumo de carne y lácteos es escaso, por lo que esta medida sería altamente injusta para esas sociedades.
En otros casos, la reacción consiste en derivar la atención hacia otros sectores cuyas emisiones de gases de efecto invernadero son más elevadas que las del ganado, como el transporte o determinadas actividades industriales.
Emisiones de GEI en función del tipo de dieta en Reino Unido. Scarborough et al. (2014).
Desgraciadamente, uno de los resultados más importantes de esas reacciones es desviar la atención del debate, en tanto que ninguno de los argumentos anteriores ayuda a responder la pregunta original: ¿es necesario reducir el consumo promedio de carne y lácteos allá donde el consumo es elevado para mitigar el cambio climático?
Por supuesto, no existen recetas únicas para resolver los principales problemas ambientales en ningún sector. Por supuesto, hay personas que apenas comen carne y lácteos y, por tanto, no pueden reducir el consumo de estos productos, e incluso podrían aumentarlo. Y, por supuesto, existen otros sectores con altas emisiones de gases de efecto invernadero y sobre los que hay que actuar.
Las estrategias de mitigación del cambio climático deben abordarse localmente, siendo sensibles a las especificidades de los sistemas de producción y consumo, y aplicarse de manera integrada e integradora, maximizando así su potencial y minimizando posibles efectos negativos.
Dicho esto, y una vez realizados los análisis pertinentes desde el rigor y objetividad científicos, es necesaria la transmisión de mensajes claros e inequívocos sobre las oportunidades de mitigación en cada sector. Y, cuando existe un amplio consenso sobre las causas de un problema y las medidas que pueden contribuir a abordarlo, la ciudadanía espera y se merece claridad en la información que recibe por parte de la comunidad científica y los líderes políticos.
¿Por qué es tan complicado reconocer la necesidad o, incluso, los beneficios de reducir el consumo promedio de carne y lácteos en sociedades como la nuestra?
Hay varios aspectos atribuidos a la producción ganadera y el consumo de sus productos que marcan el debate. Aquí nos centraremos en cinco de ellos, reflejados en las siguientes afirmaciones: “el consumo de carne y lácteos es parte de nuestra cultura”, “la carne y los productos lácteos son sabrosos”, “la ganadería también es parte de nuestra cultura”, “los medios de vida de algunas personas y la conservación de nuestras áreas rurales dependen de la ganadería” y “la carne y los productos lácteos son elementos esenciales para una dieta saludable”.
Exploremos estas cinco creencias.
Comer carne y lácteos es parte de nuestra cultura.
Esto es cierto, y la preservación de la cultura es, en principio, algo deseable. Siempre y cuando esta cultura no confronte con instituciones más valiosas como, por ejemplo, el Estado de derecho o el mantenimiento de la seguridad.
Sin embargo, los niveles actuales de consumo de carne y lácteos en los países europeos están lejos de muchas tradiciones culinarias. Esto es especialmente notable en el sur de Europa, donde la dieta mediterránea es reconocida como parte del patrimonio cultural.
Además, en estos países, una parte importante del consumo de carne y lácteos solía provenir de la cría de cabras y ovejas, en contraste con los hábitos de consumo actuales basados en productos mayoritariamente procedentes del cerdo, el pollo y el vacuno.
En países como España el consumo de carne per cápita se ha multiplicado por cuatro entre 1960 y 2010, o por cinco desde principios de siglo pasado según las estadísticas de la FAO.
Evolución del consumo de algunos tipos de alimentos en España, expresado en gramos de proteína por persona y día (1961-2013) FAOSTAT (FAO 2019).
Al mismo tiempo, si comparamos los datos recientes de la FAO con los de estudios de la dieta española de principios del siglo XX, observamos que el consumo de productos ovinos y caprinos per cápita se ha reducido en un 15% en el último siglo, mientras que el de cereales y legumbres se ha reducido en un 50% y un 66%, respectivamente. Se pueden observar cambios similares en otros países mediterráneos.
Por tanto, en las últimas décadas hemos abandonado dietas tradicionales y muy saludablesdebido a la influencia externa a través de la publicidad, entre otros factores. Si hablamos de alimentación, lo que es propio de nuestra cultura mediterránea es una dieta con alto contenido en legumbres, cereales, hortalizas y aceite de oliva, ingesta moderada o baja de pescado y lácteos, y baja en carne.
2. La carne y los productos lácteos son sabrosos.
Sí, lo son, pero también lo son las patatas fritas y no las comemos todos los días. Además, no son los únicos alimentos sabrosos, sin mencionar que el placer asociado con comer diferentes tipos de alimentos no es un atributo propio de los alimentos, sino un gusto adquirido y modulable.
El gusto por la carne y los productos lácteos se ha incrementado en las culturas gastronómicas del sur de Europa durante las últimas décadas, convirtiéndose en los reyes y reinas de los deseos culinarios. En algunos casos, como España, esto sucedió rápidamente como resultado de años de privación.
Los productos alimentarios eran un lujo en tiempos de pobreza y durante las primeras etapas de la dictadura franquista, por lo que cuando España se abrió a los mercados mundiales y el capitalismo en los 60, toda la población quería tener lo que hasta entonces era prohibitivo: pantalones vaqueros, refrescos de cola, y carne.
El consumo de carne era un símbolo de estatus, riqueza y poder, y esto la convertía en una opción de comida muy apreciada: una situación que ha perdurado hasta hoy. Por tanto, aunque hemos colocado la carne y los lácteos como los alimentos básicos de cada banquete o menú del día, no ha sido por ser más sabrosos que el resto de productos alimentarios.
3. La ganadería también forma parte de nuestra cultura.
Los sistemas ganaderos dan lugar a hermosos paisajes en España y otros países europeos, contribuyen a la conservación de la biodiversidad y representan una larga tradición de ganaderías en extensivo y trashumantes.
Sería estupendo si nuestros hábitos de consumo alimentario apoyasen estas actividades, en muchos casos agonizantes. Desafortunadamente, la mayor parte de la ingesta de carne y lácteos no proviene de los idílicos campos de vacas y cabras que pastan en libertad. Por el contrario, la gran mayoría de la carne y lácteos que consumimos proviene de granjas intensivas y, cada vez con mayor frecuencia, megagranjas, donde los animales están confinados en espacios tan reducidos que solo las razas creadas ad hoc pueden sobrevivir.
Explotación intensiva de porcino en la provincia de Huesca. Lucía López Marco
El tipo de ganadería también se ha modificado radicalmente en las últimas décadas: mientras los sectores porcino, vacuno y aviar han multiplicado su producción, las tradicionales ganaderías de ovino y caprino han disminuido significativamente, en consonancia con la población rural.
La ganadería tradicional ha sabido acumular y conservar un vasto conocimiento sobre prácticas productivas adaptadas a las condiciones ambientales de su entorno y resilientesfrente a las adversidades climáticas.
Sin embargo, la elevada demanda actual de productos de origen animal fomenta un tipo de ganadería que olvida siglos de conocimiento acumulado y conduce a la destrucción de la ganadería extensiva, valioso atributo de nuestro acervo cultural, así como a la pérdida de paisajes y hábitats naturales de gran valor.
4. Algunas personas dependen de la ganadería.
Aunque esto es un hecho, quienes obtienen la mayor parte de las ganancias de la ganadería no son las personas que vemos cuidando de estos animales cuando puntualmente abandonamos la ciudad para ir al campo. La tendencia hacia la intensificación está acompañada por el aumento en el tamaño de las explotaciones ganaderas y la disminución del número de granjas, como ocurre en países como Reino Unido o Francia.
La forma en la que este tipo de explotaciones se relaciona con el entorno es muy diferente a la de la ganadería tradicional, y mientras que esta última contribuye al desarrollo rural, algunos estudios realizados en países como Estados Unidos muestran cómo la producción animal industrial no solo no fija la población, sino que también destruye el empleo.
Rebaño en pastoreo en Torrecilla de Valmadrid (Zaragoza). Lucía López Marco
Por otro lado, los elevados niveles actuales de consumo de productos de origen animal solo son asequibles para la mayoría de la sociedad si el ganado se cría de forma intensiva, reduciendo al máximo los costes de la producción. En consecuencia, la mayoría de las veces, los ciudadanos europeos consumimos carne y productos lácteos cuya producción está controlada por grandes compañías de producción intensiva, que utilizan piensos cuya materia prima ha recorrido miles de kilómetros antes de engordar los silos, reduciendo de forma ostensible los beneficios para los ganaderos tradicionales y el medio rural.
5. La carne y los productos lácteos son esenciales en nuestras dietas.
Por un lado, cuando se habla de reducir el consumo de productos de origen animal para contribuir a la mitigación del cambio climático, no se está hablando de su completo abandono, aunque sí de reducciones significativas frente al consumo promedio actual en países como España.
Por otro lado, no es estrictamente necesario consumir alimentos de origen animal para llevar una dieta saludable. Es necesario tener un suficiente aporte calórico y de proteínas, calcio, hierro, y otros nutrientes, vitaminas y minerales que componen una dieta saludable, pero éstos se pueden adquirir siguiendo una dieta basada en el consumo de vegetales.
El único nutriente que no se puede obtener de forma natural con una alimentación a base de plantas es la vitamina B-12, que se ha de adquirir mediante suplementos. Una dieta vegetariana o vegana puede ser muy saludable, y también muy beneficiosa para el clima. Y, al igual que ocurre en dietas omnívoras, que lo sea o no dependerá del tipo de alimentosconsumidos y su frecuencia.
Por el contrario, el reciente cambio de dieta en países mediterráneos como España hacia dietas con alto contenido en proteína animal, alimentos procesados, dulces y grasas saturadas, como las que predominan en la actualidad en España y otros países mediterráneos, sí es perjudicial para la salud y contribuye a la aparición de enfermedades no transmisibles asociadas a la alimentación.
Por tanto, la carne y los lácteos no son esenciales para seguir una dieta saludable, y, aunque pueden contribuir a completar nuestras demandas nutricionales, solo representan un consumo saludable si se incluyen en dosis mucho menores a las que se dan en la actualidad en países de rentas altas.
Es difícil comunicar y asumir la necesidad de adoptar en nuestros modos de vida los importantes cambios que se precisan para evitar las peores consecuencias del cambio climático. Pero abramos los ojos: tenemos una década para invertir la tendencia de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, y hay mucho trabajo por hacer.
El momento actual debe ser el de emprender acciones y lanzar mensajes claros y proactivos, y no el de iniciar un nuevo debate sobre si el consumo promedio de productos de origen animal —en países de renta alta— debería o no reducirse. Sabemos que ésta es una estrategia real y eficaz –entre las muchas que se han de acometer– para la mitigación del cambio climático y la reducción de otros problemas ambientales y de salud.
Reducir el consumo de carne y lácteos –y elegir productos de origen animal provenientes de ganaderías en extensivo y de cercanía– en aquellas sociedades con un consumo elevado es posible, positivo para el planeta, bueno para nuestra salud, accesible para todas aquellas personas que desean reducir su impacto medioambiental, y podría beneficiar a los sistemas ganaderos tradicionales y de pequeño-mediano tamaño.
Entonces, ¿por qué no debería ser parte de las estrategias de mitigación del cambio climático? Y ¿por qué no comunicarlo claramente? En la batalla contra el cambio climático, cada acción cuenta.
*Foto de cabecera: Granja de cría intensiva de pollos de la provincia de Huelva. Eduardo Aguilera
Un curso de formación de una semana de duración en el marco del proyecto de investigación de Innovación Social en Áreas Rurales Marginales (SIMRA)tendrá lugar en el Instituto Agronómico Mediterráneo de Zaragoza (IAMZ-CIHEAM) del 18 al 22 de noviembre de 2019 para abordar la importancia de la innovación social en las áreas rurales menos favorecidas.
La innovación social se ha descrito como una parte vital del proyecto europeo de recuperación desde la crisis económica de 2008. Es de especial importancia para las áreas rurales, sobre todo para aquellas más desfavorecidas, donde son habituales los problemas de despoblación, deterioro de la calidad medioambiental y bajos niveles de actividad económica. Las zonas rurales más remotas continúan viéndose afectadas negativamente por la tendencia a la urbanización rápida.
En estas zonas, el Estado y los municipios suelen tener problemas para mantener los servicios públicos básicos debido a la austeridad en el sector público. Los mercados son débiles y aún existe una gran dependencia de los sectores primarios. Esto crea espacios y oportunidades para que la sociedad civil pueda jugar un papel cada vez más importante a la hora de mantener y mejorar las condiciones. Se puede encontrar más información sobre ejemplos de innovación social en áreas rurales en la base de datos de SIMRA o en los folletos de las iniciativas.
El curso se concentrará en áreas rurales de países mediterráneos europeos y no europeos, tendrá lugar entre el 18 y el 22 de noviembre de 2019 y se enmarca dentro del proyecto financiado por la UE a través del programa H2020 de Innovación Social en Áreas Rurales Marginales (SIMRA), cuyo objetivo es promover la comprensión de la innovación social y la gobernanza innovadora en la agricultura, la silvicultura y el desarrollo rural. Este proyecto busca conectar de forma más eficaz la comunidad práctica con la comunidad investigadora para permitir la integración y el intercambio fructífero del conocimiento y la comprensión, fomentando así la innovación social en áreas rurales (desfavorecidas).
Una reunión preparatoria ha tenido lugar los días 4 y 5 de febrero en el Instituto Agronómico Mediterráneo de Zaragoza (IAMZ-CIHEAM) para diseñar los objetivos del curso y preparar un borrador preliminar del programa. Los siguientes representantes del proyecto SIMRA participaron en la reunión: el Instituto James Hutton (Reino Unido), la Universidad de Padova (Italia), la Universidad de Recursos Naturales y Ciencias de la Vida (Austria), el Perth College (Reino Unido), la Universidad de Wageningen (Países Bajos), Desarrollo Rural Sociedad Anónima (Reino Unido) y el Instituto Agronómico Mediterráneo de Zaragoza (España).
A quienes nos gusta leer, siempre andamos buscando nuevos libros, intercambiando títulos, buscando nuevas historias…. El año pasado por estas fechas publiqué un post recomendando 10 libros de temática rural que había leído en 2017 y muchos de vosotros me hicisteis recomendaciones que he podido ir leyendo durante este año. Así que allá va mi top 10 de libros de temática rural de este 2018. Y a tí, ¿qué libros te han gustado más este año?
Quién te cerrará los ojos
Este libro, que alguien recomendó el año pasado a través de las redes sociales, ha sido el que más me ha gustado de todos los que he leído este año. Virginia Mendoza nos acerca a través de los 10 relatos que recogen sus páginas, a las vidas de los últimos habitantes de varios lugares recónditos de la Península Ibérica, lugares a los que ella se acerca impulsada por sus recuerdos, por sus orígenes, por su infancia… Y a los que llega con mucho amor, ese amor por el medio rural con el que nos enamora al leerle.
Quién te cerrará los ojos está publicado por Libros del K.O. y está disponible en librerías de toda la geografía. También se puede comprar online a través de este enlace.
El extraordinario mundo de las aves
¿Qué sería del mundo rural sin el canto de los pájaros, sin el vuelo de las aves? Pero, ¿qué sabemos en realidad de nuestros queridos acompañantes? ¿Sabíais, por ejemplo, que los vencejos pueden volar dos años sin posarse? ¿Y que el martín pescador inspiró a los ingenieros para reducir el ruido y mejorar la eficiencia energética de los trenes? El extraordinario mundo de las aves es una guía didáctica para iniciarse en la observación de nuestras amigas voladoras, conocer sus secretos y las curiosidades que les rodean. Un libro para aprender y disfrutar desde la primera página hasta la última. Esta obra de Luis Martínez está editada por SEO-Birdlife y Oberón, y está disponible en las principales librerías.
Cosechas. Relatos de mucha gente pequeña
Gustavo Duch nunca defrauda, y su último libro, publicado en 2018 por Pol·len Edicions está a la altura deSecretos y Mucha gente pequeña. Cosechas está dividido en tres partes: Cosechas, Cosechas de minifundio y Glosario, y está cargado de relatos para alimentar luchas y conciencias. El libro cuenta con las ilustraciones de la artista y activista ecuatoriana Sofía Acosta “La Suerte” y un prólogo de Belén Verdugo, mujer de la Castilla rural, pequeña campesina de la La Solana y productora de alimentos agroecológicos. Algunos de los relatos que se pueden cosechar en este libro son: ¿Quién inventará?, El árbol de agua o El árbol poeta. Se puede conseguir en las principales librerías y a través de este enlace.
Vocabulario pastoril de las Cinco Villas
En este libro de Chusé Serrano, bilingüe aragonés-castellano, se recogen palabras y expresiones relacionadas con la actividad ganadera en las Cinco Villas que el autor ha ido recopilando a lo largo de los años que lleva trabajando como veterinario de campo en esta comarca zaragozana, así como historias relacionadas con el pastoralismo en la zona, concretamente, sobre el oficio de pastor, el lobo pastor y el ayudante de pastor que imaginó ser ganadero. Una obra imprescindible para mantener viva una cultura que la disminución de la cabaña ganadera extensiva y la despoblación están llevando a la extinción. Este libro está publicado por Boira Zinco Billas, y el número de ejemplares disponibles es limitado. Para conseguirlo, podéis poneros en contacto con el autor a través de las redes sociales, o poniéndoos en contacto conmigo para enviaros su correo electrónico.
Voces de Chernóbil. Crónica del futuro
¿Un libro sobre Chernóbil… rural? Pues sí, aunque no lo parezca, este magnífico libro de la Premio Nobel de Literatura en 2015, Svetlana Alexievich, refleja, a través de los testimonios de quienes vivieron esta tragedia nuclear, cómo el medio rural bielorruro y ucraniano desapareció de la noche a la mañana a causa de un error humano. Lo mejor de este libro es que nos acerca a la catástrofe desde los ojos, y con las palabras, de las personas que sufrieron en sus propias carnes esta devastadora situación: quienes perdieron a sus familiares, quienes tuvieron que dejar de lado sus costumbres y su cultura y emigrar forzosamente a una gran ciudad; y de quienes se negaron a abandonar sus casas, sus pueblos, aún sabiendo las consecuencias. Una novela diferente sobre un acontecimiento histórico del que todo el mundo ha oído hablar, pero del que conocemos muy pocos detalles, contado a través de personas reales para conocer la versión que todos desconocemos.
Volver al campo. Cómo y por qué.
Cuando escribí el año pasado el post con diez libros de temática rural, una de las personas que me escribió recomendándome un libro fue Andrés Ibarra para hablarme de Volver al Campo, cómo y por qué, que tal y como define el propio libro pretende «poner de relieve los motivos por los que volver a los pueblos, ya que estos son escenarios clave donde desarrollar parte del cambio que la sociedad necesita. Por otro lado, se intenta retratar el medio rural para entenderlo antes de aventurarse a iniciar una vida en el campo de forma improvisada. También se han recogido algunas claves sobre los factores más comunes que afectan a las repoblaciones: el hogar, la comunidad y la economía». Sin duda una interesante lectura para quienes estén planteando iniciar una vida rural, y para quienes les interesa el medio rural en general. Podéis conseguirlo a través de la página de facebook Volver Al Campo Cómo y Por qué.
Baitico. Memoria de la Valle Bielsa
Quienes hablamos aragonés, conocemos muy bien a Baitico, mote por el que se conoce popularmente a Chesús Garcés Baquer, ya que es una referencia del dialecto belsetán, además de un apasionado defensor de la lengua aragonesa. Pero también es un gran conocedor de la vida rural, del Pirineo, y de las costumbres y tradiciones del Valle de Bielsa. Este libro, escrito en aragonés, es un testimonio sobre la cultura y tradiciones rurales de este valle del Pirineo Aragonés, unas costumbres que desaparecen al ritmo que lo hace la vida en estos pueblos. El libro está editado por Gara d’Edizions y está disponible en algunas librerías como La Pantera Rossa y en la página web de la editorial.
Vidas a la intemperie
«La desaparición del campesinado puede entenderse como el fin de un mundo. El punto y final de un relato que prosigue en otras latitudes pero no en la nuestra. Provenimos de un lugar que no hemos conocido y no serán los campesinos quienes nos cuenten cómo era. No dejaron escrita su historia antes de irse en silencio. Víctimas de un etnocidio con rostro amable, salvaron los cuerpos pero su espíritu no resistió el embate de la modernidad. Los campesinos vivieron siempre a la intemperie. Expuestos a una relación de fuerzas que les sobrepasaba. Un muro de contemporaneidad nos impide contemplar las ruinas que explican nuestro tiempo; ningún vínculo nos sujeta al pasado. También nosotros vivimos al descubierto en un presente continuo y absoluto». Vidas a la intemperie es un libro imprescindible para quienes amamos y defendemos el medio rural. Escrito por Marc Badal, la primera edición es de Ediciones Campo Adentro, y ha sido reeditado recientemente por Pepitas de Calabaza. La primera edición está a la venta por La Escuela de Pastores de Asturias a través de este enlace.
Las ovejas de Glennkill
Hacía tiempo que esta novela estaba en el montón de las pendientes sobre mi escritorio, y al fin este año encontré tiempo para meterle mano. Es una divertida novela, ambientada en Irlanda, donde un rebaño de ovejas de una raza autóctona en peligro de extinción se decide a investigar las causas de la repentina muerte de su pastor, todo desde su curiosidad y perspectiva ovina, por supuesto. Una novela diferente y muy entretenida escrita por Leonie Swann y publicada por Salamandra, que sin duda podréis encontrar fácilmente en la mayoría de librerías.
Diario rural. Apuntes de una naturalista (Primavera-Verano)
Y me dejo para el final la última novedad de este año, Diario rural. Apuntes de una naturalista (primavera-verano). Tan novedoso que aún no he tenido tiempo de conseguir un ejemplar, ya que ha sido publicado a finales de 2018. Se trata de la primera vez que se publica en castellano el Diario rural de Susan Fenimore Cooper, el relato de las observaciones de su vida campestre durante las cuatro estaciones, durante los años 1848 y 1849. Se considera una pieza fundacional de la literatura sobre la naturaleza, habiendo visto la luz cuatro años antes de que H. D. Thoreau publicara Walden. Incluye un prólogo de María Sánchez y está editado por Pepitas de Calabaza.