Barbecho, en el corazón del despoblamiento es el título que la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA) ha elegido para un documental en el que pretenden poner el foco en la importancia de los sistemas agroganaderos para mantener vivo el medio rural.
Desde la organización señalan que para la elaboración del filme han viajado » a las principales zonas afectadas por el drama de la despoblación» y que han entrevistado «a voces representativas que analizan este problema desde diferentes ópticas».
El documental se estrenará el próximo jueves 14 de noviembre en el Cine Paz de Madrid. Para asistir es necesario inscribirse aquí.
Es un placer el publicar digitalmente el número 1 de la Revista Mallata. Todo empezó con una «probatina» de una revista para los alumnos de aragonés de la Escuela de aragonés Nogará, cuando el 11 de febrero de 2019 salió el número 0 de esta revista. El éxito que tuvo ha llevado a que salga este número 1, disponible tanto en castellano como en aragonés, en el que hemos participado 13 mujeres (Rebeca Peguero Alquézar, Anna Gomar, Águeda Vitòria, María Sánchez, Miriam Sánchez Montanel, Stéphanie Maubé, Marta Estopiñán, Rosa Diez Tagarro, María Bueno, Ruralmineras, Ana Santidrián, Edurne Caballero y Lucía López Marco).
Quiero agradecer a mis doce compañeras de aventura por su paciencia, por querer dedicar su tiempo libre a participar de forma altruista en esta revista y, sobre todo, por ser tan maravillosas, tener tanta energía y estar contribuyendo al verdadero desarrollo de nuestro medio rural. Quisiera dar las gracias también a Patricia Dopazo, que ha puesto su granito de arena en este proyecto, y a las personas que han traducido del francés el texto de Stéphanie Maubé, quienes han preferido permanecer en el anonimato.
Aunque inicialmente estaba prevista su publicación para el verano de 2019, la casualidad ha querido que no haya sido posible hasta esta semana, en la que se ha celebrado el Día Internacional de la Mujer Rural y el Día Internacional de la Alimentación.
Espero que disfrutéis con esta lectura y que sirva esta revista para visibilizar la realidad del medio rural y la importancia de las mujeres en su desarrollo.
Los días 14 y 15 de octubre estuve en El Bosque y en Olvera, provincia de Cádiz, celebrando el Día Internacional de las Mujeres Rurales con la charla «Mujeres rurales, hermanas de tierra». La presentación de la charla de El Bosque está disponible aquí, y la de Olvera pinchando aquí.
Fueron dos días maravillosos, el primer día en El Bosque, disfruté del calor de las 200 mujeres rurales que acudieron al evento, además de la maravillosa actuación de la fantástica Nina Alemania, que nos hizo reir y bailar como si no hubiera mañana. Y en Olvera la celebración del Día de la Mujer Rural tuvo lugar en un pequeño teatro que nos acogió a las alrededor de 120 mujeres que estábamos ahí.
Quiero agradecer a la Diputación Provincial de Cádiz el que me invitaran a esa tierra tan maravillosa y poder conocer proyectos tan interesantes desarrollados por las mujeres rurales de la provincia, como El Avío, proyecto de catering social en Campo de Gibraltar, que ha recibido este año el Premio de excelencia a la innovación de mujeres rurales, en la categoría de Diversificación de la Actividad Económica del Medio Rural, concedido por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, o la Asociación Zaharilla.
-¿Cómo que quien? –dijo, sorprendido-. Mapache va, tejón o corneja va. Si no hay corneja, ratón va. Si no hay ratón, hormiga va. En taiga hay mucha distinta gente. Me quedó claro. Dersú se preocupa no sólo por las personas, sino también por los animales, aunque fueran tan pequeños como las hormigas. Amaba la taiga, a sus moradores y se preocupaba de ellos por todos los medios.
Dersú Uzalá. Vladímir Arseniev
Este verano descubrí a lomos de un caballo sin nombre la maravillosa taiga. Me sorprendió que aún quedaran lugares en este mundo habitados por nómadas que crían renos y que viven entre bosques inhóspitos, perdidos en las montañas. Me fascinó que hubiera personas que viven en tipis a un día a caballo del pueblo más cercano -que a su vez está a dos días en coche de la ciudad más próxima-. Gente que no sabe lo que es el fútbol, ni falta que les hace, que sobreviven a -50 ºC en plena naturaleza, y que todo lo que necesitan son sus renos –para comer su carne, beber su leche, abrigarse con sus pieles y poder desplazarse- y, sobretodo, su bosque, del que sacan el musgo para sus renos, la leña con la que se calientan, la madera con la que construyen sus tipis, y donde habitan sus queridos osos.
El lunes 30 de septiembre estuve en los estudios de Aragón Radio, en el programa ‘El tranvía verde’ donde Sara Lambán quiso acercar esta mallata a todos sus oyentes. Podéis escuchar el programa pinchando aquí. 🙂
Aragón y Bearn han estado siempre unidos por sus montañas. Unas montañas que han sido testigos de fronteras y acercamientos, de guerras y de paz. Aunque ahora la cabaña aragonesa esté aproximándose a la extinción, hubo un día en el que la lana estaba muy bien valorada, y los rebaños aragoneses eran mucho más numerosos que los de la cara norte del Pirineo. De hecho, era tal el número de animales que soportaban los rebaños de nuestra vertiente sur, que nuestros vecinos occitanos no tuvieron más remedio que firmar con nosotros acuerdos de paz para evitar que invadiéramos sus pastos en búsqueda de alimento para el ganado. Facerías, patzerías, cartas de la patz… Muchos de estos acuerdos de paz siguen vigentes, y sus nombres siguen conservándose en unas lenguas que, como nuestra ganadería, también se extinguen.
Las facerías (en aragonés) o patzerías (en occitano) serán el objeto de la charla que se celebrará el jueves 26 de septiembre de 2019 en el Centro de Documentación del Agua y del Medio Ambiente (CDAMAZ, Pº Echegaray y Caballero, 18, 50003 Zaragoza), organizada en el marco de las V Chornadas Aragón-Occitania. El programa completo de las jornadas se puede consultar aquí.
El próximo domingo 29 de septiembre se celebra la tercera edición de la Feria de la fruta del Valle del Manubles, que este año se celebrará en la localidad zaragozana de Moros. Un año más la feria va acompañada de la Jornada Técnica del Valle del Río Manubles, que en esta edición, como novedad, se celebrará en un día diferente de la Feria, teniendo lugar el sábado 28 de septiembre.
El valle del río Manubles es un lugar en el que el trabajo colectivo y la innovación social están poniendo los mimbres de un futuro mejor. La unión de los pueblos del valle en torno a la producción agraria de calidad, a través de la creación de la Asociación de Productores del Valle del Río Manubles, es un paso sólido para avanzar hacia el reconocimiento de la calidad de nuestra fruta. Apuesta que no puede ir separada de la necesidad de buscar soluciones a las heladas que, agravadas por el cambio climático, suponen una importante dificultad productiva que debe ser tenida en cuenta cuando se habla de Fruta de Montaña.
Se ha diseñado este programa pensando precisamente en el objetivo de calidad, pero sin olvidar que las dificultades productivas son muchas. Las gentes del Manubles esperan que tanto los profesionales de la fruticultura, como las personas interesada en consumir mejores productos y apoyar al agricultor, encuentren en este desconocido valle zaragozano la excusa perfecta para visitarlo, para conocer las inquietudes de sus habitantes y, sobre todo y pese a las heladas de este año, degustar su fruta.
Podéis encontrar el programa tanto de la III Feria de la fruta del Valle de Manubles, como de la III Jornada Técnica del Valle del Río Manubles aquí.
El pasado sábado Xuan Valladares, del Foro Asturias Sostenible, Celsa Peiteado de WWF y una servidora, estuvimos en el programa Punto de Fuga, de la Cadena SER, hablando del impacto de la ganadería. Destacamos que existen dos tipos de ganadería, la extensiva, con un efecto muy positivo en la biodiversidad, y la intensiva, con un impacto muy negativo en el medio ambiente.
En España tenemos un autoabastecimiento de porcino del 174%, es decir que producimos un 74% más de lo que podemos llegar a consumir. Sin embargo, cada vez tenemos más macroexplotaciones ganaderas, sobre todo de porcino y exportamos el excedente al lejano oriente.
Las macrogranjas son un nuevo modelo de explotación que rompe con la tradición ganadera y que tienen que ver con una forma de producción de carne intensiva e industrial en la que los miles de animales que tienen están en un espacio cerrado y los recursos que se utilizan vienen del exterior, según explica Lucía López, veterinaria y divulgadora desde el blog Mallata.
Este modelo de explotación provoca importantes impactos en el medio ambiente y en la vida de los animales. De hecho, ha sido censurado este verano por Naciones Unidas cuando recomendaba reducir el consumo de carne por la forma en la que se produce hoy. “Debemos tener en cuenta que cuando aparece una explotación porcina muchas veces es porque ha desaparecido una ganadería extensiva”, lo cual ya impacta en el medio ambiente ya que la ganadería extensiva mejora la biodiversidad aprovechando los recursos de la zona, explica López. Pero, además, López denuncia que “se produce una gran cantidad de purines, desperdicios de los animales, que se vierten en el medio ambiente sin un control exhaustivo de cómo se reparten en la tierra”, lo que provoca desequilibrios en el nitrógeno de algunas zonas de tierras o en acuíferos como los de Huesca.
En cuanto al impacto para los animales, éstos viven en un espacio cerrado y sin luz donde no puede desarrollar sus comportamientos naturales, aunque López asegura que en Europa “se ha avanzado mucho en materia de bienestar animal y hay muchos controles”. Aunque reconoce que “la ley es bastante permisiva” y sobre todo hay muy poco control en cuanto a la contaminación por el vertido de purines.
Las pequeñas explotaciones desaparecen
La asociación de agricultores y ganaderos que trabaja en red, Asturias Sostenible, denuncia “una hipertrofia en las pequeñas explotaciones en Asturias” porque, según cuenta su vicepresidente, Xuan Valladares, los modelos con menos cabezas de ganado por granja son mucho más positivos. La destrucción de las pequeñas explotaciones contribuye al fenómeno de la España vaciada. Si bien en la región no hay macrogranjas dada la complicada orografía, las explotaciones familiares tienen número de ganado muy superiores a los que había hace años, lo que “impide un tejido social suficientemente amplio en la zona”.
Xuan cuenta en experiencia de otros compañeros ganaderos que “da miedo cuando uno tiene sus 50 o 60 vacas y de repente se plantea que va a venir alguien al lado a poner 2.000 o 4.000 vacas”. Se preguntan cómo se puede gestionar todo eso, “se rompen los esquemas de la escala natural porque la agricultura y la ganadería son las actividades que más deterioran el planeta”. Pero Xuan insiste en que se deben manejar bien, de tal forma que contribuyan a mejorar los ecosistemas.
El vicepresidente de Asturias Sostenible denuncia que el modelo de las macrogranjas “hunde al pequeño granjero” haciendo imposible la competencia y, aunque eso no se valore en los números, hace que se pierda el tejido social, la cultura de los pueblos, sus tradiciones agropecuarias y “un tipo de vida que es irrecuperable”. La alternativa para esos pequeños agricultores y ganaderos es unirse para ganar fuerza, asegura.
Las políticas públicas no protegen la ganadería extensiva
La forma de producción tradicional de los rebaños pastando en el campo “protege superficies como los pastos o las dehesas que contribuyen a captar gases de efecto invernadero. Así lo explica Celsa Peiteado, de WWF. Además, esta ganadería “no compite con superficies dedicadas a la alimentación, aprovechan restos de rastrojos, de poda” y protegen las dehesas fertilizando el suelo.
La ganadería extensiva en su máxima expresión la representa la trashumancia, en la que los rebaños se trasladan a las zonas más cálidas y con recursos manteniendo las vías pecuarias naturales que conectan el territorio.
En el lado opuesto se encuentran las producciones intensivas de carne y leche de las macroexplotaciones ganaderas que están dejando fuera del mercado a los ganaderos extensivos y no respetan a los animales ni al medio ambiente. Peiteado alerta de que “la producción de carne low cost nos está haciendo perder estos rebaños y la única fuente de empleo que hay en muchas zonas de montaña”. En la llamada España vaciada se están creando macrogranjas “con la excusa de crear empleo y fijar población cuando en realidad no es así”, asegura.
Peiteado explica que las políticas públicas no están favoreciendo la ganadería extensiva. Al contrario, se está debatiendo la Política Agraria Común (PAC), que en España supone más de 6.000 millones de euros al año, “y en realidad esta política está orientada a favorecer producciones intensivas”, por ejemplo, de alfalfa y maíz, para alimentar la ganadería intensiva de las macrogranjas. Mientras que la ganadería extensiva se pierde, y con ella los valores naturales, gastronómicos y culturales.
Da igual en que estación estemos, no cabe duda de que, a los humanos, nos gusta mirar al cielo. Quizás por eso tenemos la cabeza en las nubes y no actuamos como si tuviéramos los pies en el suelo. Quizás, si prestásemos más atención a lo que hay debajo de nuestros zapatos, seríamos más conscientes de nuestra realidad, puede ser, que así cuidásemos más de nuestros ecosistemas.
Tal vez, como miramos mucho al cielo, admiramos las aves que hay en él y luchamos por salvarlas. Es posible que, por eso, nunca hayamos admirado a las lombrices y desconozcamos la gran labor que desempeñan.
Muy a menudo, en este blog hablo de la importancia de la ganadería extensiva en la conservación de nuestros paisajes ibéricos. Pero, hasta hoy, nunca había hablado de la importancia de las lombrices en la conservación del pasto, porque sin lombrices, tampoco tendríamos esos paisajes que tanto admiramos.
Jorge Domínguez, catedrático del grupo de ecología animal de la Universidad de Vigo, asegura en su artículo “El papel de las lombrices de tierra en la descomposición de la materia orgánica y el ciclo de nutrientes”, publicado en la Revista Ecosistemas en el año 2009, que “las lombrices de tierra representan la mayor biomasa animal en la mayoría de ecosistemas templados terrestres, y allí donde son abundantes pueden procesar a través de sus cuerpos hasta 250 toneladas del suelo al año por hectárea. Este inmenso trabajo influye de forma muy significativa en las propiedades físicas, químicas y biológicas del suelo, y otorga a estos organismos un papel crucial en la modificación de la estructura del suelo, en la aceleración de la descomposición de la materia orgánica y del reciclado de nutrientes, que tiene a su vez efectos muy importantes sobre las comunidades vegetales que viven por encima de la superficie del suelo”.
Sin embargo, determinadas prácticas derivadas de la agricultura intensiva, como el uso de fertilizantes o el laboreo excesivo, así como la contaminación del suelo por metales pesados o la lluvia ácida, afectan gravemente a las poblaciones de lombrices. Por lo que la falta de éstas puede significar también un problema de contaminación ambiental.
Así que miremos más allá de nuestros pies. Prestemos atención a las lombrices de tierra que, indirectamente, nos dan de comer, cuidan de nuestros paisajes y sanean nuestros suelos. Miremos más al suelo.