Árboles y su legado cultural: conexión entre naturaleza e historia

En esta ocasión, en la sección de Mallata en La Cadiera de Aragón Radio, reflexionamos sobre la importancia de la diversidad vegetal y los impactos negativos de los monocultivos. Estos reemplazan ecosistemas naturales, afectando tanto la biodiversidad como a las comunidades que han convivido con los bosques durante generaciones. En este contexto, exploramos la riqueza arbórea de Aragón y el papel de los árboles en nuestras culturas ancestrales.

La lucha contra los monocultivos: preservar la diversidad

Los monocultivos de árboles, caracterizados por plantaciones masivas de una sola especie, generan problemas como:

  • Pérdida de biodiversidad: Eliminan especies autóctonas, reduciendo el equilibrio del ecosistema.
  • Impactos en comunidades locales: Alteran modos de vida tradicionales vinculados al bosque.
  • Riesgos ambientales: Aumentan la vulnerabilidad a plagas, incendios y degradación del suelo.

El Día Internacional contra los Monocultivos de Árboles, celebrado el 21 de septiembre, busca concienciar sobre la necesidad de modelos forestales que respeten la diversidad y fomenten la sostenibilidad.

Los árboles en las culturas ancestrales

Para las culturas precristianas, la relación con los árboles era muy especial. Seguramente el caso más conocido sea el de la cultura celta, para quienes los árboles eran sagrados y conectaban el mundo humano con el espiritual. De hecho, cuentan que cada clan celta tenía su propio árbol, y cada vez que conquistaban un nuevo territorio plantaban una rama de su árbol sagrado. Es más, cuando les atacaba otra tribu, se consideraba una ofensa mayor que talasen su árbol a que matasen a su rey.

Uno de los árboles que consideraban más importantes era el roble, considerado símbolo de fuerza, sabiduría y protección. Los druidas, sacerdotes celtas, realizaban rituales bajo los robles porque creían que ahí se conectaban con los dioses. Otro árbol significativo era el tejo, relacionado con la muerte y la inmortalidad debido a su longevidad y capacidad para regenerarse. Los celtas veían a los árboles como guardianes del conocimiento y protectores de la naturaleza.

Para los íberos, uno de los árboles más sagrados era la encina. Este árbol simbolizaba la fortaleza, la estabilidad y la relación directa con la tierra. La encina, además de ser un símbolo de vida, proporcionaba recursos esenciales como la bellota, fundamental en su dieta. En la cultura íbera, los bosques de encinas eran lugares donde se llevaban a cabo ceremonias religiosas y rituales en honor a los dioses de la naturaleza. También encontramos el laurel y el olivo como árboles importantes en sus cultos.

Mientras que los celtíberos, como buenos herederos de celtas e íberos, también veían a los árboles como seres sagrados. El roble y la encina ocupaban un lugar destacado en su cosmovisión, al igual que en las culturas celta e íbera. Para los celtíberos, los bosques eran lugares de culto y espiritualidad. Los árboles, especialmente los robles, estaban asociados con sus dioses guerreros y la protección del territorio. La intersección entre los cultos celtas e íberos nos muestra una visión muy rica y compleja de los árboles como símbolos de vida, fuerza y conexión espiritual.

El olivo: un tesoro del Mediterráneo

El olivo es uno de los árboles más emblemáticos del Mediterráneo, símbolo de paz, fertilidad y longevidad. Para los íberos, tenía un significado especial, ya que era una fuente de alimento y riqueza debido al aceite de oliva, un producto fundamental en su economía y dieta. En la mitología mediterránea, el olivo se asocia con la diosa Atenea, simbolizando la sabiduría y la prosperidad. También en la cultura cristiana tiene un simbolismo especial.

En Aragón, encontramos ejemplares monumentales como:

  • Olivera de Cervera (Belmonte de San José): Entre 800 y 1,000 años de antigüedad.
  • Olivera de Nadal (Colungo): Con más de 700 años.

Estos olivos, auténticos monumentos naturales, nos conectan con tradiciones agrarias y paisajes que forman parte de nuestra identidad.

Árboles singulares de Aragón: testigos del tiempo

Aragón alberga un rico catálogo de árboles singulares, muchos de los cuales están cargados de historia y simbolismo:

  • Taxos de Crapera (Torla-Ordesa): Una arboleda de 200 tejos de gran tamaño.
  • Roble de San Úrbez (Nueno): Con más de 400 años, vinculado a tradiciones locales.
  • Encina de Lecina: Árbol Europeo del Año en 2021.
  • Sabina de Blancas (Jiloca): Entre 1,000 y 1,500 años.
  • Hayedo del Moncayo: Un bosque singular que ocupa más de 6 hectáreas.

El árbol más curioso: el cedro de Daroca

Dentro del catálogo aragonés de árboles singulares, el Cedro Torre Nuestra Señora del Pilar, en Daroca, destaca por su rareza. Originario del Líbano, es un ejemplo único del patrimonio forestal de la región.

Conexión entre pasado y presente

Los árboles no son solo parte del paisaje; son guardianes de nuestra historia y cultura. A través de ellos, podemos entender mejor nuestra relación con la naturaleza y reflexionar sobre la importancia de conservar la diversidad. Reconocer su valor nos ayuda a aprender del pasado y a construir un futuro más sostenible.

Entrevista a Jorge Serrano Bolea

Esta vez, se acerca hasta esta mallata Jorge Serrano Bolea, autor de varios libros, entre ellos Árboles y arbustos de Monegros, y que acaba de publicar su último libro . . 

Para saber más sobre este tema, ¡no te pierdas nuestro último episodio de Mallata en La Cadiera de Aragón Radio! Puedes escuchar más episodios de la sección de Mallata en La Cadiera de Aragón Radio en la web de Aragón Radio, en ivoox o en spotify. ¡No olvides suscribirte para no perderte los próximos episodios! 🙂 

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Chocolate: Historia, impacto y su conexión con Aragón

El Día Internacional del Chocolate, celebrado el 13 de septiembre, es una ocasión perfecta para reflexionar sobre la historia, el impacto social y los beneficios de este alimento que tanto nos gusta. Además, Aragón tiene una relación muy especial con el chocolate, que vale la pena descubrir. Así, que en ello nos centramos en este episodio de Mallata en La Cadiera de Aragón Radio. 

El origen del chocolate en Europa: Aragón como pionero

El Monasterio de Piedra, en Zaragoza, tiene el honor de haber sido el primer lugar en Europa donde se elaboró chocolate. En 1534, los monjes recibieron cacao traído desde América y comenzaron a experimentar con su procesamiento. Aunque inicialmente se consumía como bebida, fue aquí donde se añadieron ingredientes como azúcar, transformándolo en el dulce que conocemos hoy.

Un viaje desde América a Europa

El cacao, cultivado por los mayas y aztecas, era utilizado como bebida amarga y en rituales. Llegó a Europa en el siglo XVI, cuando Hernán Cortés lo presentó a la corte de Carlos V. Su transformación en chocolate dulce marcó el inicio de su popularidad, convirtiéndolo en uno de los productos más deseados de la época.

Impacto del cultivo de cacao en las comunidades productoras

El cacao se cultiva principalmente en países de África Occidental, América Latina y Asia, donde es una fuente vital de ingresos. Sin embargo, los agricultores a menudo enfrentan condiciones laborales injustas, salarios bajos y problemas graves como el trabajo infantil. Mientras las grandes compañías chocolateras se benefician de los bajos precios, muchas comunidades luchan por sobrevivir.

Comercio justo: un cambio necesario

El comercio justo es un movimiento internacional que busca garantizar que los productores reciban un pago justo por su trabajo. Al elegir chocolate con certificación de comercio justo, apoyamos prácticas éticas, ayudamos a combatir el trabajo infantil y promovemos la sostenibilidad agrícola. Como consumidores, podemos marcar la diferencia optando por productos que respeten tanto a las personas como al medio ambiente.

Beneficios del chocolate para la salud

El chocolate negro, con alto contenido de cacao, tiene propiedades saludables:

  • Antioxidantes: Combaten los radicales libres en el cuerpo.
  • Flavonoides: Benefician la salud cardiovascular, mejoran la circulación y reducen la presión arterial.

Aunque delicioso, el chocolate debe consumirse con moderación para disfrutar de sus beneficios sin excederse en azúcar o calorías.

Curiosidades sobre el chocolate

  • En culturas como la azteca, el cacao era tan valioso que se usaba como moneda.
  • El chocolate blanco no contiene sólidos de cacao, solo manteca de cacao, por lo que técnicamente no es chocolate.
  • Aragón alberga el único obrador de chocolate artesano, ecológico y de comercio justo en España: Chocolates Isabel, ubicado en Alcorisa, Teruel. Fundado por Isabel Félez, este proyecto liderado exclusivamente por mujeres combina tradición, calidad y sostenibilidad.

Chocolate en Aragón: tradición e innovación

Además de su rica historia, Aragón sigue siendo un referente en la producción de chocolate. Iniciativas como Chocolates Isabel destacan no solo por su calidad, sino también por su compromiso con el comercio justo y la sostenibilidad, mostrando cómo el chocolate puede ser un vehículo para el cambio social y económico.

Entrevista a Isabel Félez

Como no podía ser de otra manera, conversamos con Isabel Félez, maestra chocolatera y fundadora de Chocolates Isabel, que después de formarse por todo el mundo, decidió volver a su pueblo, en el Bajo Aragón, y poner en marcha su sueño de hacer buen chocolate, garantizando su sostenibilidad.

Para saber más sobre este tema, ¡no te pierdas nuestro último episodio de Mallata en La Cadiera de Aragón Radio! Puedes escuchar más episodios de la sección de Mallata en La Cadiera de Aragón Radio en la web de Aragón Radio, en ivoox o en spotify. ¡No olvides suscribirte para no perderte los próximos episodios! 🙂 

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La piedra mágica de Ordovés

Existe un lugar donde las montañas son dioses petrificados, donde se clavan pezuñas de jabalí en las puertas, donde se conservan lenguas de reinos medievales entre centenarias casas de piedra. 

En esa cordillera, donde cada susurro de viento narra una leyenda, donde las plantas curan y las palabras se extinguen con las viejas costumbres, queda aún un resquicio de todo lo que un día este Pirineo abandonado fue. Un elemento rodeado de magia y de fe. De leyenda y superstición. 

Porque, aunque parezca que todo el Pirineo ha sido descubierto y colonizado por el turismo, quedan aún valles que conservan su magia, islas en medio del “progreso” donde los turistas llegan difícilmente, donde los pueblos albergan una sola casa abierta y sus habitantes rinden respeto a aliagas y alimoches.  

Una de esas islas es el Valle de la Guarguera, en el que se encuentra la localidad de Ordovés, donde guardan una piedra mágica que, dicen las buenas gentes de la Comarca del Alto Gállego, cura todos los males de personas y animales, aunque quienes llevan más tiempo habitando el territorio, dicen que solo es efectiva para envenenamientos y fizaduras. 

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Hagamos mallata

Ya es otoño. Las hojas empiezan disimuladamente a mudar su color al amarillo, a caerse torpemente de las ramas, y poco a poco van confeccionando alfombras que cubren los caminos hechos de barro.

También caen sobre los tímidos muros, cubiertos por el musgo. Reconozco que me gusta observar sus piedras en cada estación: bajo las hojas del otoño, bajo la humedad primaveral, bajo el sol del verano… 

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Una planta protectora con forma de sol llamada carlina

Durante el verano las calles de los pueblos pirenaicos se llenan de vida y se rompe el silencio invernal. Desde lo alto, los espantabrujas de las chamineras observan a los viandantes, que se topan con nuestras simpáticas chimeneas al mirar al cielo. Pasan desapercibidas a sus ojos, sin embargo, unas imponentes flores con forma de astro, clavadas en puertas y ventanas. Son las carlinas, que nos protegen de brujas y enfermedades.

Esta llamativa planta, la Carlina acaulis L. se cría en zonas de pasto entre los 1.000 y 2.000 metros de altura y debe su nombre al emperador Carlomagno, del que cuentan que curó la peste que asolaba a su ejército con la raíz de esta planta. También se la conoce como gardincha y como cardo de broxas al ser, junto con la ruda, la planta más efectiva para protegerse de las brujas.

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La extinción de las lenguas nativas provoca la pérdida del conocimiento medicinal tradicional

El idioma es una de las habilidades más importantes de la especie humana, prueba de ello es que nos ha permitido ocupar casi todos los rincones del planeta. Entre otras cosas, el lenguaje permite a las sociedades indígenas utilizar la biodiversidad que las rodea como una “farmacia viva” y describir las propiedades medicinales de las plantas. Los lingüistas estiman que en la actualidad hay casi 7.400 idiomas en el mundo.

La mayoría de estas lenguas, sin embargo, no se registran por escrito y muchos idiomas no se transmiten a la siguiente generación. Esto ha llevado a los lingüistas a estimar que el 30 por ciento de todos los idiomas desaparecerán a finales del siglo XXI. Para las culturas indígenas que en su mayoría transmiten sus conocimientos de forma oral, este alto riesgo de extinción del lenguaje también amenaza la pervivencia de sus conocimientos de las plantas medicinales.

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Mallata en d’estrela a estrela VI

Mallata ha participado en la sexta edición de la emisión especial de Radio Topo D’estrela a estrela con un programa lleno de voces, historias y esquilas.

D’estrela a estrela es una iniciativa que surgió en el año 2011 como conmemoración de la firma de la Carta Europea de las Lenguas Minoritarias y busca visibilizar las lenguas de Aragón. En esta última edición, se ha podido disfrutar de 18 horas seguidas de radio en aragonés y catalán.

En el programa especial Mallata, hemos ido de cabanyera fendo mallata d’estrela a estrela. Ir de cabanyera significa en aragonés trashumar, fer mallata es pasar la noche fuera, y procede de la palabra mallata, que es un lugar en mitad del campo o de la montaña que sirve como refugio al ganado y los pastores en las noches que se dedican al pastoreo o la trashumancia, en zonas al aire libre; y la traducción aproximada de d’estrela a estrela, sería algo así como la expresión castellana de sol a sol.  Así que, trashumemos con los sonidos que nos trae este programa especial, que no son otros que los de los recuerdos de gente que ha vivido de cerca esta actividad, y de las esquilas de cientos de ovejas. Las grabaciones que salen de esta Mallata nos las ha prestado el etnógrafo Enrique Satué. Y las canciones que suenan son «Arribada qu’ei la sason» de Chicotén VII, como sintonía del programa; «Lo día, María» del grupo gascón Nadau; «Cambio» de La Tarrancha y Gaire; y cerrando «Una huella en la nieve» de La Ronda de Boltaña.

Que los recuerdos pastoriles trashumen hasta vuestros refugios en forma de ondas 😉

Se puede descargar el podcast o escuchar online a través de este enlace: https://archive.org/details/FENDOMALLATA

Hijo de las estrellas

Traducción de la copla ganadora en el año 2014 del XVII concurso de coplas en aragonés que organiza el Ayuntamiento de Zaragoza. La versión original puede encontrarse aquí.

Cuántas coplas cabrán
en el morral del pastor
que en los días de verano
camina bajo el sol.

Cuántos sueños apedecaus
bajo las piedras del otoño
cuántas recuerdos tristes
congela la nieve del invierno.

Hijo de las estrellas es
el pastor cuando pastorea
a él le vigilan los astros
él cuida a las ovejas.

La única patria que encuentra
es el humo de las chimeneas
que viejas historias cuenta
en las noches calientes o frías.

Por las sendas y por montes
él va defendiendo esta tierra
y con cada paso suyo
la biodiversidat conserva.

Sus palabras son
las semillas de un mundo nuevo
semillas de las que ha de brotar
nuestro futuro.

Si desaparece el pastor
morirán estas montañas
y en silencio con los árboles
morirá nuestro habla.

No quiero que desaparezcan
flora y fauna en estos bosques
por eso digo que viva
la causa agroganadera.

Lucía López Marco

Cuando las tradiciones curan

Artículo publicado el 21 de enero de 2016 en la sección La Braña de Eldiario.es Cantabria.

A principios de año, Marcos Pereda sugería en este diario, como propósito para este 2016, que fuésemos conservadores, y nos animaba a conservar nuestro patrimonio inmaterial, nuestra cultura, las palabras, los caminos, los árboles… Yo he decidido aceptar su invitación e intentar ser un poco más conservadora, y a la vez que hago los deberes, compartirlos para que más gente pueda sumarse. Así que hoy utilizaré estas líneas para hablar de plantas, de tradiciones y de cómo los saberes ancestrales pueden ser nuestra salvación en un futuro.

Durante siglos, los conocimientos sobre remedios naturales se han ido transmitiendo de generación en generación, teniendo una gran influencia en la medicina moderna, que a lo largo del tiempo ha ido asimilando los saberes del campesinado. Sin embargo, de un tiempo a esta parte estos conocimientos han ido cayendo en el olvido en beneficio de las grandes farmacéuticas, y a pesar de que la ciudadanía cada vez está más concienciada sobre el uso responsable de los fármacos de síntesis, hay muy pocos estudios relacionados con la materia.

Es curiosa, la ignorancia que tenemos sobre los tesoros que nos rodean, y apuesto a que la gran mayoría de la población de Cantabria desconoce que una planta tan conocida por todo el mundo como el helecho, se ha utilizado tradicionalmente en esta tierra como alimentación para el ganado; que los niños y niñas de antes utilizaban el raquis de las frondes o el eje de la hoja para jugar a toros y vacas; que se empleaba como aislante para rellenar jergones, para envolver patatas y evitar que se helaran, o en las techumbres; o que con las frondes de los helechos se fabricaban escobas…

Otra planta que nos resulta familiar y que sin embargo desconocemos es la hiedra, que se empleaba no sólo como planta trepadora para dar más consistencia a los muros, sino que también se hacían coronas con sus hojas para llevar a los difuntos; con su cocimiento se hacía un enjuague que aliviaba el dolor de muelas; y con aceite, saúco, cera y hiedra se hacía una pomada que se aplicaba para aliviar quemaduras, grietas de la piel, sabañones o hemorroides. Además, a las vacas que abortaban se les daba de comer esta planta, a los caballos capados se les lavaba con el cocimiento de las hojas y la saliva producida al masticar sus hojas se aplicaba sobre los ojos de las vacas con nube o cataratas; y, por si fuera poco, la ropa negra se lavaba en el cocimiento de hiedra para quitarle el color pardo.

[cml_media_alt id='1154']opinión[/cml_media_alt]

Si dos plantas albergan todos estos usos, ¿qué pasaría si inventariásemos toda la sabiduría popular en torno a las plantas que nos rodean? Por eso, resulta interesante consultar libros como ‘Estudios etnobotánicos en Campoo’, de Manuel Pardo de Santayana, o ‘Etnobotánica en Miera: El léxico, los usos de las plantas y la vida tradicional en las montañas de Cantabria’, de Javier Herrera Rovira, e investigar sobre los usos que tradicionalmente se han dado a las plantas que hay a nuestro alrededor.

Y una vez contagiados con el entusiasmo conservador, ir más allá, e incitar a familiares, amigos, o a gente que encontremos en cualquier lugar a que nos hablen de los usos que conocen de las plantas, minerales, etc… Y no limitarnos a recoger únicamente los usos medicinales, porque sería una pena que se nos escapasen otros, como los destinados a la alimentación y la curación del ganado, que hoy en día, con el auge de la ganadería ecológica, cobran más importancia que nunca al suponer una alternativa a los alimentos transgénicos y a los fármacos de síntesis. Igual que sería una pena dejar que se perdieran en el olvido aquellas especies y variedades locales destinadas al consumo, verdaderas delicias que no podemos quedarnos sin descubrir. Por otro lado, recogiendo estos usos, contribuimos a conservar la tradición y la biodiversidad locales.

Así que sumerjámonos en esta sabiduría, transmitámosla, y ayudemos a conservar este tesoro que no es sólo parte de nuestra historia y de nuestra cultura, sino que también puede ser la llave que nos abra las puertas del futuro. Porque cuando hayamos abusado tanto de los antibióticos que ya no tengan efectos, o cuando todas las semillas sean propiedad de multinacionales, las tradiciones pueden ser las que nos libren de las enfermedades y del hambre. Y no, no me llamen hippie, llámenme conservadora.