Arte Rupestre, yacimientos prehistóricos y primeras sociedades ganaderas: un legado que conecta pasado y presente

Esta semana, con motivo del Día Europeo del Arte Rupestre, en la sección de Mallata en La Cadiera de Aragón Radio, celebramos uno de los legados más fascinantes de nuestros antepasados: las pinturas y grabados que dejaron en cuevas y abrigos rocosos, testigos silenciosos de sus vidas, creencias y relación con la naturaleza. Este patrimonio único nos invita a reflexionar sobre nuestra propia historia y la importancia de preservarla para las generaciones futuras

¿Qué es el arte rupestre?

El arte rupestre abarca pinturas y grabados realizados sobre superficies rocosas, utilizando pigmentos naturales o incisiones. Estas expresiones artísticas, algunas con más de 10,000 años de antigüedad, nos ofrecen una ventana a las primeras sociedades humanas. Más allá de su valor artístico, nos hablan de sus formas de vida, creencias espirituales y organización social, conectándonos con nuestras raíces más profundas.

El arte rupestre en Aragón

Aragón alberga algunas de las muestras más ricas y variadas de arte rupestre en Europa, con dos estilos predominantes:

  • Arte levantino: Representaciones figurativas detalladas, como escenas de caza con ciervos, cabras y figuras humanas en movimiento.
  • Arte esquemático: Figuras más abstractas, simbolizando actividades cotidianas, animales y creencias espirituales.

Entre los sitios más destacados se encuentran los abrigos de la Sierra de Albarracín en Teruel, las Cuevas del Río Vero en Huesca y las Cuevas de la Sierra de la Carrodilla en Estadilla, que muestran cabras en actitudes dinámicas, revelando la relevancia de la fauna para estas comunidades.

Los Abrigos de Mallata: conexión con las primeras sociedades ganaderas

Uno de los lugares más emblemáticos del arte rupestre en Aragón son los Abrigos de Mallata, situados en la Sierra de Guara. Este sitio no solo destaca por la belleza y el detalle de sus pinturas, sino también por lo que nos enseñan sobre el surgimiento de las primeras sociedades ganaderas.

En los abrigos, encontramos representaciones de figuras humanas y animales que muestran actividades relacionadas con la domesticación y el manejo del ganado. Estas imágenes nos permiten observar cómo estas comunidades aprendieron a aprovechar los recursos del entorno, desarrollando prácticas que marcarían el inicio de la ganadería. En los Abrigos de Mallata, también se encuentran pinturas que sugieren interacciones sociales y rituales, mostrando que estas sociedades ya valoraban la cooperación y el trabajo en comunidad.

La conexión entre el arte rupestre y las primeras actividades ganaderas nos recuerda que muchas de las bases de nuestra civilización actual se encuentran en estas prácticas ancestrales. Además, el nombre «mallata», que hace referencia a refugios utilizados tradicionalmente para el ganado, refuerza el vínculo entre este sitio arqueológico y la importancia histórica de la ganadería en Aragón. Y cómo se han empleado los mismos lugares para los mismos usos durante miles de años.

¿Qué nos cuentan estas pinturas sobre nuestros antepasados?

El arte rupestre refleja la relación estrecha entre las primeras sociedades humanas y su entorno natural. Las escenas de caza y recolección nos hablan de su dependencia de la naturaleza para sobrevivir. Los animales no solo eran fuente de alimento, sino también figuras de gran carga simbólica. Las escenas rituales sugieren una visión espiritual del mundo, con creencias relacionadas con el ciclo de la vida, la fertilidad y la muerte.

Grabados y otras expresiones de arte rupestre

Además de las pinturas, el arte rupestre incluye grabados o petroglifos, incisiones realizadas sobre la roca que a menudo representan formas geométricas, espirales o figuras humanas y animales. Estos grabados, encontrados en sitios como la Sierra de Albarracín, complementan las pinturas al ofrecernos una visión más amplia del pensamiento y las prácticas de estas comunidades.

Yacimientos prehistóricos destacados en Aragón

Aragón cuenta con yacimientos excepcionales declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, como los abrigos de la Sierra de Albarracín y las Cuevas del Río Vero. Estos sitios no solo contienen arte rupestre, sino también herramientas, restos humanos y vestigios de la vida cotidiana, que nos permiten entender cómo evolucionaron estas sociedades desde el Paleolítico hasta la Edad del Bronce.

Conexión con el presente

Estudiar el arte rupestre nos ayuda a reflexionar sobre nuestra relación con la naturaleza y nuestras raíces culturales. Estas representaciones nos enseñan cómo las primeras sociedades interactuaban con su entorno de manera sostenible y cómo valoraban profundamente la comunidad y la espiritualidad. En un mundo donde enfrentamos retos ambientales y sociales, este legado nos recuerda la importancia de aprender del pasado para construir un futuro más equilibrado.

La importancia de preservar este patrimonio

El arte rupestre nos transmite un mensaje claro: preservar nuestro pasado es esencial para comprender nuestro presente y planificar nuestro futuro. Estas obras no solo son testigos de la creatividad humana, sino también de la conexión espiritual y práctica con la naturaleza. Su conservación no es solo un deber cultural, sino un acto de responsabilidad hacia las generaciones futuras.

Entrevista a Alejandro Sierra Sainz-Aja

En esta ocasión, tenemos la oportunidad de charlar con Alejandro Sierra Sainz-Aja, un aragonés que trabaja como investigador en el laboratorio de Arqueozoología de la Universidad de Barcelona, experto en las prácticas de manejo de la ganadería en las primeras sociedades agrícolas. 

Para saber más sobre este tema, ¡no te pierdas nuestro último episodio de Mallata en La Cadiera de Aragón Radio! Puedes escuchar más episodios de la sección de Mallata en La Cadiera de Aragón Radio en la web de Aragón Radio, en ivoox o en spotify. ¡No olvides suscribirte para no perderte los próximos episodios! 🙂 

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Un (eco)sistema de bordas

Escribo estas letras rodeada de piedras que acumulan más historia que polvo, que esconden el sudor de las personas que habitaron este lugar antes de que llegáramos nosotros, y que conservan orgullosas unas rayas que indicaban el número de pacas de paja que hacían cada año. Lo construyeron y llenaron de vida aprovechando todo lo posible los recursos que les ofrecía el territorio, siempre de forma sostenible. Siempre poniendo por delante la casa, antes que a las personas.

Hoy quiero compartiros una palabra hecha de piedras que murmuran historias que han escuchado desde hace siglos. Historias, que igual que los usos que le han dado a este espacio, han cambiado con el paso del tiempo. Me encuentro entre unas paredes que han oido conversaciones sobre acordar matrimonios, de cazas de lobos, historias de gente que se fue y nunca más volvió, y que ahora escuchan los lloros y risas de mi hija.

Las cosas han cambiado mucho en muy poco tiempo.

Estas paredes, que se han convertido en mi casa, han sido hasta hace muy poco la casa de los aperos de labranza, del trillo, de las gallinas, del heno… Sus puertas han presenciado diferentes huertos y han visto trillar a varias generaciones. A menudo me pregunto cuántas variedades diferentes de plantas habrán crecido en esta tierra que yo piso, qué animales se habrán alimentado en esta era e incluso fantaseo con la posibilidad de encontrar en ella algún día alguna semilla intacta que por razones extrañas haya preferido no medrar, no evolucionar, y permanecer quieta para siempre hasta que unas manos la recojan y vuelvan a sembrarla y devolver la fuerza de su genética a la tierra.

La borda:

Ese espacio único,

esa palabra mágica común a todos los territorios pirenaicos. Tan presente en nuestro vocabulario como desconocida es su importancia en la conservación de una cultura en extinción, de un paisaje en desaparición.

Carlos Ferrer dice de ellas en su Diccionario de Pascología, que “normalmente eran construcciones de piedra de dos plantas con tejado de pizarra: en la planta alta se almacenaba el heno y se guardaban los aperos de siega y henificación y en la planta baja se ubicaba el ganado. Un sistema de bordas permitía tener el ganado fuera del pueblo e irlo trasladando de una a otra para pastar, fertilizar y estercolar los prados y, en invierno, consumir el heno almacenado. Como principal inconveniente del sistema estaba la necesidad de acceder a las bordas desde el pueblo, cuestión que resultaba complicada cuando caían grandes nevadas. El origen de la palabra borda parece estar en el francés bordé referido a un terreno cercado”.

Un sistema que cuidaba plantas, animales e incluso personas en un tiempo en el que no se podía entender la agricultura sin la ganadería y viceversa. Pensado en la rotación organizada. Ahora hablamos de pastoreo Voisin, custodia del territorio, compost, conservación paisajística… Antes lo llamaban vida. Así, sin más. Libre de plásticos, de aditivos, y por supuesto que de OMG.

Las bordas eran la base que garantizaba la sostenibilidad ambiental, social y económica de una sociedad asentada en un territorio de difícil orografía y peor tiempo atmosférico. Y son, sin ninguna duda, un patrimonio a conservar para poder garantizar un futuro rural sostenible a estas tierras pirenaicas. Un ecosistema de bordas, un sistema ‘eco’ de bordas.

De mayor quiero ser pastora

Artículo publicado originalmente en aragonés en el suplemento Escolar del Heraldo de Aragón el 7 de febrero de 2018.

Este artículo se puede leer en aragonés aquí.

El otro día en la escuela, la profesora nos preguntó qué queríamos ser de mayores. Mi amiga Ixeya dijo que quería ser médico, y Ana, bombera. Yo no. Yo quiero ser pastora, como mi abuelo, que siempre nos cuenta las historias de cuando de muy joven estuvo de repatán, y subía a puerto con las ovejas, alguna cabra que tenían y los chotos, además de los cans de chira y un par de mastines. Los mastines se enfrentaron alguna vez con algún oso mientras pasaban la noche a la intemperie.

Nos cuenta siempre el abuelo que se abrigaban con jerseys hechos con lana de sus ovejas, y que las ordeñaban y hacían un queso buenísimo. También subían truchas para soltarlas en los ibones. Cuando se moría algún animal, cuenta que dejaban que se lo comieran los buitres, alimoches y quebrantahuesos, ¡y que empleaban flores para curar a los animales!

El abuelo cuenta que le gustaba tallar con la navaja, y que a menudo estaba con un ojo en el rebaño y el otro mirando fijamente la rama de boj que estaba convirtiendo en cuchara.

Yo de mayor seré pastora, igual que él, y pasaré las noches de verano mirando las estrellas desde mi mallata.

Vocabulario:
Repatán: aprendiz de pastor
Puerto: paso entre montañas donde son abundantes los pastos de los que se alimenta el ganado.
Ibón: lago de alta montaña
Mallata: una mallata es un lugar en mitad del campo o de la montaña que sirve como refugio al ganado y los pastores en las noches que se dedican al pastoreo o la trashumancia, en zonas al aire libre.

La oveja que pare en febrero, ni oveja, ni cordero

[cml_media_alt id='1849']Portada del libro Refranes ganaderos Altoaragoneses de J.D. Dieste[/cml_media_alt]
Portada del libro Refranes ganaderos Altoaragoneses de J.D. Dieste

Este refrán es uno de los que aparecen recogidos en el libro «Refranes ganaderos Altoaragoneses» de José Damián Dieste Arbués, y fue recopilado en Abay (comarca de la Jacetania, Huesca). Otros refranes similares que también aparecen en el libro de Dieste son: Febrero, mala oveja y mal cordero, anotado en Larrés (Alto Gállego, Huesca) y si no por enero y febrero, cualquiera sería ganadero, de Rodellar (Somontano de Barbastro, Huesca).

Sin duda los tres hacen referencia a la estación más dura para la actividad pecuaria, el invierno. La falta de pastos y la mala calidad de los pocos que se encuentran en esta época del año, hacen que la oveja parida no tenga apenas leche para amamantar a su cría, por lo que, si las pocas energías que obtiene de la alimentación las destina a la producción de esa poca leche, lo que sucede es que ni la oveja tiene fuerza suficiente para salir ella adelante, ni con la poca cantidad de leche que da puede alimentar al cordero. Por esta razón, la sabiduría pastoril montañesa advierte de intentar agrupar las pariciones en primavera, cuando el pasto es mucho más abundante y rico en nutrientes, y se puede garantizar que las ovejas puedan producir la leche suficiente para sacar a los corderos adelante. Actualmente, dado el bajo precio que los productores obtienen por el cordero, la mayoría de las ganaderías ovinas no pueden conformarse con un único parto al año, por lo que se organizan para tener tres partos en dos años o cinco partos en tres años, lo que supone un mayor gasto en la alimentación para sacar adelante a las ovejas y los corderos de la parición de invierno (cubiertas en agosto-septiembre, cuando los días ya acortan), y obliga a ayudar a inducir el estro a las ovejas que se quieren cubrir en primavera, cuando los días son más largos, y que parirán para comienzos del otoño.

Sobre la mazada si no por enero y febrero, cualquiera sería ganadero, indica no solo la dureza por la que pasan los animales que paren en esa época, sino el rebaño en general, y, en consecuencia, el pastor. La falta de alimento obliga a hacer un mayor gasto en alimentación y a guardar forraje y heno para la estación invernal. En esta época, los animales están estabulados la mayor parte del tiempo, por lo que es más fácil que contraigan enfermedades respiratorias y/o digestivas, con lo que la persona encargada de la ganadería, debe invertir más tiempo en cuidar del ganado.

Si conoces algún refrán ganadero relacionado con el mes de febrero o con el invierno, puedes compartirlo en comentarios 😉

Un pastor de Sobremonte

Artículo de Enrique Satué publicado en marzo de 1984 en la Revista Serrablo, volumen 14, nº51.

Hace unos días que quería hablar con Antonio, este montañés ya entrado en años, que por apellidos tiene dos topónimos a cual más serrablés -OLIVÁN y ORÚS- este año no pasa, como siempre, el tiempo en su mallata de Aso. Ahora su zamarra se retuerce bajo el aire de las «boiras que entran por el Portalet, ya en la «güega» de Francia.

He llegado antes de que soltase el ganado, su compañero -más joven- sirve como pastor en Betés aunque es de Villarreal de la Canal; entre ellos las jerarquías pastoriles ya se han perdido -aunque teóricamente uno debería ser mayoral y otro rebadán-; sin embargo la experiencia de los años es patente. Su habitáculo se pierde en la noche del tiempo: una pared mal hecha cierra por 1a mitad la abertura que deja el extraplomo de una cueva, allí en un rincón cuelgan el caldero y guisan, hoy se almuerza garbanzos con patatas del día anterior; al lado una sencillísima construcción de ladrillo se inserta en la roca para servir de lecho, y es que estos «últimos» pastores, de nuestro Pirineo viven en muchos aspectos más cerca de la Prehistoria que del siglo XX -realmente no se si es una desventaja…-O como dice el Señor Antonio, en algún aspecto también les ocurre que «O farto no se acuerda d’o laso».

Comemos alrededor de la caldereta y la silueta de un «gabacho» nos inunda la cueva, es un típico «euskaldun», con una boina que rivaliza en proporciones con su nariz. «Bon jour, est-ce que vous avez un mouton qui est á moi?» -o algo así-. Aquí los corderos cambian de nacionalidad con facilidad, y lo pastores de ambos lados mantienen forzosamente relaciones; nada nuevo, cuando todos sabemos que las fronteras administrativas son recientes y que desde la Edad del Bronce, la unidad etnológica de nuestro Pirineo es manifiesta. El galo ofrece «Caporal» sin liar, Antonio lo rehusa -«ixo ye pior que o redallo»-; me comenta entre dientes que el francés es patrón y que a un pastor de 13 años le paga al mes 1.500 francos. Aquél separa su res y cruza libremente el paso fronterizo, ya es hora de soltar y yo con la aquiescencia del galo sigo para ver hacer quesos.

[cml_media_alt id='1240']Midi d'Ossau (Imagen: Lucía López Marco)[/cml_media_alt]
Midi d’Ossau (Imagen: Lucía López Marco)

La mallata francesa -«cuyala» en patois- se ve presidida por la firme imagen del Midi d’Ossau, es moderna y tiene tres compartimientos; allí los pastores se afanan en la elaboración del queso antes de soltar el ganado. Cada día un pastor hace un queso de unos tres kilos, el amo carga en su citröen y marcha a comercializarlos a Arrudy. Dos pastores son muy jóvenes -en el Pirineo francés hay una escuela de «jóvenes pastores»-, con gran maestría dan vueltas a la masa cuajada, clavando luego en ella largas agujas de bambú, rematan la operación de una hora marcando las iniciales del amo en el queso.

En poco rato he visto pastores y ganados de ambas vertientes y comparar su situación me da tristeza. Ahora Antonio ya estará con su rebaño por las puntas y he quedado otro día para hablar con él.

Hoy tiene más tiempo, se queda todo el día en la mallata para secar la sal, que por la tarde darán al ganado. De esta forma nos adentramos en un relato ameno, aunque algo deslabazado; primero me comenta que un iraní adicto al Sha ha venido a instalar una explotación ganadera a Sallent -no le faltarán pastores, comentamos…-

TIERRA BAJA.- Los de Sobremonte no tenían un sitio fijo para el invierno, dependían de los «ajustes», aunque alguna casa como la de «Botero» de Betés bajó 30 años seguidos a Torralva de Aragón; esta asiduidad tuvo frutos derivados, la «choven» de la casa, subió de esta localidad.

[cml_media_alt id='1238']Vista de Aso de Sobremonte desde los montes de Betés (Imagen: Biquipedia)[/cml_media_alt]
Vista de Aso de Sobremonte desde los montes de Betés (Imagen: Biquipedia)

A comienzos de la Sanmiguelada había sido la contrata de pastores: feria vacuna del 12 de Septiembre de Biescas, y en la del l8 de noviembre para algún rezagado. Algunos ganaderos iban a «afirmar» a los pastores por las casas, era el caso de los tensinos, que de Sobremonte y la Galleguera -a cuyos habitantes apodaban «guirrios»- sacaban sus pastores. En el año 43 Antonio cobraba como rebadán 315 duros por temporada, al siguiente ya como mayoral cobró 420.

«Si no t’espachaba la nieve -expone señor Antonio- se salía del 10 al 20 de Noviembre, en la «tasca» se aguantaba hasta Todos Santos, si nevaba antes, había que bajar a los pinares y aún podían regresar de nuevo a los altos. Una semana antes de partir se corrían los prados del pueblo, reservando uno para el víspera. Recuerda las noches en Aurín, Escusaguá, Monrepós, Mesón Nuevo, La Foz, Nueno, Hospitalé… Si estas paradas reponedoras duraban uno o dos días, se estaba «estremando», algunos mesones -confiesa Antonio- se guiaban por la filosofía de que «a ave de paso…».

Estas alegres noches en los mesones, le evocan el año 1945, en que el Mesón de Monrepós reunía en torno al «fogaril» alrededor de 30 personas entre pastores de cabañas y tratantes que bajaban a la feria de San Andrés de Huesca; en aquella fría noche conoció por primera vez a los «maquis», pedían asilo, cena caliente y orientación: por Belsué se dirigieron al Llano. Aquel invierno en Torralva de Aragón volvió a coincidir con ellos de una forma curiosa: él compartía la majada con un pastor de Murillo de Gállego, el amo -que no se fiaba- marchaba todas las noches a dormir al pueblo; los guerrilleros entablaron conversación con su compañero, seduciéndolo para su causa; con ellos marchó sin decir nada a Antonio. El grupo ofreció ataques en Farlete y Alfajarín teniendo un triste final.

TRADICIONES PASTORILES.- El mundo rural siempre se ha mostrado como un reservorio de tradiciones ancestrales y dentro de él, el pastoril por la fuerte jerarquización que ha sufrido, ha guardado tradiciones que se pierden en la noche de los tiempos.

Antonio no cree que las piedras agujereadas por la Naturaleza y colgadas en el establo, libren a las ovejas de estar «modorras». Esta costumbre que nosotros hemos visto por gran parte de la montaña oscense, él la vio en Abizanda -allí estuvieron los de Aso evacuados para la Guerra civil-.

En Sobremonte, cuando una oveja paría y no echaba la «esparria» -placenta-, le ponían atado al lomo un boj o un trozo de esparto; así de esta manera la expulsaba.

Cuando a una oveja le «fizaba» une víbora, se le practicaba con la navaja una cruz en el «braguero».

En primavera cuando el ganado subía flaco, la abundante comida de la montaña «hacía subir la sangre», las ovejas enfermaban por lo que habla que practicarles un corte en una vena debajo del ojo -«y a la media hora estaban listas»-.

Antonio en sus refranes y sentencias oídas a sus mayores tiene al mejor «hombre del tiempo»:

«Si pa Candelera estás al sol, pa la Virgen al tizón».
«Si truena por Betés, no t’estes.Si truena por Aso, no hagas caso».
«Si pues colgar el caldero en a punta dá luna, ventolera segura».
«Si a luna está tripa arriba, agua segura».
«Si ves a boira pegada ta Utoría, agua al otro día».

AVENTURAS EN LOS PUERTOS.- Los puertos de Sobremonte, Antonio se los conoce palmo a palmo, y en un instante me arropa con sus topónimos: «Mallata Laguarre, Burrambalo, La Plana, Os Yerros, Plana Raya, Foyas Lacuna, Sarrataclau, A Facera, Trasapena, Valposata, A Punta as Canales, Icun, Punta a Cruz, Estacho Plano, Fuendefreda, Mallata Cubilella, Lera, A Selva, O Forondón, Mallata Lupons».

[cml_media_alt id='1236']Un pastor del Pirineo (Imagen: Enrique Satué)[/cml_media_alt]
Un pastor del Pirineo (Imagen: Enrique Satué)

Hoy el alpinismo es sofisticado, pero ¿cuántos pastores han hecho azañas sin ningún material, permaneciendo después en el anonimato? Antonio una buena mañana se encontró sin leña y decidió trepar a la Peña del Gabacho «gogante» entre los puertos de Biescas y Acumuer, a talar un pino que había en su punta, y aunque el pino rodó a la vertiente opuesta, la hombrada ya estaba hecha -«lo malo fue bajar…»-.

En Sobremonte aún quedan topónimos que evocan la vieja fauna: «Pinar dó lobo» en Yosa, «fuente del Onso» en Aso; sin embargo el animal, que mejor conoce Antonio es el sarrio, en verano a veces se le acercan descaradamente al ganado. Sabe del caso de cruces entre cabras perdidas y aquél, el resultado: «un cabrito que te las veías loco pa cogelo y metele la esquilla…».

Muchas cosas podría escuchar del señor Antonio, pero este año si vuelve a «afirmarse» para Aso, hablaremos de la vida en estos puertos con más tiempo, al cobijo de una vieja cadiera.

¡Hasta entonces señor Antonio!

Lobos y pastores

Este texto de Félix Rivas fue publicado el 27 de diciembre de 1998 en «El Diario del AltoAragón».

Aunque hace décadas que fue abatido el último de los lobos del Alto Aragón, cualquier pastor que oiga hablar de este mítico animal recordará los miedos y temores que despertaba hasta hace pocos años entre los habitantes del medio rural.

Es bien sabido de todos que, antaño, los grandes rebaños de ovejas del Pirineo iban siempre acompañados de varios mastines, protegidos por gruesos collares de clavos, y cuya única función era plantar cara a los lobos.

En la Sierra de Guara me contaron que a comienzos de siglo eran frecuentes los ataques al ganado. Al parecer, aprovecharon el atardecer para salir por los caminos y, con sus aullidos, se juntaban para formar un pequeño grupo. Si su objetivo era un rebaño de ovejas podía ocurrir como en un corral del pueblo, ahora deshabitado de San Pelegrín, en el que entró la lobada y acabó con todo el ganado. Pero el temor era mucho mayor si el amenazado era algún caminante solitario, como aquél que se dirigía hacia Eripol y en los pinares de Asque tuvo que subirse a un árbol y esperar con paciencia. Este temor era seguramente el origen de la creencia según la cual, si al ir andando se te desataban las alpargatas de miñón, quería decir que los lobos te estaban persiguiendo y lo mejor era buscar un árbol bien alto para refugiarse entre sus ramas.

Hoy, sin embargo, aunque los lobos del norte de la meseta castellana no lleguen, por ahora, hasta nuestras tierras, su leyenda sigue viva entre los pastores altoaragoneses. Ya no se ven lobos, pero otras fieras similares continúan recorriendo nuestros montes como aquélla que, hace unos pocos años causaba estragos entre los rebaños de las sierras que se encuentran a caballo entre el Viello Aragón y las Altas Cinco Villas. Tal como me lo describieron, tenía la cabeza más alargada que la de un lobo, pero parecía una «mezcla rara, ni perro ni lobo, como si lo hubieran traído de fuera».

Pero dejando a un lado las fieras no identificables, el peligro para los ganaderos de hoy no son ya los lobos sino sus parientes lejandos los perros asilvestrados que forman bandadas después de ser abandonados por sus dueños. En cualquier parte se pueden oír historias de ataques al ganado. Un pastor me contaba el caso de una paridera en Santalecina en la que entró una manada de estos perros y acabaron con más de doscientas ovejas. Incluso muy cerca de la Pardina de Ayés, junto a Rapún, pude acompañar a dos pastores del pueblo de Ara mientras perseguían a tres perros que esa misma noche habían matado y herido a varias ovejas de su rebaño.

En la construcción de muchos de los antiguos corrales se tenía en cuenta la presencia de los lobos y, en la parte superior de sus muros, se colocaban ramas y grandes piedras o zaborras, para impedir la entrada de alimañas a su interior. Hoy en día, sin embargo, el problema de los perros asilvestrados puede volverse especialmente grave con la difusión de un moderno tipo de aprisco denominado pastor eléctrico (aunque en Ribagorza le llaman chulet, igual que a aquel zagal que servía de aprendiz en los antiguos grupos pastoriles y que en el resto del Alto Aragón era conocido como repatán o rabadán) y que consiste en un vallado de media altura formado por una red entre la que discurren unos finos cables conectados a una simple batería de coche.

La paridera, un espacio vivido

Comparto este texto de Félix Rivas, publicado en El Diario del AltoAragón el 7 de febrero de 1999.

Como lugar de albergue de los rebaños de ovejas, el corral o paridera ha sido el entorno en el que los pastores del Alto Aragón han pasado y continúan pasando muchas de sus horas de trabajo y muchos de sus esfuerzos cotidianos. En la paridera hay que cuidar de las ovejas enfermas o de los corderos recién nacidos, hay que limpiar su interior periódicamente, hay que separar el ganado que sale a pastar del que se queda todo el día bajo techo, hay que repartir el forraje o el pienso, hay que hacer el señal en la oreja de los corderos de poca edad… Y todo esto en la actualidad, ya que antaño la paridera estaba más presente en la vida de los antiguos pastores. En ella, muchos días había que quedarse a dormir a veces por las inclemencias del tiempo otras por la larga distancia hasta el núcleo de población más cercano y otras en la época de parizón cuando había que dormir con un ojo abierto y otro cerrado para estar muy atento de las ovejas que estaban a punto de parir. En verano, además, podían pasar la noche en compañía de algunos labradores que, mientras segaban y trillaban, preferían no desplazarse cada día hasta sus casas. Incluso en algunos momentos históricos de gran peligro, como en la última Guerra Civil, las parideras sirvieron de refugio a las gentes de algunos pueblos.

Se puede considerar, por tanto, a la paridera como un espacio vivido, un entorno plenamente modelado por las experiencias y la memoria del Alto Aragón. Tan vivido y modelado que en él se reflejan algunas de las actividades más profanas, sagradas y mágicas que la cultura tradicional sabía asumir e integrar sin gran dificultad. Unas actividades y unas creencias que hoy nos llenan de asombro, e incluso de incredulidad, pero que han estado presentes hasta hace pocos años en todas las comarcas altoaragonesas.

[cml_media_alt id='531']Pastores chesos haciendo queso en la puerta de una cabaña en el Valle de Guarrinza (Foto: Ricardo Compairé)[/cml_media_alt]
Pastores chesos haciendo queso junto a una cabaña en el Valle de Guarrinza en los años 20 del siglo pasado. (Foto: Ricardo Compairé)

Uno de los casos más curiosos se daba en Robres, donde, como todos los rebaños se podían encerrar en cualquier paridera que estuviese libre, se utilizaba este método para reservar una de ellas (coger la vez, diríamos en otro contexto): bastaba con colocar un saco colgado de la puerta de entrada y si otro pastor llegaba más tarde, ya sabía que esa noche iba a estar ocupada. En Serrablo, los pastores se servían del humo que salía de la chimenea de la caseta para predecir el tiempo: si subía en vertical quería decir que iba a llover muy pronto y, al igual que todos sus componentes, la noche de Todos los Santos se recogía antes de lo normal en el corral, lo mismo que las personas lo hacían en sus viviendas. Una serie de prácticas persiguen el objetivo común de proteger a la paridera de posibles enemigos. Algunas son bien expeditivas como ocurre en un corral de Valcarca, cerca de Binaced, donde, para evitar que los palomos se coman el grano que se da a los corderos, cuelgan varios palomos muertos en los frentes de los cubiertos. Otras conservan un fuerte contenido mágico. Una de ellas es la que consiste en enterrar la cabeza de una oveja modorra (en el Biello Aragón esta oveja tenía que ser además negra) que ha muerto de esa enfermedad en la entrada del corral para proteger a las demás. Para el mismo fin se solía colgar dentro del cubierto una piedra foradada, con un agujero creado de forma natural. Esta piedra, en algunos lugares como Fonz, tenía un valor y se transmitía de pastor a pastor, de tal manera que sólo podía ser utilizada por aquella persona a la que pertenecía. En esa población del Cinca Medio se colgaba cerca de la puerta y su utilidad era la de proteger contra los rayos.

Aunque si un mal o una enfermedad producía la muerte a muchos animales, podía pensarse que era una bruja la responsable, y en ese caso habría que recurrir a un esconchuro, por lo menos…

Mallatas 2: Mallatas de E. Satué

Hoy comparto este artículo de Enrique Satué Oliván, publicado en el número 49 de la revista Serrablo en septiembre de 1983, en el que se estudian distintas mallatas del Pirineo Aragonés y se habla de la desaparición de estos elementos arquitectónicos con el devenir de la ganadería extensiva en estos valles.

[cml_media_alt id='322']Imagen: Amigos de Serrablo[/cml_media_alt]
Imagen: Amigos de Serrablo

«Con nostalgia por haber visto no hace muchos años vida en unas y con sorpresa por descubrir otras, el verano del 81 recorrimos algunos antiguos «santuarios» pastoriles y fuimos descubriendo las distintas formas de su habitáculo en la temporada de los puertos; el muestreo no es muy amplio, pero suficiente para ver la fuerza que ejerció el medio sobre la estructura de la vivienda del pastor. El recorrido será de W a E, a través de los siguientes puntos: Oza, Cuenca alta del Gállego; Acumuer, Monte de Erata en Espierre-Barbenuta, Puerto de Santa Orosia, Puerto de Linás y finalmente Monte de Canciás.

OZA.
Hoy apenas se ve ganado lanar, antaño todos sabemos lo que fue. Subamos al valle de Estiviella, -pequeño valle glaciar colgado, e instalado en las faldas orientales de Pera Forca-. Tras superar la zona de bosque, llegamos al umbral del valle; en su cabecera y casi donde mueren los neveros del pico, en un pequeño promontorio cargado de vivencias para cientos de pastores ansotanos, tenemos nuestra primera mallata; estaremos sobre los 1.700 metros, las «chordigas» nos rodean como mejor testigo del antiguo abono animal. Sobre el montículo destaca a seis metros de la caseta una estaca ramificada de dos metros y medio utilizada por los pastores para colgar los quesos. Su recuerdo no puede dejar de evocarnos la reciente exposición fotográfica del fallecido Don Ricardo Compairé, que como nadie plasmó los ambientes pastoriles de Hecho y Ansó. La «caseta» es la típica de alta montaña desde esta zona al menos hasta Fanlo; desde lejos si no fuese por la estaca, se mimetizaría con facilidad debido a la poca alzada y a la «tasca»; sus muros están compuestos por grandes lajas de caliza con forma almendrada, las paredes laterales apenas llegan a los 70 cm., cuesta desenvolverse en su interior, en especial al fondo donde el lecho se alza sobre un armazón de troncos; el techo está constituido por medios troncos que descansan sobre el que hace de viga maestra, para sobre esta estructura depositar «sirrio» del ganado con grandes trozos de «tasca» arrancada de los alrededores. Hoy da pena verla, en el año 75 aún pude tener una agradable conversación nocturna en su interior con un pastor, -por supuesto no faltó el tema del oso que ataca para la Sanmiguelada-.
Si seguimos por Oza el antiguo camino a Francia, en realidad estaremos andando sobre la calzada romana de Zaragoza a Pau. Dejemos La Mina y ascendamos hacia el Puerto El Palo, en algunos tramos observaremos perfectamente el talud de la calzada; así llegamos a la zona denominada de las Foyas. Es un terreno claramente kárstico, con abundantes dolinas que embeben los manantiales; aquí tenemos dos mallatas abandonadas. Su ubicación es típica: en un promontorio marginal de la periferia de dolinas, instaladas a su vez en circos glaciares colgados. Aquí la techumbre es de lajas de caliza pues se pueden extraer con más facilidad que en Estiviella por lo demás el tamaño es semejante. En el año 75 aún pude observar esporádicamente fabricar queso en ellas, hoy su estado ruinoso no tiene menos que recordarnos la letra de «Lo Fogaril» del grupo folklórico de Hecho:
«…La vida que ve trayendo
con lo tiempo cosas nuevas
fa aqui, como en otros puestos
que muitas cosas se pierdan…»
En la entrada de «Aguas Tuertas», cuna del Aragón, no lejos del dolmen que daría última morada a aquellos «Pastores Pirenaicos» de Pericot en la Edad del Bronce, hay antiguos refugios que no son otra cosa que aprovechamientos del extraplomo de grandes bloques erráticos y resguardados con muros de laja -fenómeno corriente en el Pirineo-.

SALLENT
Superada la presa de La Sarra, a la izquierda del Aguas Limpias, queda el imponente circo colgado de Soba que preside el gigante pico Arriel. Aquí en este maravilloso paraje queda nuestra mallata; su estructura es semejante a las anteriores: «tasca» y «sirrio» en el techo, las plantas amantes del abono animal nos cubren hasta la cintura; estamos en la primera semana de Julio, aun quedan manchas de nieve y el ganado tardará en subir. Llama la atención la gran cantidad de rodondedro que cubre de rojo las laderas, los pastores utilizan estas matas como se puede ver en la caseta para mullido de su lecho, lugar de boj -que es lo corriente a más baja altitud-.
Desde Formigal hacia la cabecera de Canal Roya y Pico Anayet encontramos un gran bloque errático, que su estraplomo da cobijo a un refugio en el que sólo se han tenido que realizar las paredes de lajas; otros bloques que sirven de aproximación delimitativa al corral de la mallata.

ACUMUER
Estamos acostumbrados a ver el río Aurín cerca de Sabiñánigo y en su confluencia con el Gállego.
Sus ásperas gleras se transforman, superado Acumuer, en extraordinario paraje alpino. El ibón de Bucuesa, entre el macizo de Collarada y Peña Telera, da nacimiento al Aurín, aquél queda instalado en un primer peldaño glaciar, en este paraje y no lejos del ibón queda una mallata, de estructura similar a las vistas en Oza y Soba. La «tasca» del techo se transforma en Plan d’Igués -puerto de Acumuer- «gogante» con el de Biescas a las espaldas de Telera en techo de losa, pues aquí aflora este material. A Bucuesa sube normalmente el ganado en los primeros días de agosto, a falta de rodondedro o de boj, los pastores preparan su lecho con unas maturradas semejantes al tomillo que crecen en la tasca y que denominan «narrón».

BARBENUTA
Con el Señor Fidel Piedrafita Pardo, de 80 años, desde la plaza de Barbenuta escudriñamos el monte Erata -2.009 m.-: Plana Lopera, Plana Estremal, o Betatón, Pelopín, As suertes d’Erata, o Fondo Cubilar, Fuente Cambonata, A Plana Sordials, Fuente os Comos, Plana Buitrera, Fuente a Piatra, Fuente del Abete,.. La multitud de nombres que da el señor Fidel, rememoran la pujanza de estos pueblos, hoy entre Espierre y Barbenuta, solo quedan ocho personas, algún día nadie sabrá dar razón de las mil vivencias y esfuerzos que esconde cada topónimo.
Erata, el monte «mágico» de Otal, presidida por la ermita de San Benito, donde se escondía bajo las piedras agua bendita para alejar las tormentas, tiene algo de sobrenatural; eso pensarían los constructores de la ermita mozárabe de San Juan -que se halla en sus faldas-; si superamos ésta, pronto estaremos en contacto con la tasca y habremos de doblar a la izquierda para dirigirnos a la zona de Lopera, allí a 1.500 m sobre el nivel del mar se encuentra nuestra mallata a descubrir. La caseta es de tipo borda pero más reducida, está situada en el límite del boj y al comienzo absoluto de la tasca, queda rodeada por un corral natural de «buxos», círculo ennegrecido por el «sirrio» del ganado. Hoy las ovejas son de Claudio de Barbenuta y otros propietarios que suben «logaos», entre ellos uno de Abay.
La caseta de Mallata López tiene 4 m. de larga por 3,5 de ancha, su alzado exterior en un extremo es de 1,35, y en otro -por estar en bajada- de 2,24 m; sus muros son de un espesor de 50 cm, la orientación de la puerta es al S. El interior es reducido y sólo pueden dormir dos personas con holgura; entrando y a la derecha está la espedera y el guardacarne, en el interior la cama -hoy jergón, ante mullido de «buxos»- queda a la izquierda junto a la pared; a la derecha y en la esquina se hace fuego sin tiro por lo que toda la pared y maderos están ahumados, en la misma esquina y formando un triedro, se coloca una losa transversal para que no se incendie la techumbre. Esta queda constituida por un soporte o marco de cuatro maderos enlazados que descansan sobre los muros -«zapateras»- una viga rematante o «biscalera», 2 transversales en cada vertiente o «tirantes» y 30 que bajan de la «biscalera» a la zapatera en cada vertiente -son las «juntas»-; en otras casetas, en su lugar tenemos troncos de boj con «buro» -es la «rexa»-; inmediatamente sobre esta estructura tenemos la «tasca» y después las losas. Adherida a la pared de poniente hay un pequeño «casetón» que sirve para dejar a los corderos recién nacidos durante el día, cuando el ganado recorre el puerto, y así protegerlos de los «esparbeles».
Viendo el interior podemos deducir que el pastor ha cambiado, conocí aquí a Tomás de casa «Viota» de Sorripas, hombre de la tierra que hacía la comida «fogoniando» en la esquina de la caseta, que no dejaba su zamarra de piel para dormir y que tenía colgadas en la pared las cañablas a reparar o las de las ovejas muertas; hoy vemos butano… En efecto, el nuevo pastor es Miguel Baraibar Igoa, natural de Leunza -Navarra-, para él -me explica- este puerto es «coser y cantar», pues ha estado doce años de pastor en Nevada y California, me cuenta de sus tremendas transhumancias «a la americana», de lo que los pastores se gastan en los casinos de Reno…; mientras ascendemos con el ganado y llegamos a la grandiosa «Pared de Erata» que parte el puerto de Ainielle y Espierre en más de dos kilómetros a 2.000 metros de altura, comentamos el terrible esfuerzo de los habitantes de Ainielle para levantar semejante obra, así como el estupor que produciría en aquellos habitantes de Sobrepuerto el contemplar junto a la pared una oruga de prospecciones de gas.

SANTA OROSIA
El altiplano de Santa Orosia es lugar de tradición pastoril: El hallazgo del cuerpo de la Santa e incluso la manifestación folklórica de los danzantes de Yebra. Aquí, en esta zona, el escarpe que forma al SW las pudingas tenemos la mallata de Osán a 1.600 metros sobre el nivel del mar; el corral de ésta es muy inclinado por lo que es malo para coger las reses, algunos grandes bloques se han desprendido del escarpe y saltean el espacio -lugar predilecto para subir las cabras- la pared de la caseta queda exactamente a un metro de la cortada. La estructura del edificio y las dimensiones son similares a la de «Mallata Lopera».
No lejos de este lugar, y en el último tramo del camino de Yebra al Zoqué, en la zona del martirio, hay abundantes extraplomos bajo el escarpe de pudingas -baumas- que fueron aprovechados antiguamente como refugio de ganado y pastores y que por su situación podrían deparar hallazgos arqueológicos.

LINÁS
En el flanco Sur de Tendeñera nace el Barranco de Sorrosal que vierte aguas al Ara, los glaciares cuaternarios forjaron pequeño valles compartimentados por contrafuertes; uno será el del Puerto de Gavín, otro el de Yésero y otro el de Linás que da nacimiento al Sorrosal. Era un valle digno de visitar por el paisaje físico y el humano, pues está totalmente jalonado de bordas, a cual más bonita; si lo subimos integralmente, llegaremos a una grata sorpresa: un precioso puente medieval que salva el barranco en un tramo embravecido. Aquí comienza la dura pendiente que nos llevará a la cota de 2.080 metros donde se encuentra nuestra mallata, llama la atención su posición vigilante y descarada a las inclemencias; a su espalda aún se observan los restos de tres corrales contiguos que según me explicaron difieren en proporción porque cada uno corresponde a un pueblo que tenía una parte concreta de puerto, así Fragen contaba con el corral más pequeño, le seguía Broto y Línas tenía el más grande.
La estructura de la caseta es semejante a una borda y algo más grande y realzada que las de Erata y Santa Orosia.

CANCIÁS
Cerca de la cumbre y a la vista de la Guarguera y Sierra de Guara, observamos un refugio pastoril, singular en nuestra zona; se halla a 1.800 metros y es un refugio atrincherado en las pudingas, excavado plenamente en ellas y al que se accede a través de un pasillo a cielo abierto; la techumbre es de madera y tasca de los alrededores. Pertenece al monte de Gillué y aún está habitada.
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Hemos realizado un recorrido por estos humildes monumentos de la Historia, de los que nada se ha escrito, porque para eso están las iglesias y las casas solariegas; pero aquí en estos reducidos interiores cubiertos de hollín se escribió la verdadera Historia -de del día a día, la del sacrificio del milenario montañés-.»

E. Satué